17 de febrero de 2026

17 de febrero: Aniversario de la aprobación pontificia de los Oblatos de María Inmaculada

Entre las celebraciones propias de los Oblatos de María Inmaculada se encuentra una de misa acción de gracias por la propia vocación, que se celebra en el aniversario de la aprobación pontificia de la congregación, que se produjo el 17 de febrero de 1826.


Hoy se cumple el bicentenario de dicha aprobación de la congregación fundada por San Eugenio de Mazenod; por ello visitamos la iglesia de la Madre de Dios, que fue atendida por los Oblatos de María Inmaculada y por ello conserva algunas imágenes que aluden a esa familia misionera, como las que se ven en una pared lateral:


Se ve a San Eugenio elevando la cruz en medio del mundo  (la congregación está presente en los cinco continentes) junto a dos beatos de la congregación, a quienes nos referiremos este año en sus respectivas fechas, y la sigla O.M.I.

También hay en el mismo templo un vitral inspirado en la imagen que se usó para la beatificación de Mazenod, en 1975, pintada por A. Massori. Se ve al fundador en un gesto similar al anterior; en la parte superior aparecen lo que entendemos son el sitio fundacional y la Basílica de San Pedro, y al pie unas casas que aluden, suponemos, a los distintos ámbitos geográficos en que se desarrolla la misión de la congregación. A su lado, en otro vitral, aparece el Crucificado.
  


Esta foto del vitral, aunque es similar y pertenece a la misma serie de las que publicamos el 21 de mayo pasado, en la Memoria de San Eugenio, no la compartimos en ese momento: es pues, inédita en este blog. 

Concluyamos con la Antífona de Entrada y la Oración Colecta de la Misa de hoy en el Calendario Propio de los Oblatos de María Inmaculada:

14 de febrero de 2026

14 de febrero: San Cirilo y San Metodio

El papa Benedicto XVI, en la catequesis pronunciada el 17 de junio de 2009, habló de San Cirilo y San Metodio:

 

Hoy quiero hablar de San Cirilo y San Metodio, hermanos en la sangre y en la fe, llamados apóstoles de los eslavos. San Cirilo nació en Tesalónica; era el más joven de los siete hijos de León, magistrado imperial en los años 826-827. De niño aprendió la lengua eslava. A los catorce años fue enviado a Constantinopla para educarse y fue compañero del joven emperador Miguel III. En aquellos años fue introducido en las diferentes materias universitarias, entre ellas la dialéctica, teniendo como maestro a Focio. Después de rechazar un matrimonio brillante, decidió recibir las órdenes sagradas y se convirtió en "bibliotecario" en el patriarcado. Más tarde, deseando retirarse a la soledad, se escondió en un monasterio, pero pronto fue descubierto y le encomendaron la enseñanza de las ciencias sagradas y profanas, tarea que desempeñó tan bien que se ganó el apelativo de "filósofo".

Mientras tanto, su hermano Miguel (nacido en torno al año 815), tras una carrera administrativa en Macedonia, hacia el año 850 abandonó el mundo para retirarse a la vida monástica en el monte Olimpo, en Bitinia, donde recibió el nombre de Metodio (el nombre monástico debía comenzar por la misma letra del de bautismo) y se convirtió en egúmeno (abad) del monasterio de Polychron.

