8 de septiembre de 2026

8 de septiembre: Fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María

 


En el ábside de la iglesia de la Natividad de María  se encuentra este relieve, que representa justamente el nacimiento de la Virgen. 

Además de la Niña recién nacida están también sus padres, Joaquín y Ana, y otros personajes que asisten al parto, conforme el tradicional esquema iconográfico de este misterio.


Antífona de entrada
Celebremos con alegría el nacimiento de la Santísima Virgen María,
de quien nació el sol de justicia, Cristo nuestro Señor.


Oración colecta
Concédenos, Dios nuestro, las riquezas de tu gracia,
y ya que la maternidad de la Virgen María
fue para nosotros el comienzo de la salvación,
que la fiesta de su Natividad acreciente la paz.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.



Oración después de la comunión
Padre, que se alegre tu Iglesia
fortalecida con estos sagrados misterios,
y se goce por el nacimiento de la santísima Virgen María,
esperanza y aurora de salvación para el mundo entero.
Por Jesucristo, nuestro Señor.




La iglesia de la parroquia Natividad de María  queda en San Antonio 555 de la Ciudad de Buenos Aires.



5 de septiembre de 2026

5 de septiembre: Beatos Mateo Casals, Teófilo Casajús, Fernando Saperas y compañeros

El 21 de octubre de 2017 fueron beatificados 109 mártires claretianos en la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona. 

Se trata de Mateo Casals, Teófilo Casajús, Fernando Saperas y 106 compañeros, asesinados por odio a la fe en los años 1936 y 1937, en el contexto de la persecución desatada en la Guerra Civil española; fueron masacrados con la única culpa de ser creyentes y religiosos. Los recordamos en el día que figura en un calendario claretiano (anterior a la beatificación) en un sitio oficial de esa familia religiosa: 



Una vidriera en la iglesia del  Inmaculado Corazón de María les rinde homenaje.


De un sitio claretiano tomamos la información que sigue:

Este numeroso grupo de mártires claretianos se une a los 75 que han sido beatificados a lo largo de los últimos 25 años.

El 25 de octubre de 1992, San Juan Pablo II beatificó en Roma a los 51 mártires de Barbastro, al “seminario mártir”, como él mismo lo denominó. La película "Un Dios prohibido" (2014) ha difundido su conmovedora historia.

Trece años después, el 20 de noviembre de 2005, en Guadalajara (México), fue beatificado el padre Andrés Solá Molist, misionero claretiano catalán, asesinado el 25 de abril de 1927, en el rancho San Joaquín, cerca de la ciudad de León, en México.

Y el 13 de octubre de 2013, en Tarragona, fueron beatificados otros 23 mártires claretianos (asesinados en Sigüenza, Fernán Caballero y Tarragona), que formaban parte del grupo de 522 “mártires del siglo XX en España” que fueron beatificados ese día.

Los 109 mártires beatificados en 2017 provenían de las comunidades claretianas de Barcelona (8), Castro Urdiales (3), Cervera-Mas Claret (60), Sabadell (8), Vic-Sallent (15), Lleida (11) y Valencia (4).

A la cabeza de ese nutrido grupo de mártires figuran los mencionados Mateo Casals (sacerdote), Teófilo Casajús (estudiante) y Fernando Saperas (hermano). Ellos representan a los 49 sacerdotes, 31 hermanos y 29 estudiantes que fueron beatificados en 2017. 

Catalanes (la mayoría), navarros, aragoneses, castellanos… todos compartían la común profesión religiosa y un gran amor a Jesucristo y a la Iglesia. Salvo dos, que murieron en 1937, todos fueron martirizados en los últimos meses del año 1936, durante la persecución religiosa que tuvo lugar en la guerra civil española. En la página web que los Misioneros Claretianos han creado con motivo de la beatificación (www.109cmf.org) se pueden encontrar las biografías de cada uno de ellos y diversos relatos de su martirio.

