4 de enero de 2026

Domingo II de Navidad

Ver a Dios en la criatura,

ver a Dios hecho mortal

y ver en humano portal

la celestial hermosura.

¡Gran merced y gran ventura

a quien verlo mereció!

¡Quién lo viera y fuera yo!



Ver llorar a la alegría,

ver tan pobre a la riqueza,

ver tan baja a la grandeza

y ver que Dios lo quería.

¡Gran merced fue en aquel día

la que el hombre recibió!

¡Quién lo viera y fuera yo!



Poner paz en tanta guerra,

calor donde hay tanto frío,

ser de todos lo que es mío,

plantar un cielo en la tierra.

¡Qué misión de escalofrío

la que Dios nos confió!

¡Quién lo hiciera y fuera yo! Amén. 


Tres fotos de sendos pesebres armados en la vía pública o en jardines frontales de particulares, todas ellas tomadas en Asunción del Paraguay en 2022, acompañan al Himno del Oficio de Lecturas del Domingo II de Navidad.

Terminamos con la oración propia de este día:

Dios todopoderoso y eterno, luz de los que en ti creen, que la tierra se llene de tu gloria y que te reconozcan los pueblos por el esplendor de tu luz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

3 de enero de 2026

3 de enero: Santísimo Nombre de Jesús

Mostramos hoy un cartel que alude expresamente a lo que se celebra en la Memoria de hoy, y la imagen del altar donde ese cartel se encontraba cuando tomamos la foto:



Se trata de una hermosa imagen del Niño Jesús mostrando la Eucaristía, en un altar lateral de la iglesia del Santísimo Rosario de la ciudad de Santa Fe; tomamos las fotos en julio de 2018.

2 de enero de 2026

2 de enero: San Gregorio Nacianceno

El 30 de enero de 2021 honramos a los tres grandes santos que las iglesias orientales, tanto católicas como ortodoxas, celebran conjuntamente en una única sinaxis: Basilio el Grande, Gregorio el Teólogo y Juan Crisóstomo.

En la Liturgia latina, los dos primeros son recordados en la Memoria de hoy. Así dice el Martirologio:

Memoria de San Basilio Magno y San Gregorio Nacianceno, obispos y doctores de la Iglesia. Basilio, obispo de Cesarea de Capadocia, apodado «Magno» por su doctrina y sabiduría, enseñó a los monjes la meditación de la Escritura, el trabajo en la obediencia y la caridad fraterna, ordenando su vida según las reglas que él mismo redactó. Con sus egregios escritos educó a los fieles y brilló por su trabajo pastoral en favor de los pobres y de los enfermos. Falleció el día uno de enero del año 379. Gregorio, amigo suyo, fue obispo de Sancina, en Constantinopla, y finalmente de Nacianzo. Defendió con vehemencia la divinidad del Verbo, y mereció por ello ser llamado «Teólogo». Murió el 25 de enero del año 390. La Iglesia se alegra de celebrar conjuntamente la memoria de tan grandes doctores.

Hoy nos referirenos sólo a San Gregorio Nacianceno, cuya imagen, venerada en la iglesia ortodoxa argentina San Martín de Tours, vemos junto a estas líneas.

En la catequesis de la audiencia general del 8 de agosto de 2007, el papa Benedicto XVI dijo:

«El miércoles pasado hablé de un gran maestro de la fe, el Padre de la Iglesia San Basilio. Hoy quiero hablar de su amigo San Gregorio Nacianceno, que, al igual que San Basilio, era originario de Capadocia. Ilustre teólogo, orador y defensor de la fe cristiana en el siglo IV, fue célebre por su elocuencia y, al ser también poeta, tuvo un alma refinada y sensible.

San Gregorio nació en el seno de una familia noble. Su madre lo consagró a Dios desde su nacimiento, que tuvo lugar alrededor del año 330. Después de la educación familiar, frecuentó las más célebres escuelas de su época: primero fue a Cesarea de Capadocia, donde entabló amistad con san Basilio, futuro obispo de esa ciudad; luego estuvo en otras metrópolis del mundo antiguo, como Alejandría de Egipto y sobre todo Atenas, donde se encontró de nuevo con san Basilio.

