Al ritmo del Año Litúrgico

12 de junio de 2021

12 de junio: San Onofre

En la iglesia consagrada en el barrio de Lugano al Niño Jesús se venera esta imagen de San Onofre, cuya Memoria se celebra hoy.


Dice el libro "Todos los santos", de José Luis Repetto: 

«Este anacoreta egipcio vivió sesenta años religiosamente en el desierto de la Tebaida, vistiendo con hojas de árboles, comiendo hierbas y durmiendo al sereno. Había sido monje en su juventud pero luego quiso seguir el ejemplo de Elías y Juan el Bautista y vivir en el desierto. Guió sus pasos el ermitaño Hermes y luego buscaron un sitio donde el nuevo anacoreta se instalase, y cuando lo hallaron el ermitaño murió.
Onofre pasó el resto de su vida sin encontrar a nadie hasta que un tal Pafnucio que quería conocer la vida de los padres del desierto lo halló en mitad del mismo. Según su narración, un ángel le llevaba los sábados o domingos la santa comunión.
Se suele situar su muerte a principios del S. V. Ha tenido mucho culto en Oriente y Occidente».

11 de junio de 2021

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

 

«¡Señor Jesús! Nos presentamos ante ti, sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como somos. “Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios”.  Tu presencia en la Eucaristía ha comenzado con el sacrificio de la última Cena y continúa como comunión y donación de todo lo que eres. Aumenta nuestra fe.

Por medio de ti y en el Espíritu Santo que nos comunicas, queremos llegar al Padre para decirle nuestro “sí” unido al tuyo. Contigo ya podemos decir: “Padre nuestro”. Siguiéndote a ti, “camino, verdad y vida”, queremos penetrar en el aparente “silencio” y “ausencia” de Dios, rasgando la nube del Tabor, para escuchar la voz del Padre que nos dice: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia; escuchadle”.  Con esta fe hecha de escucha contemplativa, sabremos iluminar nuestras situaciones personales, así como los diversos sectores de la vida familiar y social.

Tú eres nuestra esperanza, nuestra paz, nuestro mediador, hermano y amigo. Nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que vives “siempre intercediendo por nosotros”.  Nuestra esperanza se traduce en confianza, gozo de Pascua y camino apresurado contigo hacia el Padre.

Queremos sentir como tú y valorar las cosas como las valoras tú. Porque tú eres el centro, el principio y el fin de todo. Apoyados en esta esperanza, queremos infundir en el mundo esta escala de valores evangélicos, por la que Dios y sus dones salvíficos ocupan el primer lugar en el corazón y en las actitudes de la vida concreta.

Queremos amar como tú, que das la vida y te comunicas con todo lo que eres. Quisiéramos decir como San Pablo: “Mi vida es Cristo”.  Nuestra vida no tiene sentido sin ti. Queremos aprender a “estar con quien sabemos nos ama”, porque “con tan buen amigo presente, todo se puede sufrir”. En ti aprenderemos a unirnos a la voluntad del Padre, porque, en la oración, “el amor es el que habla”. 

Entrando en tu intimidad, queremos adoptar determinaciones y actitudes básicas, decisiones duraderas, opciones fundamentales según nuestra propia vocación cristiana.

Creyendo, esperando y amando, te adoramos con una actitud sencilla de presencia, silencio y espera, que quiere ser también reparación, como respuesta a tus palabras: “Quedaos aquí y velad conmigo”. 

Tú superas la pobreza de nuestros pensamientos, sentimientos y palabras; por esto queremos aprender a adorar admirando tu misterio, amándolo tal como es y callando con un silencio de amigo y con una presencia de donación. El Espíritu Santo, que has infundido en nuestros corazones, nos ayuda a decir esos “gemidos inenarrables”,  que se traducen en actitud agradecida y sencilla, y en el gesto filial de quien ya se contenta con sola tu presencia, tu amor y tu palabra. En nuestras noches físicas o morales, si tú estás presente y nos amas y nos hablas, ya nos basta, aunque, muchas veces, no sentiremos la consolación. Aprendiendo este más allá de la adoración, estaremos en tu intimidad o “misterio”; entonces nuestra oración se convertirá en respeto hacia el “misterio” de cada hermano y de cada acontecimiento para insertarnos en nuestro ambiente familiar y social, y construir la historia con este silencio activo y fecundo que nace de la contemplación. Gracias a ti, nuestra capacidad de silencio y de adoración se convertirá en capacidad de amar y de servir.

Nos has dado a tu Madre como nuestra, para que nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella, recibiendo la Palabra y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta madre. Ayúdanos a ser tu Iglesia misionera que sabe meditar, adorando y amando tu palabra, para transformarla en vida y comunicarla a todos los hermanos. Amén».

