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14 de febrero de 2026

14 de febrero: San Cirilo y San Metodio

El papa Benedicto XVI, en la catequesis pronunciada el 17 de junio de 2009, habló de San Cirilo y San Metodio:

 

Hoy quiero hablar de San Cirilo y San Metodio, hermanos en la sangre y en la fe, llamados apóstoles de los eslavos. San Cirilo nació en Tesalónica; era el más joven de los siete hijos de León, magistrado imperial en los años 826-827. De niño aprendió la lengua eslava. A los catorce años fue enviado a Constantinopla para educarse y fue compañero del joven emperador Miguel III. En aquellos años fue introducido en las diferentes materias universitarias, entre ellas la dialéctica, teniendo como maestro a Focio. Después de rechazar un matrimonio brillante, decidió recibir las órdenes sagradas y se convirtió en "bibliotecario" en el patriarcado. Más tarde, deseando retirarse a la soledad, se escondió en un monasterio, pero pronto fue descubierto y le encomendaron la enseñanza de las ciencias sagradas y profanas, tarea que desempeñó tan bien que se ganó el apelativo de "filósofo".

Mientras tanto, su hermano Miguel (nacido en torno al año 815), tras una carrera administrativa en Macedonia, hacia el año 850 abandonó el mundo para retirarse a la vida monástica en el monte Olimpo, en Bitinia, donde recibió el nombre de Metodio (el nombre monástico debía comenzar por la misma letra del de bautismo) y se convirtió en egúmeno (abad) del monasterio de Polychron.

También San Cirilo, atraído por el ejemplo de su hermano, decidió dejar la enseñanza para dedicarse a meditar y rezar en el monte Olimpo. Ahora bien, algunos años más tarde (en torno al 861), el gobierno imperial le encargó una misión entre los cázaros del mar de Azov, que pidieron que se les enviara un literato que supiera discutir con los judíos y los sarracenos. San Cirilo, acompañado por su hermano San Metodio, vivió largo tiempo en Crimea, donde aprendió el hebreo. Allí buscó también el cuerpo del Papa Clemente I, que había sido desterrado a ese lugar. Encontró su tumba y, cuando emprendió el regreso, juntamente con su hermano, llevó las preciosas reliquias. Al llegar a Constantinopla, los dos hermanos fueron enviados a Moravia por el emperador Miguel III, a quien el príncipe de Moravia, Ratislao, había hecho una petición precisa: "Nuestro pueblo —le había dicho—, desde que renunció al paganismo, observa la ley cristiana; pero no tenemos un maestro capaz de explicarnos la verdadera fe en nuestro idioma". La misión tuvo muy pronto un éxito insólito. Al traducir la liturgia a la lengua eslava, los dos hermanos se ganaron una gran simpatía entre el pueblo.

Esto, sin embargo, suscitó la hostilidad contra ellos por parte del clero franco, que había llegado precedentemente a Moravia y consideraba el territorio como perteneciente a su propia jurisdicción eclesial. Para justificarse, en el año 867 los dos hermanos viajaron a Roma. Durante el viaje se detuvieron en Venecia, donde tuvo lugar una acalorada discusión con los que defendían la así llamada "herejía trilingüe": estos consideraban que había sólo tres idiomas en los que se podía alabar lícitamente a Dios: hebreo, griego y latín.

Obviamente los dos hermanos se opusieron a esto con fuerza. En Roma, San Cirilo y San Metodio fueron recibidos por el Papa Adriano II, que les salió al encuentro en procesión para acoger dignamente las reliquias de San Clemente. El Papa también había comprendido la gran importancia de su excepcional misión. De hecho, desde la mitad del primer milenio los eslavos se habían asentado en gran número en los territorios situados entre las dos partes del Imperio romano, la oriental y la occidental, que experimentaban tensiones entre sí. El Papa intuyó que los pueblos eslavos podían desempeñar el papel de puente, contribuyendo así a conservar la unión entre los cristianos de ambas partes del Imperio. Por eso, no dudó en aprobar la misión de los dos hermanos en la Gran Moravia, acogiendo y aprobando el uso de la lengua eslava en la liturgia. Los libros eslavos fueron colocados en el altar de Santa María de Phatmé (Santa María la Mayor) y se celebró la liturgia en lengua eslava en las basílicas de San Pedro, San Andrés y San Pablo.

Por desgracia, en Roma San Cirilo enfermó gravemente. Al sentir que se acercaba su muerte, quiso consagrarse totalmente a Dios como monje en uno de los monasterios griegos de la ciudad (probablemente en Santa Práxedes) y tomó el nombre monástico de Cirilo (su nombre de bautismo era Constantino). Luego pidió con insistencia a su hermano Metodio, que mientras tanto había sido consagrado obispo, que no abandonara la misión en Moravia y regresara a aquellas poblaciones. Y dirigió a Dios esta invocación: "Señor, Dios mío..., escucha mi oración y conserva fiel a ti el rebaño que me habías encomendado... Líbralos de la herejía de las tres lenguas, reúnelos a todos en la unidad, y haz que el pueblo que has elegido viva concorde en la auténtica fe y en la recta confesión". Falleció el 14 de febrero del año 869.


