9 de junio de 2026

9 de junio: San Cirilo de Alejandría

En los calendarios litúrgicos de las iglesias de tradición bizantina, hoy se recuerda a  San Cirilo, Arzobispo de Alejandría. En un sitio que «presenta el sinaxario de los santos y las principales fiestas del año litúrgico de la Tradición Bizantina, según el Typikón Constantinopolitano en uso en las diócesis bizantinas italianas de la Iglesia Católica»  encontramos el texto que transcribimos a continuación.

«Cirilo, nacido probablemente alrededor de 370 en Alejandría, era sobrino de Teófilo, arzobispo de Alejandría en Egipto, quien lo educó y lo introdujo en la vida eclesiástica desde su juventud, hasta que lo sucedió en 412. Durante su episcopado, Cirilo tuvo que luchar encarnizadamente contra la herejía de Nestorio, arzobispo de Constantinopla, quien, junto con el sacerdote Anastasio, apoyó la inexactitud del título de Theotokos (Madre de Dios) para María, prefiriendo en su lugar el título de Christotokos (Madre de Cristo), porque, según ellos, María era una criatura humana, y era imposible que Dios hubiera nacido de una criatura humana. Esta herejía era muy grave porque, si bien partía de la idea de querer salvaguardar la importancia de la humanidad de Cristo, había llegado a negar la unión real entre Dios y el Hombre en Cristo.

Cirilo refutó la doctrina de Nestorio en el Tercer Concilio Ecuménico de Éfeso, celebrado en 431, bajo el emperador Teodosio el Joven. Las intrigas de los nestorianos, sin embargo, lograron destituirlo de su cargo durante unos meses, pero, habiendo regresado al trono episcopal, Cirilo continuó gobernando la iglesia de Alejandría hasta 444, año en que murió. San Cirilo nos dejó numerosas obras valiosas, comentarios sobre las Sagradas Escrituras, tratados dogmáticos sobre la fe cristiana, demostraciones de la verdad de la fe y refutaciones de herejías.

La Iglesia Católica lo proclamó Doctor de la Iglesia y San Cirilo es considerado el último representante notable de la tradición alejandrina, definido como el “guardián de la exactitud” y el “sello de los Padres”».

De la liturgia bizantina del día:

Con toda piedad celebramos al lumbrera del mundo y príncipe de los retóricos, campeón y defensor de la siempre Virgen María, el que con doctrinas ardientes quemó verdaderamente las impías palabras anticristianas de la fatal herejía del abominable Nestorio. Digamos, pues: Oh divino Cirilo, intercede para que Cristo fortalezca la fe ortodoxa.


El vitral pertenece a la Basílica de Luján.

8 de junio de 2026

Lunes de la Semana X Durante el Año

El Lunes de la Semana X  del Tiempo Ordinario, en los años pares, se proclama esta Primera Lectura, tomada del Primer Libro de los Reyes (17, 1-6):


En aquellos días, Elías, el tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab:

—«¡Vive el Señor, Dios de Israel, a quien sirvo! En estos años no caerá rocío ni lluvia si yo no lo mando».

Luego el Señor le dirigió la palabra:

—«Vete de aquí hacia el oriente y escóndete junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. Bebe del torrente y yo mandaré a los cuervos que te lleven allí la comida».

Elías hizo lo que le mandó el Señor, y fue a vivir junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán.

Los cuervos le llevaban pan por la mañana y carne por la tarde, y bebía del torrente.


En la iglesia  de San Jorge,  del Patriarcado Ortodoxo de Antioquía -ubicada en Scalabrini Ortiz  1261 de la ciudad de Buenos Aires- hay un hermoso icono que muestra al profeta Elías en un paisaje rocoso; a la derecha, sobre un promontorio, un cuervo que sostiene un pan en su pico, tal como lo señala el texto bíblico que hemos transcripto. 


El cuervo llevando un trozo de pan se ha convertido en uno de los principales atributos iconográficos del  profeta Elías, junto con la espada flamígera y el carro de fuego. La Memoria de San Elías está recogida por el Martirologio Romano el 20 de julio.

Tomamos las dos fotos en mayo de 2025.