También San Cirilo, atraído por el ejemplo de su hermano, decidió dejar la enseñanza para dedicarse a meditar y rezar en el monte Olimpo. Ahora bien, algunos años más tarde (en torno al 861), el gobierno imperial le encargó una misión entre los cázaros del mar de Azov, que pidieron que se les enviara un literato que supiera discutir con los judíos y los sarracenos. San Cirilo, acompañado por su hermano San Metodio, vivió largo tiempo en Crimea, donde aprendió el hebreo. Allí buscó también el cuerpo del Papa Clemente I, que había sido desterrado a ese lugar. Encontró su tumba y, cuando emprendió el regreso, juntamente con su hermano, llevó las preciosas reliquias. Al llegar a Constantinopla, los dos hermanos fueron enviados a Moravia por el emperador Miguel III, a quien el príncipe de Moravia, Ratislao, había hecho una petición precisa: "Nuestro pueblo —le había dicho—, desde que renunció al paganismo, observa la ley cristiana; pero no tenemos un maestro capaz de explicarnos la verdadera fe en nuestro idioma". La misión tuvo muy pronto un éxito insólito. Al traducir la liturgia a la lengua eslava, los dos hermanos se ganaron una gran simpatía entre el pueblo.

Esto, sin embargo, suscitó la hostilidad contra ellos por parte del clero franco, que había llegado precedentemente a Moravia y consideraba el territorio como perteneciente a su propia jurisdicción eclesial. Para justificarse, en el año 867 los dos hermanos viajaron a Roma. Durante el viaje se detuvieron en Venecia, donde tuvo lugar una acalorada discusión con los que defendían la así llamada "herejía trilingüe": estos consideraban que había sólo tres idiomas en los que se podía alabar lícitamente a Dios: hebreo, griego y latín.

Obviamente los dos hermanos se opusieron a esto con fuerza. En Roma, San Cirilo y San Metodio fueron recibidos por el Papa Adriano II, que les salió al encuentro en procesión para acoger dignamente las reliquias de San Clemente. El Papa también había comprendido la gran importancia de su excepcional misión. De hecho, desde la mitad del primer milenio los eslavos se habían asentado en gran número en los territorios situados entre las dos partes del Imperio romano, la oriental y la occidental, que experimentaban tensiones entre sí. El Papa intuyó que los pueblos eslavos podían desempeñar el papel de puente, contribuyendo así a conservar la unión entre los cristianos de ambas partes del Imperio. Por eso, no dudó en aprobar la misión de los dos hermanos en la Gran Moravia, acogiendo y aprobando el uso de la lengua eslava en la liturgia. Los libros eslavos fueron colocados en el altar de Santa María de Phatmé (Santa María la Mayor) y se celebró la liturgia en lengua eslava en las basílicas de San Pedro, San Andrés y San Pablo.

Por desgracia, en Roma San Cirilo enfermó gravemente. Al sentir que se acercaba su muerte, quiso consagrarse totalmente a Dios como monje en uno de los monasterios griegos de la ciudad (probablemente en Santa Práxedes) y tomó el nombre monástico de Cirilo (su nombre de bautismo era Constantino). Luego pidió con insistencia a su hermano Metodio, que mientras tanto había sido consagrado obispo, que no abandonara la misión en Moravia y regresara a aquellas poblaciones. Y dirigió a Dios esta invocación: "Señor, Dios mío..., escucha mi oración y conserva fiel a ti el rebaño que me habías encomendado... Líbralos de la herejía de las tres lenguas, reúnelos a todos en la unidad, y haz que el pueblo que has elegido viva concorde en la auténtica fe y en la recta confesión". Falleció el 14 de febrero del año 869.


Fiel al compromiso asumido con su hermano, al año siguiente, 870, San Metodio regresó a Moravia y a Panonia (hoy Hungría), donde afrontó nuevamente la violenta animadversión de los misioneros francos, que lo encarcelaron. No se desalentó y cuando, en el año 873, fue liberado se dedicó activamente a la organización de la Iglesia, cuidando la formación de un grupo de discípulos. Gracias a estos discípulos se superó la crisis que se había desencadenado tras la muerte de San Metodio, que tuvo lugar el 6 de abril del año 885: algunos de estos discípulos, perseguidos y encarcelados, fueron vendidos como esclavos y llevados a Venecia, donde fueron rescatados por un funcionario de Constantinopla, quien les permitió regresar a los países de los eslavos balcánicos. Acogidos en Bulgaria, pudieron continuar la misión comenzada por san Metodio, difundiendo el Evangelio en la "tierra de la Rus'". Así, Dios, en su misteriosa providencia, se servía de la persecución para salvar la obra de los santos hermanos. De ella queda también la documentación literaria. Basta pensar en obras como el Evangeliario (perícopas litúrgicas del Nuevo Testamento), el Salterio, varios textos litúrgicos en lengua eslava, en los que trabajaron los dos hermanos. Tras la muerte de San Cirilo, se debe a San Metodio y a sus discípulos, entre otras cosas, la traducción de toda la Sagrada Escritura, el Nomocanon y el Libro de los Padres.

