11 de enero de 2026

Fiesta del Bautismo de Jesús

 


El Evangelio que se lee en la misa de esta Fiesta en el Ciclo A es el siguiente:


Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: «Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!»
Pero Jesús le respondió: «Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo». Y Juan se lo permitió.
Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección».

(Mt   3, 13-17)

10 de enero de 2026

10 de enero: Beato Mamerto Esquiú

El Beato Mamerto Esquiú, cuya Memoria litúrgica se celebra el 11 de mayo, está inscripto en el Martirologio Romano en su dies natalis, hoy, 10 de enero. 

Este año se celebrará (justamente el 11 de mayo) el bicentenario de su nacimiento;  por ello, resaltando esta ocasión  especial, en 2026 lo recordamos en las dos fechas. En esta entrada lo hacemos con imágenes que tomamos de la Catedral de Córdoba, y en mayo lo haremos con fotos que obtuvimos en la casa natal del beato.

En la fecha de hoy dice el Martirologio:

En El Suncho, provincia de Córdoba, Argentina, Beato Mamerto Esquiú, religioso franciscano y obispo, que contribuyó grandemente a la convivencia y a la concordia social, como celoso anunciador de la Palabra de Dios.


El sitio oficial de la Congregación para las Causas de los Santos trae este biografía:

El Beato Mamerto Esquiú nació el 11 de mayo de 1826 en San José de Piedra Blanca (Argentina).

En 1841 ingresó en el noviciado de los Frailes Menores de la Provincia de Asunción y, el 14 de julio de 1842, hizo su profesión religiosa. El 18 de octubre de 1848 fue ordenado sacerdote y a partir de 1850 comenzó a enseñar en el seminario de Catamarca, desempeñando también el papel de padre espiritual. Estimado por su piedad e integridad moral, entre 1855 y 1862 ocupó los cargos de diputado y miembro del consejo de gobierno de Catamarca.

En 1862 se trasladó a Bolivia como misionero y en 1864 le fue otorgado el puesto de profesor en el seminario de Sucre. El Papa León XIII lo nombró obispo de Córdoba en Argentina. Recibió la ordenación episcopal el 12 de diciembre de 1880. En la diócesis se distinguió por su intensa vida de oración, su ayuda espiritual y material a los pobres, su celo y caridad pastoral, la formación de seminaristas, la fundación de cofradías y asociaciones de fieles, la predicación de cursos de ejercicios espirituales y misiones al pueblo.

Murió el 10 de enero de 1883 en Posta del Suncho (Argentina).

El decreto sobre el heroísmo de las virtudes fue promulgado el 16 de diciembre de 2006.

Para la Beatificación de Mamerto Esquiú, la Postulación de la Causa presentó al examen de la Congregación la supuesta curación milagrosa, atribuida a su intercesión, de una niña de “osteomielitis aguda con evolución crónica y artritis séptica”. El hecho ocurrió en enero de 2016 en Argentina. Nació prematuramente, tuvo dificultades respiratorias desde el nacimiento y le diagnosticaron gastroenterocolitis. En noviembre de 2015, el niño presentó inflamación en la pierna izquierda con fiebre alta. En los días siguientes el cuadro clínico empeoró significativamente: a la pequeña le diagnosticaron artritis séptica de la cadera izquierda y osteomielitis del fémur ipsilateral, por lo que se realizó una cirugía de urgencia. El pronóstico era reservado. Se hicieron necesarias más cirugías.

A principios de enero de 2016 la situación empeoró aún más y habría sido necesaria una intervención quirúrgica específica, que no se realizó. Dada la extrema gravedad de la situación, la madre, a partir del 14 de enero de 2016, colocó en la pierna de su hija una reliquia ex indumentis de Mamerto Esquiú, invocándolo junto a la familia. (...) La iniciativa de invocar a Mamerto Esquiú la tomó el médico que había operado varias veces a la niña. El médico había entregado a la madre de la niña una pequeña imagen con la reliquia de Fray Mamerto. A las oraciones del médico y de la madre se unieron las de otros familiares.


