Aunque suele darse a Pedro Pascual el título de santo, el Martirologio Romano lo llama «beatus»: «En Granada, en España, beato mártir Pedro Pascual, Obispo de Jaén, de la Orden de la Merced, el cual, mientras visitaba a su grey para exhortarla a la defensa de la fe, fue capturado por los moriscos y murió en la cárcel». Por eso esta entrada se titula "Beato Pedro Pascual".

A pesar del peligro, el beato rescató a muchos cautivos, instruyó y bautizó a los cristianos, predicó a los infieles, y reconcilió con la Iglesia a varios apóstatas y renegados. Por esta razón, los moros se apoderaron de él durante una visita que hizo a Granada, y lo encerraron en un calabozo a donde nadie podía ir a verlo. A pesar de ello, el beato se las ingenió para escribir un tratado contra el Islam y su profeta. Cuando las autoridades se enteraron de que dicho tratado corría de mano en mano, condenaron a muerte a su autor. Este atravesó por un período de pavor la víspera del día de la ejecución; pero el Señor se le apareció y lo reconfortó. A la mañana siguiente, fue asesinado a puñaladas mientras hacía oración; los perseguidores le cortaron después la cabeza. El beato tenía entonces setenta y tres años. La tradición describe así la muerte de Pedro; pero, según parece, murió a consecuencia de lo que sufrió en la prisión.
Clemente X confirmó en 1670 el culto del beato Pedro Pascual, e incluyó su nombre en el Martirologio Romano».
La biografía, entrecomillada, está tomada -con leves correcciones- de El Testigo Fiel.
La foto, que tomamos en marzo de 2020, corresponde al retablo mayor la Basílica de la Merced.
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