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24 de abril de 2026

24 de abril: Santas María de Cleofás y Salomé

Leemos hoy en el Martirologio: 
En Jerusalén, conmemoración de las santas mujeres María de Cleofás y Salomé, que junto con María Magdalena, al amanecer del día de Pascua, se dirigieron al sepulcro del Señor para ungir su cuerpo y allí recibieron el primer anuncio de la Resurrección.

Pero, ¿quiénes eran esas dos mujeres?

A la primera la conocemos sólo por una única mención en Jn 19, 25:

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás

De modo que el único dato que poseemos es que era tía de Jesús. 


Por su parte, Marcos (15, 40) afirma que en el momento de la crucifixión

había también allí algunas mujeres que miraban de lejos. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé,

y unos pocos versículos después (16, 1) dice:  

Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé compraron perfumes para ungir el cuerpo de Jesús.


Un vitral en la Iglesia Presbiteriana San Andrés representa la visita de las tres mujeres al sepulcro. Al pie se lee en inglés: ¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado.


Volvamos al Evangelio de la sepultura y la resurrección de Jesús:

En Marcos (16, 1-8)

Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé compraron perfumes para ungir el cuerpo de Jesús. A la madrugada del primer día de la semana, cuando salía el sol, fueron al sepulcro. Y decían entre ellas: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?». Pero al mirar, vieron que la piedra había sido corrida; era una piedra muy grande. Al entrar al sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca. Ellas quedaron sorprendidas, pero él les dijo: «No teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Ha resucitado, no está aquí. Miren el lugar donde lo habían puesto. Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que él irá antes que ustedes a Galilea; allí lo verán, como él se lo había dicho». Ellas salieron corriendo del sepulcro, porque estaban temblando y fuera de sí. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo.

En Lucas (24, 1-11) encontramos la frase que aparece en inglés al pie del vitral:

El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado». 


El vitral tiene su historia, como vemos en esta otra foto que tomamos también en agosto de 2023:

 


7 de abril de 2026

Martes de la Octava de Pascua

"Why weepest thou": así reza la frase en el vitral que hoy compartimos, perteneciente al templo presbiteriano San Andrés, en el centro porteño.


Le preguntamos a una IA (Meta) qué significaba esa frase en inglés antiguo.  Esta fue su respuesta:

"Why weepest thou" se traduce a: "¿Por qué lloras?"

O, en un tono más literario: "¿Por qué te lamentas?"

Aquí está la descomposición de la frase:

- "Why" (hwi) significa "por qué"

- "weepest" (wēpst) es la forma segunda persona del presente de indicativo del verbo "wēpan" (llorar)

- "thou" (þou) es la forma singular de la segunda persona del pronombre personal (tú)

En inglés moderno, la frase sería: "Why are you crying?" o simplemente "Why are you weeping?"

La frase "Why weepest thou" es un ejemplo de la forma en que se expresaban los sentimientos y emociones en la literatura y la poesía del inglés antiguo.

Se encuentra en varias obras literarias, incluyendo:

- La traducción de la Biblia del rey Jacobo (1611)

- Los poemas anglosajones, como "El Cantar de los Ingratos" (The Wanderer)

- La literatura medieval, como los trabajos de Geoffrey Chaucer

Es hermoso ver cómo el lenguaje ha evolucionado a lo largo del tiempo.

Es fácil identificar que la frase corresponde a la aparición de Jesús Resucitado a María Magdalena, Si buscamos la frase en la versión King James de la Biblia,  la encontramos así vertida (Juan 20, 15):

Jesus saith unto her, Woman, why weepest thou? whom seekest thou? She, supposing him to be the gardener, saith unto him, Sir, if thou have borne him hence, tell me where thou hast laid him, and I will take him away.


Esa frase se escucha dos veces en el Evangelio de hoy (Jn 20, 11-18), la segunda en labios de Jesús:

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?»

María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»

Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.

Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?»

Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo.»

Jesús le dijo: «¡María!»

Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir, «¡Maestro!» Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: "Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes."»

María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

15 de marzo de 2026

Domingo IV de Cuaresma

 

En el Ciclo A que estamos recorriendo, el Evangelio del Cuarto Domingo de Cuaresma relata la curación del ciego de nacimiento. 

En el transcurso de la narración (Jn 9, 1-41), Jesús pronuncia la frase que aparece -escrita en inglés- en el vitral cuya foto vemos junto a estas líneas: "I am the Light of the World", "Yo soy la luz del mundo":

Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?».
   

«Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios.

Debemos trabajar en las obras de Aquel que me envió,     mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo,  soy la luz del mundo».

    Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé"», que significa "Enviado". 
El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. 
Hemos transcripto sólo los primeros versículos (Jn 9, 1-7) de la larga perícopa. 

Jesús también se refirió a sí mismo como "luz del mundo" en otros momentos, como por ejemplo inmediatamente después del episodio de la mujer pecadora a punto de ser apedreada:  
Jesús les dirigió una vez más la palabra, diciendo: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida» (Jn 8, 12).

16 de octubre de 2025

Jueves de la Semana XXVIII Durante el Año

El versículo del Aleluia de la misa de hoy, Jueves de la Semana XXVIII del Tiempo Ordinario, dice así:

Aleluia. 

«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.
Nadie va al Padre, sino por mí», dice el Señor
Aleluia.

 


En este hermoso vitral de la Iglesia Presbiteriana San Andrés, junto a representaciones de algunas bienaventuranzas, se ve en el centro a Jesucristo pronunciando la frase "I am the way, the truth and the light". (La última palabra, en principio,  debería ser "life", pero Jesús también dijo "Yo soy la luz", por lo que quizás se trate de una combinación de ambos textos).


 Tomé las fotos en agosto de 2023.

3 de agosto de 2025

Domingo XVIII Durante el Año

En la Iglesia Presbiteriana San Andrés, ubicada en el centro porteño, hay un atril en la forma tradicional de águila, como vemos en la foto.



Cuando visitamos ese templo, el 3 de agosto de 2023, el libro de la Palabra de Dios se encontraba abierto en el comienzo del libro del Eclesiastés. Precisamente un fragmento del primer capítulo de ese libro (1, 2; 2, 21-23) se lee hoy en la liturgia católica:

¡Vanidad de vanidades, dice Qohelet;

vanidad de vanidades, todo es vanidad!

Hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto,

y tiene que dejarle su porción

a uno que no ha trabajado.

También esto es vanidad y grave desgracia.

Entonces, ¿qué saca el hombre de todos los trabajos

y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol?

De día su tarea es sufrir y penar,

de noche no descansa su mente.

También esto es vanidad.

1 de julio de 2025

1° de julio: Santa Ester

En antiguos calendarios y martirologios aparecía registrada en la fecha de hoy la Memoria de Ester, protagonista del libro homónimo en el Antiguo Testamento.

Del sitio de Ediciones Paulinas, que menciona a "Santa Ester" en el santoral del 1° de julio, tomamos el texto que sigue:

«Habiendo el rey Asuero (Jerjes) repudiado a la reina Vasti, la judía Ester vino a ser su esposa y reina de Persia. Ella, confiada en Dios y sobreponiéndose a su debilidad, intercedió por su pueblo cuando el primer ministro Amán concibió el proyecto de exterminar a todos los judíos, comenzando por Mardoqueo, padre adoptivo de Ester. En un banquete, Ester descubrió al rey su nacionalidad hebrea y pidió protección para sí y para los suyos contra su perseguidor Amán. El rey concedió lo pedido: Amán fue colgado en el mismo patíbulo que había preparado para Mardoqueo, y el pueblo judío fue autorizado a vengarse de sus enemigos el mismo día en que según el edicto de Amán, debía ser aniquilado en el reino de los persas. En memoria de este feliz acontecimiento los judíos instituyeron la fiesta de Purim (Fiesta de las Suertes).

