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13 de mayo de 2024

13 de mayo: Nuestra Señora de Fátima

 


«Se equivoca quien piensa que la misión profética de Fátima está acabada. Aquí resurge aquel plan de Dios que interpela a la humanidad desde sus inicios: “¿Dónde está Abel, tu hermano? [...] La sangre de tu hermano me está gritando desde la tierra” (Gn 4,9). El hombre ha sido capaz de desencadenar una corriente de muerte y de terror, que no logra interrumpir... En la Sagrada Escritura se muestra a menudo que Dios se pone a buscar a los justos para salvar la ciudad de los hombres y lo mismo hace aquí, en Fátima, cuando Nuestra Señora pregunta: “¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quiera mandaros, como acto de reparación por los pecados por los cuales Él es ofendido, y como súplica por la conversión de los pecadores?” (Memórias da Irmā Lúcia, I, 162).


Con la familia humana dispuesta a sacrificar sus lazos más sagrados en el altar de los mezquinos egoísmos de nación, raza, ideología, grupo, individuo, nuestra Madre bendita ha venido desde el Cielo ofreciendo la posibilidad de sembrar en el corazón de todos los que se acogen a ella el Amor de Dios que arde en el suyo. Al principio fueron sólo tres, pero el ejemplo de sus vidas se ha difundido y multiplicado en numerosos grupos por toda la faz de la tierra, dedicados a la causa de la solidaridad fraterna, en especial al paso de la Virgen Peregrina. Que estos siete años que nos separan del centenario de las Apariciones impulsen el anunciado triunfo del Corazón Inmaculado de María para gloria de la Santísima Trinidad».

Benedicto XVI, 
homilía en la explanada del Santuario de Fátima, 
13 de mayo de 2010

17 de febrero de 2024

17 de febrero: Los siete santos fundadores de la Orden de los Siervos de María

17 de febrero: «Los siete santos fundadores de la Orden de los Siervos de María: Bonfilio, Bartolomé, Juan, Benito, Gerardino, Ricovero y Alejo. Siendo mercaderes en Florencia, se retiraron de común acuerdo al monte Senario para servir a la Santísima Virgen María, fundando una Orden bajo la Regla de san Agustín. Son conmemorados en este día, en el que falleció, ya centenario, el último de ellos, Alejo (1310)».


No tenemos imágenes de los siete santos fundadores, pero sí de una elegante versión del símbolo de los Siervos de María, la orden fundada por ellos en 1233.  En un sitio oficial de la orden se afirma: «Se aprecia claramente la “S”, la “M” y la corona que simboliza a Nuestra Señora de los Dolores con los siete lirios».

Oración Colecta:

Señor, infunde en nosotros el espíritu de amor que llevó a estos santos hermanos a venerar con la mayor devoción a la Madre de Dios, y les impulsó a conducir a tu pueblo al conocimiento y al amor de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

1 de mayo de 2017

1° de mayo: San Peregrino Laziosi

Hoy se recuerda a San Peregrino (Pellegrino) Laziosi "religioso de la Orden de los Siervos de María, que desde su dedicación a la Madre de Dios se distinguió por su amor a Jesucristo y por su solicitud para con los pobres", en palabras del Martirologio. Nació en la ciudad italiana de Forlí en 1265 ó 1266. En su juventud ingresó en un movimiento que se oponía al papa Martín IV. Durante los enfrentamientos conoció a San Felipe Benizi, del bando opuesto, a quien golpeó en el rostro con su puño. Felipe ofreció la otra mejilla y esto impresionó mucho a Peregrino; inició entonces un proceso de conversión que hizo que finalmente, a los 30 años,  ingresara en la misma orden que San Felipe: la Orden de los Servitas, en Siena.


Según la tradición, eligió como penitencia el estar de pie en tanto no fuere necesario estar sentado. Quizás por ese motivo, al cabo de unos años, desarrolló venas varicosas y después cáncer en un pie. La noche anterior a la cirugía para amputarle la pierna, pasó mucho tiempo en oración y se quedó dormido. Cuando se despertó, las llagas estaban curadas, al igual que su pie y su pierna, por lo que no fue necesaria la amputación. Por esta razón, es considerado por algunos como patrono de los enfermos de cáncer, como vemos en la segunda imagen de esta entrada; sin embargo, la Iglesia Católica no lo ha proclamado oficialmente en ese patronazgo.



Murió en Forlí el 1° de mayo de 1345;  actualmente, su cuerpo se conserva incorrupto en la iglesia de los Siervos de María en esa ciudad.  Peregrino fue canonizado por el papa Benedicto XIII en el año 1726.

Los dos cuadros que vimos en esta entrada se exhiben en la bonita capilla dedicada a Nuestra Señora de Fátima en la localidad de ese nombre, ubicada en las cercanías de Pilar, en la provincia de Buenos Aires.




Próxima entrada: 2 de mayo, San Antonino de Florencia

4 de abril de 2017

4 de abril: Beato Francisco Marto

Así como el 20 de febrero nos ocupamos de su hermana Jacinta, hoy dedicamos nuestra entrada al Beato Francisco Marto, uno de los tres videntes de Fátima. Destacamos así -y lo propio haremos el 13 de mayo- el centenario de las apariciones de la Santísima Virgen en ese lugar.

Así elogia el Martirologio a Francisco: "En el lugar de Aljustrel, cerca de Fátima, en Portugal, beato Francisco Marto, que, consumido por una enfermedad, siendo todavía niño, brilló por la suavidad de costumbres, la perseverancia en los sufrimientos y en la fe, y también por la asiduidad en la oración".