En la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, compartimos fotos (tomadas en 2015) de la hermosa imagen que se venera en la iglesia de Nuestra Señora de las Victorias, junto con una plegaria pronunciada por San Juan Pablo II durante una adoración nocturna en Madrid el 31 de octubre de 1982.

9 de junio de 2021

9 de junio: San Efrén



(...) «Quisiera hablar hoy de San Efrén el sirio, nacido en Nisibi en torno al año 306 en el seno de una familia cristiana.

Fue el representante más importante del cristianismo de lengua siríaca y logró conciliar de modo único la vocación de teólogo con la de poeta. Se formó y creció junto a Santiago, Obispo de Nisibi (303-338), y juntamente con él fundó la escuela teológica de su ciudad. Ordenado diácono, vivió intensamente la vida de la comunidad local cristiana hasta el año 363, cuando Nisibi cayó en manos de los persas. Entonces San Efrén emigró a Edesa, donde prosiguió su actividad de predicador. Murió en esta ciudad en el año 373, al quedar contagiado mientras atendía a los enfermos de peste.
No se sabe a ciencia cierta si era monje, pero en todo caso es seguro que fue diácono durante toda su vida, abrazando la virginidad y la pobreza. Así, en la especificidad de su expresión cultural se puede apreciar la identidad cristiana común y fundamental:  la fe, la esperanza —una esperanza que permite vivir pobre y casto en este mundo, poniendo toda expectativa en el Señor— y por último la caridad, hasta la entrega de sí mismo para atender a los enfermos de peste.

San Efrén nos ha dejando una gran herencia teológica:  su notable producción puede reagruparse en cuatro categorías:  obras escritas en prosa ordinaria (sus obras polémicas o bien los comentarios bíblicos); obras en prosa poética; homilías en verso; y, por último, los himnos, sin duda la obra más amplia de San Efrén. Es un autor rico e interesante en muchos aspectos, pero sobre todo desde el punto de vista teológico.

Lo específico de su trabajo consiste en que unió teología y poesía. Al acercarnos a su doctrina, desde el inicio debemos poner de relieve que hace teología de forma poética. La poesía le permite profundizar en la reflexión teológica a través de paradojas e imágenes. Al mismo tiempo, su teología se convierte en liturgia, en música:  de hecho, era un gran compositor, un músico. Teología, reflexión sobre la fe, poesía, canto y alabanza a Dios están unidos; y precisamente por este carácter litúrgico aparece con nitidez en la teología de San Efrén la verdad divina. En su búsqueda de Dios, al hacer teología, sigue el camino de la paradoja y del símbolo. Privilegia sobre todo las imágenes contrapuestas, pues le sirven para subrayar el misterio de Dios.
(...)
Para hablar de la Eucaristía, San Efrén utiliza dos imágenes:  las brasas o el carbón ardiente, y la perla. El tema de las brasas está tomado del profeta Isaías (cf. Is 6, 6). Es la imagen del serafín, que toma las brasas con las tenazas y roza simplemente los labios del profeta para purificarlos; el cristiano, por el contrario, toca y consume las Brasas, es decir, a Cristo mismo: 

«En tu pan se esconde el Espíritu,
que no puede ser consumido;
en tu vino está el fuego,
que no se puede beber.
El Espíritu en tu pan,
el fuego en tu vino: 
he aquí la maravilla
que acogen nuestros labios.
El serafín no podía
acercar sus dedos a las brasas,
que sólo pudieron rozar
los labios de Isaías;
ni los dedos las tocaron,
ni los labios las ingirieron;
pero a nosotros
el Señor nos ha concedido
ambas cosas.
El fuego descendió
con ira para destruir a los pecadores,
pero el fuego de la gracia desciende
sobre el pan y en él permanece.
En vez del fuego
que destruyó al hombre,
hemos comido el fuego en el pan
y hemos sido salvados»
(Himno De Fide 10, 8-10).


(...) 
La figura de San Efrén sigue siendo plenamente actual para la vida de las diversas Iglesias cristianas. Lo descubrimos en primer lugar como teólogo, que, a partir de la Sagrada Escritura, reflexiona poéticamente en el misterio de la redención del hombre realizada por Cristo, Verbo de Dios encarnado. Hace una reflexión teológica expresada con imágenes y símbolos tomados de la naturaleza, de la vida cotidiana y de la Biblia. San Efrén confiere a la poesía y a los himnos para la Liturgia un carácter didáctico y catequético; se trata de himnos teológicos y, al mismo tiempo, aptos para ser recitados o para el canto litúrgico. San Efrén se sirve de estos himnos para difundir la doctrina de la Iglesia con ocasión de las fiestas litúrgicas. Con el paso del tiempo se han convertido en un instrumento catequético sumamente eficaz para la comunidad cristiana.

