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8 de mayo de 2018

8 de mayo: Solemnidad de Nuestra Señora de Luján


Como es natural, prácticamente no hay iglesia en nuestro país que carezca de una imagen de la Virgen de Luján, Patrona de la República Argentina. Para la entrada de hoy, hemos elegido una que se venera en la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria. Tomé la foto en septiembre de 2015.

Acompañamos la bonita imagen con un fragmento de la consagración de la Argentina a la Virgen de Luján, realizada por San Juan Pablo II el 12 de abril de 1987 durante su visita a la Argentina:

¡Dios te salve, María, llena de gracia, 
Madre del Redentor!

Ante tu imagen de la Pura y Limpia Concepción, 
Virgen de Luján, Patrona de Argentina, 
me postro en este día aquí, en Buenos Aires, 
con todos los hijos de esta patria querida, 
cuyas miradas y cuyos corazones convergen hacia Ti; 
con todos los jóvenes de Latinoamérica 
que agradecen tus desvelos maternales, 
prodigados sin cesar en la evangelización del continente 
en su pasado, presente y futuro; 
con todos los jóvenes del mundo, 
congregados espiritualmente aquí, 
por un compromiso de fe y de amor; 
para ser testigos de Cristo tu Hijo 
en el tercer milenio de la historia cristiana, 
iluminados por tu ejemplo, joven Virgen de Nazaret, 
que abriste las puertas de la historia 
al Redentor del hombre, 
con tu fe en la Palabra, con tu cooperación maternal.

...

Te encomiendo y te consagro, Virgen de Luján, 
la patria argentina, pacificada y reconciliada, 
las esperanzas y anhelos de este pueblo, 
la Iglesia con sus Pastores y sus fieles, 
las familias para que crezcan en santidad,
los jóvenes para que encuentren 
la plenitud de su vocación
humana y cristiana, 
en una sociedad que cultive sin desfallecimiento
los valores del espíritu. 
Te encomiendo a todos los que sufren, 
a los pobres, a los enfermos, a los marginados; 
a los que la violencia 
separó para siempre de nuestra compañía, 
pero permanecen presentes ante el Señor de la historia 
y son hijos tuyos, Virgen de Luján, Madre de la Vida. 
Haz que Argentina entera sea fiel al Evangelio, 
y abra de par en par su corazón 
a Cristo, el Redentor del hombre, 
la Esperanza de la humanidad.

...

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24 de diciembre de 2017

Domingo IV de Adviento

Hoy, IV Domingo de Adviento del Ciclo B, se lee este fragmento del Evangelio de Lucas (1, 26-38):

En el sexto mes, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: 
«¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo!».

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.

Pero el Ángel le dijo: 
«No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».

María dijo al Ángel: 
«¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?».

El Ángel le respondió: 
«El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».

María dijo entonces: 
«Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». 
Y el Ángel se alejó.

El vitral que vemos junto a estas líneas, que representa el episodio de la Anunciación relatado en la perícopa, pertenece a la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria.

Próxima entrada:  25 de diciembre (Natividad del Señor)

26 de septiembre de 2017

26 de septiembre: San Cosme y San Damián

Dice Butler en su obra "Vidas de santos":  

«Cosme y Damián eran hermanos gemelos, naturales de Arabia; estudiaron las ciencias en Siria y llegaron a distinguirse por su habilidad en la medicina. Como eran cristianos y estaban impulsados por el santo aliento de la caridad en que se nutre el espíritu de nuestra bendita religión, practicaban su profesión con toda su pericia y notable éxito, pero sin aceptar jamás pago alguno por sus servicios. Vivían en Aegeae, sobre la costa de la bahía de Alejandreta, en Cilicia, donde ambos eran distinguidos por el cariño y el respeto de todo el pueblo a causa de los muchos beneficios que prodigaba entre las gentes su caridad y por el celo con que practicaban la fe cristiana, ya que aprovechaban todas las oportunidades que les brindaba su profesión para difundirla y propagarla. En consecuencia, al comenzar la persecución, resultó imposible que aquellos hermanos de condición tan distinguida, pasasen desapercibidos. Ellos fueron de los primeros en ser aprehendidos por orden de Lisias, el gobernador de Cilicia y, luego de haber sido sometidos a diversos tormentos, murieron decapitados por la fe. Conducidos sus restos a Siria, quedaron sepultados en Cirrhus, ciudad ésta que llegó a ser el centro principal de su culto y donde las referencias más antiguas sitúan el escenario de su martirio». 

