20 de junio de 2026

Santa María "en sábado"

En esta Memoria de  Santa María "en sábado" visitamos la iglesia de Santa Lucía, en el barrio de Palermo, en la que se venera una imagen de Santa María de los Tumores. Allí tomamos fotos en 2017 (la que veremos en primer lugar, junto con la oración que acompañaba a la imagen) y en 2025 (la imagen que cierra esta entrada; había sido reubicada y aparentemente restarurada).




El blog Un dermatólogo en el museo informa que la imagen de Santa María de los tumores, también conocida por su nombre latino Sancta Maria a Tumoribus, 

se venera en una de las capillas de la Basílica de Santa Maria Maggiore, en la ciudad de Rávena (...) La imagen de la Virgen de los Tumores está instalada en un altar, rodeada por los estucos barrocos de Martinetti. 

Se trata de una pintura del s. XVII en la que aparece en un medallón aparentemente clásico, sentada, con el Niño en su regazo (...) 

La devoción popular ha hecho de esta imagen la mejor abogada para los casos de tumores y cánceres. Quien a ella se dirige, es habitualmente para implorar la curación de problemas oncológicos. 

El segundo sábado de cada mes se celebra en la capilla una misa para rogar por los enfermos de tumores de todo tipo. Y no solamente se reza por los enfermos, ya que las oraciones se dirigen también:

- a los familiares, frecuentemente implicados por las circunstancias que rodean a este tipo de patologías  

- a los médicos y al personal sanitario que está encargado de cuidarlos  

- a los investigadores para que María guíe su mente y sus trabajos dirigidos a encontrar tratamientos cada vez más eficaces. 

Asimismo, cada día, antes de la misa, los fieles recitan la plegaria a la Virgen de los Tumores".





Madre santísima, salud de los enfermos,  

Tú que concebiste a Quien nos libró del pecado  

Sin Él este mal, para nosotros incurable,  

nos habría aniquilado!  

Tú eres la madre de Quien cura las heridas del mal 

y que con Su muerte y Resurrección 

abre para nosotros las puertas de la gracia,  

fuente de salud del alma y del cuerpo. 

Eres nuestra Madre: a Ti nos dirigimos llenos de fe, 

para pedirte que te acuerdes de los que estamos siendo probados! 

Deja, oh tiernísima Madre  

que imploremos contigo a tu Hijo 

y que con solo invocar Su nombre 

Él nos libere del mal que nos consume 

y que nos conceda vida y salud.  

Tú, que dócil bajo la cruz,  

ofreciste Tu sufrimiento 

enséñanos a unir nuestro dolor al tuyo y como Tú 

al de tu Hijo Jesús 

nuestro único Salvador.  

Amén. 

 


15 de junio de 2026

15 de junio: Santa María Micaela del Santísimo Sacramento

El Martirologio recoge hoy la Memoria de «Santa María Micaela del Santísimo Sacramento Desmaisières, virgen, fundadora de la Congregación de las Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, que, con tenaz empeño e inflamada en el deseo de ganar almas para Dios, consagró su vida a hacer volver al buen camino a las jóvenes descarriadas y a las meretrices, y falleció en Valencia, ciudad de España, el 24 de agosto (1865)».


María Micaela Desmaissières López de Dicastillo, vizcondesa de Jorbalán nació en Madrid en 1809.  Pertenecía a una familia noble. Educada a tono con su categoría social, vivió en medio del mundo con gran piedad y haciendo muchas obras de caridad. Atraída por el gran misterio eucarístico y muy sensible a la triste situación de las jóvenes extraviadas, fundó en 1845 una institución para prestarles ayuda.  Su pasión era impartir instrucción religiosa a los ignorantes, salvar a los indefensos y a los caídos y socorrer a los enfermos y a los pobres. Tras residir en Francia y Bélgica con su hermano, que era embajador, volvió a Madrid en 1850 para hacerse cargo personalmente de su institución, hallando gran oposición familiar y social. Pensó entonces en una nueva congregación religiosa que llevase adelante la obra, y para ello fundó la congregación de las Adoratrices (Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad), de la que en 1859 fue nombrada superiora general, tomando el nombre de María Micaela del Santísimo Sacramento.

