14 de agosto de 2026

14 de agosto: San Maximiliano Kolbe

Hoy se cumplen 85 años de la muerte de Maximiliano Kolbe, mártir en el campo de concentración de Auschwitz como víctima del furor de la persecución nazi. 

Honramos la Memoria de este santo con las palabras que pronunció Juan Pablo II en la misa de canonización, celebrada en octubre de 1982, y con imágenes que tomamos en la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe durante La Noche de los Templos de 2025. En esa ocasión se exhibieron allí reliquias de santos y beatos polacos, como puede verse en la foto que sigue; más abajo compartimos una foto de la reliquia de San Maximiliano junto a una efigie del santo en que se lo ve con las "dos coronas" a que alude el Papa en su homilía.




«Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos» (Jn 15, 13).

A partir de hoy la Iglesia quiere llamar “santo” a aquel hombre a quien le fue concedida la capacidad de cumplir de manera absolutamente literal las palabras antes mencionadas del Redentor.

En efecto, hacia finales de julio de 1941, después que los prisioneros, destinados a morir de hambre, habían sido puestos en fila por orden del jefe del campo, este hombre, Maximiliano María Kolbe, se presentó espontáneamente, declarándose dispuesto a ir a la muerte en sustitución de uno de ellos. Esta disponibilidad fue aceptada, y al padre Maximiliano, después de dos semanas de tormentos a causa del hambre, le fue quitada la vida con una inyección mortal, el 14 de agosto de 1941.

Esta oferta fue aceptada y el Padre Maximiliano, después de más de dos semanas de tormento a causa del hambre, fue finalmente arrebatado mediante una inyección letal el 14 de agosto de 1941.

Todo esto ocurrió en el campo de concentración de Auschwitz, donde aproximadamente cuatro millones de personas fueron ejecutadas durante la última guerra, incluida la Sierva de Dios Edith Stein (Hermana Carmelita Teresa Benedicta de la Cruz) (...). La desobediencia a Dios, Creador de la vida, quien dijo «No matarás», condujo a la inmensa masacre de tantas personas inocentes en ese lugar.

Al mismo tiempo, nuestra época ha quedado horriblemente marcada por el exterminio del hombre inocente.

El padre Maximiliano Kolbe, siendo prisionero del campo de concentración, reivindicó, en lugar de la muerte, el derecho a la vida de un hombre inocente, uno de los cuatro millones.

Este hombre (Franciszek Gajowniczek) aún vive y está presente entre nosotros. El Padre Kolbe afirmó su derecho a la vida, declarando su disposición a morir en su lugar, porque era padre y su vida era necesaria para sus seres queridos. El Padre Maximiliano María Kolbe reafirmó así el derecho exclusivo del Creador a la vida del hombre inocente y dio testimonio de Cristo y del amor. De hecho, el apóstol Juan escribe: «En esto conocemos el amor: en que él dio su vida por nosotros; también nosotros debemos dar la vida por los hermanos» (1 Juan 3, 16).

Al dar su vida por un hermano, el padre Maximiliano, a quien la Iglesia venera como beato desde 1971, se hizo particularmente semejante a Cristo.

Por tanto, nosotros (...)  deseamos expresar el valor especial que el martirio del Padre Maximiliano Kolbe tiene a los ojos de Dios:

«Estimada a los ojos del Señor es la muerte de sus fieles» (Sal 115 [116],15), repetimos en el Salmo Responsorial. ¡Es verdaderamente preciosa e inestimable! Mediante la muerte de Cristo en la cruz, se realizó la redención del mundo, porque esta muerte tiene el valor del amor supremo. Mediante la muerte del Padre Maximiliano Kolbe, un claro signo de este amor se ha renovado en nuestro siglo, tan amenazado  y de tantas maneras por el pecado y la muerte.

He aquí que, en esta solemne liturgia de canonización, aquel «mártir del amor» de Oswiecim (como lo llamó Pablo VI) parece presentarse entre nosotros y decir:

«Yo soy tu siervo, Señor, / yo soy tu siervo, el hijo de tu esclava; / tú has roto mis cadenas» (Sal 115 [116], 16).

