Mostrando entradas con la etiqueta Santo Domingo de Guzmán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santo Domingo de Guzmán. Mostrar todas las entradas

8 de agosto de 2026

8 de agosto: Santo Domingo de Guzmán

 


Santo Domingo de Guzmán, cuya Memoria celebramos hoy, es el Patrono de la Diócesis de Nueve de Julio. La primera foto de esta entrada muestra el altar y la cátedra episcopal de la catedral local.

Se aprecia a la derecha de la imagen una hermosa estatua de Santo Domingo:


 

La Orden de Predicadores  supo tener una tradición litúrgica propia, que llegó casi intacta hasta nuestros días porque tenía más de 200 años de existencia al momento de la Bula Quo Primum Témpore de San Pío V. Lamentablemente, tanta riqueza litúrgica no sobrevivió a las reformas que siguieron al Concilio Vaticano II. Para la fiesta de hoy, los dominicos tenían una misa particular, con secuencia propia (ya que es Solemnidad en la orden), que publicamos a continuación:

Secuencia

In cœlésti hierarchía,
Nova sonet harmonía,
Novo ducta cántico.
  
Cui concórdet in hac via,
Nostri chori melodía
Congáudens Domínico.
   
Ex Ægýpto vastitátis
Virum suæ voluntátis
Vocat Auctor sǽculi.
  
In fiscélla paupertátis,
Flumen transit vanitátis
Pro salúte pópuli.
   
In figúra cátuli,
Prædicátor sǽculi
Matri præmonstrátur.
  
Portans ore fáculam,
Ad amóris régulam
Pópulos hortátur.
  
Hic est novus legislátor
Hic Elías æmulátor,
Et detéstans crímina.
   
Vulpes díssipat Samsónis
Et in tuba Gedeónis
Hostis fugat ágmina.
   
A defúnctis revocátum,
Matri vivum reddit natum,
Vivens adhuc córpore.
  
Signo crucis imber cedit,
Turba fratrum panem edit,
Missum Dei múnere.
  
Felix per quem gáudia
Tota jam Ecclésia
Sumens exaltátur.
   
Orbem replet sémine:
In cœlórum ágmine
Tandem collocátur.
 
Jacet granum occultátum
Sidus latet obumbrátum,
Sed Plasmátor ómnium
 
Ossa Joseph pulluláre,
Sidus jubet radiáre,
In salútem géntium.
 
O quam probat carnis florem,
Omnem súperans odórem,
Túmuli fragrántia!
  
Ægri currunt et curántur
Cæci, claudi reparántur,
Virtútum frequéntia.
  
Laudes ergo Domínico
Personémus mirífico,
Voce plena.
  
Clama petens suffrágia,
Ejus sequens vestígia,
Plebs egéna.
  
Sed tu Pater pie, bone,
Pastor gregis, et patróne,
Prece semper sédula, 
   
Apud cúriam summi Regis,
Derelícti vices gregis
Comménda per sǽcula.
Amen. Allelúja.


  

1. Resuene en los Coros celestiales una nueva armonía, al son de un cántico nuevo.

2. Concuerde con ella la melodía. de nuestro Coro de la tierra, celebrando a Domingo.

3. Del Egipto de este inmenso mundo llama, el Hacedor del universo a este varón, forjado según su corazón.

4. Embarcado en la cestilla de la pobreza, atraviesa el río de las vanidades, para lanzarse a la salvación de los pueblos

5. Este predicador del universo le es mostrado por el cielo a su madre, antes de nacer, en figura de un cachorrillo.

6. Llevando en la boca una antorcha, exhorta a los pueblos al precepto de la caridad.

7. Este es el nuevo legislador, éste el émulo de Elías, el enemigo de todo mal.

8. Como otro Sansón ahuyenta las zorras, y con la trompeta de Gedeón pone en fuga a los ejércitos enemigos.

9. Viviendo él todavía, resucita de entre los muertos a un hijo y se lo devuelve vivo a su madre.

10. Con la señal de la cruz hace cesar la lluvia, y alimenta a la Comunidad con pan enviado por Dios.

11. ¡Feliz tú, por quien ya toda la Iglesia, inundada de  gozo, es exaltada!

