Al ritmo del Año Litúrgico

21 de septiembre de 2020

21 de septiembre: Fiesta de San Mateo

Como ya lo hicimos en los casos de otros apóstoles, hoy vemos a San Mateo en uno de los vitrales de la iglesia de San Gabriel de la Dolorosa, en Vicente López. Los Doce están representados en las hermosas vidrieras de ese templo.

Para celebrar esta fiesta, transcribimos un fragmento de la audiencia general del 30 de agosto de 2006, en la que el papa Benedicto XVI, en una serie de catequesis referidas a los apóstoles, habla sobre San Mateo:

«(...) Más que esbozar su biografía, lo que podemos hacer es trazar el perfil que nos ofrece el Evangelio. 

Mateo está siempre presente en las listas de los Doce elegidos por Jesús (cf. Mt 10, 3; Mc 3, 18; Lc 6, 15; Hch 1, 13). En hebreo, su nombre significa "don de Dios". El primer Evangelio canónico, que lleva su nombre, nos lo presenta en la lista de los Doce con un apelativo muy preciso:  "el publicano" (Mt 10, 3). De este modo se identifica con el hombre sentado en el despacho de impuestos, a quien Jesús llama a su seguimiento:  "Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo:  "Sígueme". Él se levantó y le siguió" (Mt 9, 9). También San Marcos (cf. Mc 2, 13-17) y San Lucas (cf. Lc 5, 27-30) narran la llamada del hombre sentado en el despacho de impuestos, pero lo llaman "Leví". (...) 

Los Evangelios nos brindan otro detalle biográfico:  en el pasaje que precede a la narración de la llamada se refiere un milagro realizado por Jesús en Cafarnaúm (cf. Mt 9, 1-8; Mc 2, 1-12), y se alude a la cercanía del Mar de Galilea, es decir, el Lago de Tiberíades (cf. Mc 2, 13-14). De ahí se puede deducir que Mateo desempeñaba la función de recaudador en Cafarnaúm, situada precisamente "junto al mar" (Mt 4, 13), donde Jesús era huésped fijo en la casa de Pedro. 

Basándonos en estas sencillas constataciones que encontramos en el Evangelio, podemos hacer un par de reflexiones. La primera es que Jesús acoge en el grupo de sus íntimos a un hombre que, según la concepción de Israel en aquel tiempo, era considerado un pecador público. En efecto, Mateo no sólo manejaba dinero considerado impuro por provenir de gente ajena al pueblo de Dios, sino que además colaboraba con una autoridad extranjera, odiosamente ávida, cuyos tributos podían ser establecidos arbitrariamente. Por estos motivos, todos los Evangelios hablan en más de una ocasión de "publicanos y pecadores" (Mt 9, 10; Lc 15, 1), de "publicanos y prostitutas" (Mt 21, 31). Además, ven en los publicanos un ejemplo de avaricia (cf. Mt 5, 46:  sólo aman a los que les aman) y mencionan a uno de ellos, Zaqueo, como "jefe de publicanos, y rico" (Lc 19, 2), mientras que la opinión popular los tenía por "hombres ladrones, injustos, adúlteros" (Lc 18, 11). 

Ante estas referencias, salta a la vista un dato:  Jesús no excluye a nadie de su amistad. Es más, precisamente mientras se encuentra sentado a la mesa en la casa de Mateo-Leví, respondiendo a los que se escandalizaban porque frecuentaba compañías poco recomendables, pronuncia la importante declaración:  "No necesitan médico los sanos sino los enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores" (Mc 2, 17). 

La buena nueva del Evangelio consiste precisamente en que Dios ofrece su gracia al pecador. En otro pasaje, con la famosa parábola del fariseo y el publicano que subieron al templo a orar, Jesús llega a poner a un publicano anónimo como ejemplo de humilde confianza en la misericordia divina:  mientras el fariseo hacía alarde de su perfección moral, "el publicano (...) no se atrevía ni a elevar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo:  "¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!"". Y Jesús comenta:  "Os digo que este bajó a su casa justificado y aquel no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado" (Lc 18, 13-14). Por tanto, con la figura de Mateo, los Evangelios nos presentan una auténtica paradoja:  quien se encuentra aparentemente más lejos de la santidad puede convertirse incluso en un modelo de acogida de la misericordia de Dios, permitiéndole mostrar sus maravillosos efectos en su existencia.