Y, casi recogiendo en uno el sacrificio de toda su vida, él, sacerdote e hijo espiritual de San Francisco, parece decir:

«¿Qué pagaré al Señor / por todo lo que me ha dado? / Alzaré la copa de la salvación / e invocaré el nombre del Señor» (Sal 115 [116], 12s).

Estas son palabras de gratitud. La muerte sufrida por amor en lugar de un hermano, es un acto heroico del hombre, mediante el cual, junto con el nuevo santo, glorificamos a Dios. De él, de hecho, proviene la gracia de este heroísmo, de este martirio.

Hoy, pues, glorifiquemos la gran obra de Dios en la humanidad. Ante todos los aquí reunidos, el Padre Maximiliano Kolbe alza su «copa de salvación», que contiene el sacrificio de toda su vida, sellado con su muerte de mártir «por un hermano».

Maximiliano se preparó para este sacrificio final siguiendo a Cristo desde los primeros años de su vida en Polonia. De aquellos años proviene el misterioso sueño de dos coronas: una blanca y otra roja, entre las cuales nuestro santo no elige, sino que acepta ambas. De hecho, desde su juventud, estuvo imbuido de un gran amor por Cristo y del deseo de martirio.

Este amor y este deseo lo acompañaron en el camino de su vocación franciscana y sacerdotal, para la cual se preparó tanto en Polonia como en Roma. Este amor y este deseo lo acompañaron durante todo su servicio sacerdotal y franciscano en Polonia, así como durante su servicio misionero en Japón.

La inspiración de toda su vida fue la Inmaculada Concepción, a quien confió su amor por Cristo y su deseo de martirio. En el misterio de la Inmaculada Concepción, el maravilloso y sobrenatural mundo de la gracia de Dios ofrecida a la humanidad se reveló ante los ojos de su alma. La fe y las obras de toda la vida del Padre Maximiliano indican que concibió su colaboración con la gracia divina como una milicia bajo el signo de la Inmaculada Concepción. El carácter mariano es particularmente expresivo en la vida y santidad del Padre Kolbe (...) [y] marcó todo su apostolado, tanto en su patria como en las misiones. Tanto en Polonia como en Japón, las ciudades especiales de la Inmaculada Concepción (Niepokalanow en Polonia, Mugenzai no Sono en Japón) fueron los centros de este apostolado.

¿Qué ocurrió en el búnker del hambre del campo de concentración de Oswiecim (Auschwitz) el 14 de agosto de 1941?

La liturgia de hoy responde a esto: «Dios probó» a Maximiliano María y «lo halló digno de Sí mismo» (cf. Sab 3,5). Lo probó «como el oro en el crisol / y lo aceptó como holocausto» (cf. Sab 3,6).

Aunque «a los ojos de los hombres sufrieron castigo», sin embargo, «su esperanza está llena de inmortalidad» porque «las almas de los justos están en la mano de Dios, / ningún tormento los alcanzará». Y cuando, humanamente hablando, el tormento y la muerte los alcanzan, cuando «a los ojos de los hombres parecían morir...», cuando «su partida de entre nosotros era considerada una desgracia...», «están en paz»: experimentan la vida y la gloria «en la mano de Dios» (cf. Sabiduría 3,1-4).

Esta vida es fruto de la muerte a semejanza de la muerte de Cristo. La gloria es participar en su resurrección.

¿Y qué pasó en el búnker del hambre el 14 de agosto de 1941?

Se cumplieron las palabras que Cristo dirigió a los Apóstoles: «Vayan y den fruto, y su fruto permanezca» (cf. Jn 15,16).

¡El fruto de la muerte heroica de Maximiliano Kolbe perdura de modo maravilloso en la Iglesia y en el mundo!

Los hombres presenciaron lo que ocurrió en el campo de Auschwitz. Y aunque a sus ojos les pareció que un compañero de tormento estaba "muriendo", aunque humanamente consideraran "su partida" una "ruina", sin embargo, en su conciencia, esto no era simplemente "muerte".

Maximiliano no murió, sino que “dio su vida... por su hermano”.

En esta muerte, terrible desde el punto de vista humano, estaba toda la grandeza definitiva del acto humano y de la elección humana: se ofreció a la muerte por amor.