Recordando su amistad con San Basilio, escribirá más tarde: "Yo, entonces, no sólo sentía gran veneración hacia mi gran amigo Basilio por la austeridad de sus costumbres y por la madurez y sabiduría de sus discursos, sino que también inducía a tenerla a otros que aún no lo conocían... Nos impulsaba el mismo anhelo de saber... Nuestra competición no consistía en ver quién era el primero, sino en quién permitiría al otro serlo. Parecía que teníamos una sola alma en dos cuerpos" (1). Esas palabras representan en cierto sentido un autorretrato de esta alma noble. Pero también se puede imaginar que este hombre, fuertemente proyectado más allá de los valores terrenos, sufrió mucho por las cosas de este mundo.

Al volver a casa, San Gregorio recibió el bautismo y se orientó hacia la vida monástica: se sentía atraído por la soledad y la meditación filosófica y espiritual. Él mismo escribirá: "Nada me parece más grande que esto: hacer callar a los sentidos; salir de la carne del mundo; recogerse en sí mismo; no ocuparse ya de las cosas humanas, salvo de las estrictamente necesarias; hablar consigo mismo y con Dios; vivir una vida que trascienda las cosas visibles; llevar en el alma imágenes divinas siempre puras, sin mezcla de formas terrenas y erróneas; ser realmente un espejo inmaculado de Dios y de las cosas divinas, y llegar a serlo cada vez más, tomando luz de la Luz...; gozar del bien futuro ya en la esperanza presente, y conversar con los ángeles; haber dejado ya la tierra, aun estando en la tierra, transportados a las alturas con el espíritu" (2).

Como confiesa él mismo en su autobiografía, era reacio a recibir la ordenación presbiteral, porque sabía que así debería ser pastor, ocuparse de los demás, de sus cosas, y por tanto ya no podría dedicarse exclusivamente a la meditación. Con todo, aceptó esta vocación y asumió el ministerio pastoral con obediencia total, aceptando ser llevado por la Providencia a donde no quería ir (cf. Jn 21, 18), como a menudo le aconteció en la vida.

En el año 371, su amigo Basilio, obispo de Cesarea, contra el deseo del mismo Gregorio, lo quiso consagrar obispo de Sásima, una localidad estratégicamente importante de Capadocia. Sin embargo, él, por diversas dificultades, no llegó a tomar posesión, y permaneció en la ciudad de Nacianzo.

Hacia el año 379, San Gregorio fue llamado a Constantinopla, la capital, para dirigir a la pequeña comunidad católica, fiel al concilio de Nicea y a la fe trinitaria. En cambio, la mayoría había aceptado el arrianismo, que era "políticamente correcto" y considerado políticamente útil por los emperadores.

De esta forma, San Gregorio se encontró en una situación de minoría, rodeado de hostilidad. En la iglesita de la Anástasis pronunció cinco Discursos teológicos, precisamente para defender y hacer en cierto modo inteligible la fe trinitaria. Esos discursos son célebres por la seguridad de la doctrina y la habilidad del razonamiento, que realmente hace comprender que esta es la lógica divina. También la brillantez de la forma los hace muy atractivos hoy.

Por estos discursos San Gregorio recibió el apelativo de "teólogo". Así es llamado en la Iglesia ortodoxa: el "teólogo". Para él la teología no es una reflexión puramente humana, y mucho menos sólo fruto de complicadas especulaciones, sino que deriva de una vida de oración y de santidad, de un diálogo constante con Dios. Precisamente así pone de manifiesto a nuestra razón la realidad de Dios, el misterio trinitario. En el silencio contemplativo, lleno de asombro ante las maravillas del misterio revelado, el alma acoge la belleza y la gloria divinas.

Mientras participaba en el segundo concilio ecuménico, el año 381, San Gregorio fue elegido obispo de Constantinopla y asumió la presidencia del Concilio. Pero inmediatamente se desencadenó una fuerte oposición contra él; la situación se hizo insostenible. Para un alma tan sensible estas enemistades eran insoportables. Se repitió lo que San Gregorio había lamentado ya anteriormente con palabras llenas de dolor: "Nosotros, que tanto amábamos a Dios y a Cristo, hemos dividido a Cristo. Hemos mentido los unos a los otros por causa de la Verdad; hemos alimentado sentimientos de odio por causa del Amor; nos hemos dividido unos de otros" (3).

