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31 de octubre de 2026

Sábado de la Semana XXX Durante el Año

El  Salmo Responsorial de la misa de hoy (Sábado XXX del Tiempo Ordinario) es el salmo 41 (2. 3. 5bcd). La antífona es el versículo 3a:  Mi alma tiene sed del Dios viviente.

Transcribimos a continuación el texto del salmo según la liturgia de hoy, intercalándolo con imágenes que tomamos en la iglesia de Santiago Apóstol de la ciudad de Baradero:


Como la cierva sedienta

busca las corrientes de agua,

así mi alma suspira

por ti, mi Dios. R.





Mi alma tiene sed de Dios,

del Dios viviente:

¿Cuándo iré a contemplar

el rostro de Dios? R.



¡Cómo iba en medio de la multitud

y la guiaba hacia la Casa de Dios,

entre cantos de alegría y alabanza,

en el júbilo de la fiesta! R.


En la parte frontal del altar mayor se lee: «Sicut cervus desiderat ad fontes aquarum, ita desiderat anima mea ad te, Deus», es decir, la  primera estrofa del salmo de hoy: «Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios».

Pese a que tomamos las fotos en 2022, esta es la primera vez que el templo de Baradero aparece en este blog.

3 de octubre de 2026

Sábado de la Semana XXVI Durante el Año


El Leccionario Bienal del Oficio de Lecturas ofrece para  hoy un fragmento del Libro de Judit (13, 6-31). 

Hagamos primero una introducción general  a ese texto, basándonos en la que publica El Libro del Pueblo de Dios.

El Libro de Judit  contiene «un relato didáctico, con un marco histórico completamente imaginario, del que sólo se conservan las versiones griega y latina». Fue escrito «probablemente en el siglo II a. C., para mantener el ánimo de la pequeña comunidad judía que luchaba tenazmente por conservar su independencia frente al avance helenista».


«Este Libro refleja cierta influencia de la literatura «apocalíptica», tan en boga en esa época, según la cual las luchas del tiempo presente no son sino la manifestación del combate librado continuamente entre las fuerzas del bien y del mal».

En el fragmento que se lee hoy, aparece Holofernes, que  simboliza «a los eternos enemigos de Dios. Judit -que significa «la Judía»- personifica el alma de su nación. Fiel a Dios y a su pueblo, ella expone la vida para salvar a sus compatriotas».

«A la prepotencia y la fuerza de un jefe militar, el Libro opone la debilidad de una mujer, sin más armas que su fe en Dios y en el poder de la oración. Los recursos que ella emplea no son del todo ejemplares, pero más que dar una lección moral lo que pretende el autor es poner de relieve que la aparente «debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres» (1 Cor. 1.25). La astucia decidida de Judit triunfa sobre el opresor del Pueblo elegido, como en otra ocasión pudo más la honda de David que la insolencia y la espada de Goliat».


La liturgia cristiana ha visto en Judit una figura de la Virgen María. Tanto el canto de la Virgen como el de Judit celebran el triunfo de los débiles  sobre los poderosos de este mundo.  De ahí la aparición de Judit (junto con otras mujeres bíblicas), como vemos en las fotos, en el techo de la Basílica de la Merced.



El fragmento que se lee hoy en el Oficio de Lecturas Holofernes se encuentra en su lecho, totalmente borracho. Ha llevado hasta allí a Judit, prendado por su hermosura.  La joven aprovecha las circunstancias para darle muerte.


Este es el texto que se lee hoy en el Oficio Divino (Jdt 13, 6-31):

«Cuando salieron todos, sin que quedara en la alcoba nadie, ni chico ni grande, Judit, de pie junto al lecho de Holofernes, oró interiormente:

«Señor, Dios todopoderoso, mira ahora benévolo a lo que voy a hacer para exaltación de Jerusalén. Ha llegado el momento de ayudar a tu heredad y de cumplir mi plan, hiriendo al enemigo que se ha levantado contra nosotros».

