Mostrando entradas con la etiqueta Basílica de San Francisco (Buenos Aires). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Basílica de San Francisco (Buenos Aires). Mostrar todas las entradas

24 de septiembre de 2026

24 de septiembre: San Pacífico de San Severino

San Pacífico  fue un presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, «preclaro por sus penitencias, amor a la soledad y oración ante el Santísimo Sacramento», en palabras del Martirologio Romano.


Nació en 1653 en la ciudad de San Severino. Sus nombres de pila eran Carlos Antonio. Quedo huérfano a los cinco años. Durante mucho tiempo, soportó con paciencia las humillaciones que recibía de su tío, a cuyo cuidado había quedado. Al cumplir 17 años ingresó en a los Frailes Menores de la Observancia y tomó el nombre de Pacífico.


Fue ordenado sacerdote a los 25 años y se  dedicó primero a enseñar filosofía a los frailes más jóvenes; luego se le encomendó la predicación, tarea más adecuada a sus condiciones. Fue enviado a predicar a las aldeas de la comarca, donde sus sermones fueron siempre bien recibidos. 

A los 35 años quedó sordo y ciego y comenzó a padecer  una  enfermedad que le producía úlceras en las piernas. Condenado a la inmovilidad, permaneció en su convento de Forano dedicado a la penitencia y a la plegaria. Salvo por un breve período, vivió allí en Forano el resto de su vida.

San Pacífico dio muestras de poseer el don de profecía y de conocer las conciencias. Se entregaba a mortificaciones hasta el punto en que  sus superiores debieron intervenir para aliviarlas. 

En julio de 1721 recibió la visita del obispo de San Severino;  cuando el prelado se retiraba, Pacífico gritó intempestivamente: «¡Mi señor! ¡El cielo, el cielo! Yo os seguiré pronto». Pocos días después murió el obispo y el 24 de septiembre Pacífico lo siguió a la tumba. Tras su muerte se multiplicaron sus milagros. 

En 1752 se abrió su proceso de canonización. Pacífico fue beatificado en 1768 y canonizado en 1839.


La imagen de San Pacífico se venera en la Basílica de San Francisco, y la fotografiamos el 18 de septiembre de 2024, al día  siguiente de la reapertura del templo después de una larga restauración.

17 de septiembre de 2026

17 de septiembre: Impresión de las llagas de San Francisco



Hoy los franciscanos celebran -con categoría de Fiesta para esa familia religiosa- la  "Impresión de las Llagas a Nuestro Seráfico Padre San Francisco". El hecho ocurrió el 17 de septiembre de 1224 en el Monte Alverna, en Italia. Ese día Cristo imprimió en el cuerpo del santo las heridas de la crucifixión como signo de la  profunda identificación de Francisco con el sufrimiento del Señor. 

Honramos este día con la imagen que representa este episodio de la vida del Poverello en un retablo lateral de la Basílica de San Francisco de Asís de la ciudad de Buenos Aires. Tomamos las fotos el 18 de septiembre de 2024, al día siguiente de la reapertura del templo después de años de restauraciones. 

Completamos la entrada con la oración propuesta por el Sumo Pontífice León XIV con ocasión del VIII Centenario del tránsito de San Francisco de Asís, que se celebra este año ¹.


San Francisco, hermano nuestro, 

tú que hace ochocientos años

fuiste al encuentro de la hermana muerte 

como un hombre reconciliado,

intercede por nosotros ante el Señor.


Tú, que en el Crucifijo de San Damián 

reconociste la paz verdadera,

enséñanos a buscar en Él 

la fuente de toda reconciliación

que derriba todo muro.


Tú,  que desarmado 

atravesaste las líneas de la guerra

y de la incomprensión,

concédenos el coraje de construir puentes

allí donde el mundo levanta fronteras.


En este tiempo afligido por conflictos y divisiones,

intercede para que lleguemos a ser artesanos de paz:

testigos desarmados y desarmantes de la paz que viene de Cristo.

Amén.


----------

¹ CARTA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV A LOS MINISTROS GENERALES DE LA CONFERENCIA DE LA FAMILIA FRANCISCANA CON MOTIVO DE LA APERTURA DEL VIII CENTENARIO DEL TRÁNSITO DE S. FRANCISCO DE ASÍS

18 de julio de 2026

Santa María "en sábado"

 


En esta Memoria de Santa María en sábado compartimos esta imagen de la Santísima Virgen que se venera en la Basílica de San Francisco de la ciudad de Buenos Aires. 