Terminamos con una oración compuesta por el beato:

¡Oh! ¡Qué hermosa, qué clara, qué constante eres, huella inefable de mi Autor, de mi Dios encendido, altísimo e incomprensible, que me sostienes, me rodeas, me penetras y no te siento! De ti no puedo huir, aunque yo ocupara el último punto del espacio, ni alcanzarte, aunque diera un millón de vueltas al universo, pero cuán bueno eres, Eterno e invisible ser, objeto de mi amor y de mis pensamientos (...)  ¹

 

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¹ Fray González M.: Diario de Memorias y Recuerdos. Tomo II, Vida Pública, pág.169.  Citado en el libro "Beato Mamerto Esquiú - Un catamarqueño a los altares" de fray Eduardo Pablo Reartes ofm (El Trébol, 2021)

6 de enero de 2026

6 de enero: Beato Carlos de Sezze

El Martirologio Romano trae hoy la siguiente Memoria:

«En Roma, San Carlos de Sezze, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, que desde niño se vio obligado a ganar el pan cotidiano, invitando a sus compañeros a imitar a Cristo y a los santos. Vestido con el sayal franciscano, se entregaba largamente a la adoración del Santísimo Sacramento del Altar».

Nació en el año 1613 cerca de Roma. Su nombre de nacimiento era Juan Carlos Melchiori. 

Su cuna era humilde, pero sus padres aspiraban a que accediera al sacerdocio; sin embargo, Carlos dio muestras de ser de muy corto talento (parece que en la escuela apenas logró aprender a leer y escribir). 

En cambio, Juan Carlos era muy sensible a la gracia de Dios, practicaba austeras penitencias e hizo voto de castidad. Su juventud la pasó haciendo labores de campo.

Más de una vez estuvo enfermo; en una de esas ocasiones, a los 20 años, prometió entrar en la vida religiosa si Dios le devolvía la salud. Fue aceptado como hermano lego y tomó el nombre de Carlos de Sezze. 

Después de la profesión, quiso acompañar a algunos hermanos que iban como misioneros a la India; pero otra vez cayó gravemente enfermo, por lo que, después de la convalescencia, fue enviado a Roma, donde nuevamente dio ejemplo de virtud; obispos y cardenales buscaban su compañía.

Escribió varios versos sencillos y emocionados, en estilo popular. También escribió muchas otras obras, no todas publicadas. 

Murió el 6 de enero de 1670, a los cincuenta y siete años de edad. Fue beatificado en 1882. San Juan XXIII lo canonizó el 12 de abril de 1959. 

Una reliquia de Carlos de Sezze se conserva en el Museo Franciscano que funciona junto a la Basílica de San Francisco en Buenos Aires. Tomamos la foto en febrero de 2022.

4 de enero de 2026

Domingo II de Navidad

Ver a Dios en la criatura,

ver a Dios hecho mortal

y ver en humano portal

la celestial hermosura.

¡Gran merced y gran ventura

a quien verlo mereció!

¡Quién lo viera y fuera yo!



Ver llorar a la alegría,

ver tan pobre a la riqueza,

ver tan baja a la grandeza

y ver que Dios lo quería.

¡Gran merced fue en aquel día

la que el hombre recibió!

¡Quién lo viera y fuera yo!



Poner paz en tanta guerra,

calor donde hay tanto frío,

ser de todos lo que es mío,

plantar un cielo en la tierra.

¡Qué misión de escalofrío

la que Dios nos confió!

¡Quién lo hiciera y fuera yo! Amén. 


Tres fotos de sendos pesebres armados en la vía pública o en jardines frontales de particulares, todas ellas tomadas en Asunción del Paraguay en 2022, acompañan al Himno del Oficio de Lecturas del Domingo II de Navidad.

Terminamos con la oración propia de este día:

Dios todopoderoso y eterno, luz de los que en ti creen, que la tierra se llene de tu gloria y que te reconozcan los pueblos por el esplendor de tu luz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

3 de enero de 2026

3 de enero: Santísimo Nombre de Jesús

Mostramos hoy un cartel que alude expresamente a lo que se celebra en la Memoria de hoy, y la imagen del altar donde ese cartel se encontraba cuando tomamos la foto:



Se trata de una hermosa imagen del Niño Jesús mostrando la Eucaristía, en un altar lateral de la iglesia del Santísimo Rosario de la ciudad de Santa Fe; tomamos las fotos en julio de 2018.

2 de enero de 2026

2 de enero: San Gregorio Nacianceno

El 30 de enero de 2021 honramos a los tres grandes santos que las iglesias orientales, tanto católicas como ortodoxas, celebran conjuntamente en una única sinaxis: Basilio el Grande, Gregorio el Teólogo y Juan Crisóstomo.

