30 de septiembre de 2026

30 de septiembre: San Gregorio Iluminador

 

En una de las galerías superiores de la Basílica del Espíritu Santo, en el nivel donde se encuentra el magnífico órgano de tubos del templo, fuera de la vista del público, se encuentra un cuadro de San Gregorio Iluminador, cuya Memoria se celebra hoy.

La presencia de una imagen del Apóstol de Armenia en un templo católico romano puede resultar sorprendente, pero no lo es tanto para quien conoce el vínculo histórico entre la soberbia basílica del barrio de Palermo y la comunidad armenia católica, cuya catedral se yergue desde 1981 a un par de cuadras de allí. Antes de esa fecha, y por varios años, en la Basílica del Espíritu Santo se celebraban regularmente misas en rito armenio.

Copiamos la biografía del santo que aparece en el sitio oficial de la Parroquia Armenia Católica Nuestra Señora de Narek:

Սուրբ Գրիգոր Լուսաւորիչ
(h. 250 - h. 330)


«Nació en Vagharshapat, Armenia, hacia el año 250 y fue bautizado y educado en Cesarea de Capadocia. De chico, siempre tuvo una gran devoción por la Eucaristía y por la Santísima Virgen María. De grande, se casó y tuvo dos hijos, Aristakés y Vêrtanés, que hoy son santos.

Gregorio y el rey
En aquella época, el rey de Armenia era Dêrtád (Tirídates) III, que era pagano. Gregorio trabajaba junto al rey, quien no sabía que éste era cristiano. Cada año, el rey y su corte ofrecían sacrificios en el templo pagano de la diosa Anahíd, pero Gregorio no participaba. En una oportunidad, el rey se dio cuenta de esto. Al año siguiente, llamó a Gregorio y le ordenó llevar personalmente al templo de la diosa Anahíd una corona de flores; a lo que el Santo respondió: “Mi querido rey Dêrtád, yo soy cristiano, sólo puedo adorar y alabar al único Dios verdadero, creador del cielo y de la Tierra, y a Jesucristo Hijo de Dios y juez supremo de todos los reyes de la historia. El Dios verdadero te invita hoy a abrazar la fe en Cristo”.

De las torturas al fondo del pozo
El rey se enojó, mandó a torturarlo y lo hizo sufrir mucho. Pero el Santo alababa y adoraba a Dios, y Dios lo curaba de cada tortura que recibía. El rey nunca quiso admitir los milagros de Dios, a pesar de que Gregorio lo llamaba continuamente a la conversión. En una ocasión, el rey ordenó capturarlo y encarcelarlo en un pozo muy profundo llamado Jor Viráb (o Khor Virap) en la llanura del Ararat, donde sobrevivió 14 años ayudado -según la tradición- por una mujer que le llevaba cada día un trozo de pan.

Curación del rey
Un día el rey cayó en profunda tristeza, rozando la locura, y comenzó una vida errante en el bosque, padeciendo una grave enfermedad, ante la que nadie podía acercársele ni llevarlo al palacio. Se cuenta que la hermana del rey tuvo una visión en la que Dios le reveló que solamente Gregorio podía curarlo. Entonces, fueron a buscarlo para que restaurara la razón del rey. Una vez en la corte, predicó la religión cristiana y oró a Dios para curar al rey Tirídates.

Conversión de Armenia
Cuando el rey sanó, pidió el bautismo, y en el 301 Armenia se convirtió en el primer país que adoptó el cristianismo como religión del estado. A partir de ese momento, tanto el rey como el Santo trabajaron juntos por la evangelización de Armenia. Destruyeron los templos paganos y los transformaron en iglesias cristianas.

El Iluminador
Una vez canonizado, se lo conoció como San Gregorio el Iluminador, porque precisamente “iluminó” a nuestro pueblo armenio con la luz de la Fe y nos hizo conocer el amor de Dios. Es el patrono de la Iglesia Armenia, es nombrado en la Santa Misa y en otros oficios litúrgicos, siempre con el nombre de Surp Krikór Lusavorích (San Gregorio el Iluminador).