El carácter histórico del libro de Ester siempre ha sido reconocido, tanto por la tradición judaica, como por la cristiana. La canonicidad del libro de Ester está bien asegurada. El Concilio de Trento ha definido también la canonicidad de la segunda parte del libro de Ester (cap. 10, vers. 4 al cap. 16, vers. 24), mientras los judíos y protestantes conservan solamente la primera parte en su canon de libros sagrados».


Por su parte, la introducción al Libro de Ester en El Libro del Pueblo de Dios (es decir la traducción argentina de la Biblia) dice:

«El libro de Ester, lo mismo que el de Judit, cuenta cómo el Pueblo judío fue liberado de sus enemigos gracias a la intervención de una mujer.  Este relato es anterior a la guerra de los macabeos, ya que en ese tiempo los Judíos de Palestina celebraban el “día llamado de Mardoqueo” (2 Mac 15, 36), Lo cual supone que  conocían la historia de Ester y probablemente el Libro mismo.  Es probable que la obra haya sido escrita a fines de la época persa o a comienzos del periodo griego, es decir, entre los siglos IV y III a. C.

Este Libro ilustra de manera ejemplar una idea contenida en los escritos sapienciales: «El que cava una fosa cae en ella» (Ecl. 10, 8). Toda la narración, en efecto, va presentando una serie de personajes contrapuestos y de situaciones que terminan por revertirse. La orgullosa reina Vasti es humillada y sustituida por Ester, la humilde joven judía. Amán, el primer ministro omnipotente y pagado de sí mismo, es ajusticiado en el patíbulo que había preparado para vengarse de Mardoqueo. Por fin, los Judíos dan muerte a todos sus enemigos en el día fijado para su propio exterminio. Detrás de todos estos «cambios de papeles», está el Señor, cuyo nombre no es mencionado ni una sola vez en el texto hebreo, pero que va guiando los acontecimientos para dar la victoria a su Pueblo.

El arte con que están narrados los hechos muestra que el autor no se propuso escribir la crónica detallada de un hecho histórico preciso. Su intención fue más bien presentar en forma novelada una triste experiencia vivida repetidas veces por el Pueblo elegido: la del odio y las persecuciones provocadas por lo que hoy en día se llama «antisemitismo». Esto explica, al menos en parte, el increíble encarnizamiento con que los judíos se desquitaron de la amenaza que había pesado sobre ellos. Lo cierto es que el libro de Ester se opone a la corriente universalista, que había encontrado una de sus más bellas expresiones en los libros de Rut y de Jonás.

El recuerdo de la gran liberación evocada en este relato fue relacionado más tarde con la fiesta de los «Purim» o de las «Suertes». Así dicha fiesta, de origen pagano y meramente profana, entró en el calendario de las fiestas nacionales del Judaísmo, convirtiéndose en la celebración del triunfo del Señor sobre los enemigos de su Pueblo. La versión griega de este Libro es bastante más extensa y tiene un tono mucho más religioso que el texto hebreo original, donde apenas se insinúa una posible intervención del Señor (4, 14). Las partes propias de la traducción griega se encuentran entre los Libros «deuterocanónicos».

Al destacar la violenta oposición entre judíos y paganos, este Libro nos lleva a comprender mejor el alcance de la obra reconciliadora de Cristo. «Él ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de enemistad que los separaba... Así creó con los dos pueblos un solo Hombre nuevo en su propia persona, restableciendo la paz» (Ef. 2. 14-15)».

La imagen de Ester en un hermoso vitral pertenece a la Iglesia Presbiteriana San Andrés.