Es importante la reflexión de San Efrén sobre el tema de Dios creador:  en la creación no hay nada aislado, y el mundo, al igual que la Sagrada Escritura, es una Biblia de Dios. Al utilizar de modo erróneo su libertad, el hombre trastoca el orden del cosmos. Para San Efrén es importante el papel de la mujer. Siempre habla de ella con sensibilidad y respeto:  la habitación de Jesús en el seno de María elevó al máximo la dignidad de la mujer. Para San Efrén, como no hay Redención sin Jesús, tampoco hay Encarnación sin María. Las dimensiones divina y humana del misterio de nuestra redención se encuentran en los escritos de San Efrén; de manera poética y con imágenes tomadas fundamentalmente de las Escrituras, anticipa el fondo teológico y en cierto sentido el mismo lenguaje de las grandes definiciones cristológicas de los Concilios del siglo V.

San Efrén, honrado por la tradición cristiana con el título de "Cítara del Espíritu Santo", fue diácono de su Iglesia durante toda la vida. Fue una opción decisiva y emblemática:  fue diácono, es decir, servidor, tanto en el ministerio litúrgico, como, de modo más radical, en el amor a Cristo, cantado por él de manera inigualable, y, por último, en la caridad con los hermanos, a quienes introdujo con maestría excepcional en el conocimiento de la Revelación divina».

Estas palabras del Papa Benedicto XVI en la Audiencia General del 28 de noviembre de 2007 nos acercan a la figura de San Efrén, a quien vemos en las imágenes representado en el frente del templo porteño que le está consagrado.  Tomé las fotos en febrero de 2020.



6 de junio de 2021

Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

 

"Ego sum panis vitae": la frase de Jesús (Jn 6, 48) que forma parte de la Liturgia de hoy, brilla en el techo de la iglesia de las Victorias, en el centro porteño.









RESPONSORIO     
del Oficio de Lecturas
Jn 6, 48. 49. 50. 51. 52


R. Yo soy el pan de vida; vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; * éste es el pan que baja del cielo para que quien lo coma no muera.
V. Yo soy el pan vivo bajado del cielo; todo el que coma de este pan vivirá eternamente.
R. Éste es el pan que baja del cielo para que quien lo coma no muera.


Tomé la foto en 2015.



3 de junio de 2021

3 de junio: San Juan XXIII

Aunque la Memoria litúrgica de San Juan XXIII se celebra el 11 de octubre en recuerdo de la inauguración del Concilio Vaticano II, el Martirologio Romano  recoge hoy su conmemoración,  ya que es el aniversario de su dies natalis:

«En Roma, San Juan XXIII, papa, cuya vida y actividad estuvieron llenas de una singular humanidad y se esforzó en manifestar la caridad cristiana hacia todos, trabajando por la unión fraterna de los pueblos. Solícito por la eficacia pastoral de la Iglesia de Cristo en toda la tierra, convocó el Concilio Ecuménico Vaticano II (1963)».

Ángelo Giuseppe Roncalli nació en 1881 en Sotto il Monte, Bérgamo (Italia); fue  el cuarto de trece hermanos. Fue ordenado sacerdote en  1904 y elevado al episcopado en 1925; en 1953 fue creado cardenal y designado Patriarca de Venecia. Tras la muerte de Pío XII, fue elegido Papa el 28 de octubre de 1958, y tomó el nombre de Juan XXIII. Su breve pontificado, de apenas cinco años, marcó sin embargo profundamente la vida de la Iglesia, sobre todo porque convocó al Concilio Vaticano II. Murió el 3 de junio de 1963.

Fue beatificado por San Juan Pablo II en 2000 y canonizado por Francisco I en 2014.

Oración Colecta ( de su Memoria el 11 de octubre ):


Dios todopoderoso y eterno,
que en el papa San Juan XXIII,
hiciste brillar ante el mundo
el ejemplo del buen pastor,
te rogamos que por su intercesión,
nos concedas poder difundir con alegría
la plenitud de la caridad cristiana.
Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios, por los siglos de los siglos.

Su imagen, que vemos en la foto, se venera en la iglesia de Nuestra Señora de Belén (parroquia de San Telmo).

31 de mayo de 2021

31 de mayo: Fiesta de la Visitación de la Virgen María


«La liturgia de hoy nos presenta el pasaje de la Visitación de la Virgen María. Es muy conocido su camino después de la Anunciación: desde Nazaret se dirige a la aldea de montaña de Judea donde habitaba su prima Isabel. María va para ayudarla en los días de su preparación para la maternidad. Camina por las sendas de su tierra llevando en su interior el sumo misterio.