7 de junio de 2026

Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

 


Por segunda vez en la historia de este blog visitamos la iglesia de la parroquia Corpus Domini. El templo, como surge de la placa, fue erigido con ocasión del Congreso Eucarístico Internacional celebrado en 1934 en Buenos Aires.

Una mayólica recuerda el cincuentenario de la dedicación del templo, con el escudo y el lema del Congreso Eucarístico Nacional que, en recuerdo del de 1934,  tuvo lugar en la capital argentina en octubre de 1984.


Es natural que esta primera visita a la iglesia del Corpus Domini tenga lugar en la fecha en que celebramos en la Argentina la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo.  Vemos a continuación una imagen clásica de Jesús, sosteniendo una hostia y un cáliz.




6 de junio de 2026

Sábado de la Semana IX Durante el Año

En la misa del Sábado de la Novena Semana del Tiempo Ordinario, se proclama un fragmento del Evangelio según San Marcos (12, 38-44), en cuya parte final se lee:


«Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo:

—"Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir"».

El episodio es representado en uno de los vitrales de la Catedral Anglicana San Juan Bautista, ubicada en el microcentro porteño

5 de junio de 2026

5 de junio: San Bonifacio

La Iglesia celebra hoy a San Bonifacio, obispo y mártir. Lo honramos aquí con una foto que tomamos en 2019 en la iglesia porteña que lleva su nombre, y unas palabras de Benedicto XVI en la Audiencia General del 11 de marzo de 2009.

«Hoy vamos a reflexionar sobre un gran misionero del siglo VIII, que difundió el cristianismo en Europa central, precisamente también en mi patria: San Bonifacio, que ha pasado a la historia como "el Apóstol de los Germanos". Poseemos muchas noticias sobre su vida gracias a la diligencia de sus biógrafos: nació en una familia anglosajona en Wessex alrededor del año 675 y fue bautizado con el nombre de Winfrido. Entró muy joven en un monasterio, atraído por el ideal monástico. Poseyendo notables capacidades intelectuales, parecía encaminado a una tranquila y brillante carrera de estudioso: fue profesor de gramática latina, escribió algunos tratados y compuso también varias poesías en latín.

Ordenado sacerdote cuando tenía cerca de treinta años, se sintió llamado al apostolado entre los paganos del continente. Gran Bretaña, su tierra, evangelizada apenas cien años antes por los benedictinos encabezados por San Agustín, mostraba una fe tan sólida y una caridad tan ardiente que enviaba misioneros a Europa central para anunciar allí el Evangelio. En el año 716, Winfrido, con algunos compañeros, se dirigió a Frisia (la actual Holanda), pero se encontró con la oposición del jefe local y el intento de evangelización fracasó. Volvió a su patria, pero no se desalentó: dos años después vino a Roma para hablar con el Papa Gregorio II y recibir directrices. El Papa, según el relato de un biógrafo, lo acogió "con el rostro sonriente y con la mirada llena de dulzura", y en los días siguientes mantuvo con él "coloquios importantes" y, al final, tras haberle impuesto el nuevo nombre de Bonifacio, con cartas oficiales le encomendó la misión de predicar el Evangelio entre los pueblos de Alemania.

Confortado y sostenido por el apoyo del Papa, San Bonifacio se dedicó a la predicación del Evangelio en aquellas regiones, luchando contra los cultos paganos y reforzando las bases de la moralidad humana y cristiana. Con gran sentido del deber escribió en una de sus cartas: "Estamos firmes en la lucha en el día del Señor, porque han llegado días de aflicción y miseria... No somos perros mudos, ni observadores taciturnos, ni mercenarios que huyen ante los lobos. En cambio, somos pastores diligentes que velan por el rebaño de Cristo, que anuncian a las personas importantes y a las comunes, a los ricos y a los pobres, la voluntad de Dios... a tiempo y a destiempo".

Con su actividad incansable, con sus dotes organizadoras y con su carácter dúctil y amable, a pesar de su firmeza, San Bonifacio obtuvo grandes resultados. El Papa entonces "declaró que quería imponerle la dignidad episcopal, para que así pudiera corregir con mayor determinación y devolver al camino de la verdad a los equivocados, se sintiera apoyado por la mayor autoridad de la dignidad apostólica y fuera tanto más aceptado por todos en el oficio de la predicación cuanto más parecía que por este motivo había sido ordenado por el prelado apostólico".