De San Francisco de Asís es justamente esta salutación a la Virgen María que completa nuestra entrada de hoy:

¡Salve, Señora, santa Reina,
santa Madre de Dios, María,
virgen hecha Iglesia,
elegida por el santísimo Padre del cielo,
consagrada por él con su santísimo Hijo amado
y el Espíritu Santo Defensor,
en ti estuvo y está
toda la plenitud de la gracia y todo bien!
¡Salve, palacio de Dios!
¡Salve, tabernáculo suyo!
¡Salve, casa suya!
¡Salve, vestidura suya!
¡Salve, esclava suya!
¡Salve, Madre suya! Y, ¡salve, todas vosotras santas virtudes,
que, por la gracia e iluminación del Espíritu Santo,
sois infundidas en los corazones de los fieles,
para hacerlos, de infieles, fieles a Dios!


A ambos lados de la imagen mariana en el hermoso retablo aparecen los padres de la Virgen María, San Joaquín y Santa Ana.

6 de marzo de 2026

6 de marzo: Santa Coleta

Hoy el Martirologio trae a Santa Coleta.  Una publicación oficial franciscana nos dice:  «Coleta nació en Corbie (Francia) en 1381. Huérfana de padre y madre, distribuyó sus bienes entre los pobres y vistió el hábito de la Tercera Orden. Vivió en retiro durante tres años y luego ingresó entre las clarisas. Con permiso del Papa restauró la primitiva forma de vida franciscana en varios conventos de la primera y segunda Orden, inculcando, ante todo, la pobreza y la oración. Murió el 6 de marzo de 1447». 

La imagen pertenece a la Basílica de San Francisco en Buenos Aires.

Compartimos la Segunda Lectura del Oficio de Lectura de la Memoria de la santa el 7 de febrero, día en que se celebra  en el Propio de la familia franciscana

Del testamento espiritual de Santa Coleta, virgen ¹

Hijas queridísimas, sed conscientes de vuestra vocación, de vuestra gran dignidad y de la perfección a la que habéis sido llamadas: la ignorancia, y descuido perjudican, la recta sabiduría aprovecha; esforzaos en seguir las inspiraciones de Dios y las exigencias de vuestra vocación. Dice nuestro suavísimo Jesús: Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no le atrae con su inspiración.

El camino de la perfección evangélica consiste en la renuncia a los atractivos del mundo, a la concupiscencia y a la propia voluntad.

En efecto, agrega el bendito Jesús, nacido de la Virgen María: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame, sin olvidar el continuo ejercicio de la penitencia por los pecados cometidos, con propósito de no ofender al Señor y conservar la gracia de Dios. Tened presente, amadísimas hijas, que fuisteis llamadas a la perfecta observancia de la virtud de la obediencia por gracia especial de Dios, y, en todo lo que no haya ofensa al Señor, estáis obligadas a obedecer; Jesús se hizo obediente hasta la muerte.

No basta ser obediente durante determinado tiempo, ni en casos especiales, sino siempre y en todo lo que no vaya contra la voluntad de Dios, vuestra conciencia y contra la Regla. Nunca debemos preferir nuestro criterio al del superior.

El verdadero sabio se somete gozosamente a los deseos de Jesús y de la bondadosa Virgen Madre. El verdadero obediente practica con simplicidad de corazón la obediencia por amor de Dios, y su único deseo es obedecer con tal sumisión, como si fueran mandatos dimanados de los mismos labios de Jesús, pues, aunque para los hombres es más grato mandar, no es así para Dios, que se complace en los obedientes, porque son muchos los males que proporciona la desobediencia. Una sola oración del varón obediente vale más que cien peticiones del desobediente; a quien obedece a Dios, Dios mismo se le somete.