En 1865, con el fin de obtener la aprobación definitiva de su congregación, la madre Micaela emprendió viaje a Roma. Pero, al enterarse de que una epidemia de cólera hacía estragos en Valencia, acudió a ayudar a sus hermanas en el trabajo de atender a los enfermos. Ya en otras ocasiones había asistido a las víctimas del cólera, pero aquella vez contrajo la enfermedad y murió el 24 de agosto de ese año. 

Su congregación se fue extendiendo:  primero a Italia en 1899 luego a la ciudad de Buenos Aires (1910), al continente asiático (1928) y al África (1933).


Fue beatificada por  Pio XI en el Año Santo de 1925; el mismo pontífice la canonizó en 1934.

Tomamos las fotos en dos ocasiones distintas en la iglesia del Corazón Inmaculado de María en el barrio de Constitución.

12 de junio de 2026

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús


En el retablo principal de la iglesia del Santísimo Redentor hay una bella imagen del Sagrado Corazón de Jesús.  La compartimos hoy, en la solemnidad que le está dedicada, junto con un fragmento de la encíclica Dilexit nos (párrafos 48 a 58 pertenecientes al cap. III  "Este es el corazón que tanto amó"), del papa Francisco I.



La devoción al Corazón de Cristo no es el culto a un órgano separado de la persona de Jesús. Lo que contemplamos y adoramos es a Jesucristo entero, el Hijo de Dios hecho hombre, representado en una imagen suya donde está destacado su corazón. En este caso se toma al corazón de carne como imagen o signo privilegiado del centro más íntimo del Hijo encarnado y de su amor a la vez divino y humano, porque más que cualquier otro miembro de su cuerpo es «signo o símbolo natural de su inmensa caridad».  

Adoración a Cristo

Es indispensable destacar que nos relacionamos en la amistad y en la adoración con la persona de Cristo, atraídos por el amor que se representa en la imagen de su Corazón. Veneramos esa imagen que lo representa, pero la adoración se dirige sólo a Cristo vivo, en su divinidad y en toda su humanidad, para dejarnos abrazar por su amor humano y divino.

Más allá de la imagen que se utilice, es cierto que el Corazón viviente de Cristo —nunca una imagen— es objeto de adoración, porque es parte de su Cuerpo santísimo y resucitado, inseparable del Hijo de Dios que lo ha asumido para siempre. Es adorado «en cuanto es el corazón de la persona del Verbo, al que está inseparablemente unido».   No lo adoramos aisladamente, sino en cuanto con ese Corazón es el mismo Hijo encarnado quien vive, ama y recibe nuestro amor. De ahí que cualquier acto de amor o adoración a su Corazón en realidad «se ofrece propia y verdaderamente al mismo Cristo»,   pues tal figura espontáneamente remite a él y es «símbolo e imagen expresiva de la caridad infinita de Jesucristo».  

Por esta razón nadie debería pensar que esta devoción nos pueda separar o distraer de Jesucristo y de su amor. De modo espontáneo y directo nos orienta a él y sólo a él, que nos llama a una preciosa amistad hecha de diálogo, afecto, confianza, adoración. Ese Cristo con el corazón traspasado y ardiente, es el mismo que nació en Belén por amor, es el que caminaba por Galilea sanando, acariciando, derramando misericordia, es el que nos amó hasta el fin abriendo sus brazos en la cruz. En definitiva, es el mismo que ha resucitado y vive glorioso en medio de nosotros.

La veneración de su imagen

Cabe indicar que la imagen de Cristo con su corazón, aunque de ninguna manera es objeto de adoración, no es una entre tantas otras que podríamos elegir. No es algo inventado en un escritorio o diseñado por un artista, «no es un símbolo imaginario, es un símbolo real, que representa el centro, la fuente de la que brotó la salvación para toda la humanidad».  

Hay una experiencia humana universal que vuelve única esta imagen. Porque es indudable que a lo largo de la historia y en diversas partes del mundo el corazón se ha convertido en símbolo de la intimidad más personal y también de los afectos, las emociones, la capacidad de amar. Fuera de toda explicación científica, una mano colocada en el corazón de un amigo expresa un afecto especial; cuando una persona se enamora y está cerca de la persona amada, los latidos se aceleran; cuando alguien sufre un abandono o un engaño de parte de una persona amada, siente como una fuerte opresión en el corazón. Por otra parte, para expresar que algo es sincero, que brota realmente del centro de la persona, se afirma: “te lo digo de corazón”. El lenguaje poético no puede ignorar la fuerza de estas experiencias. Por eso es inevitable que durante la historia el corazón haya alcanzado una fuerza simbólica única que no es meramente convencional.