Fue el mismo Sumo Pontífice quien consagró "obispo regional" —es decir, para toda Alemania— a San Bonifacio, el cual retomó sus fatigas apostólicas en los territorios que se le confiaron y extendió su acción también a la Iglesia de la Galia: con gran prudencia restauró la disciplina eclesiástica, convocó varios sínodos para garantizar la autoridad de los sagrados cánones y reforzó la necesaria comunión con el Romano Pontífice: esta era una de sus principales preocupaciones. También los sucesores del Papa Gregorio II lo tuvieron en gran aprecio: Gregorio III lo nombró arzobispo de todas las tribus germánicas, le envió el palio y le dio facultad para organizar la jerarquía eclesiástica en aquellas regiones; el Papa Zacarías lo confirmó en su cargo y alabó su labor; el Papa Esteban III, recién elegido, recibió de él una carta en la que le expresaba su adhesión filial.

El gran obispo, además de esta labor de evangelización y organización de la Iglesia mediante la fundación de diócesis y la celebración de sínodos, favoreció la fundación de varios monasterios, masculinos y femeninos, a fin de que fueran un faro para irradiar la fe y la cultura humana y cristiana en el territorio. De los cenobios benedictinos de su patria había llamado a monjes y monjas, que le prestaron una ayuda eficacísima y valiosa en la tarea de anunciar el Evangelio y de difundir las ciencias humanas y las artes entre las poblaciones.

En efecto, con razón consideraba que el trabajo por el Evangelio debía ser también trabajo en favor de una verdadera cultura humana. Sobre todo el monasterio de Fulda —fundado hacia el año 743— fue el corazón y el centro de irradiación de la espiritualidad y de la cultura religiosa: allí los monjes, en la oración, en el trabajo y en la penitencia, se esforzaban por tender a la santidad, se formaban en el estudio de las disciplinas sagradas y profanas, y se preparaban para el anuncio del Evangelio, para ser misioneros. Así pues, por mérito de san Bonifacio, de sus monjes y de sus monjas —también las mujeres desempeñaron un papel muy importante en esta obra de evangelización— floreció asimismo la cultura humana que es inseparable de la fe y que revela su belleza.

San Bonifacio mismo nos ha dejado obras intelectuales significativas. Ante todo, su abundante epistolario, donde las cartas pastorales se alternan con las cartas oficiales y las de carácter privado, que revelan hechos sociales y sobre todo su rico temperamento humano y su profunda fe. También compuso un tratado de Ars grammatica, en el que explicaba las declinaciones, los verbos y la sintaxis del latín, pero que para él era también un instrumento para difundir la fe y la cultura. Además, le atribuyen una Ars metrica, es decir, una introducción a cómo hacer poesía, varias composiciones poéticas y, por último, una colección de 15 sermones.

Aunque ya era de edad avanzada —tenía alrededor de 80 años— se preparó para una nueva misión evangelizadora: con cerca de cincuenta monjes volvió a Frisia, donde había comenzado su obra. Casi como presagio de su muerte inminente, aludiendo al viaje de la vida, escribió al obispo Lullo, su discípulo y sucesor en la sede de Maguncia: "Deseo llevar a término el propósito de este viaje; de ningún modo puedo renunciar al deseo de partir. Está cerca el día de mi fin y se aproxima el tiempo de mi muerte; abandonando los despojos mortales, subiré al premio eterno. Pero tú, hijo queridísimo, exhorta sin cesar al pueblo a salir del laberinto del error, lleva a término la edificación de la basílica de Fulda, ya comenzada, y en ella sepulta mi cuerpo envejecido por largos años de vida".

El 5 de junio del año 754, al comenzar la celebración de la misa en Dokkum (actualmente, en el norte de Holanda), fue asaltado por una banda de paganos. Avanzando con frente serena, «prohibió a los suyos que combatieran diciendo: "Cesad, hijos, de combatir, abandonad la guerra, porque el testimonio de la Escritura nos advierte que no devolvamos mal por mal, sino bien por mal. Este es el día deseado hace tiempo; ha llegado el tiempo de nuestro fin. ¡Ánimo en el Señor!"». Fueron sus últimas palabras antes de caer bajo los golpes de sus agresores. Los restos mortales del obispo mártir fueron llevados al monasterio de Fulda, donde recibieron digna sepultura. Ya uno de sus primeros biógrafos dio este juicio sobre él: "El santo obispo Bonifacio puede llamarse padre de todos los habitantes de Alemania, porque fue el primero en engendrarlos para Cristo con la palabra de su santa predicación, los confirmó con el ejemplo y, por último, dio la vida por ellos, y no puede haber caridad mayor que esta". 