12. Llena el mundo de la semilla de su palabra, y él, por fin, va a ocupar su lugar entre los coros de los bienaventurados.

13. El grano yace oculto, y la estrella se esconde en la penumbra; pero el Creador de todos

14. hace pulular los, huesos de José y resplandecer la estrella, para salvación de los pueblos.

15. ¡Oh, cómo denuncia, la fragancia de su sepulcro, la frescura y lozanía de su cuerpo, oloroso sobre todos los perfumes!

16. Acuden los enfermos y son curados, ven los ciegos, los tullidos sanan al conjuro de sus virtudes.

17. Por lo mismo, cantemos loores, a cuello en grito, al admirable Domingo.

18. Clama ¡oh pueblo indigente! pidiéndole socorro, y siguiendo sus pisadas.

19. Y tú  ¡oh, Padre clemente, buen pastor de tu grey, y patrono!, con oración siempre solicita,

20. encomienda eternamente, ante el trono del Rey altísimo, los intereses de tu grey desamparada.

Amén. Aleluya.

Versión en español tomada del Misal Diario para América 
del P.  Andrés Azcárate OSB 
(Editorial Guadalupe, Buenos Aires, 1956)

Misal Diario para América
del padre Andrés Azcárate


8 de agosto de 2025

8 de agosto: Santo Domingo de Guzmán

Del luminoso magisterio del papa Benedicto XVI tomamos la enseñanza sobre nuestro santo de hoy. Corresponde a la audiencia general del 3 de febrero de 2010.


«Hoy quiero hablaros de (...) Santo Domingo, el fundador de la Orden de Predicadores, conocidos también como Frailes Dominicos.

Su sucesor al frente de la Orden, el Beato Jordán de Sajonia, ofrece un retrato completo de santo Domingo en el texto de una famosa oración: "Inflamado del celo de Dios y de ardor sobrenatural, por tu caridad sin límites y el fervor del espíritu vehemente te consagraste totalmente, con el voto de pobreza perpetua, a la observancia apostólica y a la predicación evangélica". Se subraya precisamente este rasgo fundamental del testimonio de Domingo: hablaba siempre con Dios y de Dios. En la vida de los santos van siempre juntos el amor al Señor y al prójimo, la búsqueda de la gloria de Dios y de la salvación de las almas.

Domingo nació en España, en Caleruega, en torno al año 1170. Pertenecía a una noble familia de Castilla la Vieja y, con el apoyo de un tío sacerdote, se formó en una célebre escuela de Palencia. Se distinguió en seguida por el interés en el estudio de la Sagrada Escritura y por el amor a los pobres, hasta el punto de vender los libros, que en su tiempo constituían un bien de gran valor, para socorrer, con lo obtenido, a las víctimas de una carestía.

Ordenado sacerdote, fue elegido canónigo del cabildo de la catedral en su diócesis de origen, Osma. Aunque este nombramiento podía representar para él cierto motivo de prestigio en la Iglesia y en la sociedad, no lo interpretó como un privilegio personal, ni como el inicio de una brillante carrera eclesiástica, sino como un servicio que debía prestar con entrega y humildad. ¿Acaso no existe la tentación de hacer carrera y tener poder, una tentación de la que no están inmunes ni siquiera aquellos que tienen un papel de animación y de gobierno en la Iglesia? Lo recordé hace algunos meses, durante la consagración de cincos obispos: "No buscamos poder, prestigio, estima para nosotros mismos. (...) Sabemos cómo las cosas en la sociedad civil, y no raramente también en la Iglesia, sufren por el hecho de que muchos de aquellos a quienes les ha sido conferida una responsabilidad trabajan para sí mismos y no para la comunidad" ¹.

