3 de noviembre de 2026

3 de noviembre: San Martín de Porres

Por segunda vez en la vida de este blog nos toca recordar a San Martín de Porres, pero por primera vez visitamos aquí el templo porteño que le está dedicado.


Compartimos aquí fragmentos destacados de la biografía del santo peruano, tomada del sitio Vatican News. Los párrafos en cursiva son textuales.


En el Perú del siglo XVII eran muchos los que desembarcaban en las Indias sin oficio ni beneficio. A la espera de encontrar una fortuna que nunca llegaría, terminaban en la calle, enredados en reyertas por un lugar para dormir o unos pesos que arrebatarse. En el barrio limeño de Malambo, donde creció nuestro santo, vivían españoles empobrecidos, indios y negros hacinados en “corralones” a la espera de ser vendidos.

Martín sabía que los negros, mano de obra en plantaciones y construcción, eran bien pagados como esclavos, y ya de fraile, cuando en su convento del Rosario hubo un gran problema económico, propuso al prior que lo vendiese, en lugar de los objetos preciosos con los que intentaba conseguir un préstamo, alegando que él era propiedad de la casa y valía como poco mil pesos. Al prior se le saltaron las lágrimas y le contestó: “Dios se lo pague, hermano Martin, pero el mismo Señor que lo ha traído aquí se encargará de remediarlo todo”.

Martín de Porres Velázquez era hijo del hidalgo español Juan de Porres, que fue gobernador de Guayaquil, y de la negra liberta panameña Ana Velázquez. El matrimonio entre ambos era impensable en aquella época, por lo que Juan se amancebó con ella y no reconoció como legítimo a Martín hasta años después de su nacimiento, aunque siempre se ocupó de su sustento. La ilegitimidad fue la causa principal de que el santo no fuera admitido en un principio como fraile en el convento de los dominicos de Lima, sino solo como “donado”, es decir, recibía alojamiento y se ocupaba de la limpieza.

Pero “el santo de la escoba”, había aprendido desde su adolescencia en Malambo los principios de la medicina aborigen, el uso de las plantas curativas y la relación de confianza entre quien cura y quien quiere ser curado, y puso todos sus conocimientos al servicio de los hermanos dominicos y de los enfermos que acudían cada vez más numerosos a Santa María del Rosario, pues su fama había corrido por toda Lima.

Durante una epidemia de sarampión, narra un anónimo de la época, “parecía una casa de locos la enfermería, porque cada uno de los enfermos, con el frenesí gritaba, salíase de la cama, y hacía otras cosas como hombre privado de juicio ¡Quién podría con tanto y para tantos! La caridad del venerable fray Martin, que a todos apaciguaba en sus locuras, a todos aplicaba los remedios, a todos hacía que comieran y bebieran, aunque aquellos en el frenesí se resistían”.

Dotado de un fino sentido del humor, su sencillez apabullante, su disponibilidad y paciencia hacían que acudieran a él personas de todos los estamentos sociales, desde el virrey de Perú hasta los zapateros remendones, en busca de ayuda material y espiritual, de consejos y curas. Se le atribuye el don de la bilocación: cuentan que mientras estaba en su celda, fue visto llegar junto a la cama de algunos moribundos para consolarlos, y que a veces salía del convento para atender a algún enfermo y volvía a entrar sin que nadie le abriera y sin llave de la puerta. Cuando le preguntaban cómo hacía, contestaba, riéndose: “Yo tengo mis modos de entrar y salir”.

Podría haber sido un médico excepcional y adelantado a sus tiempos porque entendía la complejidad del drama de la enfermedad, sobre todo en la gente humilde: conocía las consecuencias físicas y psicológica de la miseria y la privación. Tenía una lista de “pobres vergonzantes”, es decir, personas que habían sufrido reveses de fortuna y se avergonzaban de que se viniera a saber. Los recibía en secreto, les procuraba comida y ropa e intentaba que “no se perdieran”. Se presentaba a sus pacientes con un “¿Qué han menester los hermanos?”; y si los sanados se lo agradecían, se escabullía diciendo: “Yo te curo, Dios te salva”.

Adelantado a su época fue también en su respeto por la creación, desde las hierbas que estudiaba y plantaba pacientemente hasta los animales a los que, caso insólito en esos tiempos, también atendía. Su arte de arreglar controversias dio origen a la leyenda de que hizo comer en el mismo plato a un perro, un ratón y un gato. 