A este respecto, San Juan Crisóstomo hace un comentario significativo:  observa que sólo en la narración de algunas llamadas se menciona el trabajo que estaban realizando esas personas. Pedro, Andrés, Santiago y Juan fueron llamados mientras estaban pescando; y Mateo precisamente mientras recaudaba impuestos. Se trata de oficios de poca importancia —comenta el Crisóstomo—, "pues no hay nada más detestable que el recaudador y nada más común que la pesca" ¹. Así pues, la llamada de Jesús llega también a personas de bajo nivel social, mientras realizan su trabajo ordinario. 

Hay otra reflexión que surge de la narración evangélica:  Mateo responde inmediatamente a la llamada de Jesús:  "Él se levantó y lo siguió". La concisión de la frase subraya claramente la prontitud de Mateo en la respuesta a la llamada. Esto implicaba para él abandonarlo todo, en especial una fuente de ingresos segura, aunque a menudo injusta y deshonrosa. Evidentemente Mateo comprendió que la familiaridad con Jesús no le permitía seguir realizando actividades desaprobadas por Dios. 

Se puede intuir fácilmente su aplicación también al presente:  tampoco hoy se puede admitir el apego a lo que es incompatible con el seguimiento de Jesús, como son las riquezas deshonestas. En cierta ocasión dijo tajantemente:  "Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme" (Mt 19, 21). Esto es precisamente lo que hizo Mateo:  se levantó y lo siguió. En este "levantarse" se puede ver el desapego de una situación de pecado y, al mismo tiempo, la adhesión consciente a una existencia nueva, recta, en comunión con Jesús. 

Recordemos, por último, que la tradición de la Iglesia antigua concuerda en atribuir a San Mateo la paternidad del primer Evangelio. Esto sucedió ya a partir de Papías, obispo de Hierápolis, en Frigia, alrededor del año 130. Escribe Papías:  "Mateo recogió las palabras (del Señor) en hebreo, y cada quien las interpretó como pudo" ². El historiador Eusebio añade este dato:  "Mateo, que antes había predicado a los judíos, cuando decidió ir también a otros pueblos, escribió en su lengua materna el Evangelio que anunciaba; de este modo trató de sustituir con un texto escrito lo que perdían con su partida aquellos de los que se separaba" ³.

Ya no tenemos el Evangelio escrito por San Mateo en hebreo o arameo, pero en el Evangelio griego que nos ha llegado seguimos escuchando todavía, en cierto sentido, la voz persuasiva del publicano Mateo que, al convertirse en Apóstol, sigue anunciándonos la misericordia salvadora de Dios. Escuchemos este mensaje de San Mateo, meditémoslo siempre de nuevo, para aprender también nosotros a levantarnos y a seguir a Jesús con decisión».


¹ (In Matth. Hom.:  PL 57, 363)

² (en Eusebio de Cesarea, Hist. eccl. III, 39, 16)
³ (ib., III, 24, 6) 

Próxima entrada: 22 de septiembre (San Mauricio)

19 de septiembre de 2020

19 de septiembre: Santa María de Cervellón

«En Barcelona, en la región española de Cataluña, Santa María de Cervelló, virgen de la Orden de Santa María de la Merced, llamada popularmente María del Socorro por la ayuda prestada a sus devotos» (Martirologio Romano).

Un sitio mercedario nos ofrece la siguiente información:

«La primera religiosa mercedaria, de la noble familia de Cervellón, nació en Barcelona, en la calle de Moncada, el 1° de diciembre de 1230. Fue bautizada el 8 del mismo mes, en el sarcófago antiguo de la protomártir barcelonesa Santa Eulalia, que servía de pila bautismal en la parroquia de Santa María del Mar. La joven María, inmersa en el clima de la caridad creado en su ciudad natal por los frailes redentores de cautivos, se sintió atraída por el empeño liberador, y se convirtió en el consuelo de los pobres, de los enfermos y de los cautivos, en el hospital de Santa Eulalia. Allí conoció a las grandes figuras de la Orden mercedaria agrupados en torno a Pedro Nolasco.