El obispo de Osma, que se llamaba Diego, un pastor auténtico y celoso, notó muy pronto las cualidades espirituales de Domingo, y quiso contar con su colaboración. Juntos se dirigieron al norte de Europa, para realizar misiones diplomáticas que les había encomendado el rey de Castilla. Durante el viaje, Domingo se dio cuenta de dos enormes desafíos que debía afrontar la Iglesia de su tiempo: la existencia de pueblos aún sin evangelizar, en los confines septentrionales del continente europeo, y la laceración religiosa que debilitaba la vida cristiana en el sur de Francia, donde la acción de algunos grupos herejes creaba desorden y alejamiento de la verdad de la fe. Así, la acción misionera hacia quienes no conocen la luz del Evangelio, y la obra de nueva evangelización de las comunidades cristianas se convirtieron en las metas apostólicas que Domingo se propuso conseguir. Fue el Papa, al que el obispo Diego y Domingo se dirigieron para pedir consejo, quien pidió a este último que se dedicara a la predicación a los albigenses, un grupo hereje que sostenía una concepción dualista de la realidad, es decir, con dos principios creadores igualmente poderosos, el Bien y el Mal. Este grupo, en consecuencia, despreciaba la materia como procedente del principio del mal, rechazando también el matrimonio, hasta negar la encarnación de Cristo, los sacramentos en los que el Señor nos "toca" a través de la materia, y la resurrección de los cuerpos. Los albigenses estimaban la vida pobre y austera —en este sentido eran incluso ejemplares— y criticaban la riqueza del clero de aquel tiempo. Domingo aceptó con entusiasmo esta misión, que llevó a cabo precisamente con el ejemplo de su vida pobre y austera, con la predicación del Evangelio y con debates públicos. A esta misión de predicar la Buena Nueva dedicó el resto de su vida. Sus hijos realizarían también los demás sueños de santo Domingo:  la misión ad gentes, es decir, a aquellos que aún no conocían a Jesús, y la misión a quienes vivían en las ciudades, sobre todo las universitarias, donde las nuevas tendencias intelectuales eran un desafío para la fe de los cultos.

Este gran santo nos recuerda que en el corazón de la Iglesia debe arder siempre un fuego misionero, que impulsa incesantemente a llevar el primer anuncio del Evangelio y, donde sea necesario, a una nueva evangelización:  de hecho, Cristo es el bien más precioso que los hombres y las mujeres de todo tiempo y de todo lugar tienen derecho a conocer y amar. Y es consolador ver cómo también en la Iglesia de hoy son tantos —pastores y fieles laicos, miembros de antiguas Órdenes religiosas y de nuevos movimientos eclesiales— los que con alegría entregan su vida por este ideal supremo:  anunciar y dar testimonio del Evangelio.

A Domingo de Guzmán se asociaron después otros hombres, atraídos por la misma aspiración. De esta forma, progresivamente, desde la primera fundación en Tolosa, tuvo su origen la Orden de Predicadores. En efecto, Domingo, en plena obediencia a las directrices de los Papas de su tiempo, Inocencio III y Honorio III, adoptó la antigua Regla de san Agustín, adaptándola a las exigencias de la vida apostólica, que lo llevaban a él y a sus compañeros a predicar trasladándose de un lugar a otro, pero volviendo después a sus propios conventos, lugares de estudio, oración y vida comunitaria. De modo especial, Domingo quiso dar relevancia a dos valores que consideraba indispensables para el éxito de la misión evangelizadora:  la vida comunitaria en la pobreza y el estudio.

