Al ritmo del Año Litúrgico

27 de noviembre de 2021

27 de noviembre: Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa

Apenas tres meses después de su ingreso en la Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul (Vicentinas) en París, la joven Catalina Labouré recibió la visita de la Santísima Virgen, en la capilla privada de la Casa Madre de las Hermanas.

La primera aparición tuvo lugar en la noche del 18 de julio de 1830. Un ángel en forma de niño despertó a Catalina diciéndole: "La Virgen te espera en la Capilla". La joven siguió al ángel y en la Capilla tuvo un afectuoso diálogo con  María, que entre otras cosas  le dijo: "Dios quiere confiarte una misión. Tendrás que sufrir mucho. Pero no tengas miedo". Y añadió: "Vengan a los pies de este altar; aquí las gracias se derramarán sobre todas las personas que las pidan llenas de confianza y con fervor".

El 27 de noviembre de 1830 la Virgen Inmaculada se le apareció nuevamente a Sor Catalina en la Capilla, durante la oración de la tarde. La manifestación celestial se presentó en diversos "momentos":

En primer lugar, María se presenta de pie sobre una semiesfera terrestre, aplastando con sus pies a una serpiente. Entre sus manos, a la altura del pecho, sostiene una pequeña esfera dorada que eleva y ofrece a Dios. En ese momento la Virgen bajó su mirada a los ojos de Sor Catalina, que comprendió que la pequeña esfera representaba  al mundo y a todos los hombres, a quienes María tiene siempre muy cerca de su corazón.

En una segunda escena, unos rayos de luz salen de las manos de María e iluminan el globo de la tierra sobre los que se asientan sus pies. Catalina oye una voz que le dice: "Estos rayos son símbolo de las gracias que María alcanza a cuantos se las piden".  Después, en torno a la Virgen se forma un óvalo a la manera de medalla. Y Catalina observa cómo se inscribe en letras de oro una invocación a la Inmaculada Concepción, desconocida hasta entonces: "Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Vos".

Luego la Medalla hace un giro y Catalina ve el reverso. En la parte superior, una cruz corona la inicial del nombre de María. Debajo hay dos corazones: uno rodeado de espinas y el otro atravesado por una espada. En ese momento Catalina escucha claramente las palabras que detallan y explican la misión que la Santísima Virgen María quería conferirle: "Haz acuñar una medalla según este modelo. Las gracias serán abundantes para las personas que la lleven con confianza".

La memoria de la Virgen de la Medalla Milagrosa se celebra en el aniversario de la mencionada aparición. La imagen cuya foto compartimos la tomamos en 2019 en la iglesia de San Francisco Solano de la ciudad de Santiago del Estero.

¡Oh María sin pecado concebida, 

ruega por nosotros que recurrimos a Vos!