Enzo Lodi en su obra "Los santos del Calendario Romano" nos aclara que  la memoria de Cosme y Damián corresponde al "día de la dedicación de la basílica por parte de Félix IV (526-530) en honor de estos mártires, en el foro romano, en un edificio pagano", que se anticipa en un día "a la fecha del 27 de septiembre, fecha atestiguada ya por los sacramentarios romanos gelasiano y gregoriano".

"Estos mártires sirios", dice también Lodi, "recibieron en la antigüedad un culto vastísimo", como lo testimonian varios documentos históricos, aunque los detalles acerca de su vida y martirio sean en parte legendarios. La devoción por Cosme y Damián llegó a Roma gracias al papa Símaco (498-514), que les dedicó un oratorio en Santa María la Mayor en Roma. Ambos son mencionados además en el Canon Romano.

La imagen que ilustra la entrada de hoy corresponde a la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria (en Bahía Blanca 363, de Buenos Aires), donde los dos santos son especialmente venerados como Patronos Secundarios de la parroquia:


"Los dos médicos gemelos se hicieron cristianos y por el mérito exclusivo de sus virtudes y la intervención de sus oraciones alejaban las enfermedades de los enfermos; tras diversos suplicios están reunidos en el cielo y hacen numerosos milagros para sus compatriotas. Si un enfermo acude a su tumba y ruega ante ella con fe, obtiene inmediatamente remedio para sus males; se dice que se aparecen en sueños a los enfermos y les dan una prescripción; éstos la ejecutan y se curan".
(San Gregorio de Tours, In gl. mart. 98)


"Nadie alimenta de sí mismo a los que invita, pero el Señor Jesucristo ha hecho precisamente esto: él, que es quien invita, se da a sí mismo como comida y bebida. Y los mártires, entendiendo bien lo que habían comido y bebido, devolvieron al Señor lo mismo que de él habían recibido".
(San Agustín, Sermón 239 sobre el v.5 del salmo 115: 
"Preciosa es ante el Señor la muerte de sus santos")


Próxima entrada: 29 de septiembre (Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael)

4 de abril de 2016

Solemnidad de la Anunciación del Señor

La Solemnidad de la Anunciación del Señor se celebra el 25 de marzo, es decir, exactamente nueve meses antes de la Navidad. Sin embargo, con alguna frecuencia, se ve impedida por las celebraciones de Semana Santa y de la Octava de Pascua, como ocurre este año. Al coincidir el 25 de marzo con el Viernes Santo, la Anunciación se traslada al primer día litúrgico de categoría inferior, es decir, al lunes que sigue a la Octava de Pascua. Por eso, en esta ocasión, la fiesta que celebra el anuncio del ángel Gabriel a la Virgen -y la Encarnación del Verbo en su seno "por obra y gracia del Espíritu Santo"-  tiene lugar hoy, 4 de abril.

De entre la infinita variedad de representaciones del anuncio del ángel que podemos encontrar en nuestros templos, hemos elegido esta vez un vitral, que descubrimos durante una visita, en septiembre pasado, a la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria.


-El Ángel del Señor anuncio a María.
-Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.

-He aquí la esclava del Señor.
-Hágase en mi según tu palabra.

-Y el Verbo se hizo carne-
-Y habitó entre nosotros.

-Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
-Para que seamos dignos de alcanzar las promesas 
de nuestro Señor Jesucristo.



Próxima entrada:  9 de abril, Sábado de la II Semana de Pascua, Nuestra Señora del Valle  

2 de febrero de 2016

2 de febrero: Nuestra Señora de la Candelaria

Cuarenta días después de la Navidad se celebra la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo de Jerusalén.  El rito propio de este día, la bendición de las candelas, que se inspira en las palabras con que  el profeta Simeón se refirió a Cristo en esa ocasión ("Luz para iluminar a las naciones"),  hace que la fiesta de hoy sea conocida popularmente como "la Candelaria" o incluso "Nuestra Señora de la Candelaria".



Ese es el nombre de la parroquia porteña en cuyo templo, ubicado en Bahía Banca 363, tomé en septiembre pasado las fotos que ilustran esta entrada. 


Ambas imágenes -la exterior, del frente del templo, y la interior, con la estatua que representa a la Titular) tienen el mismo esquema iconográfico: la Virgen lleva al Niño en brazos, porta una candela en su mano, y está acompañada de palomas, en alusión a la ofrenda que debía presentarse en el Templo cuando se presentaba a un niño (Lc 2, 25-32):

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,  como está escrito en la Ley: "Todo varón primogénito será consagrado al Señor".

También debían ofrecer un sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.

Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley,  Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:  

«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, 
como lo has prometido,  
porque mis ojos han visto la salvación  que preparaste 
delante de todos los pueblos:  
luz para iluminar a las naciones paganas 
y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.

Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos».

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