Fuera del convento enseñaba la doctrina cristiana a la gente que vivía en la calle, mendigos, indios, esclavos y huérfanos, y, preocupado por su estado de abandono fundó, con la ayuda financiera de varios nobles, el Asilo y Escuela de Santa Cruz para darles educación y oficio.

Vivió hasta el extremo el voto de pobreza. 

En el convento había organizado un ropero a disposición de quien no tenía con qué vestirse, pero el santo remendaba su hábito hasta que se caía a pedazos. 

Una vez, su hermana Juana, visto que el hábito estaba tan raído que se veía la ropa interior, de soga, se presentó con uno nuevo, que Martín rechazó diciendo: “En la religión no desdicen pañetes pobres y remendados sino costumbres asquerosas y sucias”.

Fray Martín llevaba a veces a los heridos y a los enfermos a su celda, acarreando algún que otro problema y protestas entre los demás frailes. Cuando los superiores se enteraron, le prohibieron que siguiera haciéndolo. 

Pero días después un indio cayó apuñalado en la puerta del convento, y a pesar de la prohibición, Martín lo metió en su celda y lo curó. Al saberlo, el Provincial le reprendió con dureza y le dijo que no se enojaba con la persona, sino con la culpa: «Pídale perdón a Dios, a quien ha ofendido». El santo, que era humilde pero decía siempre la verdad, le replicó: «Yo, Padre, no he pecado». «¿Cómo que no ―le respondió el Superior―,  si contravino mi orden?». «Así es, Padre, mas creo que contra la caridad no hay precepto, ni siquiera la obediencia».

San Juan XXIII, que lo proclamó Patrono de la Justicia Social, escribía en la homilía de su canonización: “La dulzura y delicadeza de su santidad de vida llegó a tanto que durante su vida y después de la muerte ganó el corazón de todos, aun de razas y procedencias distintas (...) Procuraba traer al buen camino con todas sus fuerzas a los pecadores; asistía complaciente a los enfermos; proporcionaba comida, vestidos y medicinas a los débiles; favorecía con todas sus fuerzas a los campesinos, a los negros y a los mestizos que en aquel tiempo desempeñaban los más bajos oficios, de tal manera que fue llamado por la voz popular Martín de la Caridad. Hay que tener también en cuenta que en esto siguió caminos que podemos juzgar ciertamente nuevos en aquellos tiempos, y que pueden considerarse como anticipados a nuestros días”.

San Martín murió el 3 de noviembre de 1639. Por él doblaron todas las campanas de la Ciudad de los Reyes. Sus restos descansan en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario (Convento de Santo Domingo), de Lima, junto a los restos de Santa Rosa de Lima y de San Juan Macías.

1 de noviembre de 2026

1 de noviembre: Solemnidad de Todos los Santos

«De acuerdo con la tradición, la Iglesia rinde culto a los santos y venera sus imágenes y sus reliquias auténticas».

(Concilio Ecuménico Vaticano II: Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia, 4 de diciembre de 1963, n. 111)



«Las reliquias en la Iglesia han recibido siempre una especial veneración y atención porque el cuerpo de los Beatos y de los Santos, destinado a la resurrección, ha sido en la tierra el templo vivo del Espíritu Santo y el instrumento de su santidad, reconocida por la Sede Apostólica mediante la beatificación y la canonización».

(Sagrada Congregación para las Causas de los Santos: Instrución Las reliquias en la Iglesia: autenticidad y conservación, 8 de diciembre de 2017, Introducción)


En el día de Todos los Santos, compartimos fotos de reliquias que se exhiben para la veneración de los fieles en la iglesia San José, de San Isidro.

31 de octubre de 2026

Sábado de la Semana XXX Durante el Año

El  Salmo Responsorial de la misa de hoy (Sábado XXX del Tiempo Ordinario) es el salmo 41 (2. 3. 5bcd). La antífona es el versículo 3a:  Mi alma tiene sed del Dios viviente.

Transcribimos a continuación el texto del salmo según la liturgia de hoy, intercalándolo con imágenes que tomamos en la iglesia de Santiago Apóstol de la ciudad de Baradero:


Como la cierva sedienta

busca las corrientes de agua,

así mi alma suspira

por ti, mi Dios. R.





