En calendarios litúrgicos mercedarios encontramos en la fecha de hoy la celebración del aniversario de la confirmación pontificia de la orden. Leemos en una publicación oficial:
San Pedro Nolasco fundó la Orden de la Merced el 10 de agosto de 1218. El obispo Berenguer de Palou le dio plena realidad jurídica y, a una con Pedro Nolasco y el rey Jaime I, convinieron en el régimen de la nueva Familia, bajo la regla de San Agustín, que practicaba la comunidad canonical. Pero el Instituto fue creciendo, y convenía la aprobación papal. Nolasco envió a algún fraile, que, realizadas las gestiones oportunas, volvió con la bula de Gregorio IX. Eso es lo que celebramos hoy, agradecidos.
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En esta fecha nos gozamos con el recuerdo de tanta obra de merced realizada por nuestros mayores; nos ratificamos en nuestra peculiar consagración y pedimos a Cristo Redentor, por intercesión de nuestra Madre María de la Merced y del patriarca San Pedro Nolasco, que fortalezca esta Familia que formarnos laicos, religiosas y religiosos.
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La fiesta de hoy es por el reconocimiento de la Orden por parte del Pontificado. Era de sobra reconocida nuestra labor en la práctica de la caridad más acendrada, pero convenía la bula papal. La bula no nos da la Regla, que ya la teníamos; nos adscribe a una familia religiosa. Tengamos en cuenta que, pocos años antes, el IV Concilio de Letrán (...) había prohibido nuevas fundaciones de órdenes religiosas, en el sentido de que no se podrían instituir otras familias si no adoptaban alguna de la Reglas ya existentes. Nos faltaba, pues, esa adscripción, que lo fue a la familia agustiniana. En la institución los tres Fundadores habían mirado bien qué Regla de las reconocidas sería más adecuada al carisma de la Merced. Convinieron en la de San Agustín
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El texto es así de sencillo y contundente:
Gregorio Obispo, Siervo de los Siervos de Dios, a los Amados hijos el Maestro y los frailes de la Casa de Santa Eulalia Barcelonesa. Salud y bendición apostólica. Movidos por las preces de vuestra devoción, por la autoridad de las presentes os concedemos que, como aún no esté asumida por vosotros alguna de las religiones aprobadas, podáis profesar la Orden del Bienaventurado Agustín. Dado en Perusa el dieciséis de las calendas de febrero en el año octavo de Nuestro Pontificado.










