31 de agosto de 2026

31 de agosto: San Ramón Nonato

 


En la iglesia parroquial de Tandil, dedicada a la Inmaculada Concepción (aunque la parroquia se llama Santísimo Sacramento) encontramos esta imagen de San Ramón Nonato, que fotografiamos en 2018.

El Prefacio de esta Fiesta en el Propio de los mercedarios dice así:

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria en la fiesta de San Ramón Nonato, por Cristo Señor nuestro. El cual, entregándose voluntariamente a la muerte, fue la causa de nuestra salvación y la fuente de toda auténtica libertad. 

Él, con la voz misteriosa del Espíritu Santo, llamó a tu siervo San Ramón a la familia de la Virgen María de la Merced, y le infundió sus mismos sentimientos de amor, para que afrontase con valentía dolores y cárceles por la liberación de los cristianos cautivos. 

Por eso, con todos los ángeles y santos, te aclamamos y te bendecimos, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo.


29 de agosto de 2026

29 de agosto: Martirio de San Juan Bautista

Por primera vez en este blog celebramos la «Memoria del martirio de San Juan Bautista,  a quien el rey Herodes Antipas retuvo encarcelado en la fortaleza de Maqueronte, en la actual Jordania, y al cual mandó decapitar en el día de su cumpleaños, a petición de la hija de Herodías. De esta suerte, el Precursor del Señor, como lámpara encendida y resplandeciente, tanto en la muerte como en la vida dio testimonio de la verdad», como dice el Martirologio.


El Evangelio propio de la Memoria (Marcos 6, 17-29) trae el relato del episodio conmemorado por la Liturgia de hoy:

    Herodes había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado. Porque Juan decía a Herodes: "No te es lícito tener a la mujer de tu hermano".
    Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía, porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía, quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.
    Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea. Su hija, también llamada Herodías, salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: "Pídeme lo que quieras y te lo daré". Y le aseguró bajo juramento: "Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino". Ella fue a preguntar a su madre: "¿Qué debo pedirle?". "La cabeza de Juan el Bautista", respondió ésta.
    La joven volvió rápidamente a donde estaba el rey y le hizo este pedido: "Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista".
    El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla. En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan. El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre.
    Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.


Ilustramos esta entrada con una obra del célebre pintor y escultor granadino Alonso Cano  (1601-1667), que  se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires: "Un ángel con la cabeza de San Juan Bautista".



26 de agosto de 2026

26 de agosto: Beato Ceferino Namuncurá

 






















Virgen de Luján, Señora

intercesora ante Dios

dame tu luz protectora

y que por mi voz cantora

cante el pueblo con su voz.


Quiero cantar una vida

que despuntó en este suelo.

Perdona mi desmedida

fe, si no doy la medida

fiel de esa espiga del cielo.

 

Con estas palabras comienza un poema que José María Castiñeira de Dios,  en su obra "El santito Ceferino Namuncurá"  (Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1968), dedicó al Beato que hoy honramos.

En la revista Jauja número 25/26/27, de marzo de 1969, apareció un comentario a esa obra, junto con fragmentos de la poesía:

«He aquí un poema netamente argentino que hubiera alegrado a Hernández. ¡Y cómo! Es un relato en quintillas de una vida donde no hay nada que relatar — o casi nada; pero que es como una oración». Ceferino Namuncurá -añade el comentarista- «es un caciquillo pampa que los Padres Salesianos bautizaron, que aspiró a ser sacerdote, que enfermó de tisis y llevado a Roma murió allí, como era lo probable. ¡Había que haberlo dejado en Córdoba, quizás! Trajeron sus restos aquí e iniciaron el proceso de beatificación, por lo cual ahora lo llamamos "Venerable"; y lo llama "santito" el cantor».


En Roma, Ciudad Eterna,

Urbe de la Cristiandad,

se nos ha muerto el Santito,

lo llevamos a enterrar.

Camino a Campo Verano

los romanos ven pasar

a cuatro fieles amigos

que en hombros llevando van

un ataúd pequeñito

de madera natural

pintado con ramos de oro

por el sol primaveral.

***

Bajo la luz matinal

Ceferino, indio araucano,

avanza hasta el Vaticano

para la audiencia papal.

Sube hasta el áureo portal

del palacio del Señor

y entra por un corredor

a la Capilla Sixtina

donde su alma se acoquina

ante tamaño esplendor.

...

Después con su clerecía

entra el Papa a la colmada

sala donde arrodillada

está la feligresía.

Cagliero entonces lo guía

al pie de Su Santidad

y doblado en humildad

aquel Piedra penitente

inclina su alma y su frente

al Piedra de la verdad.