Así, en un clima de tensión, san Gregorio dimitió. En la catedral, abarrotada, pronunció un discurso de despedida muy emotivo y lleno de dignidad. Su emotiva intervención concluyó con estas palabras: "Adiós, gran ciudad, amada por Cristo... Hijos míos, os suplico, conservad el depósito [de la fe] que se os ha confiado (cf. 1 Tm 6, 20); recordad mis sufrimientos (cf. Col 4, 18). Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros" (4).

Volvió a Nacianzo y durante cerca de dos años se dedicó al cuidado pastoral de aquella comunidad cristiana. Luego se retiró definitivamente a la soledad en la cercana Arianzo, su tierra natal, consagrándose al estudio y a la vida ascética. Durante este período compuso la mayor parte de su obra poética, sobre todo autobiográfica: el De vita sua, un repaso en versos de su camino humano y espiritual, un camino ejemplar de un cristiano que sufre, de un hombre de gran interioridad en un mundo lleno de conflictos. Es un hombre que nos hace sentir la primacía de Dios y por eso también nos habla a nosotros, a nuestro mundo: sin Dios el hombre pierde su grandeza; sin Dios no hay auténtico humanismo.

Por eso, escuchemos esta voz y tratemos de conocer también nosotros el rostro de Dios. En una de sus poesías escribió, dirigiéndose a Dios: "Sé benigno, tú, que estás más allá de todo" (5). Y en el año 390 Dios acogió entre sus brazos a este siervo fiel, que con aguda inteligencia lo había defendido en sus escritos, y que con tanto amor le había cantado en sus poesías».

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(1) (Oratio 43, 16.20: SC 384, 154-156.164)
(2) (Oratio 2, 7: SC 247, 96)
(3) (Oratio 6, 3: SC 405, 128)
(4)  (cf. Oratio 42, 27: SC 384, 112-114)
(5) (Carmina [dogmatica] 1, 1, 29: PG 37, 508)

29 de diciembre de 2025

29 de diciembre - Día V dentro de la Octava de Navidad

En la misa de hoy se lee este fragmento del Evangelio de San Lucas  (2, 22-35):

«Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: 'Todo varón primogénito será consagrado al Señor'. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:

"Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel".


Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos"».

El episodio de la Presentación del Señor en el templo aparece en un vitral de la iglesia de la Sagrada Familia, ubicada en Banfield. El curioso ángulo de la foto se debe a que el templo no estaba abierto cuando lo visitamos, y sólo podía accederse hasta la altura de la puerta principal,  cerrada por una reja.

27 de diciembre de 2025

27 de diciembre: Fiesta de San Juan Evangelista

 

De San Juan, como ocurre con otros apóstoles, es algo lo que sabemos y mucho lo que ignoramos.

Sabemos a ciencia cierta que fue apóstol de Jesús, del grupo de los Doce y también del círculo más íntimo que integraba con Pedro y Santiago; pero no tenemos certeza ni de su parentesco con el Señor, ni de la autoría de los textos bíblicos que se le atribuyen, ni de su identificación con el Discípulo Amado. Por cierto, la tradición que lo hace autor del Cuarto Evangelio, del Apocalipsis y de tres Cartas, y que lo identifica con el discípulo a quien Jesús amaba es venerable y no es necesario desecharla de plano en un sitio de divulgación como este, y menos en la piedad popular; queda a los exégetas, a los críticos literarios y a los historiadores seguir investigando esas complejas cuestiones. El actual Martirologio sólo se decanta por estos datos, que aparecen en la Escritura o surgen de ella, a saber:  Juan era  «apóstol y evangelista» e «hijo de Zebedeo»  y «junto con su hermano Santiago y con Pedro fue testigo de la transfiguración y de la pasión del Señor, y al pie de la cruz recibió de Él a María como madre. En su evangelio y en otros escritos se muestra como teólogo, habiendo contemplado la gloria del Verbo encarnado y anunciando lo que vio».