Avanzó hacia la columna del lecho, que quedaba junto a la cabeza de Holofernes, descolgó el alfanje y, acercándose al lecho, agarró la melena de Holofernes y oró:

—¡Dame fuerza ahora, Señor, Dios de Israel!

Le asestó dos golpes en el cuello con todas sus fuerzas, y le cortó la cabeza.

Luego, haciendo rodar el cuerpo de Holofernes, lo tiró del lecho y arrancó el dosel de las columnas. Poco después salió, entregó a su ama de llaves la cabeza de Holofernes y el ama la metió en la alforja de la comida. Luego salieron las dos juntas para orar como acostumbraban. Atravesaron el campamento, rodearon el barranco, subieron la pendiente de Betulia y llegaron a las puertas de la ciudad.

Judit gritó desde lejos a los centinelas:

«¡Abrid, abrid la puerta! Dios, nuestro Dios, está con nosotros, demostrando todavía su fuerza en Israel y su poder contra el enemigo. ¡Acaba de pasar hoy!»

Cuando los de la ciudad la oyeron, bajaron en seguida hacia la puerta y convocaron a los concejales. Todos fueron corriendo, chicos y grandes. Les parecía increíble que llegara Judit. Abrieron las puertas y las recibieron; luego hicieron una gran hoguera para poder ver, y se arremolinaron en torno a ellas.

Judit les dijo gritando:

«¡Alabad a Dios, alabadlo! Alabad a Dios, que no ha retirado su misericordia de la casa de Israel; que por mi mano ha dado muerte al enemigo esta misma noche».

Y sacando la cabeza guardada en la alforja, la mostró, y dijo:

—Esta es la cabeza de Holofernes, generalísimo del ejército asirio. Este es el dosel bajo el que dormía su borrachera. ¡El Señor lo hirió por mano de una mujer! Vive el Señor que me protegió en mi camino; os juro que mi rostro sedujo a Holofernes para su ruina, pero no me hizo pecar. Mi honor está sin mancha.

Todos se quedaron asombrados, y postrándose en adoración a Dios, dijeron a una voz:

—Bendito eres, Dios nuestro, que has aniquilado hoy a los enemigos de tu pueblo.

Y Ozías dijo a Judit:

«Que el Altísimo te bendiga, hija, más que a todas las mujeres de la tierra. Bendito el Señor, creador de cielo y tierra, que enderezó tu golpe contra la cabeza del general enemigo. Los que recuerden esta hazaña de Dios jamás perderán la confianza que tú inspiras. Que el Señor te engrandezca siempre y te dé prosperidad, porque no dudaste en exponer tu vida, ante la humillación de nuestra raza, sino que vengaste nuestra ruina procediendo con rectitud en presencia de nuestro Dios».

Todos aclamaron: —¡Así sea, así sea!».

3 de septiembre de 2026

Jueves de la Semana XXII Durante el Año

En la misa de hoy se lee el siguiente fragmento del Evangelio según San Lucas (5, 1-11), en el que hemos destacado una frase con negrita, por el motivo que resultará evidente al ver las imágenes:


En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar adentro, y echen las redes».

Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes». Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

 


Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador». El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón.

Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres».

Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.



El vitral pertenece a la iglesia porteña de San Pedro Apóstol, que hoy visitamos por primera vez.  Pedro está de espalda frente a Cristo; al fondo se ve una barca. En la parte inferior se lee la frase del apóstol, que hemos resaltado: "Soy un pecador". 

22 de agosto de 2026

Sábado de la Semana XX Durante el Año

El Evangelio de la Misa de hoy está tomado del libro de  San Mateo (23, 1-12). Hacia el final de la perícopa (23, 8-10) se recogen estas palabras de Jesús: 

En cuanto a ustedes, no se hagan llamar "maestro", porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen "padre", porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco "doctores", porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. 

