5 de junio de 2026

5 de junio: San Bonifacio

La Iglesia celebra hoy a San Bonifacio, obispo y mártir. Lo honramos aquí con una foto que tomamos en 2019 en la iglesia porteña que lleva su nombre, y unas palabras de Benedicto XVI en la Audiencia General del 11 de marzo de 2009.

«Hoy vamos a reflexionar sobre un gran misionero del siglo VIII, que difundió el cristianismo en Europa central, precisamente también en mi patria: San Bonifacio, que ha pasado a la historia como "el Apóstol de los Germanos". Poseemos muchas noticias sobre su vida gracias a la diligencia de sus biógrafos: nació en una familia anglosajona en Wessex alrededor del año 675 y fue bautizado con el nombre de Winfrido. Entró muy joven en un monasterio, atraído por el ideal monástico. Poseyendo notables capacidades intelectuales, parecía encaminado a una tranquila y brillante carrera de estudioso: fue profesor de gramática latina, escribió algunos tratados y compuso también varias poesías en latín.

Ordenado sacerdote cuando tenía cerca de treinta años, se sintió llamado al apostolado entre los paganos del continente. Gran Bretaña, su tierra, evangelizada apenas cien años antes por los benedictinos encabezados por San Agustín, mostraba una fe tan sólida y una caridad tan ardiente que enviaba misioneros a Europa central para anunciar allí el Evangelio. En el año 716, Winfrido, con algunos compañeros, se dirigió a Frisia (la actual Holanda), pero se encontró con la oposición del jefe local y el intento de evangelización fracasó. Volvió a su patria, pero no se desalentó: dos años después vino a Roma para hablar con el Papa Gregorio II y recibir directrices. El Papa, según el relato de un biógrafo, lo acogió "con el rostro sonriente y con la mirada llena de dulzura", y en los días siguientes mantuvo con él "coloquios importantes" y, al final, tras haberle impuesto el nuevo nombre de Bonifacio, con cartas oficiales le encomendó la misión de predicar el Evangelio entre los pueblos de Alemania.

Confortado y sostenido por el apoyo del Papa, San Bonifacio se dedicó a la predicación del Evangelio en aquellas regiones, luchando contra los cultos paganos y reforzando las bases de la moralidad humana y cristiana. Con gran sentido del deber escribió en una de sus cartas: "Estamos firmes en la lucha en el día del Señor, porque han llegado días de aflicción y miseria... No somos perros mudos, ni observadores taciturnos, ni mercenarios que huyen ante los lobos. En cambio, somos pastores diligentes que velan por el rebaño de Cristo, que anuncian a las personas importantes y a las comunes, a los ricos y a los pobres, la voluntad de Dios... a tiempo y a destiempo".

Con su actividad incansable, con sus dotes organizadoras y con su carácter dúctil y amable, a pesar de su firmeza, San Bonifacio obtuvo grandes resultados. El Papa entonces "declaró que quería imponerle la dignidad episcopal, para que así pudiera corregir con mayor determinación y devolver al camino de la verdad a los equivocados, se sintiera apoyado por la mayor autoridad de la dignidad apostólica y fuera tanto más aceptado por todos en el oficio de la predicación cuanto más parecía que por este motivo había sido ordenado por el prelado apostólico".

Fue el mismo Sumo Pontífice quien consagró "obispo regional" —es decir, para toda Alemania— a San Bonifacio, el cual retomó sus fatigas apostólicas en los territorios que se le confiaron y extendió su acción también a la Iglesia de la Galia: con gran prudencia restauró la disciplina eclesiástica, convocó varios sínodos para garantizar la autoridad de los sagrados cánones y reforzó la necesaria comunión con el Romano Pontífice: esta era una de sus principales preocupaciones. También los sucesores del Papa Gregorio II lo tuvieron en gran aprecio: Gregorio III lo nombró arzobispo de todas las tribus germánicas, le envió el palio y le dio facultad para organizar la jerarquía eclesiástica en aquellas regiones; el Papa Zacarías lo confirmó en su cargo y alabó su labor; el Papa Esteban III, recién elegido, recibió de él una carta en la que le expresaba su adhesión filial.

