22 de abril de 2023

22 de abril: Santa María Virgen, Madre de la Compañía de Jesús

En el Calendario Propio de los jesuitas, hoy se celebra esta fiesta de la Virgen María como Madre (o Reina) de la Compañía de Jesús. El "Misal Diario y Devocionario" del padre Natalio Díaz sj, editado en 1957, decía al respecto:

El  22 de abril de 1541, en la Basílica romana de San Pablo Extramuros, delante de una imagen de Nuestra Señora, San Ignacio y sus compañeros emitían la solemne profesión, con lo que adquiría existencia real la Compañía de Jesús. En conmemoración de este suceso y de la maternal protección que la celestial Señora dispensó a San Ignacio y a la Orden por él fundada, los jesuitas venían invocándola con el título de Regina Societatis Jesu, advocación consagrada por la Iglesia en esta festividad, recuerdo de nuestro IV centenario.

Ilustramos esta entrada con una imagen que se encuentra en uno de los patios internos del edificio donde funciona el Colegio del Salvador:




Una publicación jesuita señala:

«La imagen de la Virgen protegiendo con su manto tiene su origen en una visión relatada por el monje Cesario de Heisterbach († 1210) en su Dialogus Miraculorum, en el que se relata cómo un monje cisterciense, en una visión del paraíso celestial, al no ver a sus hermanos de orden, vio a la Virgen abriendo su manto mientras le decía “Los del Císter me son tan cercanos que los cubro bajo mis brazos”. La imagen fue muy popular entre las órdenes mendicantes y conventuales, quienes la representaron en el auge del barroco español: dominicos, franciscanos, carmelitas y mercedarios. Los jesuitas siguieron la tradición en Hispanoamérica», por lo que se pueden encontrar imágenes del mismo estilo en distintos templos de la Compañía (fuente)

Del mismo "Misal Diario y Devocionario" compartimos, para terminar esta entrada, el Introito y la Oración Colecta de esta celebración:

18 de abril de 2023

18 de abril: Beata Savina Petrilli



Sabina (o Savina) Petrilli «nació en Siena el 29 de agosto de 1851. (...) A los 15 años se inscribió en la Congregación de Hijas de María, y en poco tiempo fue elegida presidenta. Dos años después emitió el primer voto de virginidad por un año. En 1869 fue recibida por el papa Pío IX, quien la exhorta a caminar en las huellas de Santa Catalina. El 15 de agosto de 1873, en la capillita de la casa paterna, emite, junto con cinco compañeras, los votos de castidad, pobreza y obediencia, con la presencia de su confesor, y el acuerdo del arzobispo, Mons. Enrique Bindi, quien les concede el permiso de iniciar una obra a beneficio de los pobres.
La nueva pequeña familia religiosa toma el nombre de «Congregación de Hermanas de los Pobres de Santa Catalina de Siena». En 1881 inicia la primera fundación en Onano (Viterbo, Italia), y en 1903 la primera misión en Belém (Brasil). Las Constituciones de la congregación, que se vuelve de derecho pontificio, son definitivamente aprobadas el 17 de junio de 1906.

Sucesivamente la madre Sabina emite el voto de «no negar nunca voluntariamente al Señor», y el voto de «perfecta obediencia» al director espiritual, el voto de «no lamentarse deliberadamente en los padecimientos externos e internos», y el voto de «completo abandono a la voluntad del Padre». 



El 18 de abril de 1923, a las 17.20, la madre Sabina deja la tierra para entrar definitivamente en posesión de Dios. Su obra se expandió por Italia y por muchos países, al servicio de los pobres y «y de todos aquellos que sufren y son oprimidos». Fue beatificada por SS Juan Pablo II el 24 de abril de 1988».

En el día de la Memoria litúrgica de Savina Petrilli, y justamente cuando se cumplen 100 años de su muerte,  la honramos con el frente y el dorso de una estampita difundida por las Hermanas de los Pobres de Santa Catalina en la Argentina. La estampa incluye una pequeña reliquia: un trozo de ropa usada por la beata.