La estampita cuya imagen compartimos hoy lleva una versión de la expresión de Jesús: Uno solo es vuestro Maestro: El Cristo. La frase guarda relación con el propósito de la estampita: ser un recuerdo de la misa de fin de curso de las egresadas del Normal 1, en el año 1951.

O tempora, o mores!

 

2 de agosto de 2026

Domingo XVIII Durante el Año



Hoy se proclama en la misa el siguiente fragmento del Evangelio según San Mateo    (14, 13-21) 

    Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, sanó a los enfermos.

    Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos».

    Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos».

    Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados».

    «Tráiganmelos aquí», les dijo.

    Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.

    Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Se trata de uno de los relatos de la multiplicación de los panes (significativamente presente en los cuatro evangelios), magistralmente representada en la porteña iglesia San Jorge del Patriarcado Ortodoxo de Antioquía.

12 de julio de 2026

Domingo XV Durante el Año


En la misa de hoy se lee un fragmento del evangelio San Mateo (13, 1-23) que comienza con estas palabras:

Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a Él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces Él les habló extensamente por medio de parábolas.


Un vitral de la Catedral Anglicana de Buenos Aires muestra a Jesús con algunos de sus Apóstoles en el marco de una barca de la que se aprecian una vela, palos de una nave y una escala.

11 de julio de 2026

Sábado de la Semana XIV Durante el Año



El Sábado XIV del Tiempo Ordinario, en los años pares, se lee un fragmento del Libro de Isaías (6, 1-8), que comienza con estas palabras (6, 1-4):

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo.

Y vi serafines en pie junto a él, cada uno con seis alas: con dos alas se cubrían el rostro, con dos alas se cubrían el cuerpo, con dos alas se cernían.

 

Y se gritaban uno a otro, diciendo:

—«¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!».

Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.

 


Tanto en los detalles de las columnas y pilastras como en los vitrales vemos a los ángeles de los que habla el texto, tapándose con sus alas (versículo 2), y pronunciando la aclamación "Sanctus" (versículo 3).



Las imágenes corresponden a la iglesia abacial consagrada a la Reina de la Paz en la Abadía Santa Escolástica... ¿y qué mejor que publicarlas hoy, día en que, por feliz coincidencia, el Sábado XIV Durante el Año coincide con la Memoria de San Benito?

27 de junio de 2026

Sábado de la Semana XII Durante el Año

«Cui comparabo te vel cui assimilabo te, filia Ierusalem? Cui exaequabo te et consolabor te, virgo filia Sion? Magna est enim velut mare contritio tua; quis medebitur tui?»


La frase procede del libro de las Lamentaciones (2, 13) y se traduce de este modo:

«¿A quién podré compararte? ¿A quién te asemejaré, hija de Jerusalén? ¿A quién te igualaré, para poder consolarte, virgen hija de Jerusalén? Porque tu desastre es inmenso como el mar: ¿quién te sanará?».


La Liturgia aplica esas palabras a la Virgen Dolorosa, y la foto que ilustra esta entrada corresponde al altar a Ella dedicado en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires. Sobre la imagen de la Dolorosa, un ángel sostiene la frase 
«¿A quién te compararé? Porque tu desastre es inmenso como el mar». 