Pidió, decidida, el hábito blanco de la Merced, y el 25 de mayo de 1265 emitió su profesión religiosa como hermana de la Orden, en manos de fray Bernardo de Corbera, prometiendo trabajar por la redención de cautivos. Con ella formaron comunidad las jóvenes de conocidos linajes: sor Eulalia Pinós, sor Isabel Berti y sor María de Requesens, a las que muy pronto se agregó sor Colagia.

El sobrenombre de Socós o Socorro, con que también se la conoce, se debe a que sor María, en vida y después de muerta, fue vista, más de una vez, acudir sobre las alas del viento, en socorro de las naves de la redención combatidas por el mar embravecido. 

Murió el 19 de septiembre de 1290. Sus restos mortales fueron sepultados en la iglesia de los frailes mercedarios de Barcelona, hoy Basílica de la Merced. En un altar, el primero de la derecha, reposa su cuerpo, que se conserva incorrupto. Desde el siglo XIII fue tenida como santa. Ha sido invocada como patrona de los navegantes y tiene su templo parroquial en la Barceloneta, puerto de la Ciudad Condal».

En 1692 el papa Inocencio XII dio sentencia favorable y confirmatoria del culto inmemorial de «María de Socós». El papa Benedicto XIV le concedió la inscripción en el Martirologio por decreto de 8 de noviembre de 1729.

Próxima entrada: 21 de septiembre (San Mateo)

15 de septiembre de 2020

15 de septiembre: El Señor del Milagro


En el año 1592 dos grandes cajones aparecieron flotando sobre las aguas del Océano Pacífico, en las cercanías del puerto del Callao en el Perú.  Uno de los cajones tenía grabada la frase  «Una virgen del Rosario para el convento de predicadores de la ciudad de Córdoba»; el otro, que es el que ahora nos interesa, decía «Un Cristo crucificado para la iglesia matriz de la ciudad de Salta». Eran imágenes que habían sido enviadas por el antiguo Obispo del Tucumán, Fray Francisco de Victoria, quien además había estado presente en la fundación de la ciudad de Salta. 

El Virrey del Perú, García Hurtado de Mendoza, ordenó que las imágenes fueran enviadas a sus respectivos destinatarios según la voluntad del Obispo Vitoria.  El Cristo, del que ahora nos ocupamos, llegó a Salta y fue recibido con entusiasmo, pero luego fue olvidado por largo tiempo.

Cien años más tarde, el 13 de septiembre de 1692, un gran temblor sacudió la ciudad de Esteco, cercana a Salta. Esteco quedó definitivamente arruinada, por lo que poco más tarde sería despoblada. El sismo fue también percibido en Salta. Los salteños pensaron que su ciudad sería destruida, pero en general los daños no fueron tan graves, si bien la iglesia matriz sufrió serios deterioros. Al ingresar al templo,  fue encontrada una imagen de la Virgen en el suelo, a los pies de una imagen de Cristo, como si lo mirara en actitud orante; la imagen no había sufrido ningún daño en su rostro ni en sus manos, pese a su gran tamaño y  a la altura de la que había caído; sólo habían cambiado  los colores del rostro, que quedó pardo y macilento. Todo ello fue interpretado como una súplica  de la Virgen ante su Hijo, con el resultado de los escasos daños sufridos por la ciudad.


Sin embargo, los temblores de tierra continuaron. Un sacerdote,  José Carrión, afirmó sentir  una voz que con toda claridad le decía que mientras no se sacara al Cristo en procesión, no cesarían los terremotos. Recordando entonces la imagen enviada un siglo antes,  varios fieles entraron al templo y, bajándola de donde estaba, la acomodaron en andas y la sacaron al atrio de la derruida iglesia. Luego el Cristo fue sacado en procesión  con el ruego de que cesaran los temblores. Al amanecer del día 15 la tierra dejó de temblar, aunque volvió a estremecerse a la noche, mientras el pueblo no cesaba de rezar ante la imagen.  El día 16 volvió definitivamente la calma y  se comenzó a hablar del «milagro». Días más tarde llegaron noticias de la destrucción total de Esteco, lo cual aumentó la magnitud del milagro obrado por la Virgen y el Señor de la iglesia de Salta.