El gran obispo, además de esta labor de evangelización y organización de la Iglesia mediante la fundación de diócesis y la celebración de sínodos, favoreció la fundación de varios monasterios, masculinos y femeninos, a fin de que fueran un faro para irradiar la fe y la cultura humana y cristiana en el territorio. De los cenobios benedictinos de su patria había llamado a monjes y monjas, que le prestaron una ayuda eficacísima y valiosa en la tarea de anunciar el Evangelio y de difundir las ciencias humanas y las artes entre las poblaciones.

En efecto, con razón consideraba que el trabajo por el Evangelio debía ser también trabajo en favor de una verdadera cultura humana. Sobre todo el monasterio de Fulda —fundado hacia el año 743— fue el corazón y el centro de irradiación de la espiritualidad y de la cultura religiosa: allí los monjes, en la oración, en el trabajo y en la penitencia, se esforzaban por tender a la santidad, se formaban en el estudio de las disciplinas sagradas y profanas, y se preparaban para el anuncio del Evangelio, para ser misioneros. Así pues, por mérito de san Bonifacio, de sus monjes y de sus monjas —también las mujeres desempeñaron un papel muy importante en esta obra de evangelización— floreció asimismo la cultura humana que es inseparable de la fe y que revela su belleza.

San Bonifacio mismo nos ha dejado obras intelectuales significativas. Ante todo, su abundante epistolario, donde las cartas pastorales se alternan con las cartas oficiales y las de carácter privado, que revelan hechos sociales y sobre todo su rico temperamento humano y su profunda fe. También compuso un tratado de Ars grammatica, en el que explicaba las declinaciones, los verbos y la sintaxis del latín, pero que para él era también un instrumento para difundir la fe y la cultura. Además, le atribuyen una Ars metrica, es decir, una introducción a cómo hacer poesía, varias composiciones poéticas y, por último, una colección de 15 sermones.

Aunque ya era de edad avanzada —tenía alrededor de 80 años— se preparó para una nueva misión evangelizadora: con cerca de cincuenta monjes volvió a Frisia, donde había comenzado su obra. Casi como presagio de su muerte inminente, aludiendo al viaje de la vida, escribió al obispo Lullo, su discípulo y sucesor en la sede de Maguncia: "Deseo llevar a término el propósito de este viaje; de ningún modo puedo renunciar al deseo de partir. Está cerca el día de mi fin y se aproxima el tiempo de mi muerte; abandonando los despojos mortales, subiré al premio eterno. Pero tú, hijo queridísimo, exhorta sin cesar al pueblo a salir del laberinto del error, lleva a término la edificación de la basílica de Fulda, ya comenzada, y en ella sepulta mi cuerpo envejecido por largos años de vida".

El 5 de junio del año 754, al comenzar la celebración de la misa en Dokkum (actualmente, en el norte de Holanda), fue asaltado por una banda de paganos. Avanzando con frente serena, «prohibió a los suyos que combatieran diciendo: "Cesad, hijos, de combatir, abandonad la guerra, porque el testimonio de la Escritura nos advierte que no devolvamos mal por mal, sino bien por mal. Este es el día deseado hace tiempo; ha llegado el tiempo de nuestro fin. ¡Ánimo en el Señor!"». Fueron sus últimas palabras antes de caer bajo los golpes de sus agresores. Los restos mortales del obispo mártir fueron llevados al monasterio de Fulda, donde recibieron digna sepultura. Ya uno de sus primeros biógrafos dio este juicio sobre él: "El santo obispo Bonifacio puede llamarse padre de todos los habitantes de Alemania, porque fue el primero en engendrarlos para Cristo con la palabra de su santa predicación, los confirmó con el ejemplo y, por último, dio la vida por ellos, y no puede haber caridad mayor que esta". 