A distancia de siglos, ¿qué mensaje podemos recoger de la enseñanza y de la prodigiosa actividad de este gran misionero y mártir? Una primera evidencia se impone a quien se acerca a San Bonifacio: la centralidad de la Palabra de Dios, vivida e interpretada en la fe de la Iglesia, Palabra que él vivió, predicó, testimonió hasta el don supremo de sí mismo en el martirio. Era tan ardiente su celo por la Palabra de Dios que sentía la urgencia y el deber de llevarla a los demás, incluso con riesgo personal suyo. En ella apoyaba la fe a cuya difusión se había comprometido solemnemente en el momento de su consagración episcopal: "Profeso íntegramente la pureza de la santa fe católica y con la ayuda de Dios quiero permanecer en la unidad de esta fe, en la que sin duda alguna está toda la salvación de los cristianos".

La segunda evidencia, muy importante, que emerge de la vida de San Bonifacio es su fiel comunión con la Sede apostólica, que era un punto firme y central de su trabajo misionero; siempre conservó esta comunión como norma de su misión y la dejó casi como su testamento. En una carta al Papa Zacarías afirma: "Yo no dejo nunca de invitar y de someter a la obediencia de la Sede apostólica a aquellos que quieren permanecer en la fe católica y en la unidad de la Iglesia romana, y a todos aquellos que en esta misión Dios me da como oyentes y discípulos". Fruto de este empeño fue el firme espíritu de cohesión en torno al Sucesor de Pedro que San Bonifacio transmitió a las Iglesias en su territorio de misión, uniendo a Inglaterra, Alemania y Francia con Roma, y contribuyendo así de modo decisivo a poner las raíces cristianas de Europa que habrían de producir frutos fecundos en los siglos sucesivos.

San Bonifacio merece nuestra atención también por una tercera característica: promovió el encuentro entre la cultura romano-cristiana y la cultura germánica. En efecto, sabía que humanizar y evangelizar la cultura era parte integrante de su misión de obispo. Transmitiendo el antiguo patrimonio de valores cristianos, implantó en las poblaciones germánicas un nuevo estilo de vida más humano, gracias al cual se respetaban mejor los derechos inalienables de la persona. Como auténtico hijo de San Benito, supo unir oración y trabajo (manual e intelectual), pluma y arado.

El valiente testimonio de San Bonifacio es una invitación para todos a acoger en nuestra vida la Palabra de Dios como punto de referencia esencial, a amar apasionadamente a la Iglesia, a sentirnos corresponsables de su futuro, a buscar la unidad en torno al Sucesor de Pedro. Al mismo tiempo, nos recuerda que el cristianismo, favoreciendo la difusión de la cultura, promueve el progreso del hombre. A nosotros nos corresponde ahora estar a la altura de un patrimonio tan prestigioso y hacerlo fructificar para bien de las futuras generaciones.

Me impresiona siempre su celo ardiente por el Evangelio: a los cuarenta años abandonó una vida monástica tranquila y fructífera, una vida de monje y profesor, para anunciar el Evangelio a los sencillos, a los bárbaros; a los ochenta años, una vez más, fue a una zona donde preveía su martirio. Comparando su fe ardiente, su celo por el Evangelio, con nuestra fe a menudo tan tibia y burocrática, vemos qué debemos hacer y cómo renovar nuestra fe, para dar como don a nuestro tiempo la perla preciosa del Evangelio». 

2 de junio de 2026

2 de junio: Fiesta de los Cuatro Evangelistas

El Sinaxarión ¹ maronita (Calendario Litúrgico de los santos) incluye una fiesta dedicada conjuntamente a los cuatro Evangelistas.



De Noticias Maronitas en Facebook tomamos la información que sigue, a la que le hicimos algunos ajustes gramaticales; también copiamos de allí los epígrafes de las cuatro fotos siguientes.

