En la Basílica de San José ubicada en Flores, frente a la Plaza Pueyrredón, hay varias imágenes del santo Patriarca. Para la entrada de hoy elegimos un relieve ubicado en el nártex del templo, que está acompañado al pie por los primeros versos de un célebre himno de la Liturgia de las Horas.
Te Joseph célebrent ágmina cǽlitum
te cuncti résonent christíadum chori
«Los himnos para el Oficio de esta Solemnidad fueron escritos por el carmelita Juan Blanch Mur OCD, pero de los que propuso, sólo este fue aceptado» ¹. Juan Blanch Mur (Juan de San José) nació en Tortosa (Tarragona) en 1642 y murió en 1718. Compuso el oficio a pedido de Juan Alemany de Escallas, General de su Congregación.
«Este himno viene a ser un cuadro expresivo de los méritos y privilegios de San José y un repaso somero de sus dolores y sus gozos» ².
Te Joseph célebrent ágmina cǽlitum
te cuncti résonent christíadum chori
qui, clarus méritis, junctus es ínclytæ
Casto fœdere Vírgini.
Almo cum túmidam gérmine cónjugem
admírans, dúbio tángeris ánxius
afflátu súperi Fláminis Ángelus
Concéptum púerum docet.
Tu natum Dóminum stringis, ad éxteras
Ægýpti prófugum tu séqueris plagas
amíssum Sólymis quǽris, et ínvenis
miscens gáudia flétibus.
Eléctos réliquos mors pia cónsecrat
palmámque eméritos glória súscipit
tu vivens, súperis par, frúeris Deo
mira sorte beátior.
Nobis, summa Trias, parce precántibus
da Joseph méritis sídera scándere
ut tandem líceat nos tibi pérpetim
gratum prómere cánticum.
Amen. ³
1. ¡Oh, José!, que las legiones de los bienaventurados te ensalcen, que todos los coros de los cristianos te canten a ti, que, esclarecido por tus merecimientos, te uniste en santo matrimonio con la Virgen gloriosa.
2. Cuando tú, preocupado al ver a tu esposa encinta por fecundidad divina, eres tentado por la duda, un ángel te revela que el Hijo ha sido concebido por obra del Espíritu Santo.
3. Tú abrazas al Señor cuando nace, tú le sigues en su huida a las lejanas tierras de Egipto; le buscas, y le encuentras cuando se pierde en Jerusalén, alternando gozos y penas.
4. La piedad glorifica a los demás santos después de su muerte, y el cielo les recibe después de merecer la palma; tú, en esta vida, gozas ya, como los bienaventurados, de Dios, y eres más dichoso aún por este extraordinario privilegio.
5. ¡Oh, Trinidad soberana!, otórganos el perdón a los que te suplicamos: haz que, por los méritos de José, subamos al cielo, para que podamos entonarte eternamente el canto de nuestra gratitud.
Amén. ³
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1 Félix Arocena: Los himnos de la Liturgia de las Horas (Ed. Palabra, Madrid, 1992)
2 Ibídem
3 Versión latina tomada de Verbum Gloriae, confrontada y corregida con el libro de Félix Arocena - Versión española tomada de Verbum Gloriae