Tampoco sabemos a ciencia cierta qué fue de la vida de Juan después de Pentecostés; esto ocurre también con otros miembros del grupo de los Doce. La "fantasía piadosa", como la llama más abajo J. Pascher, se ocupó de rellenar esos vacíos de información cono diversas historias y leyendas, no necesariamente falsas o descartables in totuHoy nos ocuparemos de un detalle iconográfico que surge de una de esas historias, para lo cual transcribimos el acápite "La piedad popular" del capítulo dedicado a la Liturgia de la fiesta de San Juan Evangelista en el libro "El Año Litúrgico", de J. Pascher (Madrid, B.A.C., 1955).

«La fantasía piadosa ha adornado al discípulo amado con muchas leyendas que han fecundado a su vez a los artistas.  En un caso, la leyenda originó incluso una costumbre eclesiástica, el beber semilitúrgico del vino de Juan. Se bendice el vino y se da a beber diciendo: "Bebe el amor de San Juan". 

Ello significa la pervivencia de una bebida de amor precristiana, usada entre los indoeuropeos, en que se consagraba a los dioses una libación. El cristianismo tomó ese uso no sólo en honor de San Juan, sino también de San Miguel, San Esteban Juan Bautista y Martín de Tours. Sin embargo, la bebida de amor sólo se ha conservado en honor del discípulo, "a quien Jesús amaba" (Jn 21, 20).

Un apócrifo de Juan, del siglo VI, las llamadas "Virtutes Iohannis", cuenta cómo el apóstol bendijo un vaso de veneno y luego, sin sufrir daño, se lo bebió. La iconografía muestra cómo se escurre el veneno en forma de una serpiente. La fórmula de bendición se 
suponía ser precisamente la oración que rezó Juan sobre el vaso para desenvenenarlo.

De esta leyenda se derivó, desde el siglo XIV, el vaso de veneno, del que sale una serpiente. Más antiguo es el atributo del águila, desde el siglo XIII. Pero ya muy tempranamente, en relación con la interpretación de Ezequiel (1,10-14) el águila es símbolo del cuarto evangelio. Como atributo es más antiguo el tonel o caldera, recuerdo del martirio en aceite hirviendo.

Entre los apóstoles se representa al santo como el más joven de todos; en otros casos, sobre todo si está entre sus propios discípulos, aparece como un viejo, por haber alcanzado la más avanzada edad entre los apóstoles.

También al evangelista Juan se le han erigido muchas iglesias y capillas y, como patrono, goza de mucha veneración. Como evangelista y por suponerse haber sido él mismo librero, es patrono de los libreros. Los teólogos lo veneran señaladamente por su evangelio, que le ha merecido el título de "teólogo". Por su evangelio igualmente lo tienen por protector suyo los escritores. Los molineros de aceite lo reclaman por razón de su martirio en aceite hirviendo; pero también se ponen bajo su patrocinio los escultores, porque de aquella caldera de aceite hubo de salir rejuvenecido. 

Por el martirio del aceite se lo invoca en las quemaduras; por el vaso de veneno, contra el envenenamiento; por haber curado junto con Pedro (Hech 3,1-8) al cojo de nacimiento, se espera su ayuda en los dolores de pies».

La imagen que adorna esta entrada es de pasta de madera, corresponde al antiguo retablo de la Pasión de la Catedral de Asunción, y se exhibe actualmente en el Museo Sinforiano Bogarín, anexo a ese templo catedralicio. Tomamos la foto en enero de 2024.

26 de diciembre de 2025

26 de diciembre: Fiesta de San Esteban

Hoy se celebra la fiesta de San Esteban, primer mártir, expresivamente ubicada al día siguiente de la Navidad. 

San Fulgencio de Ruspe, en un sermón que hoy se lee en el Oficio de Lecturas y transcribimos a continuación, «compara... la fiesta de Navidad...  con la del protomártir, el 26 de diciembre» ¹.

La imagen del santo está representada en un vitral de la Basílica del Espíritu Santo.


De los Sermones de San Fulgencio de Ruspe, obispo

Ayer celebrábamos el nacimiento temporal de nuestro Rey eterno; hoy celebramos el martirio triunfal de su soldado.

Ayer nuestro Rey, con la vestidura de gala de nuestra carne, salió del palacio del seno virginal y se dignó visitar el mundo; hoy su soldado, abandonando la tienda de su cuerpo, ha entrado triunfante en el cielo.