Y en esta muerte humana suya está el testimonio transparente dado a Cristo: el testimonio dado en Cristo de la dignidad del hombre, de la santidad de su vida y del poder salvífico de la muerte, en la que se manifiesta el poder del amor.

Precisamente por esta razón, la muerte de Maximiliano Kolbe se convirtió en un signo de victoria. Fue la victoria sobre todo el sistema de desprecio y odio hacia la humanidad y hacia lo divino en ella, una victoria similar a la que obtuvo nuestro Señor Jesucristo en el Calvario.

“Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando” ( Jn 15,14)


La Iglesia acepta con veneración y gratitud este signo de victoria, alcanzado mediante el poder de la Redención de Cristo. Procura interpretar su elocuencia con humildad y amor.

(...) 

Al juzgar la causa del beato Maximiliano Kolbe, fue necesario –ya después de la beatificación– tener en cuenta las múltiples voces del Pueblo de Dios, y sobre todo de nuestros hermanos en el Episcopado, tanto de Polonia como de Alemania, que pedían que Maximiliano Kolbe fuera proclamado santo como mártir”.

Ante la elocuencia de la vida y de la muerte del beato Maximiliano, no se puede dejar de reconocer lo que parece constituir el contenido principal y esencial del signo dado por Dios a la Iglesia y al mundo con su muerte.

Esta muerte, afrontada espontáneamente por amor al hombre, ¿no constituye un cumplimiento particular de las palabras de Cristo?

¿No hace esto a Maximiliano particularmente similar a Cristo, el modelo de todos los mártires, que dio su vida en la cruz por sus hermanos?

¿No posee una muerte así una elocuencia particular y penetrante para nuestra época?

¿No constituye éste un testimonio particularmente auténtico de la Iglesia en el mundo contemporáneo?

Y por eso, en virtud de mi autoridad apostólica, he decretado que Maximiliano María Kolbe, quien, después de su beatificación, fue venerado como confesor, ¡de ahora en adelante será venerado también como mártir!

«¡Preciosa a los ojos del Señor es la muerte de sus fieles!». Amén.

11 de agosto de 2026

11 de agosto: Santa Clara de Asís

Visitamos hoy el templo de San Pedro de Alcántara en Catamarca, en realidad mucho más conocido por el nombre de San Francisco a causa del convento homónimo, sitio célebre además porque allí vivió y enseñó fray Mamerto Esquiú. Fue justamente recorriendo los pasos del beato catamarqueño, en 2025, que tomamos las fotos de esta entrada.


En uno de los vitrales de la puerta principal aparece representada Santa Clara de Asís.


Transcribimos a continuación el Himno de II Vísperas, del Propio de los franciscanos (en el que la Memoria de hoy tiene categoría de Solemnidad en la II Orden y de Fiesta para la Familia Franciscana). Elegimos este himno porque guarda interesante relación con la imagen que ilustra esta entrada.


Al caer de la tarde silenciosa,

cuando todo era calma en el ambiente,

una luz se encendía diligente

en oración humilde y amorosa.

Eras tú, Clara, corazón amante,

que velabas al Dios sacramentado,

pidiendo por el mundo atormentado,

de tanto desamor desconcertante.

Plegaria y sacrificio así juntabas

con alegre talante contagioso,


que arrastraba tras sí, por amoroso,

a las flores vivientes que cuidabas.

Y así, cuando por fin llamó el Esposo

a tu puerta, radiante de alegría

a su encuentro saliste en este día

con aceite abundante y luminoso.

En el coro de vírgenes prudentes,

alabas al Señor tres veces santo;

nosotros nos unimos a tu canto

y a tu gozo seráfico y ferviente. Amén.


Santa Clara nació en Asís en 1193. Siguió a Francisco por el camino de la pobreza evangélica y fue madre y fundadora de la II Orden. Llevó una vida austera, pero rica en obras de caridad y piedad. Murió en 1253. 

8 de agosto de 2026

8 de agosto: Santo Domingo de Guzmán

 


Santo Domingo de Guzmán, cuya Memoria celebramos hoy, es el Patrono de la Diócesis de Nueve de Julio. La primera foto de esta entrada muestra el altar y la cátedra episcopal de la catedral local.