Hasta nuestros días, el pueblo salteño venera con un extraordinario fervor al Señor del Milagro. En julio de 2019 visitamos Salta y pudimos constatar personalmente la magnitud de la devoción de los lugareños por su Patrono. Ya en ese mes habían comenzado, con gran concurso de fieles, los preparativos para las grandes fiestas de septiembre: la Virgen del Milagro el día 13 y el Señor del Milagro el día 15. Tomamos en ese momento las fotos que ilustran esta entrada


En Salta, la conmemoración de hoy tiene la categoría de Solemnidad, misa propia y lecturas propias.

Próxima entrada: 19 de septiembre (Santa María de Cervellón)

9 de septiembre de 2020

9 de septiembre: San Pedro Claver

Entre los héroes que dieron sus vidas en defensa de las víctimas de la esclavitud en América, el más grande de todos fue San Pedro Claver, cuya Memoria celebramos hoy. El Martirologio lo elogia con estas palabras: «San Pedro Claver, presbítero de la Orden de la Compañía de Jesús, que en Nueva Cartagena, ciudad de Colombia, durante más de cuarenta años consumió su vida con admirable abnegación y eximia caridad para con los esclavos negros, y bautizó con su propia mano a casi trescientos mil de ellos».


Nacido en España en 1581, ingresó de muy joven en la Compañía de Jesús. Pasó a América en 1610, destinado a Nueva Granada, y recibió la ordenación sacerdotal en 1615. Ante el triste espectáculo del tráfico de esclavos en Cartagena, Pedro se comprometió a ser «el esclavo de los negros para siempre». Larguísima es la lista de obras de caridad y de prodigios de todo tipo que San Pedro Claver desplegó en Colombia hasta su muerte el 8 de septiembre de 1654. La coincidencia de la fecha con la Fiesta de la Natividad de María determina que su Memoria se celebre hoy.   Fue beatificado en 1851 y canonizado en 1888.

En la Basílica Nacional de Luján encontramos esta hermosa imagen de mármol. Sospechamos que en su mano derecha falta un crucifijo, atributo iconográfico con que se lo suele representar; en la otra lleva una corona de espinas.

Próxima entrada: 15 de septiembre (El Señor del Milagro de Salta)

8 de septiembre de 2020

8 de septiembre: Virgen de Chapi

La Virgen de Chapi es una advocación mariana del Perú. Su santuario está ubicado  en un sitio desértico denominado Chapi, cerca de la ciudad de Arequipa, en el distrito de Polobaya. 

El culto a la Virgen de Chapi dio comienzo en el siglo XVIII. El actual santuario es del siglo XX. 

Dado que se trata de una imagen de la Virgen en su advocación "de la Candelaria" o "de la Purificación", su festividad se celebra el 2 de febrero. «Pero los peregrinos han escogido de preferencia el 1º de mayo, en que se da inicio al mes dedicado a María, y también el 8 de setiembre, fiesta de su Natividad», como leemos en un sitio mariano del Perú.  En esta última fecha recordamos hoy a la Madre de Dios en esta simpática advocación, mediante una imagen que se venera en la iglesia de la Visitación, de nuestra ciudad.



El 2 de febrero de 1985 el papa San Juan Pablo II coronó en Arequipa a la imagen de la Virgen de Chapi; en la ocasión beatificó también a una dominica peruana. Dijo el Pontífice entonces esta plegaria:




«Ante la imagen de Nuestra Señora pongo las intenciones de toda la Iglesia, especialmente de la Iglesia en el Perú y en Arequipa:
Oh Madre de Cristo, Santa Madre de Dios, venerada con amor tan entrañable por el Pueblo de Dios en toda la tierra peruana.
Madre y Reina de todos los Santos que ha dado esta tierra: Toribio de Mogrovejo, Rosa de Lima, Martín de Porres, Juan Macías, Ana de los Ángeles, proclamada Beata en el día de hoy.
No dejes de llevar a Jesús en tus manos; llévalo a los corazones de todos los que, en esta tierra, tan amorosamente confían en ti.
Llévalo siempre, como lo llevaste al templo de Jerusalén; que los ojos de nuestra fe se abran en todo momento como se abrieron los ojos de Simeón.
Junto con él profesamos:
¡«Luz para iluminar a las gentes»!
Que en El los ojos de nuestra le vean siempre la salvación que viene de Dios... ¡Del mismo Dios!».
Próxima entrada: 9 de septiembre (San Pedro Claver) 

5 de septiembre de 2020

"Santa María en sábado"


Una bella imagen de la Virgen con el Niño (advocación no identificada) se venera en la Capilla de San Roque, contigua a la Basílica de San Francisco, en el centro porteño.