Pero un fragmento del libro de las Lamentaciones (2, 2. 10-14. 18-19) que incluye ese pasaje se proclama hoy como Primera Lectura de la misa (destacamos en negrita la frase que es objeto de nuestro interés en esta entrada):
El Señor devoró sin piedad todas las moradas de Jacob; derribó en su indignación las fortalezas de la hija de Judá; echó por tierra y profanó el reino y sus príncipes.
Están sentados en el suelo, silenciosos, los ancianos de la hija de Sión; se han cubierto la cabeza de polvo, se han vestido con un sayal. Dejan caer su cabeza hasta el suelo las vírgenes de Jerusalén.
Mis ojos se deshacen en llanto, me hierven las entrañas; mi bilis se derrama en la tierra por el desastre de la hija de mi pueblo, mientras desfallecen sus niños y pequeños en las plazas de la ciudad.
Ellos preguntan a sus madres: «¿Dónde hay pan y vino?», mientras caen desfallecidos como heridos de muerte en las plazas de la ciudad, exhalando su espíritu en el regazo de sus madres.
¿A quién podré compararte? ¿A quién te asemejaré, hija de Jerusalén? ¿A quién te igualaré, para poder consolarte, virgen hija de Jerusalén? Porque tu desastre es inmenso como el mar: ¿quién te sanará? Tus profetas te transmitieron visiones falsas e ilusorias. No revelaron tu culpa a fin de cambiar tu suerte, sino que te hicieron vaticinios falsos y engañosos.
¡Invoca al Señor de corazón, gime, hija de Sión! ¡Deja correr tus lágrimas a raudales, de día y de noche: no te concedas descanso, que no repose la pupila de tus ojos!
¡Levántate, y grita durante la noche, cuando comienza la ronda! ¡Derrama tu corazón como agua ante el rostro del Señor ! ¡Eleva tus manos hacia él, por la vida de tus niños pequeños, que desfallecen de hambre en todas las esquinas!

Cerramos esta entrada con un comentario del sitio católico Clerus sobre el libro en general y sobre la Segunda Lamentación en particular:

El libro de las Lamentaciones:

Este Libro consta de cinco poemas que evocan la ruina de Jerusalén, acaecida en el 587 a. C., y están escritos en el estilo de las elegías fúnebres de esa época. Aunque se inspiran en las ideas y las expresiones de Jeremías y suelen llevar su nombre, las LAMENTACIONES no son obra de aquel célebre profeta, sino de algunos judíos que permanecieron en Jerusalén después de la catástrofe. Las cuatro primeras Lamentaciones son alfabéticas, es decir, cada estrofa comienza con una letra hebrea, siguiendo el orden del alfabeto.

Al dolor provocado por la destrucción de la Ciudad santa y a las quejas desgarradoras frente a la triste situación en que se encontraban sus habitantes, sigue una profunda reflexión, madurada a la luz de esa misma desgracia. "Jerusalén ha pecado gravemente y se ha convertido en algo inmundo" (1. 8). "Examinemos a fondo nuestra conducta y volvamos al Señor" (3. 40). Este humilde reconocimiento de las propias culpas, tantas veces denunciadas por los profetas anteriores al exilio, está acompañado de una ardiente súplica por la restauración de Israel, que se apoya a su vez en las predicciones mesiánicas de los profetas y es muy semejante a la de los Salmos 44; 80; 89.

Las Lamentaciones son utilizadas por la liturgia judía en cada aniversario de la destrucción de Jerusalén, y es muy natural que el Cristianismo las haya incorporado a la liturgia de la Semana Santa, para evocar la Muerte de Jesús.

 Segunda Lamentación (cap. 2):

Sión se lamenta porque el Señor la trató como a un enemigo. Su Templo fue incendiado, sus murallas arrasadas y sus puertas arrancadas. El rey y sus príncipes fueron llevados cautivos. Ya no existe la Ley ni hay profetas que hablen en nombre del Señor. Los ancianos están abatidos y los niños desfallecen en las plazas. "¿A quién podré compararte, hija de Jerusalén? Porque tu desastre es inmenso como el mar" (2. 13). ¿Cómo es posible que el Señor haya llegado a ese extremo con la ciudad que era "el estrado de sus pies"? (2. 1).

8 de junio de 2026

Lunes de la Semana X Durante el Año

El Lunes de la Semana X  del Tiempo Ordinario, en los años pares, se proclama esta Primera Lectura, tomada del Primer Libro de los Reyes (17, 1-6):


En aquellos días, Elías, el tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab:

—«¡Vive el Señor, Dios de Israel, a quien sirvo! En estos años no caerá rocío ni lluvia si yo no lo mando».

Luego el Señor le dirigió la palabra:

—«Vete de aquí hacia el oriente y escóndete junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. Bebe del torrente y yo mandaré a los cuervos que te lleven allí la comida».