Resumiendo brevemente el perfil espiritual de los dos hermanos, hay que constatar ante todo la pasión con la que San Cirilo se acercó a los escritos de San Gregorio Nacianceno, aprendiendo de él el valor del idioma en la transmisión de la Revelación. San Gregorio había expresado el deseo de que Cristo hablara a través de él: "Soy servidor del Verbo, por eso me pongo al servicio de la Palabra". Queriendo imitar a San Gregorio en este servicio, San Cirilo pidió a Cristo que hablara en eslavo por medio de él. Introduce su obra de traducción con la invocación solemne: "Escuchad, eslavos todos, escuchad la Palabra que procede de Dios, la Palabra que alimenta las almas, la Palabra que lleva al conocimiento de Dios".

En realidad, ya algunos años antes de que el príncipe de Moravia pidiera al emperador Miguel III el envío de misioneros a su tierra, parece que San Cirilo y su hermano San Metodio, rodeados por un grupo de discípulos, estaban trabajando en el proyecto de recoger los dogmas cristianos en libros escritos en lengua eslava. Entonces se constató con claridad la necesidad de contar con nuevos signos gráficos, que fueran más adecuados a la lengua hablada: nació así el alfabeto glagolítico que, modificado posteriormente, fue designado con el nombre de "cirílico" en honor a su inspirador. Fue un hecho decisivo para el desarrollo de la civilización eslava en general. San Cirilo y San Metodio estaban convencidos de que los diferentes pueblos no podían considerar que habían recibido plenamente la Revelación hasta que no la hubieran escuchado en su propio idioma y leído en los caracteres propios de su alfabeto.

A San Metodio corresponde el mérito de haber permitido que la obra emprendida por su hermano no quedara bruscamente interrumpida. Mientras San Cirilo, el "filósofo", tendía a la contemplación, él se inclinaba más bien a la vida activa. Gracias a ello pudo poner los cimientos de la sucesiva afirmación de lo que podríamos llamar la "idea cirilo-metodiana", que acompañó en los diferentes períodos históricos a los pueblos eslavos, favoreciendo su desarrollo cultural, nacional y religioso. Lo reconoció ya el Papa Pío XI con la carta apostólica Quod sanctum Cyrillum, en la que definía a los dos hermanos: "hijos de Oriente, bizantinos de patria, griegos de origen, romanos por su misión, eslavos por los frutos apostólicos" (AAS 19 [1927] 93-96). Después, el papel histórico que desempeñaron fue proclamado oficialmente por el Papa Juan Pablo II, que, con la carta apostólica Egregiae virtutis viri, los declaró copatronos de Europa junto con San Benito (AAS 73 [1981] 258-262).

 

En efecto, San Cirilo y San Metodio constituyen un ejemplo clásico de lo que hoy se indica con el término "inculturación": cada pueblo debe hacer que penetre en su propia cultura el mensaje revelado y expresar la verdad salvífica con su lenguaje propio. Esto supone un trabajo de "traducción" muy arduo, pues exige encontrar términos adecuados para volver a proponer, sin traicionarla, la riqueza de la Palabra revelada. En este sentido, los dos santos hermanos han dejado un testimonio muy significativo, que la Iglesia sigue mirando también hoy para inspirarse y orientarse.