Se aprecia a la derecha de la imagen una hermosa estatua de Santo Domingo:


 

La Orden de Predicadores  supo tener una tradición litúrgica propia, que llegó casi intacta hasta nuestros días porque tenía más de 200 años de existencia al momento de la Bula Quo Primum Témpore de San Pío V. Lamentablemente, tanta riqueza litúrgica no sobrevivió a las reformas que siguieron al Concilio Vaticano II. Para la fiesta de hoy, los dominicos tenían una misa particular, con secuencia propia (ya que es Solemnidad en la orden), que publicamos a continuación:

Secuencia

In cœlésti hierarchía,
Nova sonet harmonía,
Novo ducta cántico.
  
Cui concórdet in hac via,
Nostri chori melodía
Congáudens Domínico.
   
Ex Ægýpto vastitátis
Virum suæ voluntátis
Vocat Auctor sǽculi.
  
In fiscélla paupertátis,
Flumen transit vanitátis
Pro salúte pópuli.
   
In figúra cátuli,
Prædicátor sǽculi
Matri præmonstrátur.
  
Portans ore fáculam,
Ad amóris régulam
Pópulos hortátur.
  
Hic est novus legislátor
Hic Elías æmulátor,
Et detéstans crímina.
   
Vulpes díssipat Samsónis
Et in tuba Gedeónis
Hostis fugat ágmina.
   
A defúnctis revocátum,
Matri vivum reddit natum,
Vivens adhuc córpore.
  
Signo crucis imber cedit,
Turba fratrum panem edit,
Missum Dei múnere.
  
Felix per quem gáudia
Tota jam Ecclésia
Sumens exaltátur.
   
Orbem replet sémine:
In cœlórum ágmine
Tandem collocátur.
 
Jacet granum occultátum
Sidus latet obumbrátum,
Sed Plasmátor ómnium
 
Ossa Joseph pulluláre,
Sidus jubet radiáre,
In salútem géntium.
 
O quam probat carnis florem,
Omnem súperans odórem,
Túmuli fragrántia!
  
Ægri currunt et curántur
Cæci, claudi reparántur,
Virtútum frequéntia.
  
Laudes ergo Domínico
Personémus mirífico,
Voce plena.
  
Clama petens suffrágia,
Ejus sequens vestígia,
Plebs egéna.
  
Sed tu Pater pie, bone,
Pastor gregis, et patróne,
Prece semper sédula, 
   
Apud cúriam summi Regis,
Derelícti vices gregis
Comménda per sǽcula.
Amen. Allelúja.


  

1. Resuene en los Coros celestiales una nueva armonía, al son de un cántico nuevo.

2. Concuerde con ella la melodía. de nuestro Coro de la tierra, celebrando a Domingo.

3. Del Egipto de este inmenso mundo llama, el Hacedor del universo a este varón, forjado según su corazón.

4. Embarcado en la cestilla de la pobreza, atraviesa el río de las vanidades, para lanzarse a la salvación de los pueblos

5. Este predicador del universo le es mostrado por el cielo a su madre, antes de nacer, en figura de un cachorrillo.

6. Llevando en la boca una antorcha, exhorta a los pueblos al precepto de la caridad.

7. Este es el nuevo legislador, éste el émulo de Elías, el enemigo de todo mal.

8. Como otro Sansón ahuyenta las zorras, y con la trompeta de Gedeón pone en fuga a los ejércitos enemigos.

9. Viviendo él todavía, resucita de entre los muertos a un hijo y se lo devuelve vivo a su madre.

10. Con la señal de la cruz hace cesar la lluvia, y alimenta a la Comunidad con pan enviado por Dios.

11. ¡Feliz tú, por quien ya toda la Iglesia, inundada de  gozo, es exaltada!

12. Llena el mundo de la semilla de su palabra, y él, por fin, va a ocupar su lugar entre los coros de los bienaventurados.

13. El grano yace oculto, y la estrella se esconde en la penumbra; pero el Creador de todos

14. hace pulular los, huesos de José y resplandecer la estrella, para salvación de los pueblos.