Abundan los testimonios sobre su manera de afrontar la muerte. El P. Julio Leache, navarro de 27 años, asesinado en la finca Mas Claret, junto a Cervera (Lleida), aclara bien los verdaderos motivos del martirio: “Si nos quieren matar, quisiera que fuese solo por Dios, o sea, que me maten celebrando, administrando los Sacramentos o rezando. Pero no por otros motivos humanos o políticos… Si nos matan por fascistas, poca gracia y poco mérito tiene, ya que hay fascistas de todo color. Pero si nos matan por decir Misa y por ser católicos, esto es meritorio ante Dios, esto es ser mártires”. El P. Jaume Payàs, martirizado en Sallent (Barcelona), explicita que mueren sin odio, perdonando a sus verdugos: “Perdono a todos los que me quieren mal, y les doy un abrazo de amistad; no guardo rencor a nadie, ni a los que me han tirado en casa como a un perro; también a Ti te lo hicieron”. El P. Emili Bover, asesinado en el cementerio de Cervera el 20 de agosto, exclamó antes de morir: “Os perdono de corazón por amor de Dios”.

No es fácil comprender hoy la fuerza impresionante de estos testimonios. En la carta que el Superior General de los claretianos, el indio Mathew Vattamattam, ha publicado con motivo de la beatificación, escribe: “En tiempos líquidos como los nuestros, estas actitudes sólidas nos desarman y nos estimulan. Con la gracia de Dios, siempre es posible ser fieles a Jesús por más difíciles que sean las circunstancias. Estamos llamados a ser testigos valientes en medio de muchas pruebas y contradicciones”. Y, más adelante, añade: “Una beatificación es siempre una celebración de la fe y del perdón, no un juicio o una venganza. Por eso, tiene siempre sentido. No es un ajuste de cuentas con el pasado sino una apuesta de futuro. Solo podemos vivir juntos cuando aprendemos a respetarnos y perdonarnos”.

El lema escogido para la beatificación fue "Misioneros hasta el fin". 

La palabra "Misioneros" resume la identidad carismática de los claretianos. La expresión "hasta el fin", escrita en letras rojas, que simbolizan la sangre derramada, evoca una vida misionera llevada hasta sus últimas consecuencias: dar la vida por Cristo como él hizo por nosotros (cf. Jn 13,1).


Al día siguiente de su beatificación, dijo el papa Francisco I durante el Ángelus:

«Ayer, en Barcelona, ​​fueron beatificados Mateo Casals, Teófilo Casajús, Fernando Saperas y 106 compañeros mártires, miembros de la congregación religiosa de los claretianos y asesinados por odio a la fe durante la guerra civil española. Que su ejemplo heroico y su intercesión sostengan a los cristianos que también en nuestros días -en tal alto número- y en diversas partes del mundo, sufren discriminación y persecución»


Como hoy es también primer sábado de mes, terminamos esta entrada con una imagen mariana que se encuentra en el frente del mencionado templo porteño. 

3 de septiembre de 2026

Jueves de la Semana XXII Durante el Año

En la misa de hoy se lee el siguiente fragmento del Evangelio según San Lucas (5, 1-11), en el que hemos destacado una frase con negrita, por el motivo que resultará evidente al ver las imágenes:


En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar adentro, y echen las redes».

Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes». Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

 


Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador». El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón.

Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres».

Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.



El vitral pertenece a la iglesia porteña de San Pedro Apóstol, que hoy visitamos por primera vez.  Pedro está de espalda frente a Cristo; al fondo se ve una barca. En la parte inferior se lee la frase del apóstol, que hemos resaltado: "Soy un pecador". 

1 de septiembre de 2026

1 de septiembre: San Egidio

Un santo más se incorpora  a la larga lista de los que aparecen en este blog. Se trata de San Egidio, también llamado San Gil. 

Lamentablemente, la mayor parte de los datos y relatos de milagros que circulan desde la Edad Media sobre San Egidio no resultan dignos de confianza. Lo más que se puede saber sobre el santo es que debe haber sido un ermitaño o un monje que vivió cerca de la desembocadura del Ródano, en el siglo VI o VII. Un famoso monasterio que lleva su nombre afirma poseer sus reliquias. 

Con mucha prudencia, el Martirologio sólo dice:  

En la región de Nimes, de la Galia Narbonense, San Egidio o Gil, cuyo nombre adopta la población que después se formó en la región de la Camarga, y donde se dice que el santo había erigido un monasterio y completado el curso de su vida mortal.