Fiel al compromiso asumido con su hermano, al año siguiente, 870, San Metodio regresó a Moravia y a Panonia (hoy Hungría), donde afrontó nuevamente la violenta animadversión de los misioneros francos, que lo encarcelaron. No se desalentó y cuando, en el año 873, fue liberado se dedicó activamente a la organización de la Iglesia, cuidando la formación de un grupo de discípulos. Gracias a estos discípulos se superó la crisis que se había desencadenado tras la muerte de San Metodio, que tuvo lugar el 6 de abril del año 885: algunos de estos discípulos, perseguidos y encarcelados, fueron vendidos como esclavos y llevados a Venecia, donde fueron rescatados por un funcionario de Constantinopla, quien les permitió regresar a los países de los eslavos balcánicos. Acogidos en Bulgaria, pudieron continuar la misión comenzada por san Metodio, difundiendo el Evangelio en la "tierra de la Rus'". Así, Dios, en su misteriosa providencia, se servía de la persecución para salvar la obra de los santos hermanos. De ella queda también la documentación literaria. Basta pensar en obras como el Evangeliario (perícopas litúrgicas del Nuevo Testamento), el Salterio, varios textos litúrgicos en lengua eslava, en los que trabajaron los dos hermanos. Tras la muerte de San Cirilo, se debe a San Metodio y a sus discípulos, entre otras cosas, la traducción de toda la Sagrada Escritura, el Nomocanon y el Libro de los Padres.

Resumiendo brevemente el perfil espiritual de los dos hermanos, hay que constatar ante todo la pasión con la que San Cirilo se acercó a los escritos de San Gregorio Nacianceno, aprendiendo de él el valor del idioma en la transmisión de la Revelación. San Gregorio había expresado el deseo de que Cristo hablara a través de él: "Soy servidor del Verbo, por eso me pongo al servicio de la Palabra". Queriendo imitar a San Gregorio en este servicio, San Cirilo pidió a Cristo que hablara en eslavo por medio de él. Introduce su obra de traducción con la invocación solemne: "Escuchad, eslavos todos, escuchad la Palabra que procede de Dios, la Palabra que alimenta las almas, la Palabra que lleva al conocimiento de Dios".

En realidad, ya algunos años antes de que el príncipe de Moravia pidiera al emperador Miguel III el envío de misioneros a su tierra, parece que San Cirilo y su hermano San Metodio, rodeados por un grupo de discípulos, estaban trabajando en el proyecto de recoger los dogmas cristianos en libros escritos en lengua eslava. Entonces se constató con claridad la necesidad de contar con nuevos signos gráficos, que fueran más adecuados a la lengua hablada: nació así el alfabeto glagolítico que, modificado posteriormente, fue designado con el nombre de "cirílico" en honor a su inspirador. Fue un hecho decisivo para el desarrollo de la civilización eslava en general. San Cirilo y San Metodio estaban convencidos de que los diferentes pueblos no podían considerar que habían recibido plenamente la Revelación hasta que no la hubieran escuchado en su propio idioma y leído en los caracteres propios de su alfabeto.

A San Metodio corresponde el mérito de haber permitido que la obra emprendida por su hermano no quedara bruscamente interrumpida. Mientras San Cirilo, el "filósofo", tendía a la contemplación, él se inclinaba más bien a la vida activa. Gracias a ello pudo poner los cimientos de la sucesiva afirmación de lo que podríamos llamar la "idea cirilo-metodiana", que acompañó en los diferentes períodos históricos a los pueblos eslavos, favoreciendo su desarrollo cultural, nacional y religioso. Lo reconoció ya el Papa Pío XI con la carta apostólica Quod sanctum Cyrillum, en la que definía a los dos hermanos: "hijos de Oriente, bizantinos de patria, griegos de origen, romanos por su misión, eslavos por los frutos apostólicos" (AAS 19 [1927] 93-96). Después, el papel histórico que desempeñaron fue proclamado oficialmente por el Papa Juan Pablo II, que, con la carta apostólica Egregiae virtutis viri, los declaró copatronos de Europa junto con San Benito (AAS 73 [1981] 258-262).

 

En efecto, San Cirilo y San Metodio constituyen un ejemplo clásico de lo que hoy se indica con el término "inculturación": cada pueblo debe hacer que penetre en su propia cultura el mensaje revelado y expresar la verdad salvífica con su lenguaje propio. Esto supone un trabajo de "traducción" muy arduo, pues exige encontrar términos adecuados para volver a proponer, sin traicionarla, la riqueza de la Palabra revelada. En este sentido, los dos santos hermanos han dejado un testimonio muy significativo, que la Iglesia sigue mirando también hoy para inspirarse y orientarse.


Las imágenes corresponden a la capilla dedicada a Eslovaquia en la cripta de la Basílica de Nuestra Señora de Luján. Tomamos las fotos en 2014.