A distancia de siglos, ¿qué mensaje podemos recoger de la enseñanza y de la prodigiosa actividad de este gran misionero y mártir? Una primera evidencia se impone a quien se acerca a San Bonifacio: la centralidad de la Palabra de Dios, vivida e interpretada en la fe de la Iglesia, Palabra que él vivió, predicó, testimonió hasta el don supremo de sí mismo en el martirio. Era tan ardiente su celo por la Palabra de Dios que sentía la urgencia y el deber de llevarla a los demás, incluso con riesgo personal suyo. En ella apoyaba la fe a cuya difusión se había comprometido solemnemente en el momento de su consagración episcopal: "Profeso íntegramente la pureza de la santa fe católica y con la ayuda de Dios quiero permanecer en la unidad de esta fe, en la que sin duda alguna está toda la salvación de los cristianos".

La segunda evidencia, muy importante, que emerge de la vida de San Bonifacio es su fiel comunión con la Sede apostólica, que era un punto firme y central de su trabajo misionero; siempre conservó esta comunión como norma de su misión y la dejó casi como su testamento. En una carta al Papa Zacarías afirma: "Yo no dejo nunca de invitar y de someter a la obediencia de la Sede apostólica a aquellos que quieren permanecer en la fe católica y en la unidad de la Iglesia romana, y a todos aquellos que en esta misión Dios me da como oyentes y discípulos". Fruto de este empeño fue el firme espíritu de cohesión en torno al Sucesor de Pedro que San Bonifacio transmitió a las Iglesias en su territorio de misión, uniendo a Inglaterra, Alemania y Francia con Roma, y contribuyendo así de modo decisivo a poner las raíces cristianas de Europa que habrían de producir frutos fecundos en los siglos sucesivos.

San Bonifacio merece nuestra atención también por una tercera característica: promovió el encuentro entre la cultura romano-cristiana y la cultura germánica. En efecto, sabía que humanizar y evangelizar la cultura era parte integrante de su misión de obispo. Transmitiendo el antiguo patrimonio de valores cristianos, implantó en las poblaciones germánicas un nuevo estilo de vida más humano, gracias al cual se respetaban mejor los derechos inalienables de la persona. Como auténtico hijo de San Benito, supo unir oración y trabajo (manual e intelectual), pluma y arado.

El valiente testimonio de San Bonifacio es una invitación para todos a acoger en nuestra vida la Palabra de Dios como punto de referencia esencial, a amar apasionadamente a la Iglesia, a sentirnos corresponsables de su futuro, a buscar la unidad en torno al Sucesor de Pedro. Al mismo tiempo, nos recuerda que el cristianismo, favoreciendo la difusión de la cultura, promueve el progreso del hombre. A nosotros nos corresponde ahora estar a la altura de un patrimonio tan prestigioso y hacerlo fructificar para bien de las futuras generaciones.

Me impresiona siempre su celo ardiente por el Evangelio: a los cuarenta años abandonó una vida monástica tranquila y fructífera, una vida de monje y profesor, para anunciar el Evangelio a los sencillos, a los bárbaros; a los ochenta años, una vez más, fue a una zona donde preveía su martirio. Comparando su fe ardiente, su celo por el Evangelio, con nuestra fe a menudo tan tibia y burocrática, vemos qué debemos hacer y cómo renovar nuestra fe, para dar como don a nuestro tiempo la perla preciosa del Evangelio». 

2 de junio de 2026

2 de junio: Fiesta de los Cuatro Evangelistas

El Sinaxarión ¹ maronita (Calendario Litúrgico de los santos) incluye una fiesta dedicada conjuntamente a los cuatro Evangelistas.



De Noticias Maronitas en Facebook tomamos la información que sigue, a la que le hicimos algunos ajustes gramaticales; también copiamos de allí los epígrafes de las cuatro fotos siguientes.

