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9 de julio de 2020

9 de julio: Nuestra Señora de Itatí




Unos franciscanos que escapaban de los constantes ataques indígenas llegaron desde la provincia del Guayrá (Paraguay), a la reducción de Yaguarí.  Traían consigo una hermosa imagen de la Inmaculada Concepción que colocaron en un oratorio a orillas del río Tebacué.  Más tarde u
n ataque indio destruyó el lugar y la Virgen desapareció sin dejar rastros. Pero tiempo después, unos aborígenes que navegaban el Alto Paraná encontraron la imagen sobre una roca blanca; la Virgen se hallaba envuelta por un brillo extraño y una bella música sonaba a su alrededor.

Fray Luis Gámez, enterado del prodigio, mandó que llevasen la imagen a su reducción y así se hizo, pero en dos oportunidades la Virgen regresó al mismo sitio en la que había sido hallada anteriormente. Comprendiendo los misioneros que aquello era voluntad de la Señora,  decidieron trasladar a ese lugar la reducción. La tarea fue llevada a cabo por fray Luis de Bolaños,  quien llamó al nuevo pueblo con el nombre de Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí (que significa “punta de piedra” o “piedra blanca” en guaraní).

La imagen, tallada en madera, mide 1,26 m y nos muestra a la Virgen María, de cabello negro y de piel un tanto morena, de pie sobre una media luna, con las manos juntas sosteniendo un rosario. Viste ropas de color azul celeste y blanco.

Años más tarde tuvo lugar la primera transfiguración de la Virgen. Dice la crónica de la época: “Se produjo una extraordinaria mudanza del rostro, y estaba tan linda y hermosa que jamás tal la había visto”. La transfiguración duró varios días y se repitió varias veces en los años siguientes, volviendo a escucharse, en más de una ocasión, la misma música que habían oído los indios cuando la encontraron en plena selva.

El 16 de julio de 1900 la Virgen de Itatí fue coronada por disposición del papa León XIII; el 23 de abril de 1918 fue proclamada Patrona de las provincias de Corrientes y Misiones. Su fiesta se celebra cada 9 de julio.

La imagen que mostramos hoy se venera en la Catedral de Paraná; tomamos la foto en julio de 2018.

16 de marzo de 2020

16 de marzo: San José Gabriel del Rosario Brochero

En la Memoria de San José Gabriel Brochero, remitimos a  nuestros lectores, en primer lugar, a nuestra entrada de igual fecha del año pasado, en la que hicimos algunas referencias  biográficas acerca del santo.

En esta ocasión recordamos que en 2013, cuando el Cura Brochero fue beatificado, el Papa envió una carta a la Conferencia Episcopal Argentina, que ahora transcribimos casi en su totalidad, cambiando  en el primer renglón y en el último "beato" por "santo", ya que fue canonizado en 2016.

«Que finalmente el Cura Brochero esté entre los santos es una alegría y una bendición muy grande para los argentinos y devotos de este pastor con olor a oveja, que se hizo pobre entre los pobres, que luchó siempre por estar bien cerca de Dios y de la gente, que hizo y continúa haciendo tanto bien como caricia de Dios a nuestro pueblo sufrido.

Me hace bien imaginar hoy a Brochero párroco en su mula malacara, recorriendo los largos caminos áridos y desolados de los 200 kilómetros cuadrados de su parroquia, buscando casa por casa a los bisabuelos y tatarabuelos de ustedes, para preguntarles si necesitaban algo y para invitarlos a hacer los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola. Conoció todos los rincones de su parroquia. No se quedó en la sacristía a peinar ovejas.

El Cura Brochero era una visita del mismo Jesús a cada familia. Él llevaba la imagen de la Virgen, el libro de oraciones con la Palabra de Dios, las cosas para celebrar la Misa diaria. Lo invitaban con mate, charlaban y Brochero les hablaba de un modo que todos lo entendían porque le salía del corazón, de la fe y el amor que él tenía a Jesús.