25 de noviembre de 2021

Jueves de la Semana XXXIV Durante el Año

En los años impares, la Primera Lectura del jueves de la última semana del Año Litúrgico es la siguiente: 
En aquellos días, unos hombres espiaron a Daniel y lo sorprendieron orando y suplicando a su Dios. Entonces fueron a decirle al rey:
—«Majestad, ¿no has firmado tú un decreto que prohíbe hacer oración, durante treinta días, a cualquier dios o cualquier hombre fuera de ti, bajo pena de ser arrojado al foso de los leones?».
El rey contestó:
—«El decreto está en vigor, como ley irrevocable de medos y persas».
Ellos le replicaron:
—«Pues Daniel, uno de los deportados de Judea, no te obedece a ti, majestad, ni al decreto que has firmado, sino que tres veces al día hace oración a su Dios».
Al oírlo, el rey, todo sofocado, se puso a pensar la manera de salvar a Daniel, y hasta la puesta del sol hizo lo imposible por librarlo.
Pero aquellos hombres le urgían, diciéndole:
—«Majestad, sabes que, según la ley de medos y persas, un decreto o edicto real es válido e irrevocable».
Entonces el rey mandó traer a Daniel y echarlo al foso de los leones.
El rey dijo a Daniel:
—«¡Que te salve ese Dios a quien tú veneras tan fielmente!».
Trajeron una piedra, taparon con ella la boca del foso, y el rey la selló con su sello y con el de sus nobles, para que nadie pudiese modificar la sentencia dada contra Daniel.
Luego el rey volvió a palacio, pasó la noche en ayunas, sin mujeres y sin poder dormir.
Madrugó y fue corriendo al foso de los leones. Se acercó al foso y gritó afligido:
—«¡Daniel, siervo del Dios vivo! ¿Ha podido salvarte de los leones ese Dios a quien veneras tan fielmente?».
Daniel le contestó:
—«¡Viva siempre el rey! Mi Dios envió su ángel a cerrar las fauces de los leones, y no me han hecho nada, porque ante él soy inocente, como tampoco he hecho nada contra ti».
El rey se alegró mucho y mandó que sacaran a Daniel del foso. Al sacarlo, no tenía ni un rasguño, porque había confiado en su Dios.
Luego mandó el rey traer a los que habían calumniado a Daniel y arrojarlos al foso de los leones con sus hijos y esposas. No habían llegado al suelo, y ya los leones los habían atrapado y despedazado.
Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas de la tierra:
—«¡Paz y bienestar! Ordeno y mando que en mi imperio todos respeten y teman al Dios de Daniel. Él es el Dios vivo que permanece siempre. Su reino no será destruido, su imperio dura hasta el fin. Él salva y libra, hace signos y prodigios en el cielo y en la tierra. Él salvó a Daniel de los leones».

(Daniel     6, 12-28)
La imagen del profeta Daniel junto a un león, que claramente evoca el texto bíblico que acabamos de leer, está en la iglesia de la Inmaculada Concepción de Belgrano.

22 de noviembre de 2021

22 de noviembre: Santa Cecilia

 

En la Memoria de Santa Cecilia, visitamos una vez más la Basílica Nacional de Nuestra Señora de Luján. Un hermoso y colorido vitral recuerda y rinde homenaje a la santa.

El Martirologio Romano dice de esta virgen y mártir que, «según la tradición, consiguió la doble palma por amor a Jesucristo en el cementerio de Calixto, en la vía Apia de Roma. El título de una iglesia en el Transtíber romano lleva desde antiguo su nombre».

Por las más antiguas referencias históricas, se puede inferir que su memoria ya se celebraba en la iglesia romana en el siglo IV, aunque su nombre aparece en fechas diferentes. La fiesta de la Cecilia mencionada el 22 de noviembre, día en el cual es celebrada en la actualidad, era la que correspondía al templo dedicado a ella en el barrio del Trastévere, en Roma, como lo señala el elogio del actual Martirologio. 

Las actas de su martirio proceden del siglo V y han sido transmitidas en numerosos manuscritos. Nos informan que Cecilia, una virgen de familia senatorial, cristiana desde su infancia, fue dada en matrimonio por sus padres a un noble joven pagano, Valeriano. Tras la celebración del matrimonio, Cecilia le contó a su esposo que ella estaba comprometida con un ángel que celosamente guardaba su cuerpo, por lo que Valeriano no debía violar su virginidad. Como Valeriano deseaba ver al ángel, Cecilia lo mandó a un sitio determinado, donde se encontró con el Papa Urbano. Valeriano fue bautizado por el pontífice y regresó a su casa convertido en  cristiano. Luego Tiburcio, el hermano de Valeriano, también se convirtió. Los hermanos hicieron obras de caridad y enterraron los cuerpos de muchos que habían muerto por Cristo; por ello fueron condenados a muerte. Más tarde también Cecilia fue buscada por los funcionarios para darle fin; después de una gloriosa profesión de fe, fue condenada a morir ahogada en el baño de su propia casa. Pero, como permanecía ilesa, el prefecto romano la hizo decapitar allí mismo. El verdugo la golpeó con su espada tres veces sin lograr su objetivo,  por lo que huyó, dejando a la virgen bañada en sangre. Cecilia vivió tres días más, hizo disposiciones en favor de los pobres y ordenó que, tras su muerte, su casa fuera dedicada como templo. Urbano I la enterró entre los obispos y los confesores, en la catacumba de Calixto. Allí, en tiempos modernos, en una cripta cercana a la de los papas, fue encontrado un nicho vacío en una de las paredes, que se supone que tal vez vez contuvo el sarcófago con los restos de la santa. Precisamente entre los frescos que adornan la pared del sepulcro, aparece la figura de una mujer ricamente vestida, y el Papa Urbano. 

