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2 de diciembre de 2025

Martes de la Semana I de Adviento

En la misa de hoy se lee un fragmento del libro del profeta Isaías (11, 1-10) que comienza con estas palabras (11, 1-2):

«Saldrá una rama del tronco de Jesé y un retoño brotará de sus raíces. Sobre él reposará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor -y lo inspirará el temor del Señor-».

Sabiduría, inteligencia, consejo,  fortaleza, ciencia y temor del Señor: el texto de Isaías menciona seis de los dones del Espíritu Santo. Los siete dones están representados en el púlpito de la iglesia de la Sagrada Familia, de la ciudad de Buenos Aires.


«Ya los Padres de la Iglesia empezaron a desdoblar el último don mencionado por Isaías, en Piedad y Temor de Dios. En el año 382, el Papa Dámaso habla del Espíritu septiforme que reposó sobre el Mesías: Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor de Dios».

2 de febrero de 2021

2 de febrero: Santa Juana de Lestonnac

El 2 de febrero está inscrita en el Martirologio la Memoria de Santa Juana de Lestonnac, «que, siendo niña, rechazó la invitación y los esfuerzos de su madre para apartarla de la Iglesia católica. Al quedar viuda, y después de educar convenientemente a sus cinco hijos, fundó la Sociedad de Hijas de Nuestra Señora, a imitación de la Orden de la Compañía de Jesús, para la educación cristiana de las muchachas». Murió en Burdeos, Francia, el 2 de febrero de 1640.



Nacida en 1566, pertenecía a una distinguida familia bordelesa; su padre era católico, pero su madre era calvinista, y trató de cambiar la fe de su hija, incluso maltratando cruelmente a Juana. A los 17 años, Juana se casó con Gastón de Montferrant, de noble alcurnia. El matrimonio fue muy feliz, pero Gastón murió en 1597, dejando a su mujer con cuatro hijos, a cuyo  cuidado Juana se dedicó totalmente hasta que pudieron bastarse por sí solos. Entonces, cuando contaba con 47 años,  Juana de Lestonnac ingresó en el noviciado del monasterio cisterciense de Toulouse. Pasó allí seis meses, pero el estilo de vida tan duro  quebrantó su salud y, a pesar de que sus súplicas, los superiores le mandaron abandonar el convento. Antes de partir, mientras estaba orando en la capilla repitiendo «Señor si es posible, haz que pase de mí este cáliz», sintió la certeza de que ella debía ser la fundadora de una nueva orden religiosa.



No bien abandonó el monasterio, ya repuesta en su salud, se trasladó a Périgord, donde reunió a varias jóvenes que más tarde serían sus primeras novicias. Cuando una peste estalló en Burdeos, Madame de Lestonnac y un grupo de valientes mujeres se dedicaron a cuidar a las víctimas. Juana conoció entonces a dos sacerdotes jesuitas, que le insistieron en señalarle la devastación que el calvinismo causaba entre los jóvenes privados de educación católica. Ambos creyeron necesario prestar ayuda a Juana en la fundación de una orden que contrarrestara los daños de esa herejía. Así comenzó la obra, que prosperó rápidamente. Juana fue la primera superiora de la nueva congregación. La primera casa se abrió en el antiguo priorato del Espíritu Santo, en Burdeos.

En 1607, Pablo V aprueba la primera comunidad de la Compañía de María Nuestra Señora, una comunidad de mujeres que compaginan la contemplación con la dedicación total a la educación de la mujer. Juana  de Lestonnac y sus compañeras recibieron el hábito de manos del cardenal Sourdis, Arzobispo de Burdeos, en 1608. La orden -que tenía el propósito de formar y enseñar a las jóvenes de todas las clases sociales- prosperó rápidamente. Sin embargo, pronto comenzaron las pruebas más duras: una de las monjas y el director de una de las escuelas, conspiraron contra Juana, urdieron calumnias e inventaron mentiras acerca de ella. Como resultado de esa infamia, la madre Lestonnac fue destituida. La monja acusadora fue nombrada superiora y comenzó a tratar a la destituida Juana con despotismo y crueldad.  Pero la paciencia de Santa Juana finalmente conmovió el corazón de la malvada monja, quien se arrepintió de sus calumnias y trató de reparar los daños. Juana de Lestonnac, sin embargo, ya no retomó el cargo de superiora.  Pasó sus últimos años en recogimiento y preparándose para la muerte. 


Falleció cuando todas sus religiosas habían renovado sus votos, en la fiesta de la Purificación de 1640. Su cuerpo permaneció fresco y exhalando una dulce fragancia varios días después de su muerte;  su rostro se veía lleno de belleza y una brillante luz  rodeaba el catafalco. Varios milagros se operaron en su tumba. 

A causa  de la Revolución Francesa, las religiosas se  dispersaron y el cuerpo de Santa Juana se perdió hasta principios del siglo XIX. Recuperado el cuerpo, se le dio sepultura en Burdeos y se introdujo la causa de canonización en Roma.  Juana de Lestonnac fue beatificada en 1900 y canonizada en 1949.

Tomamos las fotos de la imagen de Santa Juana de Lestonnac en la iglesia de la Sagrada Familia, sobre la avenida Balbín.

29 de diciembre de 2019

Fiesta de la Sagrada Familia

Por primera vez en la vida de este blog visitamos la iglesia porteña consagrada a la Sagrada Familia, y precisamente en el día en que se celebra su fiesta titular.


La hermosa imagen en el retablo del altar mayor muestra a María y a José en actitud de adorar al Niño. Todo el conjunto está enmarcado por la luz que procede de Dios Padre, representado, como es clásico, por un ojo en un triángulo.


Cerramos esta entrada con fragmentos de la oración pronunciada por Benedicto XVI el 27 de noviembre de 2010 en la Basílica de San Pedro durante una Vigilia de Oración por la Vida Naciente:

Señor Jesús ... 

Postrados delante de ti, fuente y amante de la vida, 
realmente presente y vivo en medio de nosotros, 
te suplicamos:

Aviva en nosotros el respeto por toda vida humana naciente, 
haz que veamos en el fruto del seno materno 
la admirable obra del Creador;
abre nuestro corazón a la generosa acogida 
de cada niño que se asoma a la vida.

Bendice a las familias, 
santifica la unión de los esposos, 
haz que su amor sea fecundo.

...

Consuela a las parejas de esposos que sufren 
a causa de la imposibilidad de tener hijos, 
y en tu bondad provee.

Educa a todos a hacerse cargo 
de los niños huérfanos o abandonados, 
para que experimenten el calor de tu caridad, 
el consuelo de tu Corazón divino.

Con María, tu Madre, la gran creyente, 
en cuyo seno asumiste nuestra naturaleza humana, 
esperamos de ti, nuestro único verdadero Bien y Salvador, 
la fuerza de amar y servir a la vida, 
a la espera de vivir siempre en ti, 
en la comunión de la Santísima Trinidad.