31 de diciembre de 2018

31 de diciembre: Santa Donata

El 4 de julio mencionamos que los vitrales de las puertas internas de la iglesia de la Inmaculada Concepción de Tandil evocan a cuatro santos muy poco conocidos. 


Ese día mostramos uno de ellos, dedicado a Santa Berta, en el día de su Memoria. Hoy mostraremos un segundo vitral, con la imagen de una tal Santa Donata, evidentemente mártir. Una Santa Donata está inscripta hoy en el Martirologio:

«También en Roma, en el cementerio de los Jordanos, en la vía Salaria Nueva, Santas Donata, Paulina, Rogata, Dominanda, Serótina, Saturnina e Hilaria, mártires (s. inc.)».


Dice El Testigo Fiel: «La existencia de este grupo de santas vírgenes y mártires de Roma viene confirmada por el Martirologio Jeronimiano, que las inscribe el 31 de diciembre, y por el «Liber de locis sanctis martyrum», de la primera mitad del siglo VII. Sus reliquias fueron encontradas junto con las de Alejandro, Vital y Marcial, del 10 de julio, en el cementerio de los Jordanos, en la Vía Salaria Nueva. Su veneración fue promovida por el papa Adriano I (772-795); sin embargo, esto es todo lo que se sabe de ellas, quedándonos en la oscuridad las época y circunstancias de su muerte martirial».


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29 de diciembre de 2018

29 de diciembre: San David

En el Martirologio, además de los santos y beatos de la Iglesia, hay también conmemoraciones de grandes personajes del Antiguo Testamento, venerados como santos. 

«A diferencia de los demás santos del Martirologio, que se inscriben por su «día de nacimiento en el cielo», en este caso desconocemos ese dato, así que la inscripción no tiene que ver con su biografía», sino con su mensaje y su función en la Antigua Alianza. Así, «hacia fin del año litúrgico y comienzos del siguiente se acumulan las celebraciones de profetas», en tanto que  «una vez llegada la Navidad celebramos personajes bíblicos que tienen más inmediata relación con el nacimiento, como hoy el rey David, antepasado, modelo y figura del Cristo. Porque «Cristo» es la palabra griega equivalente a lo que en el hebreo de la Biblia se llama «Mesías», es decir, Ungido, marcado por el aceite que consagra, del cual es el mayor ejemplo el ungido por excelencia, el Rey David».  


Así lo menciona el Martirologio: «Conmemoración de San David, rey y profeta, hijo de Jesé betlehemita, que encontró gracia ante Dios y fue ungido con el santo óleo por el profeta Samuel para regir el pueblo de Israel. Trasladó a la ciudad de Jerusalén el arca del Señor, y Dios le juró que su descendencia permanecería para siempre, porque de él nacería Jesucristo según la carne».

La imagen corresponde al cielorraso de la Basílica de Nuestra Señora del Socorro. Muestra a David con corona real y con uno de sus atributos más frecuentes: un arpa, de la que se sirve para acompañar el canto de los salmos, cuya autoría se le atribuye.

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27 de diciembre de 2018

27 de diciembre: Fiesta de San Juan Evangelista


Como hemos dicho en alguna ocasión, hay algunos santos que están presentes prácticamente en todos los templos. Entre ellos se encuentran los cuatro Evangelistas, que suelen aparecer representados en púlpitos y ambones, junto con, o a través de, sus atributos tradicionales. Es muy común verlos en representaciones conjuntas.

Pero hoy, en la fiesta de San Juan Evangelista, optamos por compartir una imagen que lo muestra sólo a él, y fuera del contexto "tetramórfico" habitual. Además, una de las imágenes que veremos hoy no se encuentra en el interior de un templo sino en el exterior de una escuela, contigua en realidad a la iglesia porteña dedicada en La Boca a San Juan Evangelista, y que es una antigua obra salesiana en Buenos Aires.