El relato carece de valor histórico, pero la existencia misma de Cecilia y los otros mártires mencionados en las actas no puede ser puesta razonablemente en duda.  

La iglesia del Trastévere fue reconstruida por Pascual I en el siglo IX. El Papa deseaba trasladar allí las reliquias de la santa; al principio, sin embargo, no pudo encontrarlas. Pero Cecilia se le apareció en una visión, exhortándolo a continuar la búsqueda, porque había estado  muy cerca de encontrarla. El Papa renovó la búsqueda y finalmente el cuerpo de la mártir, cubierto con adornos de oro y con su ropa empapada en sangre, fue encontrado en la catacumba de Pretextato. Se supone que los restos debieron ser llevados allí desde la catacumba de Calixto para salvarlos de los primeros saqueos de los lombardos en las cercanías de Roma. Durante una restauración del templo, en 1599, fue encontrado debajo del altar el sarcófago con las reliquias que el papa Pascual había mandado trasladar.



Ahora bien: no hemos dicho nada del aspecto más conocido de Santa Cecilia, su condición de Patrona de la música.  

Desde el siglo XIV, aproximadamente, a Cecilia se le asigna  como atributo un órgano o se la representa tocando un instrumento musical.   

En el vitral que vemos en esta entrada, se ve a Cecilia con instrumentos musicales. En el medallón inferior incluso se lee un fragmento del salmo 95: «Cantate Domino et benedicite nomine ejus», «Canten al Señor y bendigan su Nombre».



¿De dónde procede este patronazgo?

1) Una teoría habla de un error en la traducción de un fragmento de las actas de Cecilia.

En la escena de la boda dice el relato: «Cantantibus organis Caecilia virgo in corde suo soli Domino decantabat dicens: Fiat, Domine, cor meum, et corpus meum inmaculatum, ut non confundar»: «Mientras sonaban los instrumentos, Cecilia en su corazón sólo a Dios salmodiaba, diciendo: «“Haz, Señor, mi corazón y mi cuerpo inmaculados, para que no quede confundida”». Interpretando que Cecilia tocaba un instrumento musical ("organum", singular de "organis", significa instrumento, y no el órgano actual, que no existía),  creyeron que ejecutaba música y le asignaron el patronazgo.

2) Sin embargo, otra teoría señala que en el siglo XVI -época de la que procede el patronazgo- interpretaron correctamente que Cecilia, desdeñando la música "profana" de la boda, sólo se preocupaba por la música "celestial", que entonaba «in corde suo», en su corazón; allí radica el verdadero y más profundo motivo de que Cecilia sea invocada como Patrona de la música. 

De ahí procedería, paradójicamente, la representación de Cecilia tocando instrumentos: no porque lo hiciera en su vida real, sino porque, al ser proclamada Patrona de la música por motivos "espirituales", era lógico que se la mostrara ejecutando música.

3) Una tercera interpretación señala que quizás el texto original hubiera sido malinterpretado por completo. El texto original, en vez decir: «Cantantibus organis...» ("mientras sonaban los instrumentos") quizás decía «Candentibus organis...» ("mientras se calentaban los instrumentos": en este caso los de tortura). Esta teoría es menos sólida, porque la frase aparece en el contexto de la boda, y no del martirio.

Oración Colecta:

Dios nuestro,
que todos los años nos alegras
con la celebración de Santa Cecilia;
concédenos imitar sus ejemplos
y anunciar las maravillas de Cristo, tu Hijo,
reflejadas en la vida de tus santos.
Él que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.