Hoy la Iglesia maronita celebra la memoria de los cuatro Evangelistas, Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Evangelio es una palabra griega que quiere decir buena noticia o buena nueva. Son los cuatro libros dictados por el Espíritu del Señor a los cuatro escritores sagrados que narraron la vida, la predicación y la muerte de Jesucristo.

San Mateo - El primero de los cuatro Evangelios es el de San Mateo. Éste era hijo de Alfeo, de profesión publicano, esto es, recaudador de impuestos. Llamado por Jesucristo al apostolado, fue testigo ocular de todos los hechos que [tuvieron lugar] después de la Ascensión del Salvador;  predicó la fe en Etiopía, en Persia y entre los partos. Antes que saliese de la Judea fue invitado por los fieles y por los mismos Apóstoles a escribir su Evangelio. Esto tuvo lugar cerca de ocho años después de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo. Lo escribió en la lengua hebrea, y se dice que él mismo o Santiago el Mayor lo tradujo al griego. La versión latina que hoy tenemos es muy antigua.

San Marcos - El segundo evangelista es San Marcos. Judío de nacimiento, se cree que fue uno de los sesenta y dos discípulos del Salvador. Compañero fiel de San Pedro, le siguió en sus viajes hasta Roma. Allí fue su secretario e intérprete y le ayudó a predicar la fe en la capital del Imperio Romano. (...) Escribió (...) su Evangelio en griego, idioma muy conocido de los romanos en aquellos tiempos.

San Lucas - Era natural de Antioquía y médico de profesión. Fue ganado a la fe por San Pablo, el Apóstol de las gentes, de quien fue fiel compañero en sus largas y fatigosas peregrinaciones. Predicó el Evangelio en Dalmacia, en Italia, en las Galias y, finalmente, en Macedonia. En este último punto alcanzó la corona del martirio a los ochenta y cuatro años de su edad. Escribió su Evangelio el año 53 de nuestra Era, recogiendo las noticias de testigos oculares y de las narraciones de San Pablo. Se cree también que la Santísima Virgen le enseñó algunas cosas importantes. En efecto, debemos a San Lucas muchas y preciosas noticias concernientes a la infancia de Jesús y la misma Virgen María, de las cuales nada han escrito los demás evangelistas.

San Juan - Fueron padres de San Juan, Zebedeo y María Salomé, y hermano suyo Santiago el Mayor. Era natural de Betsaida y ejerció con su padre el oficio de pescador hasta que, muy joven aún, fue llamado por el divino Maestro para que le siguiera. Le profesó Jesucristo un cariño particular por la inocencia de sus costumbres y la virtud de la pureza que conservó intacta. Por este motivo el Salvador, pendiente de la cruz, dio a Juan por hijo a María y a María por Madre a Juan. En la persona de este Santo Apóstol se hallan representados todos los fieles cristianos de quienes es María madre piadosa. Después de la Ascensión del Divino Maestro, predicó especialmente en el Asia Menor, y fijó su residencia en Éfeso, que gobernó como obispo hasta pasados los cien años de edad, y donde murió el año 107. Movido por divina inspiración, y a ruego de los fieles, en los últimos años de su vida, escribió su Evangelio contra algunos herejes que negaban la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Se detiene, en efecto, con preferencia en exponer las acciones del Salvador que más le dan a conocer como verdadero Dios. Habla muchas veces de sí, pero sin nombrarse jamás. Escribió en griego, y narró cosas vistas por él.

 

Y tomando información del sitio oficial en español Maronitas añadimos lo siguiente:


La Iglesia hoy se refiere a cada uno de los evangelistas con un símbolo diferente, símbolos mencionados por Juan en su visión y Ezequiel en su profecía: el águila, el león, el toro y el ser humano.

[El ángel] en forma de hombre [se corresponde] con Mateo, porque él comenzó su predicación haciendo la lista de los antepasados de Jesús como hombre, y narrando la aparición de un ángel a San José.



"San Mateo lleva por símbolo el rostro de un hombre porque se propone describir los hechos de Nuestro Señor Jesucristo como hombre"   (Noticias Maronitas)



El león con Marcos, porque comenzó su Evangelio con la voz de Juan el Bautista clamando como un león salvaje que ruge.