Las imágenes corresponden a la capilla dedicada a Eslovaquia en la cripta de la Basílica de Nuestra Señora de Luján. Tomamos las fotos en 2014.

11 de febrero de 2026

11 de febrero: Nuestra Señora de Lourdes




«En una sociedad poco consciente de los males que la carcomen, que oculta sus miserias e injusticias bajo un exterior próspero, brillante y despreocupado, la Virgen Inmaculada, que nunca ha sido tocada por el pecado, se manifiesta a una niña inocente. Con compasión maternal mira este mundo redimido por la sangre de su Hijo, donde, por desgracia, el pecado causa cada día tantos estragos, y por tres veces lanza su apremiante llamada: ¡Penitencia, penitencia, penitencia!. Incluso se piden gestos expresivos: “Ve y besa la tierra en penitencia por los pecadores”. Y al gesto hay que unir la súplica: “Ruega a Dios por los pecadores”. Así como en el tiempo de Juan Bautista, como al inicio del ministerio de Jesús, el mismo mandato, fuerte y riguroso dicta a los hombres el camino para volver a Dios: ¡Convertíos! (Mt 3, 2 4, 1 7). ¿Y quién se atrevería a decir que esta llamada a la conversión del corazón ha perdido actualidad en nuestros días?

Pero ¿podría la Madre de Dios venir a sus hijos si no fuera como mensajera de perdón y de esperanza? Ya el agua corre a sus pies: «Omnes sitientes, venite ad aquas, et haurietis salutem a Domino» (Oficio de la fiesta de las Apariciones, Primer Responsorio del Tercer Nocturno). A esta fuente, donde la dócil Bernadette fue la primera en ir a beber y lavarse, fluirán todas las miserias del alma y del cuerpo. Fui, me lavé y vi (Jn 9, 11), podrá responder, con el ciego del Evangelio, el peregrino agradecido. Pero, como para la multitud que se agolpaba en torno a Jesús, la curación de las heridas físicas es,  al mismo tiempo que un gesto de misericordia, el signo del poder que tiene el Hijo del hombre para perdonar los pecados (cf. Mc 2, 10). Cerca de la gruta bendita, la Virgen nos invita, en nombre de su divino Hijo, a la conversión del corazón y a la esperanza del perdón. ¿La escucharemos?».


Son palabras de Pío XII en su Encíclica "Le pèlerinage de Lourdes", del 2 de julio de 1957, emitida con ocasión del centenario de las apariciones de la Virgen en la gruta de Massabielle.

Las fotos corresponden a la imagen de la Virgen en el retablo del altar mayor de la iglesia Santísimo Redentor (fotografía tomada en 2025) y a la réplica de la gruta de Lourdes que hay en al atrio  de ese templo (foto de 2017).




9 de febrero de 2026

Lunes de la Semana V Durante el Año

En los años pares,  como Primera Lectura del Lunes V del Tiempo Ordinario, se lee el siguiente fragmento del Primer Libro de los Reyes  (8, 1-7. 9-13)

El rey Salomón reunió junto a él en Jerusalén, a los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus y a los príncipes de las casas paternas de los israelitas, para subir el Arca de la Alianza del Señor desde la Ciudad de David, o sea, desde Sión. Todos los hombres de Israel se reunieron junto al rey Salomón en el mes de Etaním -el séptimo mes- durante la Fiesta.

Cuando llegaron todos los ancianos de Israel, los sacerdotes levantaron el Arca, y subieron el Arca del Señor, con la Carpa del Encuentro y todos los objetos sagrados que había en la Carpa. Los que trasladaron todo eso fueron los sacerdotes y los levitas. Mientras tanto, el rey Salomón y toda la comunidad de Israel reunida junto a él delante del Arca, sacrificaban carneros y toros, en tal cantidad que no se los podía contar ni calcular.