17 de noviembre de 2021

17 de noviembre: San Roque González de Santa Cruz

Se celebra hoy la memoria de los tres mártires rioplatenses Roque González de Santa Cruz, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo; en esta entrada,  sin embargo, nos concentraremos en el primero de ellos. Recogimos la información  del sitio oficial de los jesuitas en el Paraguay; las fotos las tomamos en enero de 2019 en la parroquia Cristo Rey de la ciudad de Asunción.


«El primer santo paraguayo, Roque González de Santa Cruz, nació en Asunción en el año 1576. Durante los primeros años de su vida aprendió a hablar el guaraní y a trabajar el campo. Ambas cualidades le fueron de gran utilidad en su ulterior labor evangelizadora. A los 23 años recibió la ordenación sacerdotal siendo uno de los primeros sacerdotes diocesanos ordenados en la región de Río de la Plata.

Al inicio, su labor pastoral se centró en la atención a los indígenas, a quienes amaba entrañablemente. Ocho años más tarde fue nombrado párroco de la catedral de Asunción. Su abnegada dedicación a los demás, junto con su espíritu práctico le mereció el cargo de provisor y vicario general de todo el obispado.

Sin embargo, en medio de estos reconocimientos, el P. Roque experimentaba una gran nostalgia por su labor con los indígenas. Así, el 9 de mayo de 1609 abandonó sus cargos y privilegios para ingresar en el noviciado de la Compañía de Jesús. La decisión no estuvo exenta de fricciones, especialmente con sus familiares que pertenecían a la clase privilegiada de la colonia (el hermano del P. Roque era teniente general y gobernador de Asunción).

Su ingente labor misionera comenzó en la reducción de “San Ignacio de Loyola”. En ella los aborígenes aprendían trabajos manuales y las primeras letras, y se les instruía en la doctrina católica. Los misioneros llevaban la paz de Cristo a esos territorios, respetando las tradiciones culturales de los nativos y compartiendo con ellos el mensaje de Cristo. El P. Roque era el alma de la vida litúrgica y religiosa de la reducción; pero también –sin descuidar la cura de almas un solícito promotor de su vida económica y social. Su anhelo de llevar el evangelio a sus “nuevos hijos”, como él solía llamarlos, le llevó a emprender la fundación de 10 reducciones más.

A pesar del bien que los misioneros realizaban en la región, su labor no dejó de inquietar a los hechiceros, que veían en ellos una amenaza para sus intereses. En noviembre de 1628, mientras el P. Roque y otro sacerdote, el P. Alfonso Rodríguez, trabajaban en la reducción de Todos los Santos del Caaró, un hechicero llamado Nezú organizó una revuelta. En ella los indígenas asesinaron a los misioneros con sus italaás -una especie de hacha- y entregaron sus cuerpos a las llamas. Los asaltantes quemaron el cuerpo del P. Roque». Para gran asombro de los asesinos, a pesar de que el cuerpo estaba quemado, «su corazón milagrosamente permaneció intacto».

El corazón incorrupto de Roque fue llevado a Roma para una revisión; volvió a América en 1928 y fue venerado por un tiempo en la iglesia del Salvador en Buenos Aires. Actualmente la reliquia de San Roque González de Santa Cruz se encuentra en la Parroquia Cristo Rey de Asunción.




En 1934, Roque González y sus compañeros Alonso Rodríguez y Juan del Castillo fueron beatificados por el Papa Pío XI.  
El 16 de mayo de 1988 el Papa Juan Pablo II, durante su visita al Paraguay, canonizó a los tres jesuitas. 




«El corazón incorrupto del padre Roque González de Santa Cruz constituye una imagen elocuente del amor cristiano, capaz de superar todos los límites humanos, hasta los de la muerte».
(San Juan Pablo II, Homilía en la misa de la canonización, 16 de mayo de 1988)

16 de noviembre de 2021

16 de noviembre: Nuestra Señora de la Salud


En el barrio porteño de Versalles, cada 16 de noviembre, se venera a la Patrona del vecindario, Nuestra Señora de la Salud. Visitamos el templo parroquial el Domingo de Pascua, y entonces tomamos las fotos que publicamos hoy.