En la Liturgia latina, los dos primeros son recordados en la Memoria de hoy. Así dice el Martirologio:

Memoria de San Basilio Magno y San Gregorio Nacianceno, obispos y doctores de la Iglesia. Basilio, obispo de Cesarea de Capadocia, apodado «Magno» por su doctrina y sabiduría, enseñó a los monjes la meditación de la Escritura, el trabajo en la obediencia y la caridad fraterna, ordenando su vida según las reglas que él mismo redactó. Con sus egregios escritos educó a los fieles y brilló por su trabajo pastoral en favor de los pobres y de los enfermos. Falleció el día uno de enero del año 379. Gregorio, amigo suyo, fue obispo de Sancina, en Constantinopla, y finalmente de Nacianzo. Defendió con vehemencia la divinidad del Verbo, y mereció por ello ser llamado «Teólogo». Murió el 25 de enero del año 390. La Iglesia se alegra de celebrar conjuntamente la memoria de tan grandes doctores.

Hoy nos referirenos sólo a San Gregorio Nacianceno, cuya imagen, venerada en la iglesia ortodoxa argentina San Martín de Tours, vemos junto a estas líneas.

En la catequesis de la audiencia general del 8 de agosto de 2007, el papa Benedicto XVI dijo:

«El miércoles pasado hablé de un gran maestro de la fe, el Padre de la Iglesia San Basilio. Hoy quiero hablar de su amigo San Gregorio Nacianceno, que, al igual que San Basilio, era originario de Capadocia. Ilustre teólogo, orador y defensor de la fe cristiana en el siglo IV, fue célebre por su elocuencia y, al ser también poeta, tuvo un alma refinada y sensible.

San Gregorio nació en el seno de una familia noble. Su madre lo consagró a Dios desde su nacimiento, que tuvo lugar alrededor del año 330. Después de la educación familiar, frecuentó las más célebres escuelas de su época: primero fue a Cesarea de Capadocia, donde entabló amistad con san Basilio, futuro obispo de esa ciudad; luego estuvo en otras metrópolis del mundo antiguo, como Alejandría de Egipto y sobre todo Atenas, donde se encontró de nuevo con san Basilio.

Recordando su amistad con San Basilio, escribirá más tarde: "Yo, entonces, no sólo sentía gran veneración hacia mi gran amigo Basilio por la austeridad de sus costumbres y por la madurez y sabiduría de sus discursos, sino que también inducía a tenerla a otros que aún no lo conocían... Nos impulsaba el mismo anhelo de saber... Nuestra competición no consistía en ver quién era el primero, sino en quién permitiría al otro serlo. Parecía que teníamos una sola alma en dos cuerpos" (1). Esas palabras representan en cierto sentido un autorretrato de esta alma noble. Pero también se puede imaginar que este hombre, fuertemente proyectado más allá de los valores terrenos, sufrió mucho por las cosas de este mundo.

Al volver a casa, San Gregorio recibió el bautismo y se orientó hacia la vida monástica: se sentía atraído por la soledad y la meditación filosófica y espiritual. Él mismo escribirá: "Nada me parece más grande que esto: hacer callar a los sentidos; salir de la carne del mundo; recogerse en sí mismo; no ocuparse ya de las cosas humanas, salvo de las estrictamente necesarias; hablar consigo mismo y con Dios; vivir una vida que trascienda las cosas visibles; llevar en el alma imágenes divinas siempre puras, sin mezcla de formas terrenas y erróneas; ser realmente un espejo inmaculado de Dios y de las cosas divinas, y llegar a serlo cada vez más, tomando luz de la Luz...; gozar del bien futuro ya en la esperanza presente, y conversar con los ángeles; haber dejado ya la tierra, aun estando en la tierra, transportados a las alturas con el espíritu" (2).

Como confiesa él mismo en su autobiografía, era reacio a recibir la ordenación presbiteral, porque sabía que así debería ser pastor, ocuparse de los demás, de sus cosas, y por tanto ya no podría dedicarse exclusivamente a la meditación. Con todo, aceptó esta vocación y asumió el ministerio pastoral con obediencia total, aceptando ser llevado por la Providencia a donde no quería ir (cf. Jn 21, 18), como a menudo le aconteció en la vida.

En el año 371, su amigo Basilio, obispo de Cesarea, contra el deseo del mismo Gregorio, lo quiso consagrar obispo de Sásima, una localidad estratégicamente importante de Capadocia. Sin embargo, él, por diversas dificultades, no llegó a tomar posesión, y permaneció en la ciudad de Nacianzo.

