14 de mayo de 2026

14 de mayo: San Miguel Garicoïts

En la Memoria de San Miguel Garicoïts, compartimos una adaptación propia de la biografía escrita por John Chan Kunu s.c.j. y publicada en un sitio web de la Sociedad del Sacratísimo Corazón de Jesús de Betharram, fundada por el santo.

En cuanto a la imagen, se trata de un cuadro que, en la iglesia porteña de San Juan Bautista, reemplaza a la estatua que ocupaba anteriormente el mismo lugar, y que mostramos en nuestra entrada del 14 de mayo de 2019. Al parecer, los padres bayoneses se retiraron del templo a fines de 2024 y se llevaron las estatuas de San Miguel Garicoïts y de la Virgen de Betharram. Desde entonces la histórica iglesia porteña está a cargo del Arzobispado de Buenos Aires.

«La infancia de un santo

Nacido el 15 de abril de 1797, el mayor de seis hijos, Miguel vivió su niñez en una casa aislada al pie de los Pirineos, cerca de la frontera franco-española, en el País Vasco. Creció en el seno de una familia católica, que permaneció fiel a la Iglesia de Roma durante las persecuciones revolucionarias. Por su piedad y su ejemplo, sus padres y abuelos lo marcaron profundamente. Recibió, sobre todo su madre, una educación muy estricta; más tarde, Miguel dirá que, después de Dios, a ella le debe todo.

El joven conoce su catecismo de memoria, y canta cánticos al mismo tiempo que guarda su rebaño. A la edad de 13 años, empezó a trabajar como pastor en la granja de los Anghelu en Oneix. Allí recibe la Eucaristía a los 14 años, el domingo 9 de julio de 1811. Tiene 14 años. Ésta es una experiencia fuerte de la presencia del amor de Dios, que lo acompañará toda su vida.

La primera comunión marca el inicio de su vocación. De regreso a su pueblo, anuncia a su padre: “Quisiera ser sacerdote”. Sueño imposible, por falta de dinero. Pero su abuela hizo a pie diez kilómetros para ver al Arcipreste de Saint-Palais que se dejó convencer para inscribir a Miguel en la escuela del pueblo a cambio de algunos servicios. Trabajador infatigable, el pequeño vasco estudia de noche, a la luz de una lámpara, y se convierte muy pronto en el mejor alumno en latín y en francés.


Un joven clérigo que promete

Tanto en el seminario menor de Aire-sur-Adour como en el seminario mayor de Dax, impresionó positivamente no sólo por sus resultados escolares sino también por su piedad, lo que le valió ser comparado a San  Luis Gonzaga. No ha terminado aún sus estudios cuando Don Claverie lo llama para que lo ayude en el seminario menor de Laresorre. Pronto se convirtió en el docente preferido por los alumnos, tanto en clase como en el patio. Fue ordenado sacerdote el 20 de diciembre de 1823, en la catedral de Bayona, por Mons. D’Astros.

Nombrado en Cambo, conquista el corazón de los parroquianos, al mismo tiempo que propaga la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Progresivamente coloca al Sagrado Corazón en el centro de su vida y de su espiritualidad.

Al cabo de dos años, don Garicoïts cambia su cargo de vicario por el de profesor en Betharram. En 1825, el seminario está en un estado deplorable. Mons. D’Astros, que había encarado establecer en Betharram un grupo de misioneros, ha encontrado en Miguel Garicoïts, más que un agente de cambio, un visionario.

Muy cerca de ahí, ha conocido a Elisabeth Bichier des Ages y a las Hijas de la Cruz  fundadas por ella. El encuentro es decisivo. A través del despojo y de la entrega de esta nueva comunidad, descubre la vida religiosa. Al mismo tiempo, el director del seminario es testigo del desconcierto de la jerarquía frente a la dejadez y a la falta de disciplina de algunos clérigos. Miguel toma su decisión: “Formaré sacerdotes que, por su obediencia, consolarán el corazón de sus obispos”.