(Uno es la piedra esencial

de la Verdad Revelada:

el otro, piedra apagada

de un pueblo indígena austral.

Uno es la piedra vital

otro la piedra yacente;

uno, la piedra fulgente

que contiene la Esperanza

el otro, piedra que avanza

a la luz, cristianamente.

Los dos Piedra son, ahora,

por este indiecito santo

dos piedras de un mismo canto

que el amor de Cristo dora).


Bajo la Cruz salvadora

Ceferino se arrodilla

y ante el Padre Santo humilla

la soberbia de la raza...

Un viento de gloria pasa

en medio de la capilla.

El Padre Santo levanta

al Príncipe, y ya su mano

bendice al indio cristiano

arrodillado a su planta.

Enseguida se adelanta

y en gesto de amor divino

da un abrazo a Ceferino

que, colmado de emoción,

lo aprieta a su corazón

por todo el pueblo argentino.

Y transcurrido un instante

pide gracia para hablar

y ya comienza a parlar

en el idioma de Dante.

Él es el representante

de una raza derrotada

que viene ahora postrada

al pie de Su Santidad

a agradecer la bondad

de la Verdad Revelada.

Es el fruto misionero

que Don Bosco entresoñó

y en Patagonia se dio

por voluntad de Cagliero.

Él quiere ser un obrero

de la Casa del Señor

para llevar el calor

de Dios a su propia raza

y misionar con la hogaza

de la Verdad y el Amor.

Terminada la lectura

que el Papa escucha de pie,

tal testimonio de fe

cubre su alma de dulzura.

Entonces su mano pura

da la bendición ritual

con la cruz sacramental

sobre aquel indio araucano

que llega al último hermano

de la Patagonia austral.

Después el pío varón

nacido en hogar modesto

lo atrae a sí con un gesto

de infinita compasión.

Ve en el indio el corazón

del sufriente, del herido,

del humilde perseguido

del pobre desamparado.

Ve a Cristo crucificado

y liberado al bandido.

Ajeno a este pensamiento

el indio extrae de un saco

un quillango de guanaco

y dice con sentimiento:

Esta piel cubre del viento

y la nevada inclemente

la pobreza de mi gente,

y es todo lo que tenemos.

A la Iglesia lo ofrecemos

como modesto presente.

Una emoción contenida

vivió la sala, y se vio

que el mismo Papa bajó

la mirada humedecida.

Era esa piel ofrecida

la piel del dolor humano;

y la tomó con su mano

y acercó a su corazón

en prueba de compasión

por el indígena hermano.

Con la bendición que dio

se despidió el Padre Santo

y con los ojos en llanto

el indio se despidió.

Las grandes salas cruzó

hasta el portal de salida

y al ver la luz encendida

de la mañana romana

pensó en su tribu lejana

y le prometió su vida.

(Cap. 5 — Crónica de la visita de Ceferino Namuncurá, 
Príncipe de la Piedra, al Padre Santo Pío X).

La imagen que ilustra esta entrada corresponde a la iglesia de San José del Talar.

25 de agosto de 2026

25 de agosto: Beata María del Tránsito de Jesús Sacramentado

Reparamos hoy una "injusticia": en los casi 11 años de vida de este blog, nunca celebramos la Memoria de nuestra compatriota la  Beata María del Tránsito de Jesús Sacramentado Cabanillas, virgen y fundadora.



Así la menciona el Martirologio Romano: «En Córdoba, en la República Argentina, Beata María del Tránsito de Jesús Sacramentado Cabanillas, virgen, que se dedicó con empeño a la formación cristiana de la infancia pobre y abandonada, y fundó en este país el Instituto de Hermanas Misioneras de la Tercera Orden Regular de San Francisco († 1885)».


María del Tránsito Eugenia de los Dolores Cabanillas nació el día 15 de agosto de 1821 en la estancia de Santa Leocadia, actual Carlos Paz.  Su padre, Felipe Cabanillas Toranzo, descendía de una familia de Valencia  emigrada a la Argentina durante la segunda mitad del siglo XVII y que había logrado reunir una cierta fortuna económica en su nuevo ambiente, pero que se distinguía sobre todo por su profunda religiosidad cristiana.

En 1816, Felipe Cabanillas se unió en matrimonio con la joven Francisca Antonia Luján Sánchez, con la que tuvo once hijos. Tres fallecieron prematuramente, cuatro contrajeron matrimonio y los otros se consagraron a Dios: uno como sacerdote secular y tres como religiosas en diversos institutos, continuando así una larga y gloriosa tradición familiar.