Entonces se comprende que la Iglesia haya elegido la imagen del corazón para representar el amor humano y divino de Jesucristo y el núcleo más íntimo de su persona. Pero, si bien el dibujo de un corazón con llamas de fuego puede ser un símbolo elocuente que nos recuerde el amor de Jesucristo, es conveniente que ese corazón sea parte de una imagen de Jesucristo. De ese modo es aún más significativo su llamado a una relación personal, de encuentro y de diálogo.   Esa imagen venerada de Cristo donde se destaca su corazón amante, tiene al mismo tiempo una mirada que llama al encuentro, al diálogo, a la confianza; tiene unas manos fuertes capaces de sostenernos; tiene una boca que nos dirige la palabra de un modo único y personalísimo.

El corazón tiene el valor de ser percibido no como un órgano separado sino como centro íntimo unificador y a su vez como expresión de la totalidad de la persona, cosa que no sucede con otros órganos del cuerpo humano. Si es el centro íntimo de la totalidad de la persona, y por lo tanto una parte que representa al todo, podemos fácilmente desnaturalizarlo si lo contemplamos separadamente de la figura del Señor. La imagen del corazón debe referirnos a la totalidad de Jesucristo en su centro unificador y, simultáneamente, desde ese centro unificador debe orientarnos a contemplar a Cristo en toda la hermosura y riqueza de su humanidad y de su divinidad.

Esto va más allá del atractivo que puedan tener las diversas imágenes que se han hecho del Corazón de Cristo, porque no es que ante las imágenes de Cristo «haya que pedirles algo a ellas, o que haya que poner la confianza en las imágenes, como antiguamente hacían los paganos», sino que «por medio de las imágenes que besamos y ante las cuales descubrimos nuestra cabeza y nos prosternamos, adoramos a Cristo».  

Es más, alguna de esas imágenes podrá parecernos poco atractiva y no movernos demasiado al amor y a la oración. Eso es secundario, ya que la imagen no es más que una figura motivadora, y, como dirían los orientales, no hay que quedarse en el dedo que indica la luna. Mientras la Eucaristía es presencia real que se adora, en este caso se trata sólo de una imagen que, aunque esté bendecida, nos invita a ir más allá de ella, nos orienta a elevar nuestro propio corazón al de Cristo vivo y unirlo a él. La imagen venerada convoca, señala, transporta, para que dediquemos un tiempo al encuentro con Cristo y a su adoración, como nos parezca mejor imaginarlo. De este modo, mirando la imagen nos situamos frente a Cristo, y ante él «el amor se detiene, contempla el misterio, lo disfruta en silencio».  

Dicho todo esto, no hay que olvidar que esa imagen del corazón nos habla de carne humana, de tierra, y por eso también nos habla de Dios que ha querido entrar en nuestra condición histórica, hacerse historia y compartir nuestro camino terreno. Una forma de devoción más abstracta o estilizada no será necesariamente más fiel al Evangelio, porque en este signo sensible y accesible se manifiesta el modo como Dios ha querido revelarse y volverse cercano.

9 de junio de 2026

9 de junio: San Cirilo de Alejandría

En los calendarios litúrgicos de las iglesias de tradición bizantina, hoy se recuerda a  San Cirilo, Arzobispo de Alejandría. En un sitio que «presenta el sinaxario de los santos y las principales fiestas del año litúrgico de la Tradición Bizantina, según el Typikón Constantinopolitano en uso en las diócesis bizantinas italianas de la Iglesia Católica»  encontramos el texto que transcribimos a continuación.

«Cirilo, nacido probablemente alrededor de 370 en Alejandría, era sobrino de Teófilo, arzobispo de Alejandría en Egipto, quien lo educó y lo introdujo en la vida eclesiástica desde su juventud, hasta que lo sucedió en 412. Durante su episcopado, Cirilo tuvo que luchar encarnizadamente contra la herejía de Nestorio, arzobispo de Constantinopla, quien, junto con el sacerdote Anastasio, apoyó la inexactitud del título de Theotokos (Madre de Dios) para María, prefiriendo en su lugar el título de Christotokos (Madre de Cristo), porque, según ellos, María era una criatura humana, y era imposible que Dios hubiera nacido de una criatura humana. Esta herejía era muy grave porque, si bien partía de la idea de querer salvaguardar la importancia de la humanidad de Cristo, había llegado a negar la unión real entre Dios y el Hombre en Cristo.

