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16 de abril de 2026

16 de abril: Santa María Bernarda Soubirous

La Iglesia honra hoy, en su dies natalis, a Santa Bernardita Soubirous, a quien se le apareció la Virgen Inmaculada en la gruta de Lourdes en 1858.

Mi madre conservaba esta estampita, que  además de una foto de Bernardita, lleva cosida una reliquia de la santa: un fragmento de su ropa.

Abrimos esta entrada con una fotografía del frente de la estampa, y hacemos nuestras las palabras que allí se leen:

Bienaventurada Bernardita, 
fiel mensajera de la Inmaculada,
ruega por nosotros.

En el dorso aparece una etiqueta que cubre la costura del otro lado y señala la procedencia de la estampa: la Casa Madre de las Hermanas de la Caridad de Nevers, es decir, la congregación religiosa a la que Bernadette ingresó después de las apariciones de Lourdes.


¡Sólo Dios!

16 de abril de 2018

16 de abril: Santa María Bernarda Soubirous

El Martirologio recoge hoy la Memoria de Santa Bernadette Soubirous, a quien dedica estas palabras:  «En Nevers, también en Francia, Santa María Bernarda Soubirous, virgen, la cual, nacida en Lourdes de una familia muy pobre, siendo aún niña asistió a las apariciones de la Inmaculada Santísima Virgen María, y después abrazó la vida religiosa y llevó una vida escondida y humilde».


Bernardita, como se la conoce popularmente, nació en 1844. En 1858 fue testigo de las apariciones de la Virgen en la gruta de Lourdes.  Sufrió la incomprensión y el escepticismo de quienes no creían en lo que contaba, se burlaban de ella y la ponían en ridículo.  Más tarde abrazó la vida religiosa. Sus últimos años estuvieron marcados por la enfermedad y el dolor. Todos  los que la conocieron dan testimonio de su sencillez,  humildad y sensibilidad. Murió el 16 de abril de 1879. Fue beatificada en 1925 y canonizada en 1933 (ambos Años Santos). Su cuerpo se conserva incorrupto.



En marzo de 1858 la Virgen reveló su identidad diciendo "Yo soy la Inmaculada Concepción". El misterio de la Inmaculada Concepción había sido proclamado como dogma de fe en 1854.  
"Parece como si la Virgen Santísima hubiera querido confirmar de una manera prodigiosa el dictamen que el Vicario de su divino Hijo en la tierra, con el aplauso de toda la Iglesia, había pronunciado. Pues no habían pasado aún cuatro años cuando cerca de un pueblo de Francia, en las estribaciones de los Pirineos, la Santísima Virgen, vestida de blanco, cubierta con cándido manto y ceñida su cintura de faja azul, se apareció con aspecto juvenil y afable en la cueva de Massabielle a una niña inocente y sencilla, a la que, como insistiera en saber el nombre de quien se le había dignado aparecer, ella, con una suave sonrisa y alzando los ojos al cielo, respondió: «Yo soy la Inmaculada Concepción». Bien entendieron esto, como era natural, los fieles, que en muchedumbres casi innumerables, acudiendo de todas las partes en piadosas peregrinaciones a la gruta de Lourdes, reavivaron su fe, estimularon su piedad y se esforzaron por ajustar su vida a los preceptos de Cristo (...)"
  
(Pío XII, Carta encíclica Fulgens Corona (8/9/1953),   proclamando un Año Mariano en el centenario del dogma de la Inmaculada Concepción, párrafos 3 y 4)

Ilustramos esta entrada con un hermoso vitral de la iglesia del Santísimo Redentor (Larrea y Beruti). Muestra a la Virgen de Lourdes y a sus pies a Bernardita, en la gruta de las apariciones en Massabielle.

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