Una imagen de la Virgen, entronizada en la basílica romana dedicada a San Cosme y San Damián, era conocida como "Virgen del Saludo" porque San Gregorio Magno, antes de ser elegido Papa, pasaba diariamente a saludarla.   Luego se la llamó "de la Salud", porque su culto estaba vinculado con el de los dos santos médicos en cuyo templo se encontraba -y se encuentra todavía- la venerada imagen.

Pero la devoción llegó a la Argentina desde otro lugar de Italia, desde el pueblo de Molinara, en la provincia italiana de Benevento. 

En 1927, el padre Juan Vicente Emmanuele, de origen italiano pero radicado en la Argentina, le ofreció al entonces Vicario General de Buenos Aires, Santiago Luis Copello, una imagen de Nuestra Señora de la Salud, copia auténtica de la que se veneraba en Molinara, su pueblo natal, si él se dignaba fundar una parroquia bajo ese título. Monseñor Copello aceptó la propuesta, por lo que el padre Emmanuele encargó en Molinara una reproducción fiel de la venerada imagen. Un escultor de Nápoles se encargó de la obra, y unos meses después la imagen llegaba a Buenos Aires. Fue trasladada a Versalles, donde se construyó primero un sencillo oratorio. 

La parroquia fue erigida oficialmente en 1932, y su primer párroco fue el padre Julio Meinvielle.

Fue la iniciativa del padre Meinvielle la que permitió que se levantara el templo actual de Nuestra Señora de la Salud, en el predio entonces utilizado por los scouts de la parroquia, que era un amplio galpón de chapa sobre la calle Bruselas.

El proyecto del edificio -ubicado en la esquina de Marcos Sastre y Bruselas- correspondió al arquitecto Federico Ruiz Guiñazú, autor también del templo de la parroquia Sagrada Eucaristía. La piedra fundamental fue colocada en abril de 1947 y el templo fue consagrado el 21 de noviembre de 1953.

El célebre Julio Meinvielle fue párroco hasta 1950. Falleció en 1973, y sus  restos fueron trasladados en 1998 al atrio de "su" iglesia parroquial, donde descansan actualmente.


En el templo de  Versalles puede leerse esta placa con una oración a Nuestra Señora de la Salud, con la que cerramos esta entrada.

13 de noviembre de 2021

13 de noviembre: San Diego de Alcalá

El magnífico templo salteño conocido normalmente con el nombre del convento anexo de San Francisco de Asís, está consagrado en realidad a San Diego de Alcalá, como ya hemos tenido ocasión de explicarlo. Fue elevado a la dignidad basilical en 1997.


En el retablo principal de la Basílica, la imagen de San Diego de Alcalá ocupa, como es lógico, el lugar central y superior, como lo vemos en las fotos.


Una publicación oficial del templo dice:

El retablo central «es de mampostería y de estilo neo-renacentista». «Preside el nicho central la imagen de la Inmaculada (...) Arriba de esta imagen, en el centro, se encuentra San Diego de Alcalá, titular de la Basílica. El santo, realizado en tela encolada, está de pie vestido con el hábito de la orden; en su mano izquierda sostiene una cruz de madera y lleva una aureola también de madera». La imagen fue  confeccionada en Salta en el siglo XIX. San Diego de Alcalá es el «primer franciscano no sacerdote (hermano lego) en subir a los altares. Su fiesta se celebra el 13 de noviembre».

En un blog oficial de los Frailes Menores, en el lugar correspondiente del Propio de la familia franciscana, se dice que Diego «nació en San Nicolás del Puerto (Sevilla) hacia 1400. Desde muy joven abrazó la vida eremítica, entregándose a la oración y al trabajo. Ingresó en la Orden Franciscana y se dedicó a los oficios más humildes. En 1441 partió como misionero a las Canarias, donde llegó a ser superior, pero se vio abrumado de dificultades. En 1450 se trasladó a Roma, donde con su oración curó a muchos apestados. Vuelto a España, el 12 de noviembre de 1463 falleció en Alcalá de Henares, donde se veneran sus reliquias».

