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11 de enero de 2026

Fiesta del Bautismo de Jesús

 


El Evangelio que se lee en la misa de esta Fiesta en el Ciclo A es el siguiente:


Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: «Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!»
Pero Jesús le respondió: «Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo». Y Juan se lo permitió.
Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección».

(Mt   3, 13-17)

8 de enero de 2023

Fiesta del Bautismo de Jesús

 

Nos unimos a la fiesta de hoy con una foto de un vitral en la iglesia ortodoxa San Jorge y un fragmento de la homilía de Benedicto XVI el 9 de enero de 2011 durante la misa (con las mismas lecturas de hoy)  en que administró el Bautismo a varios niños.

Según el relato del evangelista San Mateo (3, 13-17), Jesús fue de Galilea al río Jordán para que lo bautizara Juan; de hecho, acudían de toda Palestina para escuchar la predicación de este gran profeta, el anuncio de la venida del reino de Dios, y para recibir el bautismo, es decir, para someterse a ese signo de penitencia que invitaba a convertirse del pecado. Aunque se llamara bautismo, no tenía el valor sacramental del rito que celebramos hoy; como bien sabéis, con su muerte y resurrección Jesús instituye los sacramentos y hace nacer la Iglesia. El que administraba Juan era un acto penitencial, un gesto que invitaba a la humildad frente a Dios, invitaba a un nuevo inicio: al sumergirse en el agua, el penitente reconocía que había pecado, imploraba de Dios la purificación de sus culpas y se le enviaba a cambiar los comportamientos equivocados, casi como si muriera en el agua y resucitara a una nueva vida. 
Por esto, cuando Juan Bautista ve a Jesús que, en fila con los pecadores, va para que lo bautice, se sorprende; al reconocer en él al Mesías, al Santo de Dios, a aquel que no tenía pecado, Juan manifiesta su desconcierto: él mismo, el que bautizaba, habría querido hacerse bautizar por Jesús. Pero Jesús lo exhorta a no oponer resistencia, a aceptar realizar este acto, para hacer lo que es conveniente para «cumplir toda justicia». Con esta expresión Jesús manifiesta que vino al mundo para hacer la voluntad de Aquel que lo mandó, para realizar todo lo que el Padre le pide; aceptó hacerse hombre para obedecer al Padre. Este gesto revela ante todo quién es Jesús: es el Hijo de Dios, verdadero Dios como el Padre; es aquel que «se rebajó» para hacerse uno de nosotros, aquel que se hizo hombre y aceptó humillarse hasta la muerte de cruz (cf. Flp 2, 7). El bautismo de Jesús, que hoy recordamos, se sitúa en esta lógica de la humildad y de la solidaridad: es el gesto de quien quiere hacerse en todo uno de nosotros y se pone realmente en la fila con los pecadores; él, que no tiene pecado, deja que lo traten como pecador (cf. 2 Co 5, 21), para cargar sobre sus hombros el peso de la culpa de toda la humanidad, también de nuestra culpa. Es el «siervo de Dios» del que nos habló el profeta Isaías en la primera lectura (cf. 42, 1). Lo que dicta su humildad es el deseo de establecer una comunión plena con la humanidad, el deseo de realizar una verdadera solidaridad con el hombre y con  su condición. El gesto de Jesús anticipa la cruz, la aceptación de la muerte por los pecados del hombre. Este acto de anonadamiento, con el que Jesús quiere uniformarse totalmente al designio de amor del Padre y asemejarse a nosotros, manifiesta la plena sintonía de voluntad y de fines que existe entre las personas de la santísima Trinidad. Para ese acto de amor, el Espíritu de Dios se manifiesta como paloma y baja sobre él, y en aquel momento el amor que une a Jesús al Padre se testimonia a cuantos asisten al bautismo, mediante una voz desde lo alto que todos oyen. El Padre manifiesta abiertamente a los hombres —a nosotros— la comunión profunda que lo une al Hijo: la voz que resuena desde lo alto atestigua que Jesús es obediente en todo al Padre y que esta obediencia es expresión del amor que los une entre sí. Por eso, el Padre se complace en Jesús, porque reconoce en las acciones del Hijo el deseo de seguir en todo su voluntad: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mt 3, 17). Y esta palabra del Padre alude también, anticipadamente, a la victoria de la resurrección y nos dice cómo debemos vivir para complacer al Padre, comportándonos como Jesús.

10 de enero de 2021

Fiesta del Bautismo de Jesús



En la Fiesta del Bautismo del Señor, en el Ciclo B, se lee en la misa el relato del episodio según San Marcos (1, 7-11):
Juan Bautista predicaba, diciendo:«Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo».En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección».
De los diversos comentarios que recoge sobre el fragmento la Catena Áurea, hemos escogido los de San Beda y San Jerónimo:

San Beda: Fue bautizado para que se confirmase con su bautismo el de San Juan y para que, santificando el agua del Jordán, se mostrase por la bajada de la paloma la venida del Espíritu Santo en el baño de los creyentes. Y continúa: "Y luego que salió del agua se le abrieron los cielos, y vio bajar al Espíritu de Dios en forma de paloma y posar sobre El".Se abren los cielos no porque se abran los elementos naturales, sino porque se abren a los ojos espirituales. De este modo estaban abiertos también para Ezequiel, como lo recuerda en el principio de su libro. Fue para nuestro beneficio que viese abiertos los cielos después del bautismo, dando a entender que por el baño de la regeneración se nos abre la puerta del reino celestial.
San Beda: El ver bajar al Espíritu Santo en el bautismo, era señal de la gracia espiritual que en el bautismo se nos confiere.
San Jerónimo: Esta es la unción de Cristo según la carne (a saber, la unción con el Espíritu Santo), de la cual se dice ( Sal 44,8): "Te ungió, oh Dios, el Dios tuyo con óleo de alegría, con preferencia a tus compañeros".
San Beda: Con mucha razón desciende el Espíritu Santo en forma de paloma, porque es animal de gran sencillez y no tiene la malicia de la hiel. De este modo nos insinúa figuradamente que busca los corazones sencillos y que no se digna habitar en la mente de los impíos.
San Jerónimo: Desciende el Espíritu Santo en forma de paloma, porque en el Cántico se dice de la Iglesia ( Cant 2,10; 5,2): "Esposa mía, amiga mía, prójimo o compañero mío, amada mía, paloma mía". Esposa de los patriarcas, amiga de los profetas, prójimo en José y María, amada en Juan Bautista, paloma en Cristo y los apóstoles, a quienes se dice ( Mt 10,16): "Sed prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas".
San Beda: Se posó la paloma sobre la cabeza de Jesús, para que ninguno juzgase que la voz del Padre se dirigía a San Juan y no al Señor. Con razón, pues, añadió: "Y se posó sobre El", esto es en Cristo particularmente, que llenándolo una vez el Espíritu Santo, nunca lo abandonó. De otro modo es con sus fieles, a quienes la gracia del Espíritu se confiere a veces para hacer muestras de virtudes y milagros, aunque otras veces se les quita. No obstante, nunca les falta esta gracia para obrar la piedad y la justicia, y para conservar el amor a Dios y al prójimo. Al mismo que vino a San Juan para ser bautizado con otros, señaló la voz del Padre como verdadero Hijo de Dios, para bautizar al que quisiera en el Espíritu Santo. Y continúa: "Y se oyó una voz del cielo que dijo: Tú eres mi querido Hijo, en quien tengo puesta toda mi complacencia". Con esto no se enseña al Hijo de Dios lo que no sabía, sino que se nos muestra a nosotros lo que debemos creer.

La imagen, que incluye al pie la palabra "Bautismo" en griego, corresponde a la Catedral de la Dormición de la Madre de Dios (ortodoxa griega); tomé la foto en noviembre de 2019.

12 de enero de 2020

Fiesta del Bautismo de Jesús

Una pequeña obra de arte 
en la pila bautismal 
de la antigua iglesia de San Miguel, 
en el centro porteño: 
una escultura de mármol 
que representa el Bautismo de Jesús.

San Juan Bautista, de pie,
está bautizando a Cristo,
quien se encuentra de rodillas
en actitud 
de piadoso ensimismamiento,
con los brazos cruzados
sobre el pecho.

Hoy se celebra la fiesta
que recuerda este episodio,
que los cuatro evangelistas narran.
Este año se lee el texto
según San Mateo (3, 13-17), 
que dice:

«Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: “Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!”
Pero Jesús le respondió: “Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo”. Y Juan se lo permitió.
Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”».

Tomé la foto en 2016.

13 de enero de 2019

Fiesta del Bautismo de Jesús

Hoy es la Fiesta del Bautismo de Jesús.

Se lee en la misa este fragmento del Evangelio de San Lucas:

«Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo: 

“Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego”.

Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. 

Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: 

“Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”».

La imagen que ilustra esta entrada corresponde a un vitral de la iglesia de Santa Magdalena Sofía Barat.

Próxima entrada: Miércoles de la Semana I Durante el Año (16 de enero)

8 de enero de 2017

Fiesta del Bautismo de Jesús

Una antigua y hermosa pintura en la Catedral de Gualeguaychú ilustra hoy la celebración de la Fiesta del Bautismo de Jesús.


Tomé las fotos en enero de 2015.




Antífona de entrada de la Fiesta de hoy     (Cf. Mt 3, 16-17):

Los cielos se abrieron después del bautismo del Señor,
y el Espíritu, en forma de paloma, se manifestó sobre él.
Se oyó la voz del Padre: Éste es mi hijo muy querido,
en quien tengo puesta mi predilección.






Oración colecta:

Dios todopoderoso y eterno,
que proclamaste a Cristo como Hijo tuyo muy amado,
cuando era bautizado en el Jordán,
y el Espíritu Santo descendía sobre él;
concede a tus hijos, renacidos del agua y del Espíritu,
perseverar siempre en el cumplimiento de tu voluntad.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.


Próxima entrada: 14 de enero (Santa María en sábado)

10 de enero de 2016

Fiesta del Bautismo de Jesús


Un vitral en la iglesia castrense Nuestra Señora de Luján nos permite unirnos a la fiesta del Bautismo de Jesús, con que se cierra el tiempo de Navidad.

El Prefacio de la fiesta de hoy dice:


En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Tú quisiste expresar, con signos admirables en el río Jordán,
el misterio del nuevo bautismo,
para que, por tu voz celestial, se manifestase
que tu Palabra habitaba entre los hombres,
y, por el Espíritu, que bajó en forma de paloma,
se reconociera que Cristo, tu servidor,
había sido ungido con el óleo de la alegría
y enviado a evangelizar a los pobres.

Por eso, con los coros celestiales,
te alabamos en la tierra llenos de alegría,
cantando sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.

Hosanna en el cielo.


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