Martirologio Romano:
“En Armenia, San Gregorio, apellidado el Iluminador, obispo, que, después de sobrellevar muchos trabajos, se retiró a una cueva cerca de la confluencia del Éufrates ramificado y allí descansó en paz. Es considerado apóstol de los armenios (c. 326)”».


«Existen en el calendario armenio varias fechas que conmemoran episodios de la vida de San Gregorio el Iluminador:
- El 5º sábado de Cuaresma se recuerda la entrada en el pozo.
- El 2º sábado de Pentecostés se conmemora la salida del pozo.
- El 4º sábado de Pentecostés se celebra el hallazgo de sus reliquias».

Nosotros lo honramos aquí en la fecha que le asigna el Martirologio Romano.

Tomamos las fotos del cuadro en diciembre de 2025.

29 de septiembre de 2026

29 de septiembre: Fiesta de los Santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

 


Leemos en "Los santos del Calendario Romano" de Enzo Lodi:

«La actual fusión de las tres fiestas de San Miguel (29 de septiembre), de San Gabriel (24 de marzo) y de San Rafael (24 de octubre) en una sola fiesta tiene la fecha de la "Dedicatio sancti angelí", es decir, de la más antigua que las otras dos (introducidas en el calendario romano sólo en 1921)». Connmemoraba la dedicación de una basílica levantada en el siglo V en la vía Salaria. 


«Esta fiesta acredita, pues, un culto antiquísimo, como se deduce de los cinco formularios del sacramentario veronense para San Miguel, y también de la tradición oriental». 


«El culto únicamente de los tres ángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, fue aprobado el año 745 por el concilio de Letrán, presidido por el papa Zacarías, para defenderlo del culto de ángeles apócrifos, que llevaban nombres venerados en Oriente (Uriel, Salatiel, Jebudiel, Baraquiel)». 


Abre esta entrada una imagen general del retablo que les está dedicado a los tres arcángeles en la porteña basílica del Santo Rosario; luego hemos visto una  foto de la imagen cada uno de ellos por separado.  Y terminamos con otra foto general del altar:


28 de septiembre de 2026

28 de septiembre: Beato Juan Pablo I


Tras la muerte de Pablo VI, que después de Juan XXIII había gobernado la Iglesia durante los complejos años del Concilio y del postconcilio, el Colegio de Cardenales eligió para sucederlo al Patriarca de Venecia, el cardenal Albino Luciani.  En honor de sus dos predecesores tomó un nombre compuesto (Juan Pablo I) y se destacó desde el inicio de su breve pontificado por su humildad y su simpatía; es recordado como el "Papa de la sonrisa". Su papado duró sólo 33 días. Su sucesor tomó los mismos nombres porque, dijo, «dado que aquel pontificado duró apenas 33 días, me toca a mí no sólo continuarlo sino también, en cierto modo, asumirlo desde su mismo punto de partida» ¹

Los cuatro pontífices mencionados, elevados al honor de los altares, aparecen en sendos cuadros en una pared lateral de la iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes. Junto al cuadro de Juan Pablo I se exhibe también un trozo de la ropa que llevaba al entrar al cónclave de 1978 y una página de su breviario.



La Memoria de Juan Pablo I, que fue beatificado el 4 de septiembre de 2022, se celebra hoy, en el aniversario de su muerte. Hoy la recordamos por primera vez en este blog.





Terminamos esta entrada con fragmentos de la catequesis de Juan Pablo I en la segunda audiencia general de su pontificado, el 13 de septiembre de 1978:

(...)

Esto es la fe: rendirse a Dios, pero transformando la propia vida. Cosa no siempre fácil. Agustín ha narrado la trayectoria de su fe; especialmente las últimas semanas fue algo terrible; al leerlo casi se siente cómo su alma se estremece y se retuerce en luchas interiores. (...) Esta es la fe. Responder con generosidad al Señor. Pero, ¿quién dice este sí? El que es humilde y se fía enteramente de Dios.