 

"El rostro del león, a causa de la voz de San Juan Bautista que gritaba en el desierto: “Preparad el camino del Señor y enderezad sus senderos”"
(Noticias Maronitas) 


Lucas con el toro porque comenzó su anuncio con el sacerdocio de Zacarías, que requiere ofrecer sacrificios con terneros y toros.

 

"El rostro de becerro (...) indica el sacrificio que solía hacer el sacerdote levítico" 
(Noticias Maronitas)

 


En cuanto a Juan, es un águila, porque comenzó su Evangelio, volando como un águila en el aire.

 

"San Juan lleva el símbolo del águila porque como águila levanta su vuelo hasta el Padre Eterno, diciendo: “En el principio era el Verbo, y Verbo estaba con Dios y Dios era el Verbo”"
(Noticias Maronitas)

 


Hoy, al conmemorar la memoria de los Cuatro Evangelistas, pidamos a Dios que haga clamar nuestras voces en el desierto de este mundo sin miedo, voces que se eleven alto en el cielo, poniendo la palabra por encima de todas las cosas. Hoy le pedimos que transforme la misión de cada uno de nosotros en un sacerdocio especial que anuncia al Hijo del Hombre y sus enseñanzas (...) [por] la intercesión de los santos Mateo, Marcos, Lucas y Juan.



Tomamos las fotos en el camarín de San Nicolás de Bari de la Catedral de La Rioja. El símbolo de cada Evangelista aparece allí con un texto alusivo.


El de Mateo dice "Filii David" (Mt 1, 1): "Hijo de David".
El de Marcos dive "Vox clamantis" (Mc 1, 3): "Una voz grita (en el desierto)"


El de Lucas dice "Gratia plena" (Lc 1, 28): "Llena de gracia".
El de Juan dice "Verbum caro" (Jn 1, 14) "El Verbo (se hizo) carne".




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¹ La palabra Sinaxarion proviene del griego Συναξάριον (del verbo συνάγειν, synágein - “juntar”), pues el Sinaxarion “junta” (o compila) –en un texto o en listas– los nombres y referencias de los santos, así como las memorias litúrgicas en que se celebran.

31 de mayo de 2026

Solemnidad de la Santísima Trinidad

El domingo que sigue a Pentecostés se celebra la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Nos unimos a esta gran fiesta con una fotografía que tomamos en la iglesia de San Gabriel de la Dolorosa, en Vicente López, en diciembre de 2015. Como el templo pertenece a los pasionistas (nótese el escudo en el vitral de la primera foto) acompañamos la imagen de la Trinidad con palabras de San Pablo de la Cruz, en una carta dirigida en 1769 a todos los «Hermanos e Hijos, Sacerdotes, Clérigos y Laicos que componen la Congregación de los Clérigos Descalzos de la Pasión Ssma. de Jesucristo»; alude en ella a las tres Divinas Personas (cuyos nombres hemos resaltado con negrita en el texto).

«Haced que resplandezca en vuestras acciones la virtud de Jesucristo [2 Cor 11,9] (...), para que seáis el buen olor de Jesucristo en todo lugar [2 Cor 2,15]. Sed muy amantes de la oración, silencio y de la celda, cuando tengáis posibilidad de permanecer en ella, y de un solo querer [cf. Hech 4,32], compadeciéndoos entre vosotros en vuestras miserias e imperfecciones. En suma, haced que quien os ve, vea un vivo retrato de Jesucristo, y resplandezca en vosotros, es decir, en vuestro rostro, en vuestro comportamiento y en vuestro obrar, la virtud de Jesucristo, para que todos alaben a la Divina Majestad solamente al ver a los hijos de la Congregación de la Pasión Ssma. de Jesucristo y se conviertan también a la simple vista los pobres pecadores.

Si así lo hacéis, como os rogamos por las entrañas de la Misericordia de Dios [Lc 1,78], seréis causa de que se extienda la Congregación, y será bendecido en la  conversión de las almas, el Nombre santísimo de Jesucristo (...) 

Jesús, pues, os bendiga, queridísimos, y os conceda la plenitud de su gracia, paz y alegría en el Espíritu Santo. Amén».

30 de mayo de 2026

30 de mayo: San Fernando

Nuevamente visitamos la Catedral de Catamarca. 