El texto de la biografía que hemos transcripto pertenece a El Testigo Fiel.

15 de abril de 2023

Sábado de la Octava de Pascua

La Segunda Lectura del Oficio de Lecturas de hoy se toma de las las Catequesis de Cirilo de Jerusalén (Catequesis 22 [Mistagógica 4], 1. 3-6. 9: PG 33, 1098-1106): "El pan celestial y la bebida de salvación".  Ilustramos la entrada con fotos romadas en la iglesia de la Sagrada Eucaristía en 2017 y 2022.


Jesús, el Señor, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, después de pronunciar la Acción de Gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, y dijo: «Tomad y comed, esto es mi cuerpo.» y tomando el cáliz, después de pronunciar la acción de Gracias, dijo: «Tomad y bebed, ésta es mi sangre.» Por tanto, si él mismo afirmó del pan: Esto es mi cuerpo, ¿quién se atreverá a dudar en adelante? Y si él mismo afirmó: Ésta es mi sangre, ¿quién podrá nunca dudar y decir que no es su sangre?

Por esto hemos de recibirlos con la firme convicción de que son el cuerpo y sangre de Cristo. Se te da el cuerpo del Señor bajo el signo de pan, y su sangre bajo el signo de vino; de modo que al recibir el cuerpo y la sangre de Cristo te haces concorpóreo y consanguíneo suyo. Así, pues, nos hacemos portadores de Cristo, al distribuirse por nuestros miembros su cuerpo y sangre. Así, como dice san Pedro, nos hacemos participantes de la naturaleza divina.

En otro tiempo, Cristo, disputando con los judíos, decía: Si no coméis mi carne y no bebéis mi sangre, no tendréis vida en vosotros. Pero, como ellos entendieron estas palabras en un sentido material, se hicieron atrás escandalizados, pensando que los exhortaba a comer su carne.

En la antigua alianza había los panes de la proposición; pero, como eran algo exclusivo del antiguo Testamento, ahora ya no existen. Pero en el nuevo Testamento hay un pan celestial y una bebida de salvación, que santifican el alma y el cuerpo. Pues, del mismo modo que el pan es apropiado al cuerpo, así también la Palabra encarnada concuerda con la naturaleza del alma.

Por lo cual, el pan y el vino eucarísticos no han de ser considerados como meros y comunes elementos materiales, ya que son el cuerpo y la sangre de Cristo, como afirma el Señor; pues, aunque los sentidos nos sugieren lo primero, hemos de aceptar con firme convencimiento lo que nos enseña la fe.

 

Adoctrinados e imbuidos de esta fe certísima, debemos creer que aquello que parece pan no es pan, aunque su sabor sea de pan, sino el cuerpo de Cristo; y que lo que parece vino no es vino, aunque así le parezca a nuestro paladar, sino la sangre de Cristo; respecto a lo cual hallamos la antigua afirmación del salmo: El pan da fuerzas al corazón del hombre y el aceite da brillo a su rostro. Da, pues, fuerzas a tu corazón, comiendo aquel pan espiritual. Y da brillo así al rostro de tu alma.

Ojalá que con el rostro descubierto y con la conciencia limpia, contemplando la gloria del Señor como en un espejo, vayamos de gloria en gloria, en Cristo Jesús nuestro Señor, a quien sea el honor, el poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amén

13 de abril de 2023

Jueves de la Octava de Pascua

El Jueves de la Octava de Pascua, en el Oficio de Lecturas, se proclama el siguiente texto de San Cirilo de Jerusalén,  tomado de sus Catequesis  ¹ y titulado "El bautismo, figura de la pasión de Cristo".

«Fuisteis conducidos a la santa piscina del divino bautismo, como Cristo desde la cruz fue llevado al sepulcro.