Elías hizo lo que le mandó el Señor, y fue a vivir junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán.

Los cuervos le llevaban pan por la mañana y carne por la tarde, y bebía del torrente.


En la iglesia  de San Jorge,  del Patriarcado Ortodoxo de Antioquía -ubicada en Scalabrini Ortiz  1261 de la ciudad de Buenos Aires- hay un hermoso icono que muestra al profeta Elías en un paisaje rocoso; a la derecha, sobre un promontorio, un cuervo que sostiene un pan en su pico, tal como lo señala el texto bíblico que hemos transcripto. 


El cuervo llevando un trozo de pan se ha convertido en uno de los principales atributos iconográficos del  profeta Elías, junto con la espada flamígera y el carro de fuego. La Memoria de San Elías está recogida por el Martirologio Romano el 20 de julio.

Tomamos las dos fotos en mayo de 2025.

6 de junio de 2026

Sábado de la Semana IX Durante el Año

En la misa del Sábado de la Novena Semana del Tiempo Ordinario, se proclama un fragmento del Evangelio según San Marcos (12, 38-44), en cuya parte final se lee:


«Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo:

—"Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir"».

El episodio es representado en uno de los vitrales de la Catedral Anglicana San Juan Bautista, ubicada en el microcentro porteño. 

9 de febrero de 2026

Lunes de la Semana V Durante el Año

En los años pares,  como Primera Lectura del Lunes V del Tiempo Ordinario, se lee el siguiente fragmento del Primer Libro de los Reyes  (8, 1-7. 9-13)

El rey Salomón reunió junto a él en Jerusalén, a los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus y a los príncipes de las casas paternas de los israelitas, para subir el Arca de la Alianza del Señor desde la Ciudad de David, o sea, desde Sión. Todos los hombres de Israel se reunieron junto al rey Salomón en el mes de Etaním -el séptimo mes- durante la Fiesta.

Cuando llegaron todos los ancianos de Israel, los sacerdotes levantaron el Arca, y subieron el Arca del Señor, con la Carpa del Encuentro y todos los objetos sagrados que había en la Carpa. Los que trasladaron todo eso fueron los sacerdotes y los levitas. Mientras tanto, el rey Salomón y toda la comunidad de Israel reunida junto a él delante del Arca, sacrificaban carneros y toros, en tal cantidad que no se los podía contar ni calcular.

Los sacerdotes introdujeron el Arca de la Alianza en su sitio, en el lugar santísimo de la Casa -el Santo de los santos- bajo las alas de los querubines. Porque los querubines desplegaban sus alas sobre el sitio destinado al Arca, y resguardaban por encima el Arca y sus andas.

En el Arca se encontraban únicamente las dos tablas de piedra que Moisés, en el Horeb, había depositado allí: las tablas de la Alianza que el Señor había hecho con los israelitas a su salida de Egipto.

Mientras los sacerdotes salían del Santo, la nube llenó la Casa del Señor, de manera que los sacerdotes no pudieron continuar sus servicios a causa de la nube, porque la gloria del Señor llenaba la Casa.

Entonces Salomón dijo: «El Señor ha decidido habitar en la nube oscura. Sí, yo te he construido la Casa de tu señorío, un lugar donde habitarás para siempre».

El Arca de la Alianza, mencionada en el texto, aparece representada en un vitral de la Catedral de Morón; en el proyecto iconográfico de ese templo, dicho vitral corresponde a la serie de diversas Letanías Lauretanas.

1 de febrero de 2026

Domingo IV Durante el Año



El Evangelio de hoy, Domingo IV del Tiempo Ordinario en el Ciclo A, es la versión de San Mateo (4, 25 -- 5, 12) de las Bienaventuranzas: 


Seguían a Jesús grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.

Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a Él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:

«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Felices los afligidos, porque serán consolados.

Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.

Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.


 

Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.

Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.

Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.


 

Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.

Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron».