La ciudad, como es sabido, se llama San Fernando del Valle de Catamarca (debe su nombre a su fundador, Fernando de Mendoza y Mate de Luna), por lo que el santo que honramos hoy es su Patrono. 



San Fernando III, rey de Castilla y León, nació «en el lugar llamado Valparaíso en diciembre de 1198, hijo de Alfonso IX de León y de Berenguela, futura reina de Castilla. En 1217, su madre, al ser reconocida reina, abdicó en él la corona castellana y al morir su padre, en 1220, accedió a la corona leonesa. En 1219 contrajo primer matrimonio con Beatriz de Suabia,  y muerta la cual casó con Juana de Ponthieu. Fue feliz en ambos matrimonios. Príncipe de óptimos sentimientos cristianos y de las más limpias costumbres, se propuso gobernar con la mayor  justicia y teniendo en cuenta los derechos e intereses legítimos de todos sus vasallos Conquistó Córdoba, Jaén y Sevilla, que repobló con cristianos, y estableció sendas sedes episcopales en cada una de estas ciudades. Lleno de méritos y reconocido por todos como santo, murió en Sevilla» el 30 de mayo de 1252. Su culto fue confirmado en 1671. «Su cuerpo se conserva incorrupto en la catedral de Sevilla» ¹.


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¹ Los párrafos entrecomillados son del libro Todos los santos, de José Luis Repetto

28 de mayo de 2026

28 de mayo: Beato Stefan Wyszyński

Stefan Wyszyński nació en Polonia el 3 de agosto de 1901, en una familia pobre y muy religiosa. En 1920 ingresó en el seminario diocesano de Włocławek. Ordenado sacerdote el 3 de agosto de 1924, fue nombrado vicario en la Catedral Basílica. De 1925 a 1929 estudió en la Universidad Católica de Lublin, obteniendo el doctorado en Derecho Canónico. De 1930 a 1939 ocupó diversos cargos pastorales.

Cuando Polonia fue invadida por las tropas alemanas en 1939, muchos sacerdotes fueron internados en campos de concentración y asesinados. También fue detenido el obispo de Włocławek, Mons. Michał Kozal, que posteriormente fue deportado a Alemania, donde, tras ser torturado, fue asesinado. Durante este período, Stefan Wyszyński ejerció su apostolado en la clandestinidad.

En 1942, junto con la señora María Okońska, fundó el Instituto Secular de las Monjas Auxiliares de María de Jasna Góra, Madre de la Iglesia. 

Después de la guerra, regresó a Włocławek y, debido a la falta de sacerdotes, tuvo que asumir varios roles al mismo tiempo.

El 4 de marzo de 1946, Pío XII lo nombró obispo de Lublin. Dio un nuevo impulso pastoral a esta diócesis, devastada por el conflicto, interesándose por todos los sectores pastorales, incluida la Universidad Católica, de la que fue Gran Canciller. 

El 12 de noviembre de 1948 fue trasladado a la Arquidiócesis de Gniezno y Varsovia, sede primada de Polonia. Mientras tanto, los nazis fueron reemplazados por los comunistas. Se creó una comisión conjunta entre el gobierno y la Iglesia para negociar algunas iniciativas importantes que eran desfavorables al desarrollo de la fe. El acuerdo, firmado en 1950, pareció a muchos una derrota para la Iglesia. En realidad, era la única posibilidad de que la Iglesia en Polonia sobreviviera. 

El 29 de noviembre de 1952 se anunció el nombramiento de Stefan Wyszyński  como cardenal, pero  no obtuvo del gobierno el pasaporte para viajar a Roma, por lo que no pudo participar en el Consistorio.

El 8 de mayo de 1953, en nombre del Episcopado, Wyszyński dirigió a las autoridades estatales un mensaje conocido como “Non possumus” en el que afirmaba su voluntad de no ceder más y de no sacrificar “las cosas de Dios en los altares del César”. El 24 de septiembre fue arrestado y puesto en régimen de aislamiento. Fue liberado el 28 de octubre de 1956 y reanudó su actividad pastoral, convirtiéndose en un símbolo de libertad, justicia, respeto al hombre y unidad de todos los polacos.