Los Padres del Sagrado Corazón

Desde el principio, Miguel Garicoïts tuvo en mente fundar una orden de religiosos propiamente dicha (con votos y un superior elegido). Sueña con un “cuerpo de soldados” de Cristo, siempre dispuestos a responder al llamado de la Iglesia. En 1832, un retiro de 30 días con los jesuitas le hace abrazar la voluntad de Dios, resumida por el  P. Le Blanc, su director espiritual, quien le dice: “Dios quiere que sea más que un jesuita; siga su primera inspiración, que creo que le viene del cielo, y será el padre de una familia que será hermana de la nuestra...” 

De vuelta a Betharram, Miguel se arrodilla delante del Santísimo; sale confirmado en el proyecto que lo ocupará por el resto de sus días. Las dificultades no faltarán (“¡Qué difícil es hacer nacer una Congregación!”, exclamaba de vuelta de una visita a Bayona); las gracias, tampoco.

Los betharramitas, reagrupados en 1835, toman el nombre de Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús en 1841. El Padre Garicoïts dirige su pequeña familia a través de la palabra y el ejemplo. Propone a sus compañeros vivir según las reglas jesuitas y el espíritu de San Ignacio. Lanza su pequeña sociedad en la aventura de ultramar, enviando a los primeros betharramitas a la Argentina. Acompaña a las religiosas de la diócesis, empezando por las Hijas de la Cruz de Igón. Da conferencias semanales y anima los retiros de sus religiosos; tiene el cuidado de que cada uno, educador, misionero, pastor, trabajador manual, reciba la preparación apropiada para su ministerio. En comunidad, está cerca de los hermanos; en la sociedad, está atento a todas las necesidades humanas.


▪San Miguel de Betharram y de todas partes

En 1853 es víctima de un ataque. “No tengan miedo -les dice a quienes le inquieta su parálisis parcial-; seguiremos todo el tiempo que Dios permita”. El día de la Ascensión, Miguel alcanzó el cielo que un día, niño aún, trató de alcanzar escalando las montañas una tras otra. El día  14 de mayo de 1863, hacia las 3 de la mañana, muere sin ver su obra terminada. Habrá que esperar 14 años para que su sueño se realice. Las Constituciones de la Congregación de Betharram son aprobadas por el Papa León XIII. Fue beatificado el 10 de mayo de 1923 y canonizado veinticuatro años después.

Hoy, el espíritu de San Miguel, el “Aquí estoy, para hacer tu voluntad”, está vivo y activo en los diferentes países del mundo. Es el mismo impulso que los empuja a responder al llamado de los obispos, particularmente allí en donde nadie quiere comprometerse.

En pos de San Miguel Garicoïts, los betharramitas tratan de dar y compartir la felicidad que los embarga. Se ponen en manos de Dios y confían en su Providencia para continuar la misión del Sagrado Corazón con la misma convicción del fundador, respondiendo al amor de Dios cada día».

11 de mayo de 2026

11 de mayo: Beato Mamerto Esquiú

Cada 11 de mayo, aniversario de su natalicio, se celebra desde 2022 la Memoria litúrgica del Beato Mamerto Esquiú. En este blog hemos recordado esta fecha litúrgica en 2022 y en 2023. También lo recordamos en enero pasado, en su dies natalis.


Pero este año la celebración adquiere un esplendor especial, ya que se cumplen hoy 200 años del nacimiento de ese  «varón ejemplar que por su inmenso amor a Jesucristo y su piedad, humildad, talento y patriotismo, había de dar, en el transcurso de los años, nombre y apellido al lugar de su nacimiento y gloria imperecedera a la Iglesia Católica y a su patria, la República Argentina» ¹.


Por ello, en este día del bicentenario del nacimiento de nuestro querido "Orador de la Constitución", ilustramos esta entrada con fotos que tomamos en marzo de 2025 en su casa natal, ubicada en el departamento catamarqueño que en 1826 se llamaba Piedra Blanca y ahora se denomina Fray Mamerto Esquiú (en efecto, nuestro beato dio «nombre y apellido al lugar de su nacimiento»).