Hemos elegido la vida de renuncia y Dios quiere que carguemos con nuestra cruz, porque en eso consiste el voto de la santa pobreza. La cruz pesa cuando buscamos apartarnos de la cruz de Jesús, quien la llevó sobre sus hombros, y en ella murió. Hijas queridísimas, amad esta maravillosa virtud, siguiendo el ejemplo de Cristo Jesús, de nuestro Padre San Francisco y de nuestra Hermana Clara. Vivid alegres en la estrechez, con ella conseguiréis más fácilmente el Reino prometido; guardad la santa pobreza que libremente prometisteis observar. Perseverad pobres hasta la muerte, amadas hijas, imitando a Jesús que murió también pobre en la cruz. Son escasos en el mundo los amadores de la pobreza, motivo excelente para nosotras de total enamoramiento de esta virtud, pero, después de la santa obediencia, os recomiendo la pobreza más que ninguna otra cosa. 

Cumplamos fielmente lo que prometimos, y, si hemos pecado por fragilidad humana, debemos arrepentimos y satisfacer con duras penitencias nuestras culpas, deseosas de pronta enmienda y de merecer la gracia de una santa muerte.

El Padre, Dios de toda misericordia, su Hijo, que sufrió acerba muerte por nosotros, y el Espíritu Paráclito, fuente de paz, de dulzura y de amor, nos llenen de toda consolación. Amén.

----------

¹ E.S.M. Perrin, La belle vie de Sainte Colette de Corbie, París 1920, pp. 274-277) 

13 de noviembre de 2025

13 de noviembre: San Diego de Alcalá


San Diego de Alcalá «murió el 12 de noviembre y los franciscanos celebran su memoria el 13 del mismo mes».  Aquí tomamos en esta ocasión esta última fecha, y lo honramos con fotos que tomamos en la restaurada Basílica de San Francisco de Asís al día siguiente de su reapertura, en septiembre del año pasado. Todos los textos entrecomillados proceden textualmente del "Año Cristiano Franciscano".

«Nació en San Nicolás del Puerto (Sevilla) hacia 1400, de familia humilde. Muy joven abrazó la vida eremítica en la serranía de Córdoba, entregándose a la oración y al trabajo. 

A la edad de 30 años ingresó en la Orden franciscana como hermano laico; era analfabeto y se dedicó a los oficios más humildes como hortelano, enfermero, portero. Residió en varios conventos de su Provincia, promoviendo con su ejemplo el movimiento de la observancia. 

En 1441 partió como misionero a las islas Canarias, donde evangelizó, enseñó a cultivar la tierra y defendió los derechos de los nativos; lo nombraron superior del convento de Fuerteventura, pero se vio abrumado de dificultades. 

En 1450 se trasladó a Roma, donde atendió a apestados, a pobres y enfermos, curando con su oración a muchos. 

Pasó sus últimos años en Alcalá de Henares (Madrid), edificando a todos con su santidad y sabiduría evangélica. También es famoso por los milagros que Dios obró por su medio. 

Murió en Alcalá el 12 de noviembre de 1463».


El mismo sitio franciscano de donde tomamos su biografía aporta también esta oración en honor de San Diego:


Dios omnipotente, 
que derribas del trono a los poderosos 
y enalteces a los humildes, 
concédenos imitar la humildad 
de san Diego de Alcalá, 
para hacernos partícipes de su gloria en el cielo. 
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Como dijimos, se le atribuyeron milagros en vida, pero también después de muerto. El rey Felipe II  (1527-1598, Rey de España desde 1556), que obtuvo un milagro por intercesión del hermano Diego en favor de su hijo, solicitó su canonización. Diego de Alcalá fue declarado santo por Sixto V  el 2 de julio de 1588, lo que dio motivo a grandes  fiestas en España. 


10 de octubre de 2025

10 de octubre: San Daniel

Daniel, oriundo de Calabria, y otros seis hermanos menores franciscanos (Ángel, Samuel, Domno, León, Hugolino y Nicolás), partieron para Marruecos en 1227, a predicar el Evangelio. En Ceuta predicaron primero la fe cristiana a los mercaderes italianos, y luego, en las calles, también a los mahometanos. Los apresaron y, como se negaban a renegar de su fe, los condenaron a muerte. Sus cadáveres recibieron toda suerte de afrentas, hasta que personas piadosas los sepultaron en Ceuta.


La Segunda Lectura del Oficio de Lecturas en el Propio de los franciscanos está tomada de la narración del martirio de San Daniel y sus compañeros en la Passio escrita por un contemporáneo (Analecta Franciscana III, pp. 613–616):

«Fray Daniel, varón religioso, sabio y prudente, anteriormente ministro de la provincia de Calabria, con otros seis hermanos, llenos de espíritu de Dios, deseosos de la salvación de los sarracenos, no temieron exponer sus vidas con tal de ganar las almas para Cristo.