Hoy la Iglesia maronita celebra la memoria de los cuatro Evangelistas, Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Evangelio es una palabra griega que quiere decir buena noticia o buena nueva. Son los cuatro libros dictados por el Espíritu del Señor a los cuatro escritores sagrados que narraron la vida, la predicación y la muerte de Jesucristo.

San Mateo - El primero de los cuatro Evangelios es el de San Mateo. Éste era hijo de Alfeo, de profesión publicano, esto es, recaudador de impuestos. Llamado por Jesucristo al apostolado, fue testigo ocular de todos los hechos que [tuvieron lugar] después de la Ascensión del Salvador;  predicó la fe en Etiopía, en Persia y entre los partos. Antes que saliese de la Judea fue invitado por los fieles y por los mismos Apóstoles a escribir su Evangelio. Esto tuvo lugar cerca de ocho años después de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo. Lo escribió en la lengua hebrea, y se dice que él mismo o Santiago el Mayor lo tradujo al griego. La versión latina que hoy tenemos es muy antigua.

San Marcos - El segundo evangelista es San Marcos. Judío de nacimiento, se cree que fue uno de los sesenta y dos discípulos del Salvador. Compañero fiel de San Pedro, le siguió en sus viajes hasta Roma. Allí fue su secretario e intérprete y le ayudó a predicar la fe en la capital del Imperio Romano. (...) Escribió (...) su Evangelio en griego, idioma muy conocido de los romanos en aquellos tiempos.

San Lucas - Era natural de Antioquía y médico de profesión. Fue ganado a la fe por San Pablo, el Apóstol de las gentes, de quien fue fiel compañero en sus largas y fatigosas peregrinaciones. Predicó el Evangelio en Dalmacia, en Italia, en las Galias y, finalmente, en Macedonia. En este último punto alcanzó la corona del martirio a los ochenta y cuatro años de su edad. Escribió su Evangelio el año 53 de nuestra Era, recogiendo las noticias de testigos oculares y de las narraciones de San Pablo. Se cree también que la Santísima Virgen le enseñó algunas cosas importantes. En efecto, debemos a San Lucas muchas y preciosas noticias concernientes a la infancia de Jesús y la misma Virgen María, de las cuales nada han escrito los demás evangelistas.

San Juan - Fueron padres de San Juan, Zebedeo y María Salomé, y hermano suyo Santiago el Mayor. Era natural de Betsaida y ejerció con su padre el oficio de pescador hasta que, muy joven aún, fue llamado por el divino Maestro para que le siguiera. Le profesó Jesucristo un cariño particular por la inocencia de sus costumbres y la virtud de la pureza que conservó intacta. Por este motivo el Salvador, pendiente de la cruz, dio a Juan por hijo a María y a María por Madre a Juan. En la persona de este Santo Apóstol se hallan representados todos los fieles cristianos de quienes es María madre piadosa. Después de la Ascensión del Divino Maestro, predicó especialmente en el Asia Menor, y fijó su residencia en Éfeso, que gobernó como obispo hasta pasados los cien años de edad, y donde murió el año 107. Movido por divina inspiración, y a ruego de los fieles, en los últimos años de su vida, escribió su Evangelio contra algunos herejes que negaban la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Se detiene, en efecto, con preferencia en exponer las acciones del Salvador que más le dan a conocer como verdadero Dios. Habla muchas veces de sí, pero sin nombrarse jamás. Escribió en griego, y narró cosas vistas por él.

 

Y tomando información del sitio oficial en español Maronitas añadimos lo siguiente:


La Iglesia hoy se refiere a cada uno de los evangelistas con un símbolo diferente, símbolos mencionados por Juan en su visión y Ezequiel en su profecía: el águila, el león, el toro y el ser humano.