María del Tránsito era  la tercera hija de la familia. Bautizada el 10 de enero de 1822 en la capilla de San Roque, le impusieron los nombres de Tránsito, es decir, María del Tránsito o María Asunción (por la fecha de su nacimiento), y de Eugenia de los Dolores. Recibió el sacramento de la confirmación en 1836. 

Tras la primera educación familiar, María del Tránsito fue enviada a Córdoba, ciudad de nobles tradiciones culturales, con su famosa universidad del siglo XVII fundada por el obispo franciscano Fernando Trejo y Sanabria, y los colegios de Santa Catalina (1613) y de Santa Teresa (1628). Desde 1840, al tiempo que seguía sus estudios, cuidó de su hermano menor, que estaba preparándose para el sacerdocio en el seminario de Nuestra Señora de Loreto de esa misma ciudad.

En 1850, tras la muerte de Felipe Cabanillas, la familia entera se trasladó definitivamente a Córdoba, por lo que  María del Tránsito se estableció con su madre, su hermano —que fue ordenado sacerdote en 1853—, sus hermanas y cinco primas huérfanas en una casita situada cerca de la iglesia de San Roque. 

María del Tránsito se distinguió por su piedad, sobre todo hacia la Eucaristía; llevó a cabo una intensa actividad como catequista e hizo muchas obras de misericordia, visitando frecuentemente a los pobres y a los enfermos en compañía de su prima Rosario.

Después del fallecimiento de su madre en 1858, María del Tránsito ingresó en la Tercera Orden Franciscana e intensificó su vida de oración y de penitencia, dirigida espiritualmente por el Padre Buenaventura Rizo Patrón, franciscano, que sería ordenado obispo de Salta en 1862. Pero ella anhelaba consagrarse a Dios por entero; por eso, en 1859, con ocasión de su profesión en la T.O.F., emitió el voto de virginidad perpetua y empezó a pensar en la fundación de un instituto para la instrucción cristiana de la infancia pobre y abandonada.

En 1871 entró en contacto con la Sra. Isidora Ponce de León, que se interesaba vivamente por la erección de un monasterio de carmelitas en Buenos Aires. Al año siguiente, María del Tránsito la siguió hasta la Capital e ingresó en el monasterio el 19 de marzo de 1873, el mismo día en que fue inaugurado. Pero su compromiso ascético se reveló superior a sus fuerzas físicas, cayó enferma y, por razones de salud, tuvo que abandonar la clausura en abril de 1874. En septiembre de aquel mismo año, creyéndose suficientemente recuperada, ingresó en el convento de las religiosas de la Visitación de Montevideo, pero también allí cayó enferma pocos meses después.

Aceptó todo con admirable resignación, abandonándose cada vez con más confianza en las manos de la Divina Providencia. Contemporáneamente, volvió a emerger su idea de una fundación educativa y asistencial al servicio de la infancia. Varios franciscanos la alentaron a ello; Agustín Garzón le ofreció una casa y su colaboración y la puso  en contacto con el P. Ciríaco Porreca OFM, de Río Cuarto. El 8 de diciembre de 1878, obtenida la aprobación eclesiástica de su proyecto de fundación y de las constituciones, y después de unos ejercicios espirituales predicados por el P. Porreca, María del Tránsito Cabanillas, en compañía de dos compañeras, puso en marcha la Congregación de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas de la Argentina. A petición de la Fundadora, el padre Porreca es nombrado director del Instituto. 

El 2 de febrero de 1879 María del Tránsito Cabanillas y sus dos primeras compañeras emiten la profesión religiosa y el día 27 de aquel mismo mes y año escriben al P. Bernardino de Portogruaro, Ministro General de la Orden de Frailes Menores, solicitándole la agregación de su Instituto a la Orden Franciscana. La respuesta afirmativa llega a comienzos de 1880.

La nueva Congregación tuvo inmediatamente una floración de vocaciones, de manera que todavía en vida de la Fundadora se inauguró el colegio de Santa Margarita de Cortona en San Vicente, el del Carmen en Río Cuarto y el de la Inmaculada Concepción en Villa Nueva.

La Sierva de Dios guiaba el floreciente Instituto con admirable sabiduría, pero sus fuerzas físicas iban cediendo gradualmente a las fatigas de cada día y a los rigores ascéticos. El 25 de agosto de 1885 moría santamente, como había vivido durante toda su vida, dejando en herencia heroicos ejemplos de humildad y de caridad al servicio sobre todo de la infancia, de los pobres, de los enfermos y de sus hermanas. Se destacó por la prudencia, la paciencia, la fortaleza de ánimo para afrontar las múltiples pruebas de la vida, su asidua actividad enseñando el catecismo y atendiendo a la infancia abandonada, su amor a la pureza y la confianza en la Divina Providencia, que le respondía con frecuencia con signos sorprendentes.  Supo infundir en sus hijas el espíritu sobrenatural, la generosidad, el amor a la infancia, el espíritu de penitencia y de mortificación.