Cirilo refutó la doctrina de Nestorio en el Tercer Concilio Ecuménico de Éfeso, celebrado en 431, bajo el emperador Teodosio el Joven. Las intrigas de los nestorianos, sin embargo, lograron destituirlo de su cargo durante unos meses, pero, habiendo regresado al trono episcopal, Cirilo continuó gobernando la iglesia de Alejandría hasta 444, año en que murió. San Cirilo nos dejó numerosas obras valiosas, comentarios sobre las Sagradas Escrituras, tratados dogmáticos sobre la fe cristiana, demostraciones de la verdad de la fe y refutaciones de herejías.

La Iglesia Católica lo proclamó Doctor de la Iglesia y San Cirilo es considerado el último representante notable de la tradición alejandrina, definido como el “guardián de la exactitud” y el “sello de los Padres”».

De la liturgia bizantina del día:

Con toda piedad celebramos al lumbrera del mundo y príncipe de los retóricos, campeón y defensor de la siempre Virgen María, el que con doctrinas ardientes quemó verdaderamente las impías palabras anticristianas de la fatal herejía del abominable Nestorio. Digamos, pues: Oh divino Cirilo, intercede para que Cristo fortalezca la fe ortodoxa.


El vitral pertenece a la Basílica de Luján.

8 de junio de 2026

Lunes de la Semana X Durante el Año

El Lunes de la Semana X  del Tiempo Ordinario, en los años pares, se proclama esta Primera Lectura, tomada del Primer Libro de los Reyes (17, 1-6):


En aquellos días, Elías, el tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab:

—«¡Vive el Señor, Dios de Israel, a quien sirvo! En estos años no caerá rocío ni lluvia si yo no lo mando».

Luego el Señor le dirigió la palabra:

—«Vete de aquí hacia el oriente y escóndete junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. Bebe del torrente y yo mandaré a los cuervos que te lleven allí la comida».

Elías hizo lo que le mandó el Señor, y fue a vivir junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán.

Los cuervos le llevaban pan por la mañana y carne por la tarde, y bebía del torrente.


En la iglesia  de San Jorge,  del Patriarcado Ortodoxo de Antioquía -ubicada en Scalabrini Ortiz  1261 de la ciudad de Buenos Aires- hay un hermoso icono que muestra al profeta Elías en un paisaje rocoso; a la derecha, sobre un promontorio, un cuervo que sostiene un pan en su pico, tal como lo señala el texto bíblico que hemos transcripto. 


El cuervo llevando un trozo de pan se ha convertido en uno de los principales atributos iconográficos del  profeta Elías, junto con la espada flamígera y el carro de fuego. La Memoria de San Elías está recogida por el Martirologio Romano el 20 de julio.

Tomamos las dos fotos en mayo de 2025.

7 de junio de 2026

Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

 


Por segunda vez en la historia de este blog visitamos la iglesia de la parroquia Corpus Domini. El templo, como surge de la placa, fue erigido con ocasión del Congreso Eucarístico Internacional celebrado en 1934 en Buenos Aires.

Una mayólica recuerda el cincuentenario de la dedicación del templo, con el escudo y el lema del Congreso Eucarístico Nacional que, en recuerdo del de 1934,  tuvo lugar en la capital argentina en octubre de 1984.


Es natural que esta primera visita a la iglesia del Corpus Domini tenga lugar en la fecha en que celebramos en la Argentina la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo.  Vemos a continuación una imagen clásica de Jesús, sosteniendo una hostia y un cáliz.




6 de junio de 2026

Sábado de la Semana IX Durante el Año

En la misa del Sábado de la Novena Semana del Tiempo Ordinario, se proclama un fragmento del Evangelio según San Marcos (12, 38-44), en cuya parte final se lee:


«Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo:

—"Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir"».

El episodio es representado en uno de los vitrales de la Catedral Anglicana San Juan Bautista, ubicada en el microcentro porteño