Mi alma tiene sed de Dios,

del Dios viviente:

¿Cuándo iré a contemplar

el rostro de Dios? R.



¡Cómo iba en medio de la multitud

y la guiaba hacia la Casa de Dios,

entre cantos de alegría y alabanza,

en el júbilo de la fiesta! R.


En la parte frontal del altar mayor se lee: «Sicut cervus desiderat ad fontes aquarum, ita desiderat anima mea ad te, Deus», es decir, la  primera estrofa del salmo de hoy: «Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios».

Pese a que tomamos las fotos en 2022, esta es la primera vez que el templo de Baradero aparece en este blog.

28 de octubre de 2026

28 de octubre: Fiesta de San Simón y San Judas

Aunque en el Martirologio y en la Liturgia hoy se honra conjuntamente a San Simón y a San Judas, en esta entrada nos referiremos solamente al segundo, quien por cierto es mucho más popular. Además, es considerado uno de los apóstoles de Armenia.


El himno Commune vos, de Laudes, compuesto por Anselmo Lentini (+1989), presenta a ambos santos «que, unidos en el apostolado, lo estuvieron también en el martirio» ¹.

Un mismo himno de júbilo 
celebra a ambos Apóstoles 
y una misma gloria corona 
a los que recibieron idéntica vocación.

La tercera  estrofa del himno está específicamente dedicada a San Judas:

Tu carne frater, ássecla
fratérque Christi spíritu,
Iuda, Magístrum prédicas
scriptísque fratres érudis.

Oh Judas, por la sangre, hermano del Señor,
pero discípulo y más hermano suyo aún por el espíritu, 
que predicas al Maestro
e instruyes con tu Epístola a los cristianos.


Judas, por sobrenombre Tadeo, era uno de los Doce, hermano de Santiago (Judas 1)  y, por tanto, uno de los "hermanos del Señor" (Mt 13, 55). «La Iglesia ha profesado siempre que Jesucristo no tuvo hermanos, en sentido propio: es el dogma de la de la perpetua virginidad de María. San Mateo menciona (Mt 13, 55-56), como viviendo en Nazaret, a Santiago, José, Simón Judas  y, de otra parte, nos dice (Mt  27, 56) que, de éstos, Simón y Judas no son hermanos de Santiago y José, sino, parecer, hijos de un hermano de San José» ².


La imagen de San Judas Tadeo que vemos en las imágenes corresponde a un panel dedicado a la Iglesia Apostólica Armenia en la Catedral de Buenos Aires.


San Tadeo (a la derecha) se encuentra acompañado allí por el otro apóstol evangelizador de Armenia (San Bartolomé, a la izquierda) y por dos destacados personajes armenios: San Gregorio Iluminador y  el rey  Dêrtád (Tirídates) III (en el centro).

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¹ Félix Arocena: "Los himnos de la Liturgia de las Horas"  (Ed. Palabra, Madrid, 1992)
² Ibíd (nota al pie)

24 de octubre de 2026

24 de octubre: San Luis Guanella

El Martirologio nos trae hoy esta Memoria: 

En la ciudad de Como, en Italia, San Luis Guanella, presbítero, que fundó la Congregación de los Siervos de la Caridad y también la de las Hijas de Santa María de la Providencia, para atender a las necesidades de los desamparados y afligidos, y procurarles la salvación eterna.



Una imagen de Luis Guanella se venera en la iglesia porteña del Tránsito de San José, atendida por los miembros de la congregación masculina fundada por el santo. Junto a la imagen hay una oración que lo llama "beato", pese a que tomamos la foto en 2019 y que la canonización tuvo lugar en 2011.


Por ello hemos decidido compartir un fragmento de la homilía de Pablo VI en la misa de beatificación, celebrada el 25 de octubre de 1964:

(...) 