Su casa natal «es una vivienda de adobe de tres habitaciones, con techo de cañizo y barro a dos aguas y piso de ladrillo. Fue declarada Monumento Histórico Nacional
en 1935. Se conservan algunos muebles y objetos personales como la cama con dosel, dos sillones fraileros del ilustre franciscano, una rueca y otros elementos del trabajo en tela de la familia». 

En 1941 se construyó un templete de estilo Art Decó que protege la estructura original de todas las inclemencias climáticas. 



Padre bueno, de cuyo amor procede toda gracia, que regalaste dones especiales al Beato Mamerto Esquiú, Obispo, y lo hiciste Pastor de tu Pueblo en su vida de entrega, en la predicación, la doctrina, el ejemplo y en el servicio a los más necesitados: te suplicamos que completes tu obra, glorificándolo con la corona de los Santos, y nos concedas, por su intercesión, la gracia que te pedimos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

[Oración tomada del dossier especial para la prensa publicado con motivo de la beatificación, en 2021]

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¹ Francisco Castellanos Esquiú: FRAY MAMERTO ESQUIÚ  (Una vida excepcional) - Bosquejo biográfico - Ed. Difusión, Buenos Aires, 1976 - página 25

8 de mayo de 2026

8 de mayo: Solemnidad de Nuestra Señora de Luján



En una publicación relativa a la historia, arquitectura y decoración del templo parroquial de Nuestra Señora de la Consolación, leemos:

Los altares de las naves laterales son todos obra de la Casa Mahlknecht y fueron realizados en diferentes fechas. Destacan por la finura de su hechura, el colorido y la combinación de sus mármoles, las inscripciones alusivas y los detalles que los hermosean y aluden al misterio o a la persona a la que están dedicados. 

(...) 

El altar de N. S. de Luján es obra personal de Leo Mahlknecht y es de singular belleza.


A este último altar corresponden las fotos que compartimos en la entrada de hoy.

Alrededor de la imagen de la Virgen de Luján se lee:  Esto, Mater, nostrum solatium; nostrum esto tu, Virgo, gaudium. Es decir: Sé, Madre, nuestro consuelo; sé nuestra alegría, Virgen.

Se trata de un fragmento del hermoso himno "Salve Mater":


(Pueblo) 

Salve Mater misericordiae,

Mater Dei et Mater veniae,

Mater spei et Mater gratiae,

Mater plena sanclae laetitiae,

¡O María!

(Cantores) 

1 Salve decus humani generis,

Salve Virgo dignior coeteris,

quae vírgines omnes transgréderis,

et altius sedes in súpcris,

¡O María!

2 Salve felix Virgo puérpera:

Nam qui sedet in Patris dextera,

Caelum regens, terram et aetera,

Intra tua se clausit viscera,

¡O María!

3 Te creavit Pater ingénitas,

Obumbravit Unigénitus,

Faeeundavit te Sanctus Spiritus,

Tu es facta tota divínitus,

¡O María!

4 Te creavit Deus mirábilem,

Te respéxit ancillam húmilem,

Te quesivit sponsam amábilem,

Tibí nünquam fecit consímilem.

¡O María!

5 Te beatam laudare cupiunt

Omnes justi, sed non sufficiunt,

Multas laudes de te concipiunt,

Sed in illis prorsus deficiunt.

¡O María!

6 Esto, Mater, nostrum solatium,

Nostrum esto tu, Virgo, gaudium,

Et nos tándem post hoc exilium,

Laetos junge choris caelestium,

¡O María! 

7 de mayo de 2026

7 de mayo: Aniversario de la Dedicación de la Catedral de Nueve de Julio

En todo templo, además de las solemnidades del Calendario Litúrgico general, deben celebrarse, con la misma categoría de Solemnidad, en primer lugar, el Patrono del lugar, y también el aniversario de la Dedicación del mismo templo.