Hacia el año 379, San Gregorio fue llamado a Constantinopla, la capital, para dirigir a la pequeña comunidad católica, fiel al concilio de Nicea y a la fe trinitaria. En cambio, la mayoría había aceptado el arrianismo, que era "políticamente correcto" y considerado políticamente útil por los emperadores.

De esta forma, San Gregorio se encontró en una situación de minoría, rodeado de hostilidad. En la iglesita de la Anástasis pronunció cinco Discursos teológicos, precisamente para defender y hacer en cierto modo inteligible la fe trinitaria. Esos discursos son célebres por la seguridad de la doctrina y la habilidad del razonamiento, que realmente hace comprender que esta es la lógica divina. También la brillantez de la forma los hace muy atractivos hoy.

Por estos discursos San Gregorio recibió el apelativo de "teólogo". Así es llamado en la Iglesia ortodoxa: el "teólogo". Para él la teología no es una reflexión puramente humana, y mucho menos sólo fruto de complicadas especulaciones, sino que deriva de una vida de oración y de santidad, de un diálogo constante con Dios. Precisamente así pone de manifiesto a nuestra razón la realidad de Dios, el misterio trinitario. En el silencio contemplativo, lleno de asombro ante las maravillas del misterio revelado, el alma acoge la belleza y la gloria divinas.

Mientras participaba en el segundo concilio ecuménico, el año 381, San Gregorio fue elegido obispo de Constantinopla y asumió la presidencia del Concilio. Pero inmediatamente se desencadenó una fuerte oposición contra él; la situación se hizo insostenible. Para un alma tan sensible estas enemistades eran insoportables. Se repitió lo que San Gregorio había lamentado ya anteriormente con palabras llenas de dolor: "Nosotros, que tanto amábamos a Dios y a Cristo, hemos dividido a Cristo. Hemos mentido los unos a los otros por causa de la Verdad; hemos alimentado sentimientos de odio por causa del Amor; nos hemos dividido unos de otros" (3).

Así, en un clima de tensión, san Gregorio dimitió. En la catedral, abarrotada, pronunció un discurso de despedida muy emotivo y lleno de dignidad. Su emotiva intervención concluyó con estas palabras: "Adiós, gran ciudad, amada por Cristo... Hijos míos, os suplico, conservad el depósito [de la fe] que se os ha confiado (cf. 1 Tm 6, 20); recordad mis sufrimientos (cf. Col 4, 18). Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros" (4).

Volvió a Nacianzo y durante cerca de dos años se dedicó al cuidado pastoral de aquella comunidad cristiana. Luego se retiró definitivamente a la soledad en la cercana Arianzo, su tierra natal, consagrándose al estudio y a la vida ascética. Durante este período compuso la mayor parte de su obra poética, sobre todo autobiográfica: el De vita sua, un repaso en versos de su camino humano y espiritual, un camino ejemplar de un cristiano que sufre, de un hombre de gran interioridad en un mundo lleno de conflictos. Es un hombre que nos hace sentir la primacía de Dios y por eso también nos habla a nosotros, a nuestro mundo: sin Dios el hombre pierde su grandeza; sin Dios no hay auténtico humanismo.

Por eso, escuchemos esta voz y tratemos de conocer también nosotros el rostro de Dios. En una de sus poesías escribió, dirigiéndose a Dios: "Sé benigno, tú, que estás más allá de todo" (5). Y en el año 390 Dios acogió entre sus brazos a este siervo fiel, que con aguda inteligencia lo había defendido en sus escritos, y que con tanto amor le había cantado en sus poesías».

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(1) (Oratio 43, 16.20: SC 384, 154-156.164)
(2) (Oratio 2, 7: SC 247, 96)
(3) (Oratio 6, 3: SC 405, 128)
(4)  (cf. Oratio 42, 27: SC 384, 112-114)
(5) (Carmina [dogmatica] 1, 1, 29: PG 37, 508)

29 de diciembre de 2025

29 de diciembre - Día V dentro de la Octava de Navidad

En la misa de hoy se lee este fragmento del Evangelio de San Lucas  (2, 22-35):

«Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: 'Todo varón primogénito será consagrado al Señor'. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:

"Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel".


Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos"».

El episodio de la Presentación del Señor en el templo aparece en un vitral de la iglesia de la Sagrada Familia, ubicada en Banfield. El curioso ángulo de la foto se debe a que el templo no estaba abierto cuando lo visitamos, y sólo podía accederse hasta la altura de la puerta principal,  cerrada por una reja.