En 2006, después de dedicar dos catequesis a «la figura del apóstol San Juan» tratando en la primera de «ver lo que se puede saber de su vida» y, después, de meditar «en el contenido central de su evangelio, de sus cartas: la caridad, el amor», el papa Benedicto XVI dedicó una tercera audiencia a «la figura de San Juan, esta vez considerándolo el vidente del Apocalipsis».  Transcribimos  en su totalidad esta última catequesis:

«Ante todo, conviene hacer una observación: mientras que no aparece nunca su nombre ni en el cuarto evangelio ni en las cartas atribuidas a este apóstol, el Apocalipsis hace referencia al nombre de San Juan en cuatro ocasiones (cf. Ap 1, 1. 4. 9; 22, 8). Es evidente que el autor, por una parte, no tenía ningún motivo para ocultar su nombre y, por otra, sabía que sus primeros lectores podían identificarlo con precisión. Por lo demás, sabemos que, ya en el siglo III, los estudiosos discutían sobre la verdadera identidad del Juan del Apocalipsis. En cualquier caso, podríamos llamarlo también "el vidente de Patmos", pues su figura está unida al nombre de esta isla del mar Egeo, donde, según su mismo testimonio autobiográfico, se encontraba deportado "por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús" (Ap 1, 9).

Precisamente, en Patmos, "arrebatado en éxtasis el día del Señor" (Ap 1, 10), San Juan tuvo visiones grandiosas y escuchó mensajes extraordinarios, que influirán en gran medida en la historia de la Iglesia y en toda la cultura cristiana. Por ejemplo, del título de su libro, "Apocalipsis", "Revelación", proceden en nuestro lenguaje las palabras "apocalipsis" y "apocalíptico", que evocan, aunque de manera impropia, la idea de una catástrofe inminente.


El libro debe comprenderse en el contexto de la dramática experiencia de las siete Iglesias de Asia (Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea) que, a finales del siglo I, tuvieron que afrontar grandes dificultades -persecuciones y tensiones incluso internas- en su testimonio de Cristo. San Juan se dirige a ellas mostrando una profunda sensibilidad pastoral con respecto a los cristianos perseguidos, a quienes exhorta a permanecer firmes en la fe y a no identificarse con el mundo pagano, tan fuerte. Su objetivo consiste, en definitiva, en desvelar, a partir de la muerte y resurrección de Cristo, el sentido de la historia humana.

En efecto, la primera y fundamental visión de San Juan atañe a la figura del Cordero que, a pesar de estar degollado, permanece en pie (cf. Ap 5, 6) en medio del trono en el que se sienta el mismo Dios. De este modo, San Juan quiere transmitirnos ante todo dos mensajes: el primero es que Jesús, aunque fue asesinado con un acto de violencia, en vez de quedar inerte en el suelo, paradójicamente se mantiene firme sobre sus pies, porque con la resurrección ha vencido definitivamente a la muerte; el segundo es que el mismo Jesús, precisamente por haber muerto y resucitado, ya participa plenamente del poder real y salvífico del Padre.

Esta es la visión fundamental. Jesús, el Hijo de Dios, en esta tierra es un Cordero indefenso, herido, muerto. Y, sin embargo, está en pie, firme, ante el trono de Dios y participa del poder divino. Tiene en sus manos la historia del mundo. De este modo, el vidente nos quiere decir: "Tened confianza en Jesús; no tengáis miedo de los poderes que se le oponen, de la persecución. El Cordero herido y muerto vence. Seguid al Cordero Jesús, confiad en Jesús; seguid su camino. Aunque en este mundo sólo parezca un Cordero débil, él es el vencedor".




Una de las principales visiones del Apocalipsis tiene por objeto este Cordero en el momento en el que abre un libro, que antes estaba sellado con siete sellos, que nadie era capaz de soltar. San Juan se presenta incluso llorando, porque nadie era digno de abrir el libro y de leerlo (cf. Ap 5, 4). La historia es indescifrable, incomprensible. Nadie puede leerla. Quizá este llanto de San Juan ante el misterio tan oscuro de la historia expresa el desconcierto de las Iglesias asiáticas por el silencio de Dios ante las persecuciones a las que estaban sometidas en ese momento. Es un desconcierto en el que puede reflejarse muy bien nuestra sorpresa ante las graves dificultades, incomprensiones y hostilidades que también hoy sufre la Iglesia en varias partes del mundo. Son sufrimientos que ciertamente la Iglesia no se merece, como tampoco Jesús se mereció el suplicio. Ahora bien, revelan la maldad del hombre, cuando se deja llevar por las sugestiones del mal, y la dirección superior de los acontecimientos por parte de Dios.