En el caso de las catedrales esta norma se destaca especialmente, ya que el aniversario de la Dedicación de un templo catedralicio se celebra como Solemnidad en la misma Catedral y como Fiesta en el resto de los templos de la diócesis, como lo señala expresamente la Tabla de Precedencia de los días litúrgicos, números 4b  y 8b.

Por ello, en este blog que se mueve "al ritmo del Año Litúrgico" también tienen su lugar los aniversarios de la Dedicación de catedrales argentinas. 

Ya hemos recorrido varias de ellas; hoy nos toca visitar la Catedral de Nueve de Julio, en la que tomamos las fotos de esta entrada en septiembre de 2023.

La Diócesis  de Santo Domingo en Nueve de Julio fue creada el 11 de febrero de 1957, por medio de la Bula Quandoquidem adoranda, del Papa Pío XII. El templo local dedicado a Santo Domingo fue elevado por esa misma norma  a la dignidad catedralicia.

El templo fue consagrado solemnemente por monseñor Alejo Gilligan el 7 de mayo de 1991, como lo señala la placa.

La institución civil tuvo lugar con el Decreto del Poder Ejecutivo Nacional del 18 de enero de 1957. 


Los Patronos de la diócesis son la Virgen de Fátima y Santo Domingo de Guzmán. 






4 de mayo de 2026

4 de mayo: San Emiliano


Un "Emiliano, soldado" aparecía nombrado en el Martirologio de 1956 en la Memoria de los santos Agapio y Secundino, el 29 de abril:

«En Cirta de la Numidia, el triunfo de los santos mártires Agapio y Secundino, Obispos, los cuales, después de prolongado destierro en aquella ciudad, cuando en la persecución de Valeriano era mayor la rabia de los gentiles contra la fe cristiana, llegaron de ilustres sacerdotes a mártires gloriosos. En su compañía padecieron también Emiliano, soldado, Tértula y Antonia, vírgenes consagradas a Dios, y otra mujer con sus dos hijos gemelos».

El recuerdo de los santos mencionados sigue apareciendo en la actual versión del Martirologio Romano, pero  inscripta en la fecha de hoy, 4 de mayo:

«En Cirta, de Numidia (hoy Argelia), conmemoración de los santos mártires Agapio y Secundino, obispos, los cuales, después de un prolongado destierro en la mencionada ciudad, llegaron a ser mártires gloriosos, a causa de su condición de obispos, durante la persecución bajo el emperador Valeriano, en la que se pretendía suscitar el furor de los gentiles para poner a prueba la fe de los justos. Fueron también martirizados con ellos San Emiliano soldado, santas Tertula y Antonia, vírgenes consagradas a Dios, y una mujer con sus hijos gemelos (258/259)».


Como tantos otros santos militares, San Emiliano, soldado y mártir, aparece en un vitral de la 
iglesia de Nuestra Señora de Luján (Castrense).

1 de mayo de 2026

1° de mayo: San Peregrino Laziosi

 


Hoy visitamos por primera vez en este blog la iglesia de la Soledad de María, en la que se exhibe para la veneración de los fieles una imagen de San Peregrino Laziosi.  La biografía que publicamos a continuación procede de un sitio franciscano.

«Peregrino Laziosi (1265-1345) nació en Forli, Italia, hijo único de una familia pudiente. En su adolescencia, se unió a los enemigos del Papa en su ciudad natal y pronto se convirtió en cabecilla de los rebeldes.

El Papa Martín IV colocó a Forli en un interdicto espiritual, que provocó el cierre de las iglesias en la ciudad, con la esperanza de hacer entrar en razón a sus ciudadanos. Tras el fracaso de esta medida, envió a Felipe Benicio, de la Orden de los Siervos de María, como su embajador personal para intentar llevar la paz a los furiosos rebeldes

Sin embargo, el delegado papal no fue bien recibido. Mientras se dirigía a una multitud disconforme, fue arrastrado, golpeado con garrotes y apedreado. Peregrino lo derribó con un fuerte golpe en la cara. Poco después, afligido por el remordimiento, el joven se echó a los pies del lastimado y sangriento cura pidiendo perdón, que le fue otorgado con una sonrisa.