[El ángel] en forma de hombre [se corresponde] con Mateo, porque él comenzó su predicación haciendo la lista de los antepasados de Jesús como hombre, y narrando la aparición de un ángel a San José.



"San Mateo lleva por símbolo el rostro de un hombre porque se propone describir los hechos de Nuestro Señor Jesucristo como hombre"   (Noticias Maronitas)



El león con Marcos, porque comenzó su Evangelio con la voz de Juan el Bautista clamando como un león salvaje que ruge.

 

"El rostro del león, a causa de la voz de San Juan Bautista que gritaba en el desierto: “Preparad el camino del Señor y enderezad sus senderos”"
(Noticias Maronitas) 


Lucas con el toro porque comenzó su anuncio con el sacerdocio de Zacarías, que requiere ofrecer sacrificios con terneros y toros.

 

"El rostro de becerro (...) indica el sacrificio que solía hacer el sacerdote levítico" 
(Noticias Maronitas)

 


En cuanto a Juan, es un águila, porque comenzó su Evangelio, volando como un águila en el aire.

 

"San Juan lleva el símbolo del águila porque como águila levanta su vuelo hasta el Padre Eterno, diciendo: “En el principio era el Verbo, y Verbo estaba con Dios y Dios era el Verbo”"
(Noticias Maronitas)

 


Hoy, al conmemorar la memoria de los Cuatro Evangelistas, pidamos a Dios que haga clamar nuestras voces en el desierto de este mundo sin miedo, voces que se eleven alto en el cielo, poniendo la palabra por encima de todas las cosas. Hoy le pedimos que transforme la misión de cada uno de nosotros en un sacerdocio especial que anuncia al Hijo del Hombre y sus enseñanzas (...) [por] la intercesión de los santos Mateo, Marcos, Lucas y Juan.



Tomamos las fotos en el camarín de San Nicolás de Bari de la Catedral de La Rioja. El símbolo de cada Evangelista aparece allí con un texto alusivo.


El de Mateo dice "Filii David" (Mt 1, 1): "Hijo de David".
El de Marcos dive "Vox clamantis" (Mc 1, 3): "Una voz grita (en el desierto)"


El de Lucas dice "Gratia plena" (Lc 1, 28): "Llena de gracia".
El de Juan dice "Verbum caro" (Jn 1, 14) "El Verbo (se hizo) carne".




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¹ La palabra Sinaxarion proviene del griego Συναξάριον (del verbo συνάγειν, synágein - “juntar”), pues el Sinaxarion “junta” (o compila) –en un texto o en listas– los nombres y referencias de los santos, así como las memorias litúrgicas en que se celebran.

31 de mayo de 2026

Solemnidad de la Santísima Trinidad

El domingo que sigue a Pentecostés se celebra la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Nos unimos a esta gran fiesta con una fotografía que tomamos en la iglesia de San Gabriel de la Dolorosa, en Vicente López, en diciembre de 2015. Como el templo pertenece a los pasionistas (nótese el escudo en el vitral de la primera foto) acompañamos la imagen de la Trinidad con palabras de San Pablo de la Cruz, en una carta dirigida en 1769 a todos los «Hermanos e Hijos, Sacerdotes, Clérigos y Laicos que componen la Congregación de los Clérigos Descalzos de la Pasión Ssma. de Jesucristo»; alude en ella a las tres Divinas Personas (cuyos nombres hemos resaltado con negrita en el texto).

«Haced que resplandezca en vuestras acciones la virtud de Jesucristo [2 Cor 11,9] (...), para que seáis el buen olor de Jesucristo en todo lugar [2 Cor 2,15]. Sed muy amantes de la oración, silencio y de la celda, cuando tengáis posibilidad de permanecer en ella, y de un solo querer [cf. Hech 4,32], compadeciéndoos entre vosotros en vuestras miserias e imperfecciones. En suma, haced que quien os ve, vea un vivo retrato de Jesucristo, y resplandezca en vosotros, es decir, en vuestro rostro, en vuestro comportamiento y en vuestro obrar, la virtud de Jesucristo, para que todos alaben a la Divina Majestad solamente al ver a los hijos de la Congregación de la Pasión Ssma. de Jesucristo y se conviertan también a la simple vista los pobres pecadores.