Mi madre me solía decir cuando empecé a ser mayor: "De pequeño estuviste muy enfermo; tuve que llevarte de médico en médico y pasarme en vela noches enteras; ¿me crees"? ¿Cómo podía contestarle "Mamá, no te creo"? Claro que te creo, creo lo que me dices, y sobre todo te creo a ti. Así sucede con la fe. No se trata sólo de creer las cosas que Dios ha revelado, sino creerle a Él, que merece nuestra fe, que nos ha amado tanto y ha hecho tanto por amor nuestro.

Claro que es difícil también aceptar algunas verdades, porque las verdades de la fe son de dos clases: unas, agradables; otras son duras a nuestro espíritu. Por ejemplo, es agradable oír que Dios tiene mucha ternura con nosotros, más ternura aún que la de una madre con sus hijos, como dice Isaías. Qué agradable es esto y qué acorde con nuestro modo de ser.

Un gran obispo francés, Dupanloup, solía decir a los rectores de seminarios: Con los futuros sacerdotes sed un padre, sed una madre. Esto agrada. En cambio ante otras verdades, sentimos dificultad. Dios debe castigarme si me obstino; me sigue, me suplica que me convierta, y yo le digo: ¡no!; y así casi le obligo yo mismo a castigarme. Esto no gusta. Pero es verdad de fe.

Hay, además, otra dificultad, la Iglesia. San Pablo preguntó: ¿Quién eres, Señor? Soy ese Jesús a quien tú persigues. Una luz, un relámpago le pasó por la inteligencia. Yo no persigo a Jesús, ni siquiera lo conozco; persigo a los cristianos, eso sí. Se ve que Jesús y los cristianos, Jesús y la Iglesia, son una misma cosa: indivisible, inseparable.

Leed a San Pablo: Corpus Christi quod est Ecclesia. Cristo y Iglesia son una sola cosa. Cristo es la Cabeza, nosotros, la Iglesia, somos sus miembros. No es posible tener fe y decir creo en Jesús, acepto a Jesús, pero no acepto la Iglesia. Hay que aceptar la Iglesia, tal como es; y ¿cómo es esta Iglesia? El Papa Juan la ha llamado Mater et Magistra, maestra también. San Pablo ha dicho: “Nos acepte cada uno como ayudantes de Cristo, y administradores y dispensadores de sus misterios”.

(...) 

Yo estaba presente cuando el Papa Juan inauguró el Concilio el 11 de octubre de 1962. Entre otras cosas, dijo: “Esperamos que con el Concilio la Iglesia dé un salto hacia delante”. Todos lo esperábamos. Un salto hacia adelante, pero ¿por qué caminos? Lo dijo enseguida: sobre las verdades ciertas e inmutables. Ni siquiera le pasó por la cabeza al Papa Juan que eran las verdades las que tenían que caminar, ir hacia adelante, y después cambiar, poco a poco. Las verdades están ahí; nosotros debemos andar por el camino de estas verdades, entendiéndolas cada vez mejor, poniéndonos al día, presentándolas de forma adecuada a los nuevos tiempos.


 

También el Papa Pablo tenía la misma preocupación. Lo primero que hice en cuanto fui Papa, fue entrar en la capilla privada de la Casa Pontificia; en ella, al fondo, el Papa Pablo hizo colocar dos mosaicos, uno de San Pedro y otro de San Pablo: San Pedro muriendo y San Pablo muriendo también. Pero debajo de San Pedro figuran estas palabras de Jesús: “Oraré por ti, Pedro, para que no desfallezca tu fe”. Y debajo de San Pablo, que está recibiendo el golpe de la espada: “He cumplido mi carrera, he conservado la fe”. Ya sabéis que en el último discurso del 29 de junio pasado, Pablo VI dijo: "Después de quince años de pontificado puedo dar gracias al Señor porque he defendido la fe y la he conservado".