Pues bien, sólo el Cordero inmolado es capaz de abrir el libro sellado y de revelar su contenido, de dar sentido a esta historia, que con tanta frecuencia parece absurda. Sólo él puede sacar lecciones y enseñanzas para la vida de los cristianos, a quienes su victoria sobre la muerte anuncia y garantiza la victoria que ellos también alcanzarán, sin duda. Todo el lenguaje que utiliza San Juan, con intensas imágenes, está orientado a brindar este consuelo.




Entre las visiones que presenta el Apocalipsis se encuentran dos muy significativas: la de la Mujer que da a luz un Hijo varón, y la complementaria del Dragón, arrojado de los cielos pero todavía muy poderoso. Esta Mujer representa a María, la Madre del Redentor, pero a la vez representa a toda la Iglesia, el pueblo de Dios de todos los tiempos, la Iglesia que en todos los tiempos, con gran dolor, da a luz a Cristo siempre de nuevo. Y siempre está amenazada por el poder del Dragón. Parece indefensa, débil. Pero, mientras está amenazada y perseguida por el Dragón, también está protegida por el consuelo de Dios. Y esta Mujer al final vence. No vence el Dragón. Esta es la gran profecía de este libro, que nos infunde confianza. La Mujer que sufre en la historia, la Iglesia que es perseguida, al final se presenta como la Esposa espléndida, imagen de la nueva Jerusalén, en la que ya no hay lágrimas ni llanto, imagen del mundo transformado, del nuevo mundo cuya luz es el mismo Dios, cuya lámpara es el Cordero.

Por este motivo, el Apocalipsis de San Juan, aunque continuamente haga referencia a sufrimientos, tribulaciones y llanto -la cara oscura de la historia-, al mismo tiempo contiene frecuentes cantos de alabanza, que representan por así decir la cara luminosa de la historia. Por ejemplo, habla de una muchedumbre inmensa que canta casi a gritos: "¡Aleluya! Porque ha establecido su reinado el Señor, nuestro Dios todopoderoso. Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su Esposa se ha engalanado" (Ap 19, 6-7). Nos encontramos aquí ante la típica paradoja cristiana, según la cual el sufrimiento nunca se percibe como la última palabra, sino que se ve como un momento de paso hacia la felicidad; más aún, el sufrimiento ya está impregnado misteriosamente de la alegría que brota de la esperanza.



Precisamente por esto, San Juan, el vidente de Patmos, puede concluir su libro con un último deseo, impregnado de ardiente esperanza. Invoca la definitiva venida del Señor: "¡Ven, Señor Jesús!" (Ap 22, 20). Es una de las plegarias centrales de la Iglesia naciente, que también San Pablo utiliza en su forma aramea: "Marana tha". Esta plegaria, "¡Ven, Señor nuestro!" (1 Co 16, 22) tiene varias dimensiones. Desde luego, implica ante todo la espera de la victoria definitiva del Señor, de la nueva Jerusalén, del Señor que viene y transforma el mundo. Pero, al mismo tiempo, es también una oración eucarística: "¡Ven, Jesús, ahora!". Y Jesús viene, anticipa su llegada definitiva. De este modo, con alegría, decimos al mismo tiempo: "¡Ven ahora y ven de manera definitiva!". Esta oración tiene también un tercer significado: "Ya has venido, Señor. Estamos seguros de tu presencia entre nosotros. Para nosotros es una experiencia gozosa. Pero, ¡ven de manera definitiva!". Así, con San Pablo, con el vidente de Patmos, con la cristiandad naciente, oremos también nosotros: "¡Ven, Jesús! ¡Ven y transforma el mundo! ¡Ven ya, hoy, y que triunfe la paz!".  Amén».