14 de febrero de 2023

14 de febrero: San Cirilo y San Metodio

Señala en la fecha de hoy el Martirologio Romano:

Fiesta de San Cirilo, monje, y San Metodio, obispo, hermanos nacidos en Tesalónica, que enviados a Moravia por el obispo Focio de Constantinopla para predicar la fe cristiana, allí crearon signos propios para traducir del griego a la lengua eslava los libros sagrados. En un posterior viaje a Roma, Cirilo, que antes se llamaba Constantino, enfermó, y habiendo profesado como monje, descansó en el Señor en este día. Metodio, constituido obispo de Sirmium por el papa Adriano II, evangelizó la región de Panonia, y en todas las dificultades que soportó fue siempre ayudado por los Pontífices Romanos; recibió finalmente el premio celestial por sus trabajos en Velherad, en Moravia, el día seis de abril.

En 1880, León XIII, mediante la Carta Encíclica Grande Munus, «recordaba a toda la Iglesia las figuras y la actividad apostólica de estos dos Santos, y al mismo tiempo introducía en el calendario de la Iglesia Católica su festividad litúrgica» (que ya era celebrada en el oriente cristiano). Ese documento pontificio, a su vez, celebraba el milenio de  la Carta Industriae tuae, remitida por el Papa Juan VIII al Príncipe Svatopluk en junio del año 880. «En ella se alaba y se recomienda el uso de la lengua eslava en la sagrada liturgia, para que fuesen proclamadas "en aquella lengua las alabanzas y las obras de Cristo Nuestro Señor"».

En 1980, celebrando los aniversarios de ambos documentos,  el Papa Juan Pablo II, mediante la Carta Apostólica Egregiae virtutis, los proclamó Patronos de Europa, junto con San Benito de Nursia, que también aparece en la imagen de la entrada de hoy.


Teniendo en cuenta que este año la Iglesia recuerda solemnemente el 1500 aniversario del nacimiento de San Benito, proclamado Patrón de Europa en 1964 por mi venerado predecesor Pablo VI, ha parecido oportuno considerar que esta protección sobre toda Europa destacará más si, a la gran obra del Santo Patriarca de Occidente, añadimos los méritos particulares de los Santos hermanos Cirilo y Metodio. Avalan esta decisión numerosas razones, que brotan de la historia, tanto antigua como contemporánea, y que tienen su fundamento teológico y eclesial, así como cultural, en la historia de nuestro continente europeo. Por esto, antes de que acabe este año dedicado al especial recuerdo de San Benito, y que coincide con el centenario de la Encíclica de León XIII, deseo que se pongan de relieve las citadas razones mediante esta Carta Apostólica con la cual quiero proclamar Copatronos de Europa a los Santos Cirilo y Metodio.

De hecho, Europa, considerada geográficamente y en su conjunto, es de algún modo el fruto de la acción de dos corrientes de tradición cristiana, a las que hay que añadir dos formas de cultura diversas, pero al mismo tiempo profundamente complementarias. San Benito, con su influencia, abarcó en un primer momento la Europa Occidental y Central. Pero, a través de los centros benedictinos, llegó también a otras partes de la tierra. Se sitúa, pues, en el centro mismo de la corriente que parte de Roma, de la Sede de los Sucesores de San Pedro. Por su parte, los Santos hermanos de Tesalónica ponen de relieve no sólo la aportación de la antigua cultura griega, sino la irradiación de la Iglesia de Constantinopla y de la tradición oriental, tan profundamente enraizada en la espiritualidad y en la cultura de tantos pueblos y naciones de la parte oriental del continente europeo.  

El mismo Pontífice les dedicó en 1985 la encíclica Slavorum apostoli, que terminaba con esta plegaria:

¡El futuro! Por más que pueda aparecer humanamente grávido de amenazas e incertidumbres, lo ponemos con confianza en tus manos, Padre celestial, invocando la intercesión de la Madre de tu Hijo y Madre de la Iglesia; y también la de tus Apóstoles Pedro y Pablo y la de los santos Benito, Cirilo y Metodio, la de Agustín y Bonifacio, y la de todos los evangelizadores de Europa, los cuales, fuertes en la fe, en la esperanza y en la caridad, anunciaron a nuestros padres tu salvación y tu paz; y con los trabajos de su siembra espiritual comenzaron la construcción de la civilización del amor, el nuevo orden basado en tu santa ley y en el auxilio de tu gracia, que al final de los tiempos vivificará todo y a todos en la Jerusalén celestial. Amén.

La imagen de hoy representa a los tres Patronos de Europa. San Benito está a la izquierda, fácilmente identificable porque sostiene un pergamino en que se lee "Ora et labora".  De nuestros santos de hoy, el obispo Metodio está en el centro,  con mitra y báculo, mientras que su hermano Cirilo está a la derecha.



Las peculiares imágenes pertenecen a la iglesia de San Rafael, en Asunción del Paraguay. Son obra del escultor Hugo Pistillo.

Es la primera vez que en este blog visitamos ese templo, y es la primera vez que el "ritmo del Año Litúrgico" nos concede celebrar a San Cirilo y San Metodio.