En la Bula Rex regum, para la canonización de Diego de Alcalá, Sixto V se refiere al «humilde siervo de Dios Diego de Alcalá, hijo de la gran familia de los Frailes Menores de nuestro Padre San Francisco, nacido el siglo pasado en España, y cuyo recuerdo aún se conserva fresco en la memoria de nuestros progenitores». 

Y añade el pontífice: «Este varón santo despreció toda sabiduría humana, como lo hicieron los primeros maestros y príncipes de la Iglesia, y se desprendió de toda riqueza perecedera, escogiendo libremente la necedad del mundo y profesando en su Orden de hermano lego, para demostrar la abundancia de la gracia de Dios; por su vida admirable de santidad, y con su ejemplo, condujo a muchos por el camino seguro de la salvación, y despertó las conciencias de quienes vivían el sueño de este decrépito y aletargado mundo, pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Por ello, Dios, Padre de bondad, el único que hace maravillas, quiso ensalzar la humildad y pequeñez de su siervo Diego de Alcalá, colmándole de gracias y virtudes, encendiendo en su alma el fuego ardiente del Espíritu; y por su intercesión, multiplicó los prodigios, los signos, los milagros, y el poder sobre el dolor y la enfermedad, tanto durante su vida como después de muerto, extendiendo su nombre glorioso más allá de los confines de la patria que le vio nacer».

Tomé las fotos en la Basílica de San Diego de Alcalá de la ciudad de Salta en julio de 2019.

11 de noviembre de 2021

11 de noviembre: Solemnidad de San Martín de Tours


En el retablo mayor de la Basílica de San Nicolás de Bari, a ambos lados de la imagen de la Virgen de los Desamparados que ocupa el nicho central, hay sendas imágenes de dos santos obispos. El de la izquierda del observador es el Titular del templo; el del otro lado es San Martín de Tours, cuya Memoria (que tiene la categoría de Solemnidad en la ciudad de Buenos Aires, donde escribimos este blog) celebramos hoy.

El Martirologio recuerda al santo de hoy con estas palabras: «Memoria de San Martín, obispo, en el día de su sepultura. Nacido en Panonia, de padres gentiles, siendo soldado en las Galias y aún catecúmeno, cubrió con su manto a Cristo en la persona de un pobre, y luego, recibido el bautismo, dejó las armas e hizo vida monástica en un cenobio fundado por él mismo en Ligugé, bajo la dirección de San Hilario de Poitiers. Después, ordenado sacerdote y elegido obispo de Tours, teniendo ante sus ojos el ejemplo del buen pastor, fundó en distintos pueblos otros monasterios y parroquias, adoctrinó y reconcilió al clero y evangelizó a los campesinos, hasta que fue al encuentro del Señor en Candes».

La imagen que se venera en la Basílica de San Nicolás muestra al Obispo de Tours con un libro en que se lee una frase en latín: «Domine si adhuc populo tuo sum, necesarius non recuso laborem». En la página opuesta se llega a leer la palabra "tua", ya que -como veremos enseguida- la expresión completa concluye con "Fiat voluntas tua".

La frase alude a una expresión atribuida al santo (algunos dicen que se trata de sus últimas palabras).  
San Martín tuvo una revelación acerca de su muerte y la predijo a sus discípulos, los cuales le rogaron con lágrimas en los ojos que no los abandonase. Entonces el santo oró así: “Señor, si tu pueblo me necesita todavía, estoy dispuesto a seguir trabajando. Que se haga tu voluntad


Cuando le sobrevino su última enfermedad, San Martín se hallaba en Candes, un rincón remoto de su diócesis. Murió el 8 de noviembre del 397. El 11 de noviembre es el día en que fue sepultado en Tours.