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25 de diciembre de 2018

25 de diciembre: San Pedro Nolasco

Según algunos biógrafos, Pedro Nolasco murió en la Navidad de 1256. La versión del Martirologio que usamos en este blog recoge su Memoria justamente en este día,  aunque señala el año 1258. 

«En Barcelona, en España, San Pedro Nolasco, presbítero, quien con San Ramón de  Penyafort y el rey Jaime I de Aragón fundó, según se cree, la orden de la Bienaventurada María de la Merced, para la redención de los cautivos. Se entregó ardientemente con trabajo y esfuerzo a procurar la paz y a liberar del yugo de la esclavitud a los cristianos, en tiempo de los infieles (1258)».

Sin embargo, dista de haber unanimidad en este punto. El libro "Todos los santos" afirma que murió el 6 de mayo de 1249; el 6 de mayo es el día en que lo celebra, como Solemnidad, la Orden de la Merced por él fundada. El "Misal Diario para América" (1946) trae su memoria el 28 de enero, pero dice: «Murió el 25 de diciembre de 1256. Hasta hace poco se celebraba su fiesta el 31 de enero»; el "Diccionario de los Santos", sin mencionar la fecha de su muerte, dice escuetamente: «Fiesta, 30 de octubre».  


En realidad, casi todo lo relacionado con la fundación de la Orden de la Merced está envuelto en la incertidumbre; también los datos biográficos de nuestro santo de hoy. Como fuere, le dedicamos esta entrada mediante las imágenes de un vitral en el templo parroquial porteño de Nuestra Señora de las Mercedes.  Al hacerlo, entendemos también estar rindiendo homenaje al VIII Centenario de la fundación de la Orden Mercedaria, cumplido en agosto de este año.


Prefacio propio del santo en el Calendario Litúrgico propio de la Orden de la Merced 
(para la Solemnidad del 6 de mayo):

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Porque nos concedes la gracia de celebrar con gozo inmenso
la (solemnidad/conmemoración) 
de San Pedro Nolasco, 
(nuestro Padre fundador),
y cantar las maravillas de tu amor en favor suyo.

Por un designio de tu admirable bondad y providencia
y por medio de la Virgen María,  Madre de Misericordia,
le inspiraste misteriosamente,
que a imitación de la caridad de tu Hijo,
se dedicase a la liberación de los fieles cautivos,
dispuesto a ofrecerse como rehén y aún a dar la vida por ellos.

Así lo constituiste heraldo de tu benevolencia
y portador de celestial  consuelo y esperanza.

Por eso con todos los ángeles y santos
entonamos tu alabanza, 
y te glorificamos diciendo:

Santo, Santo, Santo...

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17 de diciembre de 2018

17 de diciembre: San Juan de Mata

Pocos datos históricamente seguros tenemos acerca de la vida de San Juan de Mata: Procedía de Provenza, era un hombre piadoso, fundó a fines del siglo XII la Orden Trinitaria para la redención de cautivos -la cual fue aprobada por el Papa Inocencio III-, y murió en Roma el 17 de diciembre de 1213. Pero fuera de esto sabemos muy poco con certeza histórica.

Según la tradición, sintió la vocación sacerdotal y fue ordenado presbítero en París; durante su primera misa sintió una especial inspiración de Dios para dedicarse a la tarea de rescatar esclavos cristianos esclavos de los musulmanes. 

Antes de acometer esa empresa, consultó a San Félix de Valois, quien no sólo estuvo de acuerdo con su plan de rescatar cristianos que estuvieran cautivos de los musulmanes, sino que se unió a él en la tarea.  Ambos fueron a ver al Papa Inocencio III, quien dio su consentimiento.  La aprobación definitiva de la nueva orden, que tomó el nombre de Orden de la Santísima Trinidad  tuvo lugar el 17 de diciembre de 1198. 

El lema de la orden es "Gloria a ti, Trinidad, y a los cautivos libertad". El símbolo peculiar, una cruz griega con el travesaño vertical rojo y el horizontal azul.