Nuestro Rey, a pesar de su condición altísima, por nosotros viene humilde, mas no con las manos vacías: él trae para sus soldados una dádiva espléndida, ya que no sólo les otorga copiosas riquezas, sino que les da también una fortaleza invencible en el combate. En efecto, trae consigo el don de la caridad, que eleva a los hombres hasta la participación de la naturaleza divina.

Y, al repartir estos dones, en nada queda él empobrecido, sino que de un modo admirable enriquece la pobreza de sus fieles sin mengua de sus tesoros inagotables.

La misma caridad que hizo bajar a Cristo del cielo a la tierra ha hecho subir a Esteban de la tierra al cielo. La misma caridad que había precedido en la persona del Rey resplandeció después en su soldado.

Esteban, para merecer la corona que significaba su nombre, tuvo por arma la caridad, y ella le dio siempre la victoria. Por amor a Dios no cedió ante la furia de los judíos, por amor al prójimo intercedió por los que lo apedreaban. Por esta caridad refutaba a los que estaban equivocados, para que se enmendasen de su error; por ella oraba por los que lo apedreaban, para que no fuesen castigados.

Apoyado en la fuerza de esta caridad, venció la furia y crueldad de Saulo y, habiéndolo tenido por perseguidor en la tierra, logró tenerlo por compañero en el cielo.

Movido por esta santa e inquebrantable caridad, deseaba conquistar con su oración a los que no había podido convertir con sus palabras.

Y ahora Pablo se alegra con Esteban, goza con él de la gloria de Cristo, con él desborda de alegría, con el reina. Allí donde entró primero Esteban, aplastado por las piedras de Pablo, entró luego Pablo, ayudado por las oraciones de Esteban.

Ésta es, hermanos míos, la verdadera vida, donde Pablo no es avergonzado por la muerte de Esteban, donde Esteban se congratula de la compañía de Pablo, porque en ambos es la caridad la fuente de su alegría. La caridad de Esteban, en efecto, superó la furia de los judíos, la caridad de Pablo cubrió la multitud de los pecados, la caridad de ambos les hizo merecer juntamente la posesión del reino de los cielos.

La caridad, por tanto, es la fuente y el origen de todo bien, la mejor defensa, el camino que lleva al cielo. El que camina en la caridad no puede errar ni temer, porque ella es guía, protección, camino seguro.

Por esto, hermanos, ya que Cristo ha colocado la escalera de la caridad, por la que todo cristiano puede subir al cielo, aferraos a esta pura caridad, practicadla unos con otros y subid por ella cada vez más arriba. 

Responsorio

R. El día de ayer nació el Señor en la tierra, para que el día de hoy Esteban naciese en el cielo; entró Jesús en el mundo, * para que Esteban entrara en la gloria.

V. Ayer nuestro Rey, con la vestidura de gala de nuestra carne, salió del palacio del seno virginal y se dignó visitar el mundo.

R. Para que Esteban entrara en la gloria.



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¹  J. Pascher, "El año litúrgico", BAC, 1965

25 de diciembre de 2025

25 de diciembre: Nuestra Señora de Belén

El año pasado hicimos referencia a la advocación  de Nuestra Señora de Belén, que «se relaciona con el nacimiento de Jesús», por lo que se celebra «el mismo día de la Natividad de Nuestro Señor, el 25 de diciembre».  «Muchas de las imágenes de la "Virgen de Belén" se propagaron gracias a la influencia franciscana, pues, el misterio de la Navidad se ha celebrado especialmente desde que los franciscanos difundieron su culto».

Nuevamente volvemos a celebrar esta peculiar memoria mariana, y esta vez lo hacemos desde el templo parroquial que posee esa misma advocación, ubicado sobre la calle Burela. Lo visitamos por primera vez en este blog, pese a que las fotos son de abril de 2016.


La peculiaridad de este templo es que su sagrario (en que se lee la frase "Jesús habitó entre nosotros") es sostenido por una gran imagen de la Virgen María, como vemos en las fotos.


El nombre de la advocación, la frase en el sagrario y el simbolismo de la imagen configuran un excelente marco para la celebración de la Navidad.