Ante todo, Domingo y los Frailes Predicadores se presentaban como mendicantes, es decir, sin grandes propiedades de terrenos que administrar. Este elemento los hacía más disponibles al estudio y a la predicación itinerante y constituía un testimonio concreto para la gente. El gobierno interno de los conventos y de las provincias dominicas se estructuró sobre el sistema de capítulos, que elegían a sus propios superiores, confirmados después por los superiores mayores; una organización, por tanto, que estimulaba la vida fraterna y la responsabilidad de todos los miembros de la comunidad, exigiendo fuertes convicciones personales. La elección de este sistema nació precisamente del hecho de que los dominicos, como predicadores de la verdad de Dios, debían ser coherentes con lo que anunciaban. La verdad estudiada y compartida en la caridad con los hermanos es el fundamento más profundo de la alegría. El beato Jordán de Sajonia dice de santo Domingo:  "Acogía a cada hombre en el gran seno de la caridad y, como amaba a todos, todos lo amaban. Se había hecho una ley personal de alegrarse con las personas felices y de llorar con aquellos que lloraban" ².


En segundo lugar, Domingo, con un gesto valiente, quiso que sus seguidores adquirieran una sólida formación teológica, y no dudó en enviarlos a las universidades de la época, aunque no pocos eclesiásticos miraban con desconfianza a esas instituciones culturales. Las Constituciones de la Orden de Predicadores dan mucha importancia al estudio como preparación al apostolado. Domingo quiso que sus frailes se dedicasen a él sin reservas, con diligencia y piedad; un estudio fundado en el alma de cada saber teológico, es decir, en la Sagrada Escritura, y respetuoso de las preguntas planteadas por la razón. El desarrollo de la cultura exige que quienes desempeñan el ministerio de la Palabra, en los distintos niveles, estén bien preparados. Exhorto, por tanto, a todos, pastores y laicos, a cultivar esta "dimensión cultural" de la fe, para que la belleza de la verdad cristiana pueda ser comprendida mejor y la fe pueda ser verdaderamente alimentada, fortalecida y también defendida. En este Año sacerdotal, invito a los seminaristas y a los sacerdotes a estimar el valor espiritual del estudio. La calidad del ministerio sacerdotal depende también de la generosidad con que se aplica al estudio de las verdades reveladas.

Domingo, que quiso fundar una Orden religiosa de predicadores-teólogos, nos recuerda que la teología tiene una dimensión espiritual y pastoral, que enriquece el alma y la vida. Los sacerdotes, los consagrados y también todos los fieles pueden encontrar una profunda "alegría interior" al contemplar la belleza de la verdad que viene de Dios, verdad siempre actual y siempre viva. El lema de los Frailes Predicadores —contemplata aliis tradere— nos ayuda a descubrir, además, un anhelo pastoral en el estudio contemplativo de esa verdad, por la exigencia de comunicar a los demás el fruto de la propia contemplación.

Cuando Domingo murió, en 1221, en Bolonia, la ciudad que lo declaró su patrono, su obra ya había tenido gran éxito. La Orden de Predicadores, con el apoyo de la Santa Sede, se había difundido en muchos países de Europa en beneficio de toda la Iglesia. Domingo fue canonizado en 1234, y él mismo, con su santidad, nos indica dos medios indispensables para que la acción apostólica sea eficaz. Ante todo, la devoción mariana, que cultivó con ternura y que dejó como herencia preciosa a sus hijos espirituales, los cuales en la historia de la Iglesia han tenido el gran mérito de difundir la oración del santo rosario, tan arraigada en el pueblo cristiano y tan rica en valores evangélicos, una verdadera escuela de fe y de piedad. En segundo lugar, Domingo, que se hizo cargo de algunos monasterios femeninos en Francia y en Roma, creyó hasta el fondo en el valor de la oración de intercesión por el éxito del trabajo apostólico. Sólo en el cielo comprenderemos hasta qué punto la oración de las monjas de clausura acompaña eficazmente la acción apostólica. A cada una de ellas dirijo mi pensamiento agradecido y afectuoso».

La imagen de Santo Domingo que vemos en esta entrada se exhibe en el Museo de Arte Sacro de Asunción. Tomamos las fotos en enero de 2024.