En los años que siguieron, los dos santos fundaron otros conventos en Francia y en Italia, y enviaron a varios de sus religiosos a liberar cautivos, con notable éxito. 

Otros detalles de prodigios y grandes obras, como es habitual, acompañan la biografía de San Juan de Mata, quien murió en Roma el 17 de diciembre de 1213: el aniversario de la bula que había aprobado la orden por él fundada. Su culto "inmemorial" fue aprobado en 1666, lo que equivale a una canonización.

La Orden de la Santísima Trinidad atiende en Buenos Aires ad nutum Sanctae Sedis una parroquia de igual nombre, en cuyo templo, ubicado en Cabildo al 3600, se encuentra la imagen que ilustra esta entrada.

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11 de diciembre de 2018

11 de diciembre: Santa María Maravillas de Jesús

En el altar dedicado a la Virgen del Carmelo en la Basílica de San Ponciano, en La Plata, se exhibe un cuadro con una imagen de Santa María Maravillas de Jesús, cuya Memoria se celebra hoy.


Como tomamos la foto en La Plata, es justo que cedamos la palabra al Arzobispo de esa ciudad, que se refirió a la santa en el Carmelo “Regina Martyrum y San José”, el día de su canonización (4 de mayo de 2003):

«Maravillas es un nombre luminoso,  deslumbrante, que evoca cosas y sucesos admirables, que indica exquisitez y primor.  (...) Fue el nombre de bautismo de María de las Maravillas Pidal y Chico de Guzmán, Mon y Muñoz, no sé qué y Belmonte, como ella misma dijo con humor, tomando en solfa su abolengo. Es un título mariano; se le impuso ese nombre por la devoción que su madre profesaba a Nuestra Señora de las Maravillas, patrona de un pueblo murciano donde tuvo origen la familia.


Maravillas es también un nombre bíblico. Los autores del Antiguo Testamento se prodigan en proclamar las maravillas de Dios. (...) Las maravillas de Dios alcanzan su culminación y plenitud en la Nueva Alianza, en la persona del Hijo, hecho hombre por nosotros, en su palabra, sus signos milagrosos, su exaltación en la cruz y en la resurrección.  (...) 

De todos los santos puede decirse que son maravillas de Jesús; maravillas pueden llamarse las proezas que el Señor continúa obrando en ellos. Hoy la Iglesia ha reconocido y proclamado definitivamente que, en efecto, las realizó abundantes en la persona y en la vida de aquella mujer que, al entrar al Carmelo, conservó el nombre que le fue otorgado en el bautismo, pero que refirió con exquisita precisión a Jesús y a la alianza nupcial celebrada con él. Ese nombre, Maravillas de Jesús, es ya el nombre nuevo grabado en una piedrecita blanca, que sólo puede gustar aquel que lo recibe (cf. Apocalipsis 2, 17), señal de un nuevo ser y de una elección eterna.

La Madre Maravillas, andariega y mística, experimentó las profundidades del misterio de Dios sin evadirse de las realidades cotidianas a cuyo trato la sometía su vocación de fundadora. (...) Maravillas de Jesús fueron las armonías plasmadas progresivamente en ella, que hermanaban una aguda conciencia de pecado y de la propia miseria con la inocencia bautismal intacta; la alegría, el buen humor, el gracejo y atrevimiento en el decir con los abismos, desiertos y soledades de las noches místicas; la libertad de espíritu, la magnanimidad y el carisma del gobierno con la humildad, la pobreza evangélica y la continua penitencia; el amor exclusivo al Señor y la opción irrevocable por lo único necesario, con un afecto tan grande y tierno por su familia, los pobres y la patria, expresado con delicadeza y cortesía.



