Al ritmo del Año Litúrgico

21 de agosto de 2019

21 de agosto: San Pío X

Giuseppe Melchiorre Sarto, nacido en 1835, fue ordenado sacerdote en 1858 y obispo en 1884. En 1893 fue hecho cardenal por León XIII, a quien sucedió en el pontificado una década más tarde. Ocupó el trono de Pedro hasta su muerte en 1914. El Martirologio señala que «primero fue sacerdote en una parroquia, y después obispo de Mantua y patriarca de Venecia, en Italia. Finalmente, elegido Sumo Pontífice, se propuso como programa de gobierno recapitular todo en Cristo, lo que llevó a cabo con simplicidad de ánimo, pobreza y fortaleza, promoviendo entre los fieles la vida cristiana con la participación en la Eucaristía, la dignidad de la sagrada liturgia y la integridad de la doctrina». Fue beatificado en 1951 y canonizado en 1954. Es Patrono de los catequistas.

La imagen es una de las que decoran el púlpito de la iglesia de Balvanera.



Oración Colecta:
Señor, Dios nuestro, 
que  para defender la fe católica e instaurar todas las cosas en Cristo, 
colmaste al Papa San Pío X de sabiduría divina y fortaleza apostólica,
concédenos que, siguiendo su ejemplo y su doctrina, 
podamos alcanzar la recompensa eterna. 

19 de agosto de 2019

19 de agosto: San Luis de Tolosa

«En Brignoles, en la Provenza, muerte de San Luis, obispo, el cual, sobrino del rey San Luis, prefirió la pobreza evangélica a las alabanzas y honores del mundo y, aún joven en años pero maduro en virtud, fue elevado a la sede de Tolosa, mas debido a su delicada salud, descansó prontamente en la paz del Señor»: así elogia hoy el Martirologio a San Luis de Tolouse o Tolosa. 

Aunque era de sangre francesa, nació Italia, muy probablemente en Nocera inferior, cerca de Salerno, en 1274. Era el segundo de catorce hermanos y hermanas. Era de sangre real, pero ya de joven, fascinado por la espiritualidad franciscana, llevaba el cordón de la penitencia debajo de sus nobles vestidos de raso. Esa piedad lo llevó a renunciar a todos los derechos de sucesión en favor de su hermano Roberto y a retirarse, para una vida de meditación y penitencia, a la ciudad de Nápoles.  

A los 22 años fue ordenado sacerdote y poco después el papa San Celestino V lo consagró obispo; cuando la diócesis de Toulouse quedó vacante, Luis debió aceptarla por obediencia. «Grande fue la admiración de los tolosanos cuando vieron a aquel obispo de veintitrés años, de sangre real, llevar vida de fraile y rodearse de pobres. Visitaba a los enfermos, socorría a los prisioneros, se ocupaba de los judíos» (*) . Pero su salud estaba deteriorada, y empeoró tras el viaje de Luis de  Tolosa a Roma para la canonización de  San Luis IX, Rey de Francia. 

Murió en la noche entre el 19 y el 20 de agosto de 1297. Pronto siguió a su real antepasado en la gloria de los altares: fue proclamado santo por Juan XXII en 1317,  estando presentes su madre y su hermano Roberto.

La imagen de  San Luis de Tolosa que ilustra esta entrada se venera en la Basílica del Pilar. Junto a ella hay este cartel:



(*) Fuente: El Testigo Fiel

15 de agosto de 2019

15 de agosto: San Estanislao de Kostka

Estanislao era el segundo hijo de Juan Kostka, senador de Polonia, y de Margarita Kryska. Nació en 1550 y cursó sus primeros estudios en su casa bajo la dirección de Juan Bilinsky, junto con su hermano mayor, Pablo. A los catorce años, Estanislao ingresó en el colegio de los jesuitas de Viena, donde el recogimiento y devoción de la vida y la oración del joven sorprendieron a todos. Poco después de la llegada de Estanislao a Viena, el emperador Maximiliano II les quitó a los jesuitas la casa que Fernando I les había prestado para el internado. Pablo Kostka, dos años mayor que Estanislao, joven despreocupado y amante de las diversiones, consiguió el permiso de Bilinsky para hospedarse con su hermano menor en casa de unos luteranos. Eso desagradaba a Estanislao, pero Pablo se burlaba de su recogimiento y devoción.