San Egidio (San Gil) aparece entre los «Catorce Santos Auxiliadores»; es el único entre ellos que no fue mártir. Su tumba, en el monasterio, fue centro de importantes peregrinaciones que contribuyeron a la prosperidad de la ciudad de Saint Gilles hasta que, en el siglo XIII, quedó convertida en ruinas, durante la cruzada contra los albigenses. 

Fue un santo muy popular. 

En la iglesia de Nuestra Señora del Carmen de la ciudad de Chivilcoy hay una imagen suya revestido con ornamentos pontificales, como abad.



Del libro Flos Sanctorum de la Familia Cristiana, publicado en 1943, tomamos la oración con que cerramos esta entrada.

Rogámoste, Señor, que la intercesión del bienaventurado abad San Gil nos recomiende en tu divino acatamiento, para alcanzar por su patrocinio lo que no podemos impetrar por nuestros méritos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

31 de agosto de 2026

31 de agosto: San Ramón Nonato

 


En la iglesia parroquial de Tandil, dedicada a la Inmaculada Concepción (aunque la parroquia se llama Santísimo Sacramento) encontramos esta imagen de San Ramón Nonato, que fotografiamos en 2018.

El Prefacio de esta Fiesta en el Propio de los mercedarios dice así:

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria en la fiesta de San Ramón Nonato, por Cristo Señor nuestro. El cual, entregándose voluntariamente a la muerte, fue la causa de nuestra salvación y la fuente de toda auténtica libertad. 

Él, con la voz misteriosa del Espíritu Santo, llamó a tu siervo San Ramón a la familia de la Virgen María de la Merced, y le infundió sus mismos sentimientos de amor, para que afrontase con valentía dolores y cárceles por la liberación de los cristianos cautivos. 

Por eso, con todos los ángeles y santos, te aclamamos y te bendecimos, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo.


29 de agosto de 2026

29 de agosto: Martirio de San Juan Bautista

Por primera vez en este blog celebramos la «Memoria del martirio de San Juan Bautista,  a quien el rey Herodes Antipas retuvo encarcelado en la fortaleza de Maqueronte, en la actual Jordania, y al cual mandó decapitar en el día de su cumpleaños, a petición de la hija de Herodías. De esta suerte, el Precursor del Señor, como lámpara encendida y resplandeciente, tanto en la muerte como en la vida dio testimonio de la verdad», como dice el Martirologio.


El Evangelio propio de la Memoria (Marcos 6, 17-29) trae el relato del episodio conmemorado por la Liturgia de hoy:

    Herodes había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado. Porque Juan decía a Herodes: "No te es lícito tener a la mujer de tu hermano".
    Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía, porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía, quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.
    Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea. Su hija, también llamada Herodías, salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: "Pídeme lo que quieras y te lo daré". Y le aseguró bajo juramento: "Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino". Ella fue a preguntar a su madre: "¿Qué debo pedirle?". "La cabeza de Juan el Bautista", respondió ésta.
    La joven volvió rápidamente a donde estaba el rey y le hizo este pedido: "Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista".
    El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla. En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan. El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre.
    Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.


Ilustramos esta entrada con una obra del célebre pintor y escultor granadino Alonso Cano  (1601-1667), que  se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires: "Un ángel con la cabeza de San Juan Bautista".



26 de agosto de 2026

26 de agosto: Beato Ceferino Namuncurá

 






















Virgen de Luján, Señora

intercesora ante Dios

dame tu luz protectora

y que por mi voz cantora

cante el pueblo con su voz.


Quiero cantar una vida

que despuntó en este suelo.

Perdona mi desmedida

fe, si no doy la medida

fiel de esa espiga del cielo.

 

Con estas palabras comienza un poema que José María Castiñeira de Dios,  en su obra "El santito Ceferino Namuncurá"  (Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1968), dedicó al Beato que hoy honramos.

En la revista Jauja número 25/26/27, de marzo de 1969, apareció un comentario a esa obra, junto con fragmentos de la poesía:

«He aquí un poema netamente argentino que hubiera alegrado a Hernández. ¡Y cómo! Es un relato en quintillas de una vida donde no hay nada que relatar — o casi nada; pero que es como una oración». Ceferino Namuncurá -añade el comentarista- «es un caciquillo pampa que los Padres Salesianos bautizaron, que aspiró a ser sacerdote, que enfermó de tisis y llevado a Roma murió allí, como era lo probable. ¡Había que haberlo dejado en Córdoba, quizás! Trajeron sus restos aquí e iniciaron el proceso de beatificación, por lo cual ahora lo llamamos "Venerable"; y lo llama "santito" el cantor».