Juan Pablo II declaró la heroicidad de las virtudes de María de Tránsito de Jesús Sacramentado en 1999, y la beatificó el  14 de abril del 2002.

La imagen de la Beata que vemos en las fotos (tomadas en 2019) es venerada en la Catedral de Córdoba.

22 de agosto de 2026

Sábado de la Semana XX Durante el Año

El Evangelio de la Misa de hoy está tomado del libro de  San Mateo (23, 1-12). Hacia el final de la perícopa (23, 8-10) se recogen estas palabras de Jesús: 

En cuanto a ustedes, no se hagan llamar "maestro", porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen "padre", porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco "doctores", porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. 

La estampita cuya imagen compartimos hoy lleva una versión de la expresión de Jesús: Uno solo es vuestro Maestro: El Cristo. La frase guarda relación con el propósito de la estampita: ser un recuerdo de la misa de fin de curso de las egresadas del Normal 1, en el año 1951.

O tempora, o mores!

 

20 de agosto de 2026

20 de agosto: San Bernardo

Con fotos de un vitral de la Basílica de Nuestra Señora de Luján celebramos hoy la Memoria de San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia, «el cual, habiendo ingresado junto con treinta compañeros en el nuevo monasterio del Císter, fue después fundador y primer abad del monasterio de Clairvaux, donde dirigió sabiamente, con la vida, la doctrina y el ejemplo, a los monjes por el camino de los mandamientos del Señor. Recorrió una y otra vez Europa para restablecer la paz y la unidad e iluminó a toda la Iglesia con sus escritos y sus sabias exhortaciones, hasta que descansó en el Señor cerca de Langres, en Francia». Murió en 1153 y fue canonizado por Alejandro III en 1174.



Oración Colecta

Dios nuestro, que encendiste al abad san Bernardo,

con el celo por tu casa

e hiciste de él una lámpara que brillaba y ardía en tu Iglesia,

concédenos por su intercesión

que, animados por ese mismo espíritu,

caminemos siempre como hijos de la luz.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo

que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo

y es Dios, por los siglos de los siglos.

18 de agosto de 2026

18 de agosto: Nuestra Señora Stella Maris

Visitamos hoy por primera vez en este blog la Catedral Stella Maris del Obispado Castrense. Y lo hacemos justamente en el día de su Titular, la Virgen María invocada como "Estrella del Mar". 

Nuestra Señora Stella Maris es además la Patrona de la Armada Argentina y también -aunque se la celebra en otra fecha, como puede verse abajo- de la Prefectura Naval Argentina.





Resulta obvio compartir en este día el antiguo himno Ave Maris Stella:

Ave maris stella,
Dei Mater alma,
Atque semper Virgo,
Felix cæli porta.

Sumens illud Ave
Gabriélis ore,
Funda nos in pace,
Mutans Hevæ nomen.

Solve vincla reis,
Profer lumen cæcis,
Mala nostra pelle,
Bona cuncta posce.

Monstra te esse matrem,
Sumat per te preces,
Qui pro nobis natus,
Tulit esse tuus.

Virgo singuláris,
Inter omnes mitis,
Nos culpis solútos
Mites fac et castos.

Vitam præsta puram,
Iter para tutum,
Ut vidéntes Jesum,
Semper collætémur.

Sit laus Deo Patri,
Summo Christo decus,
Spirítui Sancto,
Tribus honor unus.

Amen.




Salve, estrella del mar,
Santa Madre de Dios,
y siempre Virgen,
puerta dichosa del cielo.

Al escuchar el Ave
de boca de Gabriel,
asegúranos en la paz,
cambiando el nombre de Eva.

Desata las cadenas a los pecadores,
procura a los ciegos la luz,
ahuyenta nuestros males,
y alcánzanos todo bien.

Muestra que eres nuestra Madre,
y Aquel que por nosotros
quiso ser Hijo tuyo, reciba,
por tu mediación, nuestras súplicas.

¡Oh, Virgen sin igual,
más pura que todas!, haznos,
libres ya de las culpas,
mansos y puros.

Haz que sea casta nuestra vida,
prepáranos un camino seguro,
para que, viendo a Jesús,
gocemos contigo eternamente.

Alabanza sea dada a Dios Padre,
gloria a Cristo Rey,
y al Espíritu Santo,
honor igual a los tres.

Amén.