También es madre la Iglesia. Si es continuadora de Cristo y Cristo es bueno, también la Iglesia debe ser buena, buena con todos; pero ¿y si se diera el caso de que alguna vez hubiera gente mala en la Iglesia? Nosotros tenemos madre. Si una madre está enferma, si mi madre se quedase coja, yo la querría todavía más. Lo mismo en la Iglesia: si existen defectos y faltas —y existen— jamás debe disminuir nuestro amor a la Iglesia.

(...)

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¹ Juan Pablo II, Encíclica Redemptor Hominis, 2

26 de septiembre de 2026

Santa María "en sábado"

En esta Memoria de Santa María en Sábado visitamos por primera vez en este blog la iglesia de la Parroquia  Espíritu Santo de Villa Urquiza ¹.


La estatua de la Virgen es la tradicional representación de la Medalla Milagrosa. Pero la gran imagen del Espíritu Santo en el muro del fondo del presbiterio, que hemos captado también en la foto, nos mueve a invocar a María como Esposa del Espíritu Santo. Lo hacemos con esta antífona, compuesta por San Francisco de Asís:

Santa Virgen María,

no ha nacido en el mundo

ninguna semejante a ti entre las mujeres,

hija y esclava del altísimo y sumo Rey,

el Padre celestial,

Madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo,

esposa del Espíritu Santo:

ruega por nosotros

ante tu santísimo amado Hijo, Señor y maestro.



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¹ (No debe ser confundida con la Basílica del Espíritu Santo, sede de la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en Palermo)

24 de septiembre de 2026

24 de septiembre: San Pacífico de San Severino

San Pacífico  fue un presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, «preclaro por sus penitencias, amor a la soledad y oración ante el Santísimo Sacramento», en palabras del Martirologio Romano.


Nació en 1653 en la ciudad de San Severino. Sus nombres de pila eran Carlos Antonio. Quedo huérfano a los cinco años. Durante mucho tiempo, soportó con paciencia las humillaciones que recibía de su tío, a cuyo cuidado había quedado. Al cumplir 17 años ingresó en a los Frailes Menores de la Observancia y tomó el nombre de Pacífico.


Fue ordenado sacerdote a los 25 años y se  dedicó primero a enseñar filosofía a los frailes más jóvenes; luego se le encomendó la predicación, tarea más adecuada a sus condiciones. Fue enviado a predicar a las aldeas de la comarca, donde sus sermones fueron siempre bien recibidos. 

A los 35 años quedó sordo y ciego y comenzó a padecer  una  enfermedad que le producía úlceras en las piernas. Condenado a la inmovilidad, permaneció en su convento de Forano dedicado a la penitencia y a la plegaria. Salvo por un breve período, vivió allí en Forano el resto de su vida.

San Pacífico dio muestras de poseer el don de profecía y de conocer las conciencias. Se entregaba a mortificaciones hasta el punto en que  sus superiores debieron intervenir para aliviarlas. 

En julio de 1721 recibió la visita del obispo de San Severino;  cuando el prelado se retiraba, Pacífico gritó intempestivamente: «¡Mi señor! ¡El cielo, el cielo! Yo os seguiré pronto». Pocos días después murió el obispo y el 24 de septiembre Pacífico lo siguió a la tumba. Tras su muerte se multiplicaron sus milagros. 

En 1752 se abrió su proceso de canonización. Pacífico fue beatificado en 1768 y canonizado en 1839.


La imagen de San Pacífico se venera en la Basílica de San Francisco, y la fotografiamos el 18 de septiembre de 2024, al día  siguiente de la reapertura del templo después de una larga restauración.

22 de septiembre de 2026

22 de septiembre: San Florencio

No siempre es fácil identificar con total certeza a los santos cuyas imágenes fotografiamos, sobre todo en el caso de los menos conocidos, que no tienen una iconografía precisa sino genérica. Se da el caso de santos del mismo nombre con datos históricos mínimos que no permiten diferenciarlos; de santos cuyos nombres tienen variantes; de santos que aparecen sólo en santorales muy antiguos o de uso local muy restringido; de santos sólo mencionados, sin mayores referencias...

En la  iglesia de la Inmaculada Concepción de Tandil, como relatamos el 4 de julio de 2018, hay vitrales con cuatro santos poco conocidos: Manuel, Donata, Berta y Florencio.  De los tres primeros ya nos hemos ocupado en este blog. Restaba San Florencio, y con él se planteó la dificultad a que nos hemos referido arriba: la imagen del santo no da muchas pistas. Las personas que atienden el museo anexo al templo tampoco supieron decir (como relatamos aquí) a qué se debe la presencia de esos santos en la hermosa iglesia tandilense. 



El Martirologio nombra a varios santos de nombre Florencio: cinco son obispos, lo que no parece ser el caso del santo de la imagen, que carece de todo símbolo episcopal; tres son mártires, pero tampoco el vitral muestra atributos alusivos al martirio, como podría ser una palma.  Por descarte, sólo queda un San Florencio, el que aparece registrado en el Martirologio en la fecha de hoy de este escuetísimo modo:

En el monte Glonna, a orillas del Loira, en la región de Poitiers, en la Galia, San Florencio, presbítero.

El Martirologio Romano de 1956 nombra a este mismo presbítero con las mismas palabras en esta idéntica fecha, pero también añade a un confesor de igual nombre el 22 de febrero (muerto en Sevilla) y a los santos Eutiquio y Florencio, monjes, inscriptos el 23 de mayo, fallecidos en Norcia. Todos los demás Florencios del texto de 1956 son obispos y/o mártires, categorías que ya hemos descartado por los motivos que expusimos.

De modo que, con razonable certeza, suponemos que el San Florencio del templo tandilense es el sacerdote que hoy menciona el actual Martirologio Romano, copiando al anterior.

Tomé la foto en 2018.

19 de septiembre de 2026

19 de septiembre: Santa María de Cervellón

Santa María de Cervellón o del Socorro «es considerada la primera religiosa mercedaria y por lo tanto fundadora de la familia mercedaria femenina. Nació en Barcelona, de la noble familia de Cervellón, el 1 de diciembre de 1230. Desde joven creció en el clima de caridad que vivía Barcelona alrededor del trabajo de la redención de cautivos y pronto se convirtió en ayuda de los pobres y enfermos en el hospital de Santa Eulalia de Barcelona,  del que cuidaban los religiosos mercedarios, fundados el 10 de agosto de 1218 en la catedral de la misma ciudad por San Pedro Nolasco.

Llevada por este espíritu, emitió su profesión religiosa en la Orden, el 25 de mayo de 1265, con el propósito de colaborar con el trabajo de la redención de cautivos. Pronto se estableció una comunidad con algunas jóvenes distinguidas, tanto por su condición social, como por su don espiritual y el deseo de trabajar en la ayuda de los demás, con las Obras de Misericordia a favor de los pobres y los cautivos.

Se la conoce también con el nombre de Santa María del Socorro, porque más de una vez, en vida, y después de muerta, la vieron acudir, por el aire, en “socorro” de las naves de la redención, que traían cautivos redimidos.

Murió santamente el 19 de diciembre de 1290 y fue sepultada en la iglesia, hoy Basílica de la Merced de Barcelona. Su cuerpo se conserva incorrupto; y ya desde el siglo XIII fue considerada como santa e invocada como patrona de los navegantes.

El papa Inocencio XII proclamó su santidad el 15 de febrero de 1692. Su fiesta se celebra el 19 de septiembre».



Oración litúrgica a Santa María de Cervellón:

Oh Señor, fuente de toda santidad y origen de todas las virtudes, que adornaste a santa María de Cervellón con  el don celestial del amor y de la pureza; concédenos, por  su intercesión, imitarla en el ardor de su caridad y llegar  hasta ti con un corazón limpio y humilde. Por nuestro señor  Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del  Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

La biografía y la oración proceden de un sitio mercedario. Tomamos  las fotos en la Basílica de Nuestra Señora de la Merced en febrero de 2023.