Y se os preguntó a cada uno si creíais en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Después de haber confesado esta fe salvadora, se os sumergió por tres veces en el agua y otras tantas fuisteis sacados de la misma: con ello significasteis, en imagen y símbolo, los tres días de la sepultura de Cristo.

Pues así como nuestro Salvador pasó en el seno de la tierra tres días y tres noches, de la misma manera vosotros habéis imitado con vuestra primera emersión el primer día que Cristo estuvo en la tierra, y, con vuestra inmersión, la primera noche. Porque como el que anda durante el día lo percibe todo, del mismo modo en vuestra inmersión, como si fuera de noche, no pudisteis ver nada; en cambio al emerger os pareció encontraros en pleno día; y en un mismo momento os encontrasteis muertos y nacidos, y aquella agua salvadora os sirvió a la vez de sepulcro y de madre.

Por eso os cuadra admirablemente lo que dijo Salomón, a propósito de otras cosas: Tiempo de nacer, tiempo de morir; pero a vosotros os pasó esto en orden inverso: tuvisteis un tiempo de morir y un tiempo de nacer, aunque en realidad un mismo instante os dio ambas cosas, y vuestro nacimiento se realizó junto con vuestra muerte.

¡Oh maravilla nueva e inaudita! No hemos muerto ni hemos sido sepultados, ni hemos resucitado después de crucificados, en el sentido material de estas expresiones, pero, al imitar estas realidades en imagen hemos obtenido así la salvación verdadera.

Cristo sí que fue realmente crucificado y su cuerpo fue realmente sepultado y realmente resucitó; a nosotros, en cambio, nos ha sido dado, por gracia, que, imitando lo que él padeció con la realidad de estas acciones, alcancemos de verdad la salvación.

¡Oh exuberante amor para con los hombres! Cristo fue el que recibió los clavos en sus inmaculadas manos y pies, sufriendo grandes dolores, y a mí, sin experimentar ningún dolor ni ninguna angustia, se me dio la salvación por la comunión de sus dolores.

No piense nadie, pues, que el Bautismo fue dado solamente por el perdón de los pecados y para alcanzar la gracia de la adopción, como en el caso del bautismo de Juan, que confería sólo el perdón de los pecados; nuestro bautismo, como bien sabemos, además de limpiarnos del pecado y darnos el don del Espíritu es también tipo y expresión de la Pasión de Cristo. Por eso Pablo decía: ¿Es que no sabéis que los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo Jesús fuimos incorporados a su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte».

La imagen, tomada en el Bautisterio de la Basílica del Espíritu Santo, representa gráficamente el vínculo del sacramento del Bautismo con la gloriosa Pasión de Jesucristo.

¹ Catequesis 20, Mistagogica 21, 4-6: PG 33, 1079-1082

9 de abril de 2023

Domingo de Pascua de Resurrección

Antífona de entrada
Cf. Lc 24, 34; Ap 1, 6

El Señor resucitó verdaderamente, aleluia.
A él sea la gloria y el poder
por los siglos de los siglos. Aleluia, aleluia.




Antífona de comunión
Cf. 1 Cor 5, 7-8

Cristo, nuestra pascua, ha sido inmolado.
Celebremos, entonces, esta fiesta
con los panes sin levadura de la pureza y la verdad, 
aleluia, aleluia.


La imagen del resucitado junto al Sagrario pertenece a la iglesia de Nuestra Señora del Socorro, en San Pedro.

7 de abril de 2023

Viernes Santo

En este Viernes Santo, recordando la Pasión y Muerte de Cristo, compartiremos imágenes de los atributos de la Pasión o "Arma Christi" que están pintados en las paredes de la iglesia de Jesús Sacramentado.