 En el techo de la Basílica de María Auxiliadora, en el barrio de Almagro, pueden verse las bienaventuranzas transcriptas al pie de cada uno de los ángeles. Algunas de ellas no pueden leerse en las fotos, sea por el ángulo de la cámara, sea por el deterioro de la pintura.

Tomamos las fotos en 2016, en 2023 y en 2025.

28 de enero de 2026

Miércoles de la Semana III Durante el Año

Muchas veces dicen los evangelios que Jesús enseñaba.  Una de esas ocasiones aparece al comienzo del fragmento que hoy se lee en la misa: «En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago» (Mc 4, 1).


Probablemente el vitralista, en las ondas de color azul oscuro que forman la parte inferior del fondo de la imagen, haya querido representar el lago a que alude el comienzo del evangelio de hoy.

De lo que estamos seguros, porque está escrito al pie del vitral, es que Jesús está enseñando; la frase se lee en griego: 



El texto completo que se lee hoy en la misa es Mc  4, 1-20. La foto, que tomamos en 2019, corresponde a la iglesia catedralicia ortodoxa griega de la Dormición de la Madre de Dios.

25 de enero de 2026

Domingo III Durante el Año

El Evangelio del Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, en el Ciclo A, corresponde a los versículos 12 a 23 del capítulo 4 del texto de San Mateo. El fragmento relata el comienzo de la predicación de Jesús y los llamados a los primeros discípulos.

Los versículos 18 a 20 traen el momento del llamado a los hermanos Pedro y Andrés y una frase emblemática de Jesús:

Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores.

Entonces les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres».

Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.

 


La Iglesia Nórdica de Buenos Aires (de culto evangélico luterano), antes llamada Iglesia Sueca, fue en sus orígenes refugio de marineros suecos llegados durante la Segunda Guerra Mundial. El templo está decorado con motivos náuticos. El cuadro del altar representa el momento evocado en el Evangelio de hoy. Fue pintado en Estocolmo y fue completado en la década del 80 por el artista plástico sueco Kuno Haglund.



16 de enero de 2026

Viernes de la Semana I Durante el Año

La curación de un paralítico por parte de Jesús aparece en los tres evangelios sinópticos. Al relato del milagro en sí, Lucas y Marcos le añaden la circunstancia de que la camilla con el tullido es bajada hasta Jesús a través del techo de la casa donde se encontraba el Señor, detalle que no aparece en Mateo

El episodio, en la versión de San Marcos (2, 1-12), se lee hoy en la misa: 

Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siguiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra. 

Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».

Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: «¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?».

Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: «¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o "Levántate, toma tu camilla y camina"? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».

Él se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto nada igual».


Aunque no tenemos referencias explícitas de que el vitral que mostramos pretenda representar este episodio en particular,  parece evidente, por el bastón que porta, que el personaje que está a los pies de Jesús es un paralítico. Además, Mateo, Lucas y Juan relatan de modo genérico curaciones de paralíticos, pero el texto que se proclama hoy es el único en los evangelios que se refiere a uno en particular.

30 de octubre de 2025

Jueves de la Semana XXX Durante el Año

En el Leccionario Bienal del Oficio de Lecturas, hoy se presenta un fragmento del Tratado sobre el salmo 15 de San Hilario de Poitiers (3.7.11: PL 9, 892.894.896.897).

Se refiere en particular al texto que dice El Señor es el lote de mi heredad y mi copa (Sal 16 (15), 5),  traducido también como  El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz;  en latín, Dominus pars hereditatis meae et calicis mei. Por ello lo ilustramos con un vitral de la Basílica del Espíritu Santo en que se leen esas mismas palabras: Pars mea Dominus.