Posteriormente, se convirtió en defensor incondicional de Felipe Benicio. Seguía las sugerencias de Felipe y, con frecuencia, oraba en la capilla de Nuestra Señora, en la Catedral. Mientras se encontraba arrodillado, tuvo una aparición de la Santa Madre sosteniendo en sus manos un hábito negro, como el que llevaban los Siervos de María. «Ve a Siena», dijo María al asombrado Peregrino. «Allí encontrarás hombres devotos que se hacen llamar mis Siervos. Únete a ellos».

Los Siervos de María le ofrecieron una cálida bienvenida. El propio Felipe Benicio lo vistió ceremoniosamente con el hábito religioso.

Uno de los lemas de Peregrino como Siervo de María podría haber sido: «¡Hoy mejor que ayer, mañana mejor que hoy!». Intentó cada día convertirse en un religioso más ferviente. Para expiar sus pecados, se trataba con severidad y se esforzaba por ayudar a los pobres y a los afligidos.

Comenzaron a llamarlo «Ángel del Buen Consejo», en agradecimiento por sus sabios consejos.

Luego de ordenarse sacerdote, fundó en Forli un monasterio de los Siervos de María. Años más tarde, le apareció un tumor cancerígeno en el pie derecho. Era tan doloroso que finalmente accedió a que el cirujano se lo amputara.

La noche previa a la cirugía, Peregrino rezó durante horas. Luego se adormeció y soñó que Cristo lo tocaba y curaba su pie. La emoción lo despertó. Bajo la tenue luz de la luna, vio que su pie, que había sido cuidadosamente vendado unas horas antes, estaba completamente curado.

Los forlineses lo admiraron aún más al enterarse de su cura milagrosa. Cuando estaban enfermos, apelaban a sus oraciones. Algunos se curaban cuando él les susurraba «Jesús» al oído. Desde entonces, la Iglesia lo ha designado patrón de las personas con cáncer, dolencias en el pie o cualquier enfermedad incurable.

Peregrino murió el 1 de mayo de 1345 y fue canonizado en 1726. Miles de visitantes le rinden especial homenaje el 1 de mayo de cada año».

29 de abril de 2026

29 de abril: Santa Catalina de Siena

Celebramos hoy una vez más la Memoria de Santa Catalina de Siena. Lo hacemos con fragmentos de los textos de la Misa propia y con fotos que tomamos en 2023 en la iglesia Santa Felicitas en el barrio porteño de Barracas.


Antífona de entrada

Ésta virgen sabia y prudente salió al encuentro de Cristo
con la lámpara encendida. Aleluia.



Oración colecta

Señor Dios nuestro, que otorgaste a Santa Catalina de Siena
un amor intenso para contemplar la pasión de tu Hijo
y para servir a la Iglesia,
concédenos, por su intercesión,
que tu pueblo, unido al misterio de Cristo,
se alegre siempre en la manifestación de su gloria.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.


En relación con la imagen inferior del vitral, leamos un párrafo de la biografía publicada en El Testigo Fiel:
El retorno de Catalina a Siena [después de estar en Florencia ante el Capítulo General de los dominicos] , coincidió con una terrible epidemia de peste, en la que se consagró, con toda su «familia», a asistir a los enfermos. «Nunca fue más admirable que entonces», escribió Tomás Caffarini, quien la había conocido desde niña. «Pasaba todo el tiempo con los enfermos; los preparaba a bien morir y les enterraba personalmente». El beato Raimundo, Mateo Cenni, el P. Santi y el P. Bartolomé, que habían contraído la enfermedad al atender a las víctimas, debieron su curación a la santa. Pero ésta no limitaba su caridad al cuidado de los enfermos: visitaba también, regularmente, a los condenados a muerte, para ayudarlos a encontrar a Dios.