Si así lo hacéis, como os rogamos por las entrañas de la Misericordia de Dios [Lc 1,78], seréis causa de que se extienda la Congregación, y será bendecido en la  conversión de las almas, el Nombre santísimo de Jesucristo (...) 

Jesús, pues, os bendiga, queridísimos, y os conceda la plenitud de su gracia, paz y alegría en el Espíritu Santo. Amén».

30 de mayo de 2026

30 de mayo: San Fernando

Nuevamente visitamos la Catedral de Catamarca. 

La ciudad, como es sabido, se llama San Fernando del Valle de Catamarca (debe su nombre a su fundador, Fernando de Mendoza y Mate de Luna), por lo que el santo que honramos hoy es su Patrono. 



San Fernando III, rey de Castilla y León, nació «en el lugar llamado Valparaíso en diciembre de 1198, hijo de Alfonso IX de León y de Berenguela, futura reina de Castilla. En 1217, su madre, al ser reconocida reina, abdicó en él la corona castellana y al morir su padre, en 1220, accedió a la corona leonesa. En 1219 contrajo primer matrimonio con Beatriz de Suabia,  y muerta la cual casó con Juana de Ponthieu. Fue feliz en ambos matrimonios. Príncipe de óptimos sentimientos cristianos y de las más limpias costumbres, se propuso gobernar con la mayor  justicia y teniendo en cuenta los derechos e intereses legítimos de todos sus vasallos Conquistó Córdoba, Jaén y Sevilla, que repobló con cristianos, y estableció sendas sedes episcopales en cada una de estas ciudades. Lleno de méritos y reconocido por todos como santo, murió en Sevilla» el 30 de mayo de 1252. Su culto fue confirmado en 1671. «Su cuerpo se conserva incorrupto en la catedral de Sevilla» ¹.


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¹ Los párrafos entrecomillados son del libro Todos los santos, de José Luis Repetto

28 de mayo de 2026

28 de mayo: Beato Stefan Wyszyński

Stefan Wyszyński nació en Polonia el 3 de agosto de 1901, en una familia pobre y muy religiosa. En 1920 ingresó en el seminario diocesano de Włocławek. Ordenado sacerdote el 3 de agosto de 1924, fue nombrado vicario en la Catedral Basílica. De 1925 a 1929 estudió en la Universidad Católica de Lublin, obteniendo el doctorado en Derecho Canónico. De 1930 a 1939 ocupó diversos cargos pastorales.

Cuando Polonia fue invadida por las tropas alemanas en 1939, muchos sacerdotes fueron internados en campos de concentración y asesinados. También fue detenido el obispo de Włocławek, Mons. Michał Kozal, que posteriormente fue deportado a Alemania, donde, tras ser torturado, fue asesinado. Durante este período, Stefan Wyszyński ejerció su apostolado en la clandestinidad.

En 1942, junto con la señora María Okońska, fundó el Instituto Secular de las Monjas Auxiliares de María de Jasna Góra, Madre de la Iglesia. 

Después de la guerra, regresó a Włocławek y, debido a la falta de sacerdotes, tuvo que asumir varios roles al mismo tiempo.

El 4 de marzo de 1946, Pío XII lo nombró obispo de Lublin. Dio un nuevo impulso pastoral a esta diócesis, devastada por el conflicto, interesándose por todos los sectores pastorales, incluida la Universidad Católica, de la que fue Gran Canciller. 