15. ¡Oh, cómo denuncia, la fragancia de su sepulcro, la frescura y lozanía de su cuerpo, oloroso sobre todos los perfumes!

16. Acuden los enfermos y son curados, ven los ciegos, los tullidos sanan al conjuro de sus virtudes.

17. Por lo mismo, cantemos loores, a cuello en grito, al admirable Domingo.

18. Clama ¡oh pueblo indigente! pidiéndole socorro, y siguiendo sus pisadas.

19. Y tú  ¡oh, Padre clemente, buen pastor de tu grey, y patrono!, con oración siempre solicita,

20. encomienda eternamente, ante el trono del Rey altísimo, los intereses de tu grey desamparada.

Amén. Aleluya.

Versión en español tomada del Misal Diario para América 
del P.  Andrés Azcárate OSB 
(Editorial Guadalupe, Buenos Aires, 1956)

Misal Diario para América
del padre Andrés Azcárate


6 de agosto de 2026

Fiesta de la Transfiguración del Señor

 

En la misa de la  Fiesta de la Transfiguración del Señor, que se celebra hoy, se lee este texto evangélico (Lc    9, 28b-36):


Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante. Y dos hombres conversaban con Él: eran Moisés y Elías, que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén. 

Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con Él.

Mientras estos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Él no sabía lo que decía. Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo». Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo.

Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto.

El cuadro que fotografiamos en la Basílica de la Piedad reúne todos los elementos del texto: Jesús con blancas vestiduras, Moisés y Elías a sus lados, los tres apóstoles somnolientos y confundidos, el paisaje montañoso... y también, en la parte superior, la palabra del Padre: "Ipsum audite", "Escúchenlo".

Antífona de entrada     Cf. Mt 17, 5

En una nube luminosa se apareció el Espíritu Santo,
se oyó la voz del Padre: Éste es mi Hijo muy querido,
en quien tengo puesta mi predilección, escúchenlo.


Oración colecta

Dios nuestro,
que en la transfiguración gloriosa de tu Hijo unigénito
confirmaste los misterios de la fe
con el testimonio de los profetas
y prefiguraste admirablemente
la perfecta adopción como hijos tuyos,
concédenos que, escuchando la voz de tu Hijo amado,
merezcamos ser coherederos suyos.
Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.

4 de agosto de 2026

4 de agosto: San Juan María Vianney

 




En un retablo lateral de la Catedral de Quilmes se venera la imagen del Cura de Ars que ilustra esta entrada. La fotografiamos en mayo de 2024.

2 de agosto de 2026

Domingo XVIII Durante el Año



Hoy se proclama en la misa el siguiente fragmento del Evangelio según San Mateo    (14, 13-21) 

    Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, sanó a los enfermos.

    Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos».

    Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos».

    Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados».

    «Tráiganmelos aquí», les dijo.

    Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.

    Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Se trata de uno de los relatos de la multiplicación de los panes (significativamente presente en los cuatro evangelios), magistralmente representada en la porteña iglesia San Jorge del Patriarcado Ortodoxo de Antioquía.

31 de julio de 2026

31 de julio: San Ignacio de Loyola

En esta Memoria de San Ignacio de Loyola (Solemnidad en la Compañía de Jesús) transcribimos la Antífona de Entrada y la Colecta de su Misa propia.  

Las fotografías son del magnífico retablo mayor de la iglesia de la Compañía en Córdoba, donde, entre otras imágenes, aparece (en la parte de abajo, a la izquierda) la de San Ignacio (que se aprecia mejor en la última foto). 


Antífona de Entrada 

                        Cfr. Flp 2, 10-11

Que al nombre de Jesús toda rodilla se doble,

en el cielo, en la tierra, en los abismos,

y que toda lengua proclame

que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.



Oración Colecta

Dios nuestro,

que suscitaste en tu Iglesia a San Ignacio de Loyola

para extender la mayor gloria de tu nombre,

concédenos que, luchando en la tierra,

con su auxilio y a imitación suya,

merezcamos ser coronados, con él, en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,

que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo

y es Dios por los siglos de los siglos.



Las fotos las tomamos en 2019 y en 2025. Es la primera vez que en este blog aparece la iglesia de la Compañía en la ciudad de Córdoba.