En Roma, Ciudad Eterna,

Urbe de la Cristiandad,

se nos ha muerto el Santito,

lo llevamos a enterrar.

Camino a Campo Verano

los romanos ven pasar

a cuatro fieles amigos

que en hombros llevando van

un ataúd pequeñito

de madera natural

pintado con ramos de oro

por el sol primaveral.

***

Bajo la luz matinal

Ceferino, indio araucano,

avanza hasta el Vaticano

para la audiencia papal.

Sube hasta el áureo portal

del palacio del Señor

y entra por un corredor

a la Capilla Sixtina

donde su alma se acoquina

ante tamaño esplendor.

...

Después con su clerecía

entra el Papa a la colmada

sala donde arrodillada

está la feligresía.

Cagliero entonces lo guía

al pie de Su Santidad

y doblado en humildad

aquel Piedra penitente

inclina su alma y su frente

al Piedra de la verdad.

(Uno es la piedra esencial

de la Verdad Revelada:

el otro, piedra apagada

de un pueblo indígena austral.

Uno es la piedra vital

otro la piedra yacente;

uno, la piedra fulgente

que contiene la Esperanza

el otro, piedra que avanza

a la luz, cristianamente.

Los dos Piedra son, ahora,

por este indiecito santo

dos piedras de un mismo canto

que el amor de Cristo dora).


Bajo la Cruz salvadora

Ceferino se arrodilla

y ante el Padre Santo humilla

la soberbia de la raza...

Un viento de gloria pasa

en medio de la capilla.

El Padre Santo levanta

al Príncipe, y ya su mano

bendice al indio cristiano

arrodillado a su planta.

Enseguida se adelanta

y en gesto de amor divino

da un abrazo a Ceferino

que, colmado de emoción,

lo aprieta a su corazón

por todo el pueblo argentino.

Y transcurrido un instante

pide gracia para hablar

y ya comienza a parlar

en el idioma de Dante.

Él es el representante

de una raza derrotada

que viene ahora postrada

al pie de Su Santidad

a agradecer la bondad

de la Verdad Revelada.

Es el fruto misionero

que Don Bosco entresoñó

y en Patagonia se dio

por voluntad de Cagliero.

Él quiere ser un obrero

de la Casa del Señor

para llevar el calor

de Dios a su propia raza

y misionar con la hogaza

de la Verdad y el Amor.

Terminada la lectura

que el Papa escucha de pie,

tal testimonio de fe

cubre su alma de dulzura.

Entonces su mano pura

da la bendición ritual

con la cruz sacramental

sobre aquel indio araucano

que llega al último hermano

de la Patagonia austral.

Después el pío varón

nacido en hogar modesto

lo atrae a sí con un gesto

de infinita compasión.

Ve en el indio el corazón

del sufriente, del herido,

del humilde perseguido

del pobre desamparado.

Ve a Cristo crucificado

y liberado al bandido.

Ajeno a este pensamiento

el indio extrae de un saco

un quillango de guanaco

y dice con sentimiento:

Esta piel cubre del viento

y la nevada inclemente

la pobreza de mi gente,

y es todo lo que tenemos.

A la Iglesia lo ofrecemos

como modesto presente.

Una emoción contenida

vivió la sala, y se vio

que el mismo Papa bajó

la mirada humedecida.

Era esa piel ofrecida

la piel del dolor humano;

y la tomó con su mano

y acercó a su corazón

en prueba de compasión

por el indígena hermano.

Con la bendición que dio

se despidió el Padre Santo

y con los ojos en llanto

el indio se despidió.

Las grandes salas cruzó

hasta el portal de salida

y al ver la luz encendida

de la mañana romana

pensó en su tribu lejana

y le prometió su vida.

(Cap. 5 — Crónica de la visita de Ceferino Namuncurá, 
Príncipe de la Piedra, al Padre Santo Pío X).

La imagen que ilustra esta entrada corresponde a la iglesia de San José del Talar.