Después de haber conocido, admirado y exaltado la vida de un siervo de Dios, declarado auténtico seguidor de Cristo, surge en el alma la legítima, o más bien la obligada curiosidad por comprender cómo y por qué se ha producido el nuevo fenómeno de santidad en nuestra escena humana. Quisiéramos comprender el secreto y conocer el principio interior de esta santidad; quisiéramos reducir a un punto central de perspectiva las aventuradas vicisitudes, complicadas y febriles de la vida prodigiosa del nuevo beato, que se nos presenta digno de imitación y de culto. Es ésta una tendencia muy propia de la mentalidad moderna, cuando trata de estudiar una personalidad singular. Y no sería fácil conseguir clasificar bajo un solo aspecto la figura de don Guanella si él mismo no nos ayudase y casi nos obligase a ver en él solamente un resultado de la bondad divina, un fruto, un signo de la Divina Providencia.


Pero este acto suyo de humildad y religiosidad no nos dice de él todo; muchos otros aspectos de su vida nos ofrecerían ese punto central que nos permitiera definir en síntesis su alma y su obra; pero ahora, como despedida y recuerdo de la beatificación de don Guanella, podemos obedecer su voz resucitada: “Es Dios quien actúa”. Y si verdaderamente prestamos oídos a esta voz, que quisiera devaluar con humildad la grandeza y el mérito de su obra, asistiremos no a una devaluación, sino a una glorificación, pues podremos concluir: la obra de don Guanella, por tanto, es obra de Dios. Y si es obra de Dios, es maravillosa, es benéfica, es santa. Crece en nosotros la alegría, pero a la vez nace un problema, un grande y delicado problema, cuyo recuerdo nos perseguirá en el futuro, precisamente, al pensar en el beato que hemos elevado a los altares; el problema de la acción divina, el problema de la Providencia, en combinación con la acción humana.

¿Existe una Providencia? ¿Cómo interviene en nuestras cosas? ¿Hemos de dejar su libre curso sin querer darles sentido para esperar a que a la postre, sus designios desconocidos para nosotros en esta vida, nos sean descubiertos en la vida futura? ¿Qué postura es preciso tener ante esta imponderable acción divina en el campo de nuestra vida de resignación pasiva y fatalista que no se preocupa de lo que Dios hace ni de lo que debemos hacer con relación a el? ¿O hemos de tomar una postura de continua referencia de nuestras acciones a la voluntad divina de forma que resulten bajo aspectos diversos, pero convergentes, de Dios y nuestras? Indudablemente, es esta segunda postura la que debamos adoptar es la postura cristiana, la postura que trata de hacer de nosotros, como dice San Pablo, “colaboradores de Dios” (1 Cor 3,9). Colaborar con Dios debería ser el programa de nuestra vida. Y es el programa de los santos. Esto lo demuestra, entre otros, nuestro don Guanella, dejando de esta forma descubrir en su alma y en su obra las líneas directrices que las definen. Veremos la línea propiamente religiosa como línea maestra: se hace todo para interpretar, ejecutar y honrar la voluntad de Dios. Una gran piedad, una asidua oración, un esfuerzo de continua comunión con Dios sostiene toda la actividad del hombre de Dios; se diría que no piensa más que en esto. Y por ello una gran humildad empapa sus propósitos y esfuerzos; podría ser una gran tentación en quien realiza grandes empresas el creerse algo grande, autosuficiente, atribuirse el mérito de sus obras; pero el sentido religioso que las informa impide esta peligrosa insensatez e infunde en el siervo fiel otros dos movimientos espirituales que parecen contrarios entre sí y que, sin embargo, se corresponden y concuerdan; uno, el movimiento de tensión, y el otro, el de distensión. El primero, de tensión voluntaria; si estamos al servicio de Dios ningún esfuerzo nos debe constar, y esto es lo que más admiramos en el obrero del reino de Dios: la tenacidad, la energía, el coraje, el espíritu de heroísmo y sacrificio.
El segundo, de distensión confiada; si estamos al servicio de Dios, nada nos debe infundir temor; la confianza es nuestra verdadera fuerza, la certeza —hasta el peligro a veces— de que la asistencia del Señor, la Providencia, no nos faltará: esta confianza fuerte, positiva, amorosa es menos visible al observador profano, pero en el alma del santo es elemento principal de su fortaleza y de su grandeza.

Luego ya es fácil comprender cómo un alma estructurada de esta forma en su interior, se lance con formidable audacia al cumplimiento de las obras de misericordia más nuevas y más arduas; recordamos las enseñanzas del Apóstol Santiago: “Esta es la religión pura y sin mancha: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación” (St 1,27).