3 de junio de 2025

Martes de la VII Semana de Pascua

Las Primeras Lecturas de las misas feriales del Tiempo Pascual estan tomadas del libro de los Hechos de los Apóstoles. Hoy, Martes de la Séptima Semana de Pascua, se proclama este fragmento (Hech 20, 17-27), del cual remarcamos una frase por los motivos que se develarán al ver la imagen:

«Pablo, desde Mileto, mandó llamar a los presbíteros de la Iglesia de Efeso. Cuando estos llegaron, Pablo les dijo:

"Ya saben cómo me he comportado siempre con ustedes desde el primer día que puse el pie en la provincia de Asia. He servido al Señor con toda humildad y con muchas lágrimas, en medio de las pruebas a que fui sometido por las insidias de los judíos. Ustedes saben que no he omitido nada que pudiera serles útil; les prediqué y les enseñé tanto en público como en privado, instando a judíos y a paganos a convertirse a Dios y a creer en nuestro Señor Jesús. Y ahora, como encadenado por el Espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que me sucederá allí. Sólo sé que, de ciudad en ciudad, el Espíritu Santo me va advirtiendo cuántas cadenas y tribulaciones me esperan. Pero poco me importa la vida, mientras pueda cumplir mi carrera y la misión que recibí del Señor Jesús: la de dar testimonio de la Buena Noticia de la gracia de Dios.

Y ahora sé que ustedes, entre quienes pasé predicando el Reino, no volverán a verme. Por eso hoy declaro delante de todos que no tengo nada que reprocharme respecto de ustedes. Porque no hemos omitido nada para anunciarles plenamente los designios de Dios"».


La frase destacada (Hech 20, 19) es transcripta así en algunas Biblias en lengua inglesa: "Serving the Lord with all humility of mind, and with many tears, and temptations, which befell me by the lying in wait of the Jews". La expresión "Serving the Lord with all humility of mind" está escrita en el vitral que ilustra esta entrada, que pertenece a la Iglesia Presbiteriana San Andrés, que hoy visitamos por primera vez.

Leemos en Art Bible este comentario (traducción del inglés proporcionada por Google):

«El versículo Hechos 20:19 en la  versión King James de la Biblia dice: "Sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas y pruebas que me sobrevinieron por las asechanzas de los judíos". Este versículo lo pronuncia el apóstol Pablo mientras reflexiona sobre su ministerio y los desafíos que enfrentó al servir al Señor.

(...) Pablo enfatiza la importancia de servir al Señor con humildad de mente, reconociendo su propia debilidad y dependencia de Dios. Esta humildad se contrasta con las lágrimas y las tentaciones que soportó, demostrando las pruebas y dificultades que a menudo acompañan una vida de fe. A pesar de estos desafíos, Pablo se mantuvo firme en su compromiso de servir al Señor, mostrando resiliencia y perseverancia frente a la adversidad.

El contexto de este versículo es importante para entender su significado. Pablo está hablando a los ancianos de la iglesia de Éfeso, preparándose para dejarlos y viajar a Jerusalén. Sabe que enfrentará más persecución y dificultades, pero está decidido a seguir predicando el evangelio y cumpliendo su llamado. En este contexto, las palabras de Pablo transmiten un sentido de urgencia y determinación, ya que implora a los ancianos a permanecer fieles y vigilantes en su propio ministerio.

(...) En un mundo donde el orgullo y la confianza en uno mismo suelen ser valorados, el énfasis de Pablo en la humildad sirve como recordatorio de la verdadera fuente de poder y eficacia en el servicio cristiano. Las lágrimas y las tentaciones que menciona simbolizan las pruebas y tribulaciones que los creyentes pueden enfrentar mientras buscan seguir a Cristo. Estos desafíos pueden tomar muchas formas, incluyendo la persecución, la duda y las luchas internas, pero el ejemplo de Pablo anima a los creyentes a permanecer firmes en su fe a pesar de estos obstáculos.

En general, Hechos 20:19 es un poderoso recordatorio de las exigencias y las recompensas de una vida dedicada a servir al Señor. (...) En un mundo que a menudo valora la autosuficiencia y el éxito, el mensaje de este versículo es tan relevante y desafiante hoy como lo fue en la época del apóstol Pablo».