En el día de su canonización damos gracias a Dios por ella. ¡Te damos gracias, Señor, te damos gracias: los que invocan tu Nombre narran tus maravillas! (Salmo 74,2). Con el Salmista reconocemos, admirados, la obra de la nueva creación de la gracia y del Espíritu: ¡Cuántas maravillas has realizado, Señor, Dios mío! (Salmo 39, 6). ¡Qué profundidad y qué altura alcanzan ahora en los santos, obras maestras de Cristo, aquellos viejos versos bíblicos! ¿Qué puede sugerirnos esta celebración gozosa? ¿Qué fruto podemos esperar de nuestra participación en el júbilo que hoy experimenta la Iglesia? Ante todo, que en nosotros vuelva a encenderse, y con vigor, el deseo de Dios, y resurja luminosa la conciencia de nuestra vocación de santidad. La Madre Maravillas escribió: «Es de veras un dolor que se pase la vida sin procurar imitar a Cristo». Quiera Dios se nos ahorre tal dolor; que no se nos vaya distraídamente la existencia sin empeñarnos con seriedad y coherencia en ser lo que somos, en dejar que el Padre verifique en nosotros la idea que de nosotros concibió, porque él nos ha elegido en Cristo, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor (Efesios 1, 4) (...)».



María de las Maravillas de Jesús Pidal y Chico de Guzmán nació en Madrid el 4 de noviembre de 1891. Ingresó en el Carmelo de El Escorial el 12 de octubre de 1919. En 1924 fundó un monasterio de Carmelitas Descalzas en El Cerro de los Ángeles, junto al monumento del Corazón de Jesús. En 1933 participó en la fundación de un convento de carmelitas en Kottayam, en India. Fundó además otros diez Carmelos en España. Murió el 11 de diciembre de 1974. Fue beatificada por San Juan Pablo II en 1998, y canonizada por el mismo papa en Madrid, el 4 de mayo de 2003.

Tomé las fotos en julio de 2017.

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10 de diciembre de 2018

10 de diciembre: Nuestra Señora de Loreto


Según la tradición, la casa donde María recibió el anuncio del ángel sobre la encarnación, en la que además vivió con Jesús y San José, fue trasladada desde Nazaret a Tarseto (en Dalmacia, Croacia), por el aire, por ángeles, en el año 1291, para ser protegida ante el avance de tropas musulmanas en Tierra Santa. De allí, dos años después, fue llevada nuevamente por el aire a Ancona, y el 10 de diciembre de 1294 llegó a la localidad de Loreto. De esos traslados aéreos procede el patronazgo de la Virgen de Loreto sobre los aviadores. La imagen que vemos hoy se venera, justamente, en una pequeña capilla del Aeropuerto Internacional "Ministro Pistarini" de Ezeiza, y fue bendecida en ese lugar, en 1987, por San Juan Pablo II.





Las Letanías Lauretanas ( = de Loreto ) son la oración más propicia para el día de hoy.

   

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.

Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo, 
Madre de la Iglesia, 
Madre de la divina gracia, 
Madre purísima, 
Madre castísima, 
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada, 
Madre amable, 
Madre admirable, 
Madre del buen consejo, 
Madre del Creador, 
Madre del Salvador, 
Madre de misericordia, 
Virgen prudentísima, 
Virgen digna de veneración, 
Virgen digna de alabanza, 
Virgen poderosa, 
Virgen clemente, 
Virgen fiel, 
Espejo de justicia, 
Trono de la sabiduría, 
Causa de nuestra alegría, 
Vaso espiritual, 
Vaso digno de honor, 
Vaso de insigne devoción, 
Rosa mística, 
Torre de David, 
Torre de marfil, 
Casa de oro, 
Arca de la Alianza, 
Puerta del cielo, 
Estrella de la mañana, 
Salud de los enfermos, 
Refugio de los pecadores, 
Consoladora de los afligidos, 
Auxilio de los cristianos, 
Reina de los Ángeles, 
Reina de los Patriarcas, 
Reina de los Profetas, 
Reina de los Apóstoles, 
Reina de los Mártires, 
Reina de los Confesores, 
Reina de las Vírgenes, 
Reina de todos los Santos, 
Reina concebida sin pecado original, 
Reina asunta a los Cielos, 
Reina del Santísimo Rosario, 
Reina de la familia, 
Reina de la paz.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. 
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.