(...)

San Luis Guanella y Santa Clara Bosatta junto a la Virgen de la Divina Providencia

22 de octubre de 2026

22 de octubre: San Juan Pablo II

Con fotos tomadas en 2022 y en 2025 en la iglesia de la parroquia de Palermo dedicada a  Santa Lucía, honramos hoy al papa San Juan Pablo II.

Acompañamos las imágenes con el fragmento más célebre de la homilía que pronunció en 1978 en día tal como hoy, 22 de octubre, durante la solemne misa de inicio de su pontificado.


¡Oh Cristo! ¡Haz que yo me convierta en servidor, y lo sea, de tu única potestad! ¡Servidor de tu dulce potestad! ¡Servidor de tu potes­tad que no conoce ocaso! ¡Haz que yo sea un siervo! Más aún, siervo de tus siervos.

¡Hermanos y hermanas! ¡No tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad!

¡Ayudad al Papa y a todos los que quieren servir a Cristo y, con la potestad de Cristo, servir al hombre y a la humanidad entera!

¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!

Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura, de la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo conoce «lo que hay dentro del hombre». ¡Sólo Él lo conoce!

Con frecuencia el hombre actual no sabe lo que lleva dentro, en lo profundo de su ánimo, de su corazón. Muchas veces se siente inseguro sobre el sentido de su vida en este mundo. Se siente invadido por la duda que se transforma en desesperación. Permitid, pues, —os lo ruego, os lo imploro con humildad y con confianza— permitid que Cristo hable al hombre. ¡Sólo Él tiene pala­bras de vida, sí, de vida eterna!

19 de octubre de 2026

19 de octubre: San Pedro de Alcántara

San Pedro de Alcántara «nació en Alcántara (Cáceres) en 1499. Terminados sus estudios en Salamanca, ingresó en la Orden franciscana y se ordenó de sacerdote. Ocupó en la Orden diversos cargos. En 1554 obtuvo de la Santa Sede permiso para iniciar una observancia más fiel a la Regla. Se le agregaron otros hermanos, a quienes formó en la vida de penitencia y austeridad, en intensa oración y en la guarda estricta de la pobreza. Llevado por el celo de las almas, se dedicó a la predicación con gran fruto. Con sus consejos prestó ayuda a Santa Teresa de Jesús para la reforma del Carmelo. Escribió obras en que expuso su propia experiencia ascética, fundada sobre todo en la devoción a la pasión de Cristo. Murió en Arenas de San Pedro (Ávila) en 1562».


Himno del Oficio de lectura (del Propio de los franciscanos):


El bendito fraile, de raíces hecho

–como le decía la Madre Teresa–.

libó santidades de las amarguras

con el temple recio de su alma extremeña.

Fue fiel al Maestro. La cruz, su camino.

El amor es fragua que su vida templa.

Evangelio vivo que arrastra y admira.

El hombre prodigio de la penitencia.

Su vida es el arco que en la tensión busca

el hito anhelado; su alma, la flecha.

En tensos afanes se hermanan y siguen

sin perder el rumbo, llegando a la meta.

Aquel cuerpo enjuto, que desfallecía,

triunfante lo ha visto la Madre Teresa.

Dichoso el que entiende el misterio oculto.

Dirá con Fray Pedro: «¡Feliz penitencia!»

Gloria dad al Padre y al Hijo divino

y al Santo Espíritu que en gracia se entrega.

Los coros celestes y todos los hombres

con Fray Pedro canten gloria sempiterna. Amén.



 

Oración (del Propio de los franciscanos):

Señor y Dios nuestro, que hiciste resplandecer a San Pedro de Alcántara

por su admirable penitencia y su altísima contemplación, 

concédenos, por sus méritos, 

que, caminando en austeridad de vida, 

alcancemos más fácilmente los bienes del cielo. 

Por nuestro Señor Jesucristo.


En 2017 y en 2018, en sendas visitas a la Basílica de Luján, tomamos las fotos que ilustran esta entrada. Toda la información procede de un documento en la Red sobre  la Liturgia de las Horas  propia de la Familia Franciscana en España. 

Publicamos esta entrada en el día en que se celebra en España la Memoria de San Pedro de Alcántara, que sin embargo está inscripto en el Martirologio en el día de  ayer.