El cardenal Wyszyński participó activamente en el Concilio Vaticano II.  Trabajó por la reconciliación cristiana entre las naciones polaca y alemana y animó a la Conferencia Episcopal Polaca a interesarse más por los cambios que se estaban produciendo en la sociedad. 

El 22 de octubre de 1978, al final de la Santa Misa que marcaba el inicio de su ministerio petrino, San Juan Pablo II intentó hacer levantar al cardenal mientras éste se arrodillaba para besarle la mano. El Papa se levantó inmediatamente y, delante de todos, besó las manos del cardenal para demostrar afecto, admiración y gratitud hacia el hombre que había guiado a la Iglesia polaca a través de la tormenta de una larga y terrible persecución.

El mismo pontífice pronunció en otra ocasión estas históricas palabras: “Este Papa polaco no estaría en la Sede de Pedro si no fuera por su fe, que no se doblegó ante la prisión y el sufrimiento, su esperanza heroica, su confianza plena en la Madre de la Iglesia”. 

A partir de marzo de 1981, su salud empeoró; sin embargo, el 22 de mayo Wyszyński participó por última vez en la sesión de la Conferencia Episcopal Polaca, donde pronunció un largo discurso. Murió seis días después en Varsovia. 

Fue beatificado en la misma ciudad en septiembre de 2021. Ese día el papa Francisco I, que se hallaba en Budapest, dijo: "El Primado de Polonia, detenido y segregado, fue siempre un pastor valiente según el corazón de Cristo, heraldo de la libertad y de la dignidad humana".

Una imagen del Beato Stefan Wyszyński se venera en la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe de la ciudad de Buenos Aires, sede de la colectividad católica polaca.

24 de mayo de 2026

Solemnidad de Pentecostés

Los Apóstoles regresaron entonces del monte de los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios es la que está permitida recorrer en día sábado.

Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago.

Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.

(...)

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.


Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Con gran admiración y estupor decían:

«¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios».

(Hech 1, 12-14; 2, 1-11)

La imagen que representa el descenso de las lenguas de fuego sobre María y los Apóstoles pertenece a la Catedral de Quilmes.

22 de mayo de 2026

22 de mayo: Santa Rita de Casia

 


Una imagen de Santa Rita preside el nicho central de un retablo lateral de la iglesia dedicada a la Inmaculada Concepción (templo de la Parroquia Santísimo Sacramento) en la ciudad de Tandil. Tomamos las fotos en el verano del año 2018.




Oración colecta

Concédenos, Dios nuestro, la sabiduría de la Cruz

y la fortaleza que otorgaste a Santa Rita

para que, unidos a Cristo,

seamos pacientes en las tribulaciones

y merezcamos participar más íntimamente en el Misterio Pascual.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,

que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,

y es Dios, por los siglos de los siglos.

20 de mayo de 2026

20 de mayo: Beata Josefa, Hendrina Stenmanns

Por primera vez en este blog celebramos la Memoria de la Beata Josefa, en el siglo Hendrina Stenmanns. Una imagen suya se venera en la Basílica del Espíritu Santo.


Copiamos a continuación la biografía de la beata que aparece en el sitio oficial del  Vaticano:

Nació el 28 de mayo de 1852 en Issum, en la Baja Renania (Alemania). Era la mayor de siete hermanos. Ya desde su infancia mostró gran preocupación por los pobres y por los que sufren, a quienes visitaba con su madre. También cuidaba con responsabilidad a sus hermanos menores. Cuando dejó la escuela, contribuyó a los ingresos familiares con su trabajo como tejedora de seda. Ya en su juventud comenzaron a manifestarse las cualidades que la caracterizarían: su naturaleza maternal y jovial, la amabilidad y la compasión. Siempre buscaba a los enfermos y necesitados, y la gente se dirigía a ella en busca de consejo para resolver sus problemas. Sin que ella misma lo supiera, Dios estaba preparando el carácter y los talentos que necesitaría para sus futuras tareas.

A los 19 años entró a formar parte de la Tercera Orden de San Francisco. En ese suelo fértil desarrolló una gran sencillez, tanto en la oración como en su trato con los demás, además de la confianza en Dios y su capacidad de entrega total. Su deseo de consagrarse a Dios fue creciendo en la medida en que absorbía el espíritu de San Francisco, pero la Kulturkampf («lucha por la cultura»), que implicaba una