Un viernes, lo dedicaron en privado a tratar con calma los asuntos de su propia salvación y la de los demás; el sábado siguiente, recibieron todos ellos de manos del padre Daniel la absolución de sus pecados en el sacramento de la penitencia, y se acercaron con gran fervor a recibir la sagrada eucaristía, ofreciéndose incondicionalmente al Señor.

Estos atletas de Cristo, fortalecidos en su espíritu, el domingo, muy de mañana, se introdujeron clandestinamente en la ciudad, cubiertas sus cabezas con ceniza, proclamando por todas las calles y plazas el nombre del Señor, y, con el fervor que les confortaba interiormente, anunciaban con plena libertad que no existe salvación fuera de Cristo.

Este mensaje divino inflamaba de tal forma sus corazones, que parecían desfallecer de gozo, no pudiendo reprimir el ardor interior que los llenaba. Los sarracenos los prendieron y los colmaron de injurias y denuestos y los golpearon duramente. Después fueron conducidos ante el rey. Recibidos en audiencia, sirviéndose de un intérprete, explicaron al rey su misión: que eran mensajeros de Dios para predicarles el nombre del Señor. El rey y sus cortesanos se mofaron de ellos y, considerándolos unos ilusos, los enviaron a las mazmorras.

Desde la prisión escribieron una carta conmovedora al capellán mayor de los genoveses, de nombre Ruga, a otros dos sacerdotes, uno franciscano y el otro dominico, quienes por aquellos días retornaban del interior del país, y también a otros cristianos que residían en Ceuta. El contenido de esta carta venía a decir: 

"Bendito sea, Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, Padre de toda misericordia y Dios de todo consuelo, que nos conforta en nuestras tribulaciones, y que también presentó a tiempo la víctima de propiciación al patriarca Abrahán, a quien el mismo Dios había mandado salir de su patria, sin marcarle rumbo fijo; todo lo cual fue reputado para justicia, y por ello fue llamado amigo de Dios. Así, pues, el sabio, para que se considere como tal, que se haga primero necio, porque la sabiduría de este mundo es necedad ante el Señor. Tened presentes las palabras de Jesús, que padeció por nosotros: Id y predicad el Evangelio a toda criatura, y no será mayor el siervo que su señor, y si a mí me persiguieron, también a vosotros. Él dirigió nuestros pasos por el camino recorrido por él mismo en su vida para gloria suya, salvación de los fieles y honor de los cristianos, y también para la condenación de los que no le creyeran, como afirma el Apóstol: Nosotros somos para Dios el buen olor de Cristo; para unos, olor de muerte que lleva a la muerte; para otros, olor de vida que lleva, a la vida. Y añade Cristo: Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa de su pecado. Éste y no otro fue el motivo que nos indujo a predicar ante el rey el nombre de Cristo y proclamar que, fuera de él, no hay salvación, y procuramos también confirmarlo con argumentos firmes ante los consejeros y sabios que se encontraban junto al rey; sirviéndonos para esto de un competente intérprete.

Al Rey de los siglos, al Dios inmortal, invisible y único, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén".

El día diez de octubre, domingo, por la mañana, mientras nosotros recitábamos el Oficio divino, estos hermanos fueron sacados de la cárcel y conducidos de nuevo a la presencia del rey. Interrogados si estaban dispuestos a retractarse de cuanto habían afirmado contra sus leyes y contra Mahoma, ellos se reafirmaron en lo dicho, y añadieron que no había salvación en su ley, sino que era necesario recibir el bautismo, aceptando la fe de Cristo, por la que ellos estaban dispuestos a ofrecer su propia vida.

A los invictos atletas de Cristo, despojados de sus vestidos, mientras derramaban abundantes lágrimas, les ataron las manos a la espalda, los sacaron del palacio real y los condujeron fuera de la ciudad, llevados como corderos al matadero y cargando con el improperio de Cristo. Manteniéndose gozosos, se dirigían a la muerte como si fueran invitados a un banquete.

Llegados al lugar del suplicio, fueron decapitados, entregando al Señor sus almas, enrojecidas en la púrpura de su sangre».

La imagen de este mártir franciscano se venera en la Basílica de San Francisco de Asís en Buenos Aires. Tomamos las fotos en septiembre del año pasado, al día siguiente de la reapertura del templo después de su largo cierre de siete años, debido a la restauración allí encarada.

24 de julio de 2025

24 de julio: San Francisco Solano

En la década que ya está a punto de cumplir  este blog, sólo una vez visitamos la hermosa e histórica Basílica de San Francisco de Asís, ubicada en el centro porteño. Casi no teníamos buenas fotos del templo, debido a que estuvo cerrado siete años por obras de restauración. Reabrió el 17 de septiembre del año pasado; el 18 la recorrimos en su renovado esplendor y tomamos fotos para Al ritmo del Año Litúrgico.


Nos complace que esta primera entrada dedicada a la Basílica de San Francisco posterior a su reapertura esté consagrada a San Francisco Solano, quien, por analogía con el Poverello, "alter Christus", fue llamado "alter Franciscus".

Francisco Sánchez Solano Jiménez nació en Montilla, Córdoba, el 10 de marzo de 1549. Los datos disponibles sobre su vida son escasos. Al parecer era el segundo hijo de una familia relativamente pudiente y profundamente piadosa, en cuyo seno, ya desde sus primeros años, Francisco mostró un alma  contemplativa, elemento que caracterizaría su estilo de vida religiosa y marcaría también su vena artística.

Después de realizar sus estudios con los jesuitas en el colegio de su ciudad natal, intentó por algún tiempo la carrera de Medicina. Sin embargo, siguiendo anhelos aún más profundos, ingresó en el noviciado de los Hermanos Menores cuando contaba apenas veinte años. Tuvieron que transcurrir otras dos décadas para que, en la plena madurez de su vida, acogiera una nueva llamada: la propagación de la fe en tierras americanas.

Se embarcó para América en marzo de 1589; después de un largo viaje en el que debió soportar toda clase de penurias, llegó a Tucumán en noviembre de 1590.

Allí desplegó una importante labor, sobre todo entre los indígenas. Era conocido por su rigor ascético y moral, su caridad y también por su capacidad comunicativa, ya que tenía gran facilidad para aprender las lenguas nativas y llegó a comunicarse en diversas lenguas y dialectos locales. También lo ayudaba su habilidad para tocar el rabel, un instrumento musical pastoril compuesto de tres cuerdas que se hace sonar con un arco, semejante al violín.

Además, los numerosos milagros que se le atribuyeron durante su vida le dieron fama de taumaturgo.

Después de ocho  años de labor evangelizadora en el Tucumán, sus superiores le ordenaron trasladarse a la comunidad de Lima, en la que pasaría el resto de su vida.

Murió el 14 de julio de 1610. Su entierro fue un evento multitudinario que congregó a toda la ciudad de Lima. El pueblo ya lo canonizó ese día: la gente recortaba trozos del hábito del buen fraile, como reliquia, y hubo que reponer cinco veces su vestimenta. 

Su Memoria fue fijada por el Papa Benedicto XIII para el día 14 de julio, pero como coincidía con la festividad de San Buenaventura, el Papa Benedicto XIV la pasó al 24. San Pío X, en 1913, nuevamente la trasladó al día 14. Debido a esto, en diversas diócesis y en la familia franciscana es celebrado en diversos días. La única entrada de este blog dedicada hasta ahora a San Francisco Solano, en 2022, correspondió al 14 de julio, fecha en que aparece en el Martirologio; hoy optamos por la fecha del Calendario Litúrgico de la Argentina.

Este brevísimo resumen que publicamos (inspirado en esta biografía) no le hace justicia al gran "apóstol de América", como reza la leyenda a los pies de la imagen del santo en la restaurada basílica franciscana del casco histórico porteño.

16 de julio de 2016

16 de julio: Nuestra Señora del Carmen


Una imagen de la Virgen del Carmen de Cuyo en la Basílica de San Francisco, en el centro porteño. La acompañan las banderas de las tres naciones que deben su independencia a José de San Martín, quien la nombró Generala del Ejército de los Andes.

Hoy se celebra la Memoria de Nuestra Señora del Carmen.


Próxima entrada: 22 de julio, Santa María Magdalena