Te rogamos nos concedas, 
Señor Dios nuestro, 
gozar de continua salud de alma y cuerpo, 
y por la gloriosa intercesión 
de la bienaventurada siempre Virgen María, 
vernos libres de las tristezas de la vida presente 
y disfrutar de las alegrías eternas. 
Por Cristo nuestro Señor. Amén.

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8 de diciembre de 2018

8 de diciembre: Beato Luis Liguda

Además de la grandiosa Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, el Martirologio Romano trae para hoy, naturalmente, muchas otras conmemoraciones, entre ellas la del beato Luis (o Alojzy = Aloiso) Liguda:

«En el campo de concentración de Dachau, cercano a Munich, en Baviera, de Alemania, beato Luis Liguda, presbítero de la Sociedad del Verbo Divino y mártir, que, encarcelado al ser invadida Polonia durante la guerra, fue cruelmente asesinado por los guardias de la prisión, confesando a Cristo hasta la muerte (1942)».

El Calendario Litúrgico propio de la Sociedad del Verbo Divino honra a Luis Liguda en junio, conjuntamente con otros tres mártires de la misma congregación, víctimas también del régimen nazi;  pero aprovechando que el Martirologio lo recuerda hoy, compartimos la imagen (un pequeño póster) que se venera en la Basílica del Espíritu Santo:



El sitio oficial de la SVD en la Argentina aporta esta biografía del beato:

«El P. Aloisio Liguda nació el 23 de enero de 1898. Ingresó a la Congregación en el año 1913. Fue ordenado sacerdote el 26 de mayo de 1927. Obtuvo el título en literatura polaca e historia y publicó varios libros sobre la homilética. Durante la Segunda Guerra Mundial, el P. Aloisio fue Rector de Gorna Grupa. Arrestado, fue primero enviado a Stutthof, luego a Sachsenhausen y finalmente al campo de concentración de Dachau. Fue conducido al terrible bloque 29, reservado a los prisioneros con tuberculosis. Junto con sus compañeros, no fue condenado a morir en las cámaras de gas sino que el 9 de diciembre de 1942 fue ahogado en el tanque de agua del campo».

7 de diciembre de 2018

7 de diciembre: San Ambrosio


La memoria de San Ambrosio, muerto en Milán en  la noche de la Pascua del 4 al 5 de abril del 397, es celebrada en Roma, desde el siglo XI, en la fecha de su ordenación episcopal (7 de diciembre del 374). Desde el siglo XIII Ambrosio es celebrado como uno de los cuatro "Doctores Máximos" de la Iglesia latina, junto con Agustín, Jerónimo y Gregorio Magno.

En el texto a continuación, seguimos en líneas generales a Enzo Lodi en "Los santos del Calendario Romano":

"Nacido en Tréveris de familia romana cristiana hacia el 339 (su padre era prefecto del pretorio de la Galia), Ambrosio era romano de espíritu y por tradición; por eso al morir su padre volvió a Roma con su familia (...), donde estudió derecho y retórica". Como abogado, ocupó importantes cargos civiles en la estructura imperial, sobre todo en Milán.
"Cuando murió el obispo arriano Auxencio, intervino para impedir tumultos; pero fue aclamado improvisamente tras su discurso a favor de la paz. Así, de catecúmeno que era, ocho días más tarde fue bautizado e instruido por el presbítero Simpliciano y por último ordenado obispo (...). Por sus dotes personales, fue consejero de los emperadores Graciano (en Tréveris), Valentiniano II (en Sirmio) y (..) Teodosio I, sabiendo oponerse, empero, con la fuerza incluso, a la emperatriz filoarriana Justina. Reprendió ante el senado al emperador Teodosio, que en el año 390 había realizado una carnicería por venganza en Tesalónica, confirmando la libertad de la Iglesia frente al poder imperial y civil (...). 
Fue apóstol de la caridad, reformador litúrgico (con sus himnos y sus sermones sacramentales como medio de catequesis), formador de almas (convirtió y bautizó a Agustín), promotor y defensor (...) de la virginidad (...), comentador de las Escrituras (especialmente de los textos del Antiguo Testamento y del evangelio de Lucas). 
Dejó una huella indeleble en la Iglesia de Milán. Construyó también dos basílicas, añadidas las seis (o siete) ya existentes, y dio origen al que luego fue llamado rito ambrosiano".   Su vida fue escrita por el diácono Paulino. 