Estanislao comulgaba todos los domingos y fiestas, y ayunaba siempre la víspera del día en que iba a comulgar. Cuando no estaba en la iglesia o en el colegio, se quedaba en su cuarto, estudiando o rezando; se vestía modestamente y practicaba la mortificación corporal. No se llevaba demasiado bien con su hermano Pablo ni tampoco con Bilinsky.

Se cuenta que durante una dura enfermedad se le apareció la Santísima Virgen y le dijo que sanaría y que debía ingresar en la Compañía de Jesús. Estanislao pidió la admisión en cuanto recuperó la salud. El Provincial de Viena no quiso admitirlo al principio,  por lo que Estanislao se propuso solicitar la admisión al Padre General en persona,  y de inmediato se puso en camino, dispuesto incluso en ir a pie hasta Roma. Primero se entrevistó con San Pedro Canisio, Provincial en Alemania superior.  San Pedro Canisio lo recibió amablemente y le encomendó la tarea de servir a los estudiantes en el comedor y a hacer la limpieza de sus aposentos. Estanislao cumplió su cometido con reverencia y humildad, por lo que algunas semanas después fue enviado por Pedro Canisio a Roma, donde se entrevistó con San Francisco de Borja  y le expuso el motivo de su viaje. El santo General de los jesuitas accedió y lo admitió en el noviciado;  Estanislao tenía 17 años. Su padre estaba furiosamente en contra del ingreso de su hijo en la Compañía, pero el joven estaba decidido a servir a Dios en la vocación a la que había sido llamado. También su hermano Pablo era contrario a esa vocación religiosa.

En el breve tiempo (unos 10 meses) en que fue novicio, Estanislao llevó una vida de oración constante; era especialmente devoto del Santísimo Sacramento. Se cuenta que varias veces tomó la comunión de manos de ángeles y que en una ocasión recibió al Niño Jesús de las manos de su Madre, episodio que refleja en su iconografía, como en el vitral que adorna esta entrada.

Muy pronto el clima romano le hizo mucho daño y el intenso calor le produjo frecuentes desvanecimientos. El 5 de agosto, día de la fiesta de Santa María la Mayor, hablando con un sacerdote sobre la Asunción de la Virgen, Estanislao le dijo: «¡Qué día tan feliz debió ser para todos los santos aquél en que María entró en el cielo! Quizá  ellos lo celebran con especial gozo, como lo hacemos nosotros en la tierra. Espero que estaré entre ellos en su próxima celebración».  El sentido profundo de esas palabras se reveló diez días más tarde.  El 10 de agosto Estanislao se sintió mal y cayó en cama. Al amanecer del día de la Asunción, el joven dijo que contemplaba a la Virgen rodeada por los ángeles; después murió apaciblemente. Era el 15 de agosto de 1568.

Su hermano Pablo y Billinsky, impresionados y conmovidos, fueron testigos en el proceso de beatificación: «teníamos completa conciencia de la santidad de todos los actos de Estanislao». San Estanislao fue beatificado en 1605 y canonizado en 1726; se lo venera como Patrono menor de Polonia, Patrono de los novicios jesuitas y uno de los patronos de la juventud. Por coincidir con la Solemnidad de la Asunción, en muchos calendarios litúrgicos, incluido el Propio de la Compañía de Jesús, la Memoria de San Estanislao se celebra el 13 de noviembre.

La imagen que vemos hoy es un vitral en la iglesia del Corazón Eucarístico de Jesús.


14 de agosto de 2019

14 de agosto: Aniversario de la Dedicación de la Catedral de Morón

En la página oficial de la Catedral de Morón se indica que el actual templo, librado al culto en 1871 y terminado en 1885, fue consagrado el 15 de agosto de 1944. Sin embargo, el Calendario Litúrgico oficial de la Conferencia Episcopal Argentina señala la fecha de hoy, 14 de agosto, y no el 15, como la que corresponde a la Dedicación. Suponemos que, como la celebración se encontraría siempre impedida por la Solemnidad de la Asunción, se habrá optado por asignarle perpetuamente el día libre anterior.


La actual Catedral de Morón es el tercer templo que se levanta en ese lugar. Está consagrado a la Virgen del Buen Viaje, «advocación que recibió de la costumbre popular de pedir a los pies de la virgen de Morón (primera posta del Camino Real al norte) por un buen viaje, ante la amenaza de los peligros del indio, que acechaba la inmensa llanura». 


El templo fue elevado a la dignidad catedralicia al ser creada la Diócesis de Morón, lo que ocurrió en 1957 mediante la Bula «Quandoquidem adoranda». 