José Gabriel Brochero centró su acción pastoral en la oración. Apenas llegó a su parroquia, comenzó a llevar a hombres y mujeres a Córdoba para hacer los ejercicios espirituales con los padres jesuitas. ¡Con cuánto sacrificio cruzaban primero las Sierras Grandes, nevadas en invierno, para rezar en Córdoba capital! Después, ¡cuánto trabajo para hacer la Santa Casa de Ejercicios en la sede parroquial! Allí, la oración larga ante el crucifijo para conocer, sentir y gustar el amor tan grande del corazón de Jesús, y todo culminaba con el perdón de Dios en la confesión, con un sacerdote lleno de caridad y misericordia. ¡Muchísima misericordia!

Este coraje apostólico de Brochero lleno de celo misionero, esta valentía de su corazón compasivo como el de Jesús que lo hacía decir: «¡Guay de que el diablo me robe un alma!», lo movió a conquistar también para Dios a personas de mala vida y paisanos difíciles. Se cuentan por miles los hombres y mujeres que, con el trabajo sacerdotal de Brochero, dejaron el vicio y las peleas. Todos recibían los sacramentos durante los ejercicios espirituales y, con ellos, la fuerza y la luz de la fe para ser buenos hijos de Dios, buenos hermanos, buenos padres y madres de familia, en una gran comunidad de amigos comprometidos con el bien de todos, que se respetaban y ayudaban unos a otros.

(...) 

Brochero era un hombre normal, frágil, como cualquiera de nosotros, pero conoció el amor de Jesús, se dejó trabajar el corazón por la misericordia de Dios. Supo salir de la cueva del «yo-me-mi-conmigo-para mí» del egoísmo mezquino que todos tenemos, venciéndose a sí mismo, superando con la ayuda de Dios esas fuerzas interiores de las que el demonio se vale para encadenarnos a la comodidad, a buscar pasarla bien en el momento, a sacarle el cuerpo al trabajo. Brochero escuchó el llamado de Dios y eligió el sacrificio de trabajar por su Reino, por el bien común que la enorme dignidad de cada persona se merece como hijo de Dios, y fue fiel hasta el final: continuaba rezando y celebrando la misa incluso ciego y leproso.

Dejemos que el Cura Brochero entre hoy, con mula y todo, en la casa de nuestro corazón y nos invite a la oración, al encuentro con Jesús, que nos libera de ataduras para salir a la calle a buscar al hermano, a tocar la carne de Cristo en el que sufre y necesita el amor de Dios. Solo así gustaremos la alegría que experimentó el Cura Brochero, anticipo de la felicidad de la que goza ahora como  santo en el cielo».

La imagen de la entrada de hoy se venera en la Catedral de Paraná. Tomamos la foto en julio de 2018.

19 de octubre de 2019

19 de octubre: Aniversario de la Dedicación de la Catedral de Paraná


La actual Arquidiócesis de Paraná fue creada como diócesis sufragánea de Buenos Aires el 13 de junio de 1859. Su primer obispo fue monseñor Luis José Gabriel Segura y Cubas, que ejerció el cargo por poco más de dos años,  hasta su muerte en 1862.


La jurisdicción fue elevada en 1934 a la jerarquía de  arquidiócesis. 

El actual templo catedralicio es el cuarto edificio eclesiástico que ocupa ese predio frente a la Plaza 1º de Mayo en la capital entrerriana. La Catedral actual data de 1886.

Su frente tiene seis columnas, una cúpula de 54 metros de altura y dos esbeltas torres. En el centro del frontispicio, un Cristo Redentor que es réplica del que se encuentra en Mendoza, en el límite con Chile.  Esta réplica, curiosamente, es anterior al original: fue instalada en 1901, cuando el Cristo Redentor "original" se encontraba todavía en Buenos Aires, en depósito, aguardando ser llevado a su destino; sólo en 1904 tuvo lugar su instalación en la cordillera.


La Catedral de Paraná está consagrada a Nuestra Señora del Rosario, Patrona también de la ciudad.


Todas las fotos son propias. Las tomé en julio de 2018.

Oración Colecta del Común de la Dedicación de una iglesia, en el aniversario de la Dedicación,  en la misma iglesia dedicada:

Dios nuestro, que cada año nos permites celebrar
el aniversario de la dedicación de tu santo templo,
escucha las oraciones de tu pueblo,
concédenos ofrecerte en este lugar un culto puro y verdadero
y recibir los frutos de tu redención.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.