Las fotos que ilustran esta entrada corresponden a una pintura de la efigie del santo que decora las paredes de la iglesia de la Inmaculada Concepción de Belgrano.

2 de diciembre de 2018

¡Feliz Año Nuevo!

Para quienes nos movemos «al ritmo del Año Litúrgico», hoy es el día de Año Nuevo. En efecto, con el Primer Domingo de Adviento da comienzo un nuevo ciclo en que celebraremos, una vez más, «la memoria sagrada de la obra de la salvación realizada por Cristo, en días determinados durante el curso del año» así como «los días natalicios de los Santos» ¹.  Para nuestro blog, será el cuarto año, ya que comenzamos nuestro peregrinar en igual fecha litúrgica de 2015.

Este año, además de imágenes obtenidas en templos argentinos (y, en ocasiones, de países limítrofes), vamos a incorporar estampitas argentinas (o que sean recuerdo de algún acontecimiento celebrado en  nuestro país) escaneadas de entre las que tenemos en nuestra colección personal. 


Recuerdo de la canonización, en 1999, de Héctor Valdivielso Sáez,
"primer santo argentino"
También, uniéndonos al Blog principal de esta familia, incorporaremos escudos episcopales en las fechas que señala el Ceremonial de los Obispos (1167):
«Celébrese cada año en la iglesia catedral, como también en las otras iglesias y comunidades de la diócesis, el día aniversario de la ordenación del Obispo con la Misa por el Obispo, mientras no ocurra un día de los que se incluyen bajo los números 1-6 en la tabla de los días litúrgicos».
Escudo episcopal de monseñor Charbel Merhi,
Eparca de San Charbel en Buenos Aires,
ordenado obispo el 2-12-1990
Y como en el Evangelio del Primer Domingo de Adviento del Ciclo C, Jesús dice que «habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas», cerramos esta entrada introductoria con una imagen que, si bien no representa esa expresión del Señor, muestra al Creador de los astros mencionados.



Se trata de una bella pintura en el templo de la Santísima Trinidad de la Iglesia Ortodoxa Rusa.


⬥⬥⬥⬥


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¹ NORMAS UNIVERSALES SOBRE EL AÑO LITÚRGICO Y SOBRE EL CALENDARIO, n. 1

1 de diciembre de 2018

"Santa María en sábado"

Esta hermosa imagen de la Virgen es venerada
en el templo dedicado a Santa Ana en la ciudad de Tandil.

Con ella celebramos
el último sábado del Tiempo Ordinario
y, por tanto,
la última memoria sabatina de la Bienaventurada Madre de Dios.

Añadimos un fragmento
de la oración que pronunció Su Santidad Benedicto XVI
ante la imagen de la Virgen en la Plaza España de Roma
el 8 de diciembre de 2008:

(...) 
¡Oh Madre Inmaculada, 
que eres para todos signo de segura esperanza y de consuelo, 
haz que nos dejemos atraer 
por tu pureza inmaculada! 
Tu belleza (...) nos garantiza que es posible la victoria del amor; 
más aún, que es cierta; 
nos asegura que la gracia es más fuerte que el pecado y que, por tanto, es posible el rescate de cualquier esclavitud.

Sí, ¡oh María!, tu nos ayudas a creer con más confianza en el bien, 
a apostar por la gratuidad, por el servicio, 
por la no violencia, por la fuerza de la verdad; 
nos estimulas a permanecer despiertos, 
a no caer en la tentación de evasiones fáciles, 
a afrontar con valor y responsabilidad la realidad, con sus problemas. 
Así lo hiciste tú, joven llamada a arriesgarlo todo por la Palabra del Señor.


Sé madre amorosa para nuestros jóvenes, 
para que tengan el valor de ser "centinelas de la mañana", 
y da esta virtud a todos los cristianos para que sean alma del mundo 
en esta época no fácil de la historia.