Leemos en el evangelio que la revelación de ese misterio aconteció de una manera desacostumbrada. «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno!» (Lc 1, 42). Con estas palabras Isabel saludó a María. «¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?» (Lc 1, 43). Isabel ya conoce el plan de Dios y lo que, en ese instante, es un misterio suyo y de María. Sabe que su hijo, Juan Bautista, deberá preparar el camino del Señor, deberá convertirse en el heraldo del Mesías, de aquel que la Virgen de Nazaret ha concebido por obra del Espíritu Santo. El encuentro de las dos madres, Isabel y María, anticipa los acontecimientos que habrán de cumplirse y, en cierto sentido, prepara para ellos. ¡Feliz tú, por haber creído en la palabra de Dios que te anuncia el nacimiento del Redentor del mundo!, dice Isabel. Y María responde con las palabras del Magnificat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador» (Lc 1, 46-47). Realmente las maravillas de Dios, los grandes misterios de Dios, se cumplen de manera oculta, dentro de la casa de Zacarías. Toda la Iglesia se referirá continuamente a ellos; repetirá con Isabel: «¡Feliz la que ha creído!» y, con María, cantará el Magnificat.

En efecto, el acontecimiento que tuvo lugar en la tierra de Judea encierra un contenido inefable. Dios vino al mundo. Se hizo hombre. Por obra del Espíritu Santo fue concebido en el seno de la Virgen de Nazaret, para nacer en el pesebre de Belén. Pero antes de que todo eso suceda, María lleva a Jesús, como toda madre lleva en sí al hijo de su seno. No sólo lleva su existencia humana, sino también todo su misterio, el misterio del Hijo de Dios, Redentor del mundo. Por eso, también la visita de María a la casa de Isabel es, en cierto sentido, un acontecimiento común y, al mismo tiempo, un evento único, extraordinario e irrepetible.

Juntamente con María viene el Verbo eterno, el Hijo de Dios. Viene para estar en medio de nosotros. De la misma manera que entonces el tiempo anterior al nacimiento lo había vinculado a Nazaret y luego a Judea, donde vivía Isabel, y definitivamente a la pequeña aldea de Belén, donde debía venir al mundo, así ahora cada visita suya lo vincula siempre a otro lugar de la tierra, donde la celebramos en la liturgia».

Las palabras que acabamos de transcribir fueron pronunciadas en  Zamosc, Polonia, por San Juan Pablo II.  Se refieren al texto evangélico de hoy (Lc 1, 39-45), aunque el Papa las dijo en otro contexto litúrgico.

La imagen, por su parte -María e Isabel uniéndose en un abrazo- es uno de los medallones que, representando los misterios del Rosario, adornan el altar de Santo Domingo Penitente en la Basílica del Santísimo Rosario, en San Miguel de Tucumán. 

28 de mayo de 2021

28 de mayo: San Germán de París

 

El Martirologio Romano trae hoy la memoria de este santo pastor con las siguientes palabras:  «En París, en la Galia, San Germán, obispo, que habiendo sido antes abad de San Sinforiano de Autún, fue llamado a la sede de esta ciudad, donde, conservando el estilo de vida monástico, ejerció una fructuosa cura de almas».

San Germán nació en 496 cerca de Autun. Fue ordenado sacerdote por el obispo de esa ciudad y más tarde fue elegido abad de San Sinforiano, ubicada en los suburbios.

Se encontraba de casualidad en París cuando la sede quedó vacante, por lo que el rey Childeberto lo nombró obispo de dicha diócesis. 

San Germán siguió practicando en París el estilo de vida sencillo al que estaba acostumbrado, y su prédica invitaba a los pecadores a la conversión. Entre ellos se encontraba el mismísimo rey, que acabó por transformarse en bienhechor de los pobres y fundador de monasterios. Cuando Childeberto cayó enfermo, San Germán fue a visitarlo; los médicos habían desahuciado al rey, pero el santo pasó toda la noche en oración, y  a la mañana siguiente le devolvió la salud al imponerle las manos. 

Agradecido, Childeberto fundó en París una iglesia y un monasterio dedicados a la Santa Cruz y a San Vicente. San Germán consagró ambos edificios y construyó allí mismo una capilla dedicada a  San Sinforiano, en la que fue sepultado. Después de la muerte del santo, la iglesia tomó el nombre de Saint-Germain-des-Prés.

Durante las guerras fratricidas que dividieron a los sobrinos de Childeberto, el santo trató de mediar entre ellos y de preservar la paz, aunque sin éxito.

San Germán de París murió el 28 de mayo del año 576, a los ochenta años de edad. 

La imagen que vemos se venera en la iglesia ortodoxa consagrada en Palermo a San Martín de Tours.