----------

¹ Homilía en la misa de ordenación episcopal de cinco prelados, 12 de septiembre de 2009: L'Osservatore Romano,edición en lengua española, 18 de septiembre de 2009, p. 7

² Libellus de principiis Ordinis Praedicatorum autore Iordano de Saxonia, ed. H.C. Scheeben, [Monumenta Historica Sancti Patris Nostri Dominici, Romae, 1935]

8 de agosto de 2022

8 de agosto: Santo Domingo de Guzmán

Pese a que este Blog ya lleva casi siete años litúrgicos de vida, y por sorprendente que resulte, nunca nos ocupamos aquí de Santo Domingo de Guzmán.  Es justo salvar hoy esa omisión. 

Recordemos, en primer lugar,  el elogio que le dedica el Martirologio:

«Memoria de Santo Domingo, presbítero, que, siendo canónigo de Osma, se hizo humilde ministro de la predicación en los países agitados por la herejía albigense y vivió en voluntaria pobreza, hablando siempre con Dios o acerca de Dios. Deseoso de una nueva forma de propagar la fe, fundó la Orden de Predicadores, para renovar en la Iglesia la manera apostólica de vida, y mandó a sus hermanos que se entregaran al servicio del prójimo con la oración, el estudio y el ministerio de la Palabra. Su muerte tuvo lugar en Bolonia, el día seis de agosto». 

Domingo nació  en 1170. El año pasado se cumplieron 800 años de su muerte, acaecida el 6 de agosto de 1221. 

Dijo Benedicto XVI en la audiencia general del 3 de febrero de 2010.

Su sucesor al frente de la Orden, el Beato Jordán de Sajonia, ofrece un retrato completo de Santo Domingo en el texto de una famosa oración: "Inflamado del celo de Dios y de ardor sobrenatural, por tu caridad sin límites y el fervor del espíritu vehemente te consagraste totalmente, con el voto de pobreza perpetua, a la observancia apostólica y a la predicación evangélica". Se subraya precisamente este rasgo fundamental del testimonio de Domingo: hablaba siempre con Dios y de Dios. En la vida de los santos van siempre juntos el amor al Señor y al prójimo, la búsqueda de la gloria de Dios y de la salvación de las almas.

(...)

Domingo fue canonizado en 1234, y él mismo, con su santidad, nos indica dos medios indispensables para que la acción apostólica sea eficaz. Ante todo, la devoción mariana, que cultivó con ternura y que dejó como herencia preciosa a sus hijos espirituales, los cuales en la historia de la Iglesia han tenido el gran mérito de difundir la oración del santo rosario, tan arraigada en el pueblo cristiano y tan rica en valores evangélicos, una verdadera escuela de fe y de piedad. En segundo lugar, Domingo, que se hizo cargo de algunos monasterios femeninos en Francia y en Roma, creyó hasta el fondo en el valor de la oración de intercesión por el éxito del trabajo apostólico. Sólo en el cielo comprenderemos hasta qué punto la oración de las monjas de clausura acompaña eficazmente la acción apostólica.

La Memoria de este gran santo se celebra como Solemnidad en la Orden de Predicadores, con un Prefacio Propio que a continuación transcribimos:

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,

por Cristo, nuestro Señor.

Porque con especial providencia enviaste a Santo Domingo

como heraldo de la verdad

que él bebía de la sublime fuente del Salvador,

para quitar la sed del mundo.

Domingo, sostenido siempre por la Madre de tu Hijo,

y lleno de celo por la salvación de las almas,

encarnando la misma misión del Verbo

en sí mismo y en los discípulos,

que el Espíritu reunió con él, 

los hizo campeones de la fe

para la salvación de los demás,

llevando mediante su predicación y ejemplo,

muchos hermanos a Cristo.

Hablando siempre contigo o de ti,

creció en sabiduría,

y, haciendo brotar su apostolado

de la plenitud de la contemplación,

se dedicó totalmente 

a la renovación de tu Iglesia.

Por eso, con los ángeles y todos los santos,

proclamamos tu gloria,

cantando a una sola voz:

Santo, Santo, Santo... 


La imagen de esta entrada se venera en la basílica porteña consagrada a Nuestra Señora del Rosario, anexa al histórico convento de Santo Domingo.