El Señor es el lote de mi heredad. Y ¿cuál es la heredad del Señor, sino aquella de que está escrito: Pídemelo: te daré en herencia las naciones? Pues los pecadores de las naciones creen en aquel que es capaz de absolver al culpable. Y si la gloria de los paganos no procede de los hombres, sino de Dios, también Cristo es rey de estos judíos. Porque ser judío no está en lo exterior, ni circuncisión es tampoco la exterior en el cuerpo. Entonces, ¿qué? ¿Es que no fueron muchos los que creyeron procedentes de aquella circuncisión? No cabe duda de que fueron muchos los que creyeron, pero una vez que, colocados en pie de igualdad con los paganos, reconocieron su condición de pecadores y de esta forma merecieron la misericordia, como nos enseña Pablo escribiendo a los Gálatas: Si tú, siendo judío, vives a lo gentil, ¿cómo fuerzas a los gentiles a las prácticas judías? Nosotros, judíos por naturaleza y no pecadores procedentes de la gentilidad, sabemos que ningún hombre se justifica por cumplir la ley. Por tanto, deseando ser ganado por Cristo tomó conciencia de su ser de pecador, puesto que Cristo vino a llamar no a los justificados, sino a los pecadores. Por esta razón, incluso los que creyeron procedentes de la circuncisión hecha por mano de hombres, creyeron después de haberse rebajado al nivel de la gentilidad pecadora, para ser todos la herencia de Cristo: y no de entre aquellos que piensan ser justificados en atención a sus propias obras, sino de entre aquellos que son justificados por la gratuita gracia de Dios.

Habiendo, pues, Dios salvado por su gracia a aquellos a quienes él dio en herencia, realmente el Señor es el lote de su heredad. El Hijo conservó el obsequio, para no proclamar que su herencia la adquirió él al precio de su sangre, sino que confiesa habérsela dado Dios, reconociendo que el Señor es el lote de su copa, esto es, de su pasión. Efectivamente, si es verdad que los gentiles fueron redimidos por la pasión del Señor, no debemos olvidar que la misma pasión de Cristo es obra de la voluntad del Padre, como lo atestigua el evangelio, cuando dice: Padre, pase de mí este cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.

Por tanto, si consideras la voluntad del Señor, él mismo confesó diciendo: Si es posible, pase de mí este cáliz. Por consiguiente, incluso la redención de los paganos radica no en la voluntad del Hijo, sino en la voluntad del Padre. No se haga —dice— lo que yo quiero, sino lo que tú quieres. Esta es la razón por la que la misma gracia en virtud de la cual, y mediante su muerte, fueron redimidos los gentiles, el hijo no se la adjudica a sí mismo, sino al Padre. Por eso afirma que el Señor es el lote de su heredad y su copa.

Hemos, pues, de aceptar en este mundo la plebeyez, la infamia, la debilidad, la estulticia y otras cosas por el estilo, para llegar de este modo a la nobleza, a la gloria, a la fuerza, a la sabiduría. Cualidades todas que recibiremos cuando lleguemos allí donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Se nos siembra en miseria, para que resucitemos en gloria; se nos siembra en mortalidad, para que resucitemos en inmortalidad. Por lo cual, también nosotros y, con mucho gusto, hemos de presumir de nuestras debilidades, para que así resida en nosotros la fuerza de Dios. De momento, que el Padre esté a nuestra derecha, para que no vacilemos: más tarde vendrá a trasladarnos a su derecha, a las riquezas de nuestro Señor Jesucristo, de quien es la gloria. Amén.

16 de octubre de 2025

Jueves de la Semana XXVIII Durante el Año

El versículo del Aleluia de la misa de hoy, Jueves de la Semana XXVIII del Tiempo Ordinario, dice así:

Aleluia. 

«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.
Nadie va al Padre, sino por mí», dice el Señor
Aleluia.

 


En este hermoso vitral de la Iglesia Presbiteriana San Andrés, junto a representaciones de algunas bienaventuranzas, se ve en el centro a Jesucristo pronunciando la frase "I am the way, the truth and the light". (La última palabra, en principio,  debería ser "life", pero Jesús también dijo "Yo soy la luz", por lo que quizás se trate de una combinación de ambos textos).


 Tomé las fotos en agosto de 2023.