San Juan XXIII la declaró Basílica Menor mediante las Letras Apostólicas «Terrena in peregrinatione» del 1° de diciembre de 1962. La proclamación oficial tuvo lugar el 15 de agosto subsiguiente con una gran celebración en la plaza de Morón.


Mostramos en esta ocasión fotos que tomé en diciembre de 2017 en la Catedral de Morón: su frente, la antigua y venerada imagen de la Inmaculada Concepción del Buen Viaje,  Titular de la Catedral y Patrona de la diócesis y de la ciudad, la cátedra episcopal, y las lápidas de las tumbas de los dos primeros obispos diocesanos, enterrados allí.



El aniversario de la Dedicación de una Catedral es Solemnidad en el mismo templo catedralicio  y Fiesta en las demás iglesias de la diócesis.

13 de agosto de 2019

13 de agosto: Beatos Mártires Claretianos de Barbastro

El  20 de julio de 1936, un grupo de anarquistas armados irrumpió en la comunidad de Misioneros Claretianos de Barbastro, en España. A pesar de no encontrar armas, que era lo que buscaban los agresores, los misioneros -la mayoría jóvenes- fueron detenidos. Dos sacerdotes lograron salvar la Eucaristía, en parte la consumieron y en parte la escondieron en una valija y entre su ropa.  A partir del 2 de agosto, en diversas tandas (los días 2, 12, 13, 15 y 18 de ese mes), todos ellos -en total 51- fueron fusilados. Murieron al grito de «¡Viva Cristo Rey!». Hoy se los recuerda a todos conjuntamente, en el día de la muerte de algunos de ellos.

De la homilía del Papa Juan Pablo II en la misa de la beatificación (25 de octubre de 1992):

«Todo un seminario afronta con generosidad y valentía su ofrenda martirial al Señor. La entereza espiritual y moral de esos jóvenes nos ha llegado a través de testigos oculares y también por sus escritos. A este respecto son bien elocuentes los testimonios personales que los jóvenes seminaristas nos han transmitido. Uno de ellos escribiendo a su familia dice: "Al recibir estas líneas canten al Señor por el don tan grande y señalado como es el martirio que el Señor se digna concederme". Otro escribía también: «¡Viva el Corazón Inmaculado de María! Nos fusilan únicamente por ser religiosos» y añade en su lengua materna: "No ploreu per mi. Soc màrtir de Jesucrist".

Estos mártires expresaban su firme decisión de dedicarse al ministerio sacerdotal en los siguientes términos: "Ya que no podemos ejercer el sagrado ministerio en la tierra, trabajando por la conversión de los pecadores, haremos como Santa Teresita: pasaremos nuestro cielo haciendo bien en la tierra".

Todos los testimonios recibidos nos permiten afirmar que estos claretianos murieron por ser discípulos de Cristo, por no querer renegar de su fe y de sus votos religiosos. Por eso, con su sangre derramada nos animan a todos a vivir y morir por la Palabra de Dios que hemos sido llamados a anunciar.

Los mártires de Barbastro, siguiendo a su fundador San Antonio María Claret, que también sufrió un atentado en su vida, sentían el mismo deseo de derramar la sangre por amor de Jesús y de María, expresada con esta exclamación tantas veces cantada: "Por ti, mi Reina, la sangre dar". El mismo Santo había trazado un programa de vida para sus religiosos: "Un hijo del Corazón Inmaculado de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa; que desea eficazmente y procura, por todos los medios, encender a todo el mundo en el fuego del divino amor"». 


Himno del Oficio de lecturas

 Testigos de la fe y del Evangelio,
Mártires de Barbastro,
gloria de la Congregación y de la Iglesia,
anuncio del Señor resucitado,
profetas del amor y la esperanza,
Mártires Claretianos.
Cantando a Cristo Rey ganáis la altura,
nostalgia nos dejáis en vuestro vuelo.
María es vuestra Madre y vuestra reina;
su limpio Corazón es vuestro cielo.

La reliquia que vemos en la foto se venera en la iglesia del Inmaculado Corazón de María, ubicada en el barrio de Constitución.

10 de agosto de 2019

10 de agosto: Fiesta de San Lorenzo

El célebre y popular mártir diácono romano,  según la Depositio Martyrum,  sufrió el martirio el 10 de agosto del año 258, cuatro días después que el papa Sixto II y otros miembros del colegio de diáconos de Roma. Su fiesta se celebra desde muy antiguo en Roma y en otras partes. 