Los sacerdotes introdujeron el Arca de la Alianza en su sitio, en el lugar santísimo de la Casa -el Santo de los santos- bajo las alas de los querubines. Porque los querubines desplegaban sus alas sobre el sitio destinado al Arca, y resguardaban por encima el Arca y sus andas.

En el Arca se encontraban únicamente las dos tablas de piedra que Moisés, en el Horeb, había depositado allí: las tablas de la Alianza que el Señor había hecho con los israelitas a su salida de Egipto.

Mientras los sacerdotes salían del Santo, la nube llenó la Casa del Señor, de manera que los sacerdotes no pudieron continuar sus servicios a causa de la nube, porque la gloria del Señor llenaba la Casa.

Entonces Salomón dijo: «El Señor ha decidido habitar en la nube oscura. Sí, yo te he construido la Casa de tu señorío, un lugar donde habitarás para siempre».

El Arca de la Alianza, mencionada en el texto, aparece representada en un vitral de la Catedral de Morón; en el proyecto iconográfico de ese templo, dicho vitral corresponde a la serie de diversas Letanías Lauretanas.

7 de febrero de 2026

Santa María "en sábado"

Maria, mater gratiae,
dulcis parens clementiae:
Tu nos ab hoste protege, 
et mortis hora, suscipe.
Mater salutis.



María, Madre de la gracia,
dulce madre clemente:
Protégenos del enemigo,
y recíbenos en la hora de la muerte,
Madre de la salvacion.

La bella imagen se venera en la iglesia de San Martín de Tours.


6 de febrero de 2026

6 de febrero: Santa Dorotea

Lo que más frecuentemente publicamos en este blog son fotos (siempre propias) de templos argentinos y de países limítrofes. También algunas veces mostramos estampitas (que formen parte de nuestra colección y que guarden relación con el mismo ámbito geográfico antes mencionado) y escudos de obispos (en el aniversario de la respectiva ordenación episcopal que, a todos los fines prácticos, es una fecha litúrgica).  En unas pocas ocasiones hemos compartido también "publicaciones varias" (la Revista Armenia, por ejemplo).

La entrada de hoy pertenece a este último grupo etiquetado como "publicaciones varias", pero en este caso el material procede de la famosa revista  Caras y Caretas

En 1934, Caras y Caretas -como muchas otras revistas argentinas-  publicó números extraordinarios con motivo del Congreso Eucarístico Internacional que se celebró ese año en Buenos Aires. 

En su número 1881, por ejemplo, del 20 de octubre de 1934, entre diversas notas de contenido religioso, Caras y Caretas publicó varias biografías de santos:  Apolonia, Faustino y Jovita, Romualdo, Valentín, Blas, Eulalia,  Estanislao de Kostka, Juan de la Mata, Dorotea, Francisco de Sales, Pedro Nolasco, Timoteo, Escolástica, Juan Crisóstomo, Martina e Ignacio de Antioquía.

A algunos de ellos les dedicaremos sendas entradas en adelante. Hoy comenzaremos con Santa Dorotea, cuya Memoria registra en la fecha el Martirologio, con San Teófilo, con estas escuetas palabras:

«En Cesarea de Capadocia, santos mártires Dorotea, virgen, y Teófilo, estudiante».

Compartimos a continuación la semblanza publicada en 1934 por Caras y Caretas:

«Bajo el imperio de Constancio Cloro y Maximiano Galesio, vivía en Cesárea de Capadocia una joven honestísima y piadosa llamada Dorotea,  a la que el gobernador Apricio mandó llamar a su presencia para obligarla a renunciar a su fe en Cristo y a sacrificar a los falsos dioses. La doncella resistió firmemente las órdenes del presidente, que, irritado ante la desobediencia de la joven cristiana, mandó aplicarle el tormento de la ganucha ¹ y como la santa permaneciese inmutable, llamó el gobernador a dos hermanas que habían sido cristianas y que por temor a la muerte renunciaron a la fe de Cristo, y les encomendó a Dorotea para que la tuviesen en su casa y la persuadieren a obedecer. 

Muchas razones y ejemplos adujeron las dos hermanas Cristina y Calixta para convencer a Dorotea. pero la joven, lejos de rendirse a los argumentos de Calixta y Cristina, consiguió convencerlas de que reconocieran su culpa al negar a Cristo y volviesen su corazón al Señor, dispuestas a dar por él su vida. Las encendió de nuevo en la fe, las alentó para afrontar el tormento. 

Cuando el presidente llamó a las tres jóvenes a su presencia y vio que las dos hermanas estaban otra vez convertidas, mandó atarlas juntas por la espalda y arrojarlas al fuego si antes no sacrificaban a los dioses. Cristina y Calixta se negaron a ejecutar la orden de Apricio, y pidiéndole perdón al Señor por haberle antes abandonado y suplicándole penitencia fueron puestas en la hoguera a la vista de Dorotea que  llena de alegría por su triunfo, las animó en su muerte. El  gobernador mandó entonces desnudar a Dorotea y someterla al tormento de la ganucha. Mientras descoyuntaban su cuerpo, la mártir daba muestras de contento que el cruel Apricio creía fingidas, pero  asegurando la heroica doncella que jamás experimentó gozo semejante al del martirio que por Cristo sufría, el presidente ordenó que le aplicaran a los costados hachas encendidas. Desesperado el tirano y cansados los verdugos de atormentarla sin conseguir que el dolor de tan bárbaro suplicio disminuyese el júbilo que en sufrir experimentaba Dorotea, fue condenada a morir. 

La sentencia se ejecutó y la mártir murió decapitada el año 304».

Añadamos una referencia iconográfica. 

A Santa Dorotea suele representársela, como en la imagen publicada por Caras y Caretas, portando manzanas y rosas. La historia relata que cuando era conducida a la muerte, un joven llamado Teófilo se burló de ella diciendo: "Esposa de Cristo, mándame manzanas y rosas del jardín de tu esposo". Ella aseguró que así lo haría. Cuando Dorotea llegó el lugar de la ejecución, se puso de rodillas y comenzó a rezar. De pronto apareció un ángel con una canasta que contenía manzanas y rosas. Dorotea envió el canasto a Teófilo, diciéndole que lo esperaría en el jardín de donde venían esas flores y esos frutos. Cuando Teófilo vio el prodigio y probó la fruta, se hizo cristiano y más tarde  dio su vida como mártir, quedando unido a Dorotea en la misma conmemoración de hoy.


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1     El “tormento de la ganucha” es una expresión histórica y literaria que se refiere a un tipo de castigo o suplicio asociado al uso de la “ganucha” o capucha. En el contexto medieval y renacentista, la ganucha era una prenda de hierro o metal que cubría la cabeza y la cara, dejando solo una abertura para la visión, o bien una máscara que impedía ver, y que se empleaba como instrumento de tortura o humillación durante martirios y procesos de penitencia. En textos hagiográficos y relatos de martirio, como el de Santa Dorotea, la expresión aparece para describir el sufrimiento extremo infligido al santo o santa mediante esta capucha o máscara, que provocaba dolor, hambre de aire, calor, asfixia o desesperación. En el caso de Santa Dorotea, que según la tradición cristiana fue una mártir en Alejandría, el martirio se describe de manera simbólica y temática: la ganucha funcionaba como un instrumento de supresión de la libertad y de la dignidad física, intensificando el sufrimiento del martirio. (Respuesta de una IA)

4 de febrero de 2026

4 de febrero: Beato Rodolfo Acquaviva

En el Martirologio Romano, la Memoria de los «beatos mártires Rodolfo Acquaviva, Alfonso Pacheco, Pedro Berna y Antonio Francisco, presbíteros, y Francisco Aranha, religioso, todos jesuitas, asesinados por los infieles por haber exaltado la Cruz», está inscripta el 25 de julio. 

Pero en el Propio de la Compañía de Jesús (presumiblemente para evitar la superposición con la fiesta del Apóstol Santiago, que la impediría) la misma Memoria («B. Rodolfo Acquaviva, sacerdote, y compañeros, mártires») aparece registrada hoy, 4 de febrero.









Rodolfo Acquaviva (1550-1583), cuya imagen vemos en un "diploma" de las Congregaciones Marianas, hijo del duque de Atri, en los Abruzos, 

descendía de una ilustre familia relacionada con muchas de las casas nobles de Italia. Su tío Claudio tenía el cargo de chambelán de la corte papal de Pío V. El duque había mantenido negociaciones para que Rodolfo, de 17 años, ocupara el mismo puesto al cese de su tío. Pero en vez de unirse a la corte del papa, Rodolfo quería hacerse jesuita. Tuvo que emplear varios meses antes de lograr que su padre consintiese su entrada en la Compañía el 2 de abril de 1568.


Al terminar el noviciado y los estudios de humanidades, filosofía y teología, Acquaviva fue destinado a las misiones de la India. Salió de Roma para Lisboa, donde se ordenó sacerdote a comienzos de 1578. Su primera misión en Goa fue enseñar filosofía a los seminaristas del colegio de San Pablo. Después fue enviado a una de las mayores aventuras de la primitiva Compañía de Jesús: ser misionero en la corte de Akbar el Gran Mongol.

Akbar tenía una inagotable sed de saber y gran deseo de llevar la paz y la armonía a sus súbditos, los musulmanes e hindúes enfrentados por sus creencias religiosas. Eso le llevaba a organizar discusiones religiosas en su corte de Fatephur Sikri, cerca de Agra. Habiendo decidido introducir teólogos cristianos en tales discusiones, envió emisarios al colegio de los jesuitas de Goa con la invitación de venir hasta su corte e instruirle en la fe cristiana.

El padre Acquaviva y otro jesuita llegaron a la corte de Akbar en 1580, llevando un ejemplar en siete volúmenes de la Biblia, en la esperanza de que la conversión de la India siguiera a la del Gran Mongol si conseguían convertirle. Akbar se mostró muy interesado en el cristianismo y parecía convencido de su verdad, pero no estaba dispuesto a renunciar a su harén. Después de tres años de esfuerzos Acquaviva se convenció de que Akbar jamás se convertiría. Desilusionado retornó a Goa.

Acquaviva fue nombrado superior de los 12 jesuitas de la misión de Salsette, península al sur de Goa. Los misioneros habían estado ya tres veces en el lugar, pero la acogida por parte de la población, predominantemente hindú, había sido siempre hostil, especialmente después de que algunas expediciones de castigo hubiesen destruido sus santuarios y sus templos. Los jesuitas decidieron poner en marcha una nueva campaña de promoción de conversiones, y visitar cada uno de los 66 pueblos de la península. Decidieron comenzar por la población de Cuncolim, en el extremo sur, pero una autoridad del lugar les detuvo, diciéndoles que no podía en pueblo a causa de problemas internos. Tras varias horas de espera y de escuchar gritos cada vez más amenazadores que salían del pueblo, decidieron plantar sencillamente una cruz en el lugar donde se erigiría una futura capilla, y marcharse. La gente, que les había estado observando sin ser vista, convocó cientos de aldeanos que, llenos de ira, rodearon a los jesuitas, les atacaron y mataron primero a Acquaviva y a continuación a los otros cuatro jesuitas que lo acompañaban. (Fuente)

Junto con los misioneros, murieron también Gonzalo Rodríguez y catorce cristianos indígenas, entre los que se contaban dos niños. A los niños mártires de Goa se alude también (en el número 18) en la lámina que hemos visto.