El 12 de noviembre de 1948 fue trasladado a la Arquidiócesis de Gniezno y Varsovia, sede primada de Polonia. Mientras tanto, los nazis fueron reemplazados por los comunistas. Se creó una comisión conjunta entre el gobierno y la Iglesia para negociar algunas iniciativas importantes que eran desfavorables al desarrollo de la fe. El acuerdo, firmado en 1950, pareció a muchos una derrota para la Iglesia. En realidad, era la única posibilidad de que la Iglesia en Polonia sobreviviera. 

El 29 de noviembre de 1952 se anunció el nombramiento de Stefan Wyszyński  como cardenal, pero  no obtuvo del gobierno el pasaporte para viajar a Roma, por lo que no pudo participar en el Consistorio.

El 8 de mayo de 1953, en nombre del Episcopado, Wyszyński dirigió a las autoridades estatales un mensaje conocido como “Non possumus” en el que afirmaba su voluntad de no ceder más y de no sacrificar “las cosas de Dios en los altares del César”. El 24 de septiembre fue arrestado y puesto en régimen de aislamiento. Fue liberado el 28 de octubre de 1956 y reanudó su actividad pastoral, convirtiéndose en un símbolo de libertad, justicia, respeto al hombre y unidad de todos los polacos.

El cardenal Wyszyński participó activamente en el Concilio Vaticano II.  Trabajó por la reconciliación cristiana entre las naciones polaca y alemana y animó a la Conferencia Episcopal Polaca a interesarse más por los cambios que se estaban produciendo en la sociedad. 

El 22 de octubre de 1978, al final de la Santa Misa que marcaba el inicio de su ministerio petrino, San Juan Pablo II intentó hacer levantar al cardenal mientras éste se arrodillaba para besarle la mano. El Papa se levantó inmediatamente y, delante de todos, besó las manos del cardenal para demostrar afecto, admiración y gratitud hacia el hombre que había guiado a la Iglesia polaca a través de la tormenta de una larga y terrible persecución.

El mismo pontífice pronunció en otra ocasión estas históricas palabras: “Este Papa polaco no estaría en la Sede de Pedro si no fuera por su fe, que no se doblegó ante la prisión y el sufrimiento, su esperanza heroica, su confianza plena en la Madre de la Iglesia”. 

A partir de marzo de 1981, su salud empeoró; sin embargo, el 22 de mayo Wyszyński participó por última vez en la sesión de la Conferencia Episcopal Polaca, donde pronunció un largo discurso. Murió seis días después en Varsovia. 

Fue beatificado en la misma ciudad en septiembre de 2021. Ese día el papa Francisco I, que se hallaba en Budapest, dijo: "El Primado de Polonia, detenido y segregado, fue siempre un pastor valiente según el corazón de Cristo, heraldo de la libertad y de la dignidad humana".

Una imagen del Beato Stefan Wyszyński se venera en la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe de la ciudad de Buenos Aires, sede de la colectividad católica polaca.

24 de mayo de 2026

Solemnidad de Pentecostés

Los Apóstoles regresaron entonces del monte de los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios es la que está permitida recorrer en día sábado.

Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago.

Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.

(...)

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.


Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Con gran admiración y estupor decían:

«¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios».

(Hech 1, 12-14; 2, 1-11)

La imagen que representa el descenso de las lenguas de fuego sobre María y los Apóstoles pertenece a la Catedral de Quilmes.

22 de mayo de 2026

22 de mayo: Santa Rita de Casia

 


Una imagen de Santa Rita preside el nicho central de un retablo lateral de la iglesia dedicada a la Inmaculada Concepción (templo de la Parroquia Santísimo Sacramento) en la ciudad de Tandil. Tomamos las fotos en el verano del año 2018.




Oración colecta

Concédenos, Dios nuestro, la sabiduría de la Cruz

y la fortaleza que otorgaste a Santa Rita

para que, unidos a Cristo,

seamos pacientes en las tribulaciones

y merezcamos participar más íntimamente en el Misterio Pascual.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,

que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,

y es Dios, por los siglos de los siglos.