Según la tradición, San Lorenzo sería de origen español y lo habría llevado desde Toledo a Roma el papa Sixto; habría sido martirizado por haber desobedecido la orden de entregar a una funcionario romano los supuestos tesoros de la Iglesia (después de haber reunido a todos los pobres y enfermos a quienes ayudaba, le habría dicho al juez: «He aquí los tesoros de la Iglesia»). El prefecto entonces le dijo: «Osas burlarte de Roma y del Emperador, y perecerás. Pero no creas que morirás en un instante, lo harás lentamente y soportando el mayor dolor de tu vida». La misma tradición legendaria señala que, en consecuencia, Lorenzo habría sido quemado en una parrilla, que se convirtió en el atributo iconográfico principal del santo, como vemos en la imagen. 
Su sepultura se halla en la Vía Tiburtina,  en el Campo  Verano (el actual cementerio romano), donde Constantino hizo construir una basílica sobre su tumba; esa iglesia es hoy una de las siete basílicas mayores de Roma (San Lorenzo Extramuros). Muchísimos milagros se le atribuyen al santo desde los primeros siglos.  

En Buenos Aires, una parroquia lleva el nombre de San Lorenzo Mártir; en el templo parroquial tomamos la foto que ilustra esta entrada.

En el Misal Ambrosiano hay este prefacio en honor del santo: «Cristo, tu Hijo, ofreciendo su vida por nuestro rescate, nos amó hasta el fin y así nos enseñó que no hay  amor más grande que el de aceptar la muerte por los hermanos. Lorenzo, discípulo auténtico y fiel, dio a los hombres, con su martirio,  la prueba suprema de amor». 

8 de agosto de 2019

8 de agosto: Beata María Caiani

En el Martirologio Romano, en el libro "Todos los Santos" y en la mayoría de los sitios que hemos consultado, la memoria de la Beata Margarita María Caiani aparece inscripta en el día de hoy; curiosamente, sin embargo, en un sitio dedicado específicamente a santos franciscanos, figura en la fecha del 18 de este mes. Hacemos la aclaración porque para los datos que consignamos a continuación hemos seguido la biografía de este último sitio mencionado.

Margarita María Caiani nació en Poggio Caiano, diócesis de Pistoya, el 2 de noviembre de 1863, en una familia humilde.  Ejerció durante años el oficio de vendedora de cigarros, pero a la muerte de sus padres decidió ingresar, con una amiga, en el Monasterio de las Benedictinas de Pistoya. Su verdadera vocación, sin embargo, era dar asistencia a niños, jóvenes, ancianos y enfermos. Por ello decidió volver a su tierra y abrió una escuela para enseñar niños.  Aunque la obra comenzó en forma rudimentaria, pronto tomó dimensiones relevantes: hasta entonces en Poggio Caiani no existía una escuela pública. Al mismo tiempo Margarita María asistía a enfermos y moribundos. Otras jóvenes se le unieron; por ello en 1901 Margarita escribió unas primeras reglas y constituciones para la comunidad que se había formado, las que fueron aprobadas por el obispo diocesano. El 15 de diciembre de 1902 las jóvenes vistieron el hábito franciscano y la fundadora tomó el nombre de Sor Margarita María del Sagrado Corazón.

En 1905 las primeras seis hermanas hicieron la profesión religiosa. Otras jóvenes poco a poco fueron uniéndose a la pequeña familia que Margarita llamó «Hermanas Mínimas del Sagrado Corazón». El instituto se inspiraba en el espíritu franciscano: sor Margarita representaba el "polo femenino" y maternal de San Francisco de Asís.

En 1915, Margarita fue elegida Madre General del nuevo instituto, cargo que ejerció hasta el fin de sus días. 

El 25 de abril de 1921 tuvo lugar la agregación perpetua de las Hermanas Mínimas del Sagrado Corazón a la Orden Franciscana. Poco después, en agosto, Margarita María Caiani, enferma desde años atrás y agotada por el trabajo, moría en Montughi, cerca de Florencia, invocando al Corazón de Jesús. Tenía 58 años. La congregación contaba entonces con más de doscientas religiosas distribuidas en 21 casas. Juan Pablo II la proclamó Beata el 23 de abril de 1989.


En el Museo Franciscano de Buenos Aires, anexo a la Basílica de San Francisco, se exhiben reliquias de la beata, que tuvimos ocasión de fotografiar en julio del año pasado.