Frases y oraciones marianas atribuidas al Santo de Asís:

 «Yo, el hermano Francisco, pequeñuelo, 
quiero seguir la vida y la pobreza de nuestro altísimo Señor Jesucristo 
y de su santísima Madre, 
y perseverar en ella hasta el fin»

«Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios, Padre santo y justo, 
Señor rey del cielo y de la tierra, te damos gracias por ti mismo... 
Por el santo amor con que nos amaste, quisiste que Él, 
verdadero Dios y verdadero hombre, 
naciera de la gloriosa siempre Virgen beatísima santa María» 

«¡Ea, Abogada de los pobres!, cumple con nosotros tu misión de tutora 
hasta el día señalado por el Padre» 

Próxima entrada: 8 de septiembre (La Virgen de Chapi)


Fuentes de las frases de S, Francisco, en orden: (UltVol 1-2) (1 R 23,1-3)  (2 Cel 198.6)

3 de septiembre de 2020

3 de septiembre: Beatos Francisco de Jesús y Vicente de San Antonio

En los vitrales de la iglesia porteña de Nuestra Señora de la Consolación se representan alegorías, episodios históricos y legendarios de la vida de San Agustín, y varios santos, sobre todo de su Orden.

Entre ellos encontramos un vitral dedicado a honrar a dos mártires agustinos recoletos: los Beatos Francisco de Jesús y Vicente de San Antonio,  «misioneros martirizados en el Japón atados por un dedo a un tronco y quemados a fuego lento el 3 de septiembre de 1632, luego de terribles torturas al derramárseles en su piel cazos llenos con las aguas sulfurosas de Unzén, lo que produjo quemaduras profundas en su piel y músculos hasta dejar parte de sus huesos al descubierto» (información tomada de la página web de la parroquia).

Un sitio agustino recoleto informa que «en 1623, apenas treinta y cinco años después del inicio de la Recolección agustiniana, llegaron a Japón los misioneros agustinos recoletos Francisco de Jesús y Vicente de San Antonio procedentes de Filipinas. Aunque la fe era duramente perseguida, los misioneros arribaron con el objetivo de expandir la Palabra de Dios. Lo hicieron ayudados por varios cristianos japoneses que actuaban de catequistas y que se encargaban de transmitirle en su idioma de forma clandestina las enseñanzas de los religiosos agustinos recoletos». Los dos misioneros europeos y tres japoneses (llamados Pedro, Agustín y Lorenzo) «fueron capturados, encarcelados y martirizados. En 1867 fueron beatificados».

Publicamos esta entrada en la fecha que registra el Martirologio: «En Nagasaki, en Japón, Beatos Bartolomé Gutiérrez, presbítero, de la Orden de Ermitaños de San Agustín, y cinco compañeros, mártires, quienes, por odio a la fe cristiana, fueron sumergidos todos ellos en aguas sulfúreas hirviendo y después arrojados al fuego (1632)».  

Respecto de los cinco compañeros, se aclara en nota al pie: «Son sus nombres: Beatos presbíteros Vicente Carvalho y Francisco Terrero, de la Orden de Ermitaños de San Agustín; Antonio Ishida, de la Compañía de Jesús; Jerónimo Jo; y Gabriel de la Magdalena, religioso de la Orden de los Hermanos Menores». Los dos primeros son nuestros beatos de hoy. En el Calendario Propio de la Orden se honra el 28 de septiembre conjuntamente a los «Beatos Pedro de Zúñiga, Bartolomé Gutiérrez,  presbíteros, y Compañeros, mártires». De esta última conmemoración tomamos la Oración sobre las Ofrendas que cierra esta entrada:

Recibe, Señor, las ofrendas de tu pueblo
en honor del martirio de tus santos;
y así como estos beatos mártires te sirvieron en la persecución,
también nosotros encontremos fuerza para superar
las adversidades de este mundo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Próxima entrada: 5 de septiembre (Sta. María en Sábado)