Los clavos de la cruz:



La lanza que atravesó el costado de Cristo  y la lanza con la esponja embebida en vinagre:


El "título" de la Cruz y la escalera del descendimiento:


El paño de la Verónica:


La corona de espinas:


Y la Cruz:

3 de abril de 2023

Lunes Santo

La Segunda Lectura del Oficio de Lecturas del Lunes Santo está tomada de los sermones de San Agustín ¹ y dice:


«Gloriémonos también nosotros en la cruz de nuestro Señor Jesucristo

La pasión de nuestro Señor y Salvador Jesucristo es una prenda de gloria y una enseñanza de paciencia.  Pues, ¿qué dejará de esperar de la gracia de Dios el corazón de los fieles, si por ellos el Hijo único de Dios, coeterno con el Padre, no se contentó con nacer como un hombre entre los hombres, sino que quiso incluso morir por mano de los hombres, que Él mismo había creado?

Grande es lo que el Señor nos promete para el futuro, pero es mucho mayor aún aquello que celebramos recordando lo que ya ha hecho por nosotros.  ¿Dónde estaban o quiénes eran los impíos, cuando por ellos murió Cristo?  ¿Quién dudará que a los santos pueda dejar el Señor de darles su vida, si Él mismo les entregó su muerte?  ¿Por qué vacila todavía la fragilidad humana en creer que un día será realidad el que los hombres vivan con Dios?

Lo que ya se ha realizado es mucho más increíble:  Dios ha muerto por los hombres.

Porque, ¿quién es Cristo, sino aquel de quien dice la Escritura:  En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios?  Esta Palabra de Dios se hizo carne y acampó entre nosotros.  Porque no habría poseído lo que era necesario para morir por nosotros, si no hubiera tomado de nosotros una carne mortal.  Así el inmortal pudo morir, así pudo dar su vida a los mortales; y hará que más tarde tengan parte en su vida aquellos de cuya condición Él primero se había hecho partícipe.  Pues nosotros, por nuestra naturaleza, no teníamos posibilidad, ni Él, por la suya, posibilidad de morir.  Él hizo, pues, con nosotros este admirable intercambio:  tomó de nuestra naturaleza la condición mortal, y nos dio de la suya la posibilidad de vivir.

Por tanto, no sólo debemos avergonzarnos de la muerte de nuestro Dios y Señor, sino que hemos de confiar en ella con todas nuestras fuerzas y gloriarnos en ella por encima de todo:  pues al tomar de nosotros la muerte, que en nosotros encontró, nos prometió con toda su fidelidad, que nos daría en sí mismo la vida que nosotros no podemos llegar a poseer por nosotros mismos.  Y si aquel que no tiene pecado nos amó hasta tal punto que por nosotros, pecadores, sufrió lo que habían merecido nuestros pecados, ¿cómo, después de habernos justificado, dejará de darnos lo que es justo?  Él, que promete con verdad, ¿cómo no va a darnos los premios de los santos, si soportó, sin cometer iniquidad, el castigo que los inicuos le infligieron?

Confesemos, por tanto, intrépidamente, hermanos, y declaremos bien a las claras que Cristo fue crucificado por nosotros:  y hagámoslo no con miedo, sino con júbilo, no con vergüenza, sino con orgullo.

El apóstol Pablo, que cayó en la cuenta de este misterio, lo proclamó como un título de gloria.  Y, siendo así que podía recordar muchos aspectos grandiosos y divinos de Cristo, no dijo que se gloriaba de estas maravillas –que hubiese creado el mundo, cuando, como Dios que era, se hallaba junto al Padre, y que hubiese imperado sobre el mundo, cuando era hombre como nosotros-, sino que dijo:  Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo».



Dos fotos que tomamos en febrero del año pasado en la iglesia de la Exaltación de la Cruz de la localidad de Capilla del Señor ilustran muy bien este hermoso texto, y, con él, nos ayudan a vivir con intensidad estos días de Semana Santa.

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¹  Sermón Güelferbitano 3:  PLS 2, 545-546