De esta manera se refirió a él el Papa Juan Pablo II en la homilía de la misa en que beatificó a Francisco y a su hermana Jacinta: 

Por designio divino, "una mujer vestida del sol" (Ap 12, 1) vino del cielo a esta tierra en búsqueda de los pequeños privilegiados del Padre. Les habla con voz y corazón de madre: los invita a ofrecerse como víctimas de reparación, mostrándose dispuesta a guiarlos con seguridad hasta Dios. Entonces, de sus manos maternas salió una luz que los penetró íntimamente, y se sintieron sumergidos en Dios, como cuando una persona -explican ellos- se contempla en un espejo.
Más tarde, Francisco, uno de los tres privilegiados, explicaba: "Estábamos ardiendo en esa luz que es Dios y no nos quemábamos. ¿Cómo es Dios? No se puede decir. Esto sí que la gente no puede decirlo". Dios: una luz que arde, pero no quema. Moisés tuvo esa misma sensación cuando vio a Dios en la zarza ardiente; allí oyó a Dios hablar, preocupado por la esclavitud de su pueblo y decidido a liberarlo por medio de él: "Yo estaré contigo" (cf. Ex 3, 2-12). Cuantos acogen esta presencia se convierten en morada y, por consiguiente, en "zarza ardiente" del Altísimo.
Lo que más impresionaba y absorbía al beato Francisco era Dios en esa luz inmensa que había penetrado en lo más íntimo de los tres. Además sólo a él Dios se dio a conocer "muy triste", como decía. Una noche, su padre lo oyó sollozar y le preguntó por qué lloraba; el hijo le respondió: "Pensaba en Jesús, que está muy triste a causa de los pecados que se cometen contra él". Vive movido por el único deseo -que expresa muy bien el modo de pensar de los niños- de "consolar y dar alegría a Jesús".
En su vida se produce una transformación que podríamos llamar radical; una transformación ciertamente no común en los niños de su edad. Se entrega a una vida espiritual intensa, que se traduce en una oración asidua y ferviente y llega a una verdadera forma de unión mística con el Señor. Esto mismo lo lleva a una progresiva purificación del espíritu, a través de la renuncia a los propios gustos e incluso a los juegos inocentes de los niños.
Soportó los grandes sufrimientos de la enfermedad que lo llevó a la muerte, sin quejarse nunca. Todo le parecía poco para consolar a Jesús; murió con una sonrisa en los labios. En el pequeño Francisco era grande el deseo de reparar las ofensas de los pecadores, esforzándose por ser bueno y ofreciendo sacrificios y oraciones. Y Jacinta, su hermana, casi dos años menor que él, vivía animada por los mismos sentimientos.

Las imágenes de esta entrada, como en la del 20 de febrero, corresponden a  una sencilla representación de los tres pastorcitos junto a la Virgen. Se encuentra junto a la capilla dedicada a Nuestra Señora de Fátima en la localidad homónima, cerca de Pilar. Francisco puede verse a la derecha.

Próxima entrada: 5 de abril, Santa Juliana

20 de febrero de 2017

20 de febrero: Beata Jacinta Marto

En este año del centenario de las apariciones de Fátima, queremos poner especial atención en los dos  hermanos, hoy beatos, que vieron a la Virgen en aquella ocasión y fueron sus portavoces. El Martirologio señala para hoy la memoria de Jacinta Marto:  

«En Ajustrel, lugar cercano a Fátima, en Portugal, beata Jacinta Marto, la cual, siendo aún niña de tierna edad, aceptó con toda paciencia la grave enfermedad que le aquejaba y demostró siempre una gran devoción a la Santísima Virgen María».


Ilustra esta entrada una sencilla y bonita representación de los tres pastocitos de Fátima, de rodillas junto a la Virgen. Se encuentra junto a la capilla de Nuestra Señora de Fátima atendida por los Siervos de María cerca de Plar, en la provincia de Buenos Aires.


Añadamos las palabras que Juan Pablo II dedicó a Jacinta en la homilía de su beatificación, el 13 de mayo de 2000:
«Con su solicitud materna, la santísima Virgen vino aquí, a Fátima, a pedir a los hombres que "no ofendieran más a Dios, nuestro Señor, que ya ha sido muy ofendido". Su dolor de madre la impulsa a hablar; está en juego el destino de sus hijos. Por eso pedía a los pastorcitos: "Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, pues muchas almas van al infierno porque no hay quien se sacrifique y pida por ellas".
La pequeña Jacinta sintió y vivió como suya esta aflicción de la Virgen, ofreciéndose heroicamente como víctima por los pecadores. Un día -cuando tanto ella como Francisco ya habían contraído la enfermedad que los obligaba a estar en cama- la Virgen María fue a visitarlos a su casa, como cuenta la pequeña: "Nuestra Señora vino a vernos, y dijo que muy pronto volvería a buscar a Francisco para llevarlo al cielo. Y a mí me preguntó si aún quería convertir a más pecadores. Le dije que sí". Y, al acercarse el momento de la muerte de Francisco, Jacinta le recomienda: "Da muchos saludos de mi parte a nuestro Señor y a nuestra Señora, y diles que estoy dispuesta a sufrir todo lo que quieran con tal de convertir a los pecadores". Jacinta se había quedado tan impresionada con la visión del infierno, durante la aparición del 13 de julio, que todas las mortificaciones y penitencias le parecían pocas con tal de salvar a los pecadores.
Jacinta bien podía exclamar con San Pablo: "Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia" (Col 1, 24). (...) Aquí, en Fátima, (...) se anunciaron estos tiempos de tribulación y nuestra Señora pidió oración y penitencia para abreviarlos».

Próxima entrada: 22 de febrero, Cátedra de San Pedro Apóstol