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8 de diciembre de 2024

8 de diciembre: Solemnidad de la Inmaculada Concepción

Por especial concesión de la Santa Sede, en la Argentina, como en otras naciones de Hispanomérica, hoy la Solemnidad de la Inmaculada Concepción prevalece sobre el Segundo Domingo de Adviento.

Se cumplen además 170 años de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción: 

Declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser, por tanto, firme y constantemente creída por todos los fieles 

(Pío IX, Bula Ineffabilis, 1854; DS, 2.803)


Nos complace compartir en esta ocasión una estampita de nuestra colección, que es, además, un pequeño pero valioso documento histórico que tiene 120 años. Se trata de un recuerdo de una celebración que tuvo lugar en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, de Buenos Aires, en el cincuentenario de la proclamación del dogma, es decir, en 1904. La misma estampa ofrece otros datos:


(La parroquia de Guadalupe era también llamada entonces "Las Heras" en alusión a la circunscripción civil; este uso desapareció poco después, ya que en ese mismo mes y año el Arzobispo de Buenos Aires, durante una visita canónica, determinó que «en todos los actos parroquiales se pondrá en el sello: "parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe" (...) y se acostumbrará al pueblo a llamarla así»).



Al dorso de la estampa, una oración a la Virgen Inmaculada compuesta por el papa entonces reinante, San Pío X. (Nótese que tanto en el frente como en el dorso se usa la palabra "imaculada": no sabemos si se trata de un error o era el uso lingüístico entonces). La plegaria alude expresamente al jubileo de la proclamación del dogma mariano


8 de diciembre de 2023

8 de diciembre: Solemnidad de la Inmaculada Concepción


«Tota pulchra es, Maria;
macula originalis non est in te»

Eres toda hermosa, Maria
y en ti no hay mancha de pecado original


«...el mensaje que recibimos aquí, a los pies de María Inmaculada ... es un mensaje de confianza para cada persona de esta ciudad y de todo el mundo. Un mensaje de esperanza que no está compuesto de palabras, sino de su misma historia: ella, una mujer de nuestro linaje, que dio a luz al Hijo de Dios y compartió toda su existencia con él. Y hoy nos dice: este es también tu destino, el vuestro, el destino de todos: ser santos como nuestro Padre, ser inmaculados como nuestro hermano Jesucristo, ser hijos amados, todos adoptados para formar una gran familia, sin fronteras de nacionalidad, de color, de lengua, porque existe un solo Dios, Padre de todo hombre.

¡Gracias, oh Madre Inmaculada, por estar siempre con nosotros! Vela siempre sobre nuestra ciudad: conforta a los enfermos, alienta a los jóvenes, sostén a las familias. Infunde la fuerza para rechazar el mal, en todas sus formas, y elegir el bien, incluso cuando cuesta e implica ir contracorriente. Danos la alegría de sentirnos amados por Dios, bendecidos por él, predestinados a ser sus hijos.

Virgen Inmaculada, Madre nuestra dulcísima, ¡ruega por nosotros!».

(Palabras del papa Benedicto XVI en el acto de veneración a la Inmaculada en la Plaza España de Roma, 
8 de diciembre de 2010)

Las fotos fueron tomadas en la iglesia de Balvanera.

8 de diciembre de 2021

8 de diciembre: Solemnidad de la Inmaculada Concepción


«La refulgente corona de gloria con que el Señor ciñó la frente purísima de la Virgen Madre de Dios parécenos verla resplandecer con mayor brillo al recordar el día en que (...) nuestro predecesor, de feliz memoria, Pío IX, rodeado de imponente número de cardenales y obispos, con autoridad infalible declaró, proclamó y definió solemnemente que «ha sido revelada por Dios y, por lo tanto, debe ser creída con fe firma y constante por todos los fieles la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María, desde el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios Todopoderoso, fue preservada inmune de cualquier mancha del pecado original, en vista de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano». La Iglesia católica entera recibió con alborozo la sentencia del Pontífice, que desde hacía tiempo esperaba con ansia, y reavivada con esto la devoción de los fieles hacia la Santísima Virgen, que hace florecer en más alto grado las virtudes cristianas, adquirió nuevo vigor y asimismo cobraron nuevo impulso los estudios con los que la dignidad y santidad de la Madre de Dios brillaron con más grande esplendor. Y parece como si la Virgen Santísima hubiera querido confirmar de una manera prodigiosa el dictamen que el Vicario de su divino Hijo en la tierra, con el aplauso de toda la Iglesia, había pronunciado. Pues no habían pasado aún cuatro años cuando cerca de un pueblo de Francia, en las estribaciones de los Pirineos, la Santísima Virgen, vestida de blanco, cubierta con cándido manto y ceñida su cintura de faja azul, se apareció con aspecto juvenil y afable en la cueva de Massabielle a una niña inocente y sencilla, a la que, como insistiera en saber el nombre de quien se le había dignado aparecer, ella, con una suave sonrisa y alzando los ojos al cielo, respondió: «Yo soy la Inmaculada Concepción». Bien entendieron esto, como era natural, los fieles, que en muchedumbres casi innumerables, acudiendo de todas las partes en piadosas peregrinaciones a la gruta de Lourdes, reavivaron su fe, estimularon su piedad y se esforzaron por ajustar su vida a los preceptos de Cristo, y allí también no raras veces obtuvieron milagros que suscitaron la admiración de todos y confirmaron la religión católica como la única verdadera dada por Dios. Y de un modo particular lo comprendieron así también los Romanos Pontífices, que enriquecieron con gracias espirituales y favorecieron con su benevolencia aquel templo admirable que en pocos años había levantado la piedad del clero y de los fieles. (...)






Los Santos Padres en la Iglesia primitiva (...) enseñaron con claridad suficiente esta doctrina, afirmando que la Santísima Virgen fue lirio entre espinas, tierra absolutamente virgen, inmaculada, siempre bendita, libre de todo contagio del pecado, árbol inmarcesible, fuente siempre pura, la única que es hija no de la muerte, sino de la vida; germen no de ira, sino de gracia; pura siempre y sin mancilla, santa y extraña a toda mancha de pecado, más hermosa que la hermosura, más santa que la santidad, la sola santa, que, si exceptuamos a solo Dios, fue superior a todos los demás, por naturaleza más bella, más hermosa y más santa que los mismos querubines y serafines, más que todos los ejércitos de los ángeles».

(Pio XII, Encíclica Fulgens Corona, 8 de septiembre de 1953)


En esta Solemnidad de la Inmaculada Concepción hemos querido compartir una imagen de la  Purísima que se venera en la iglesia de Jesús en el Huerto de los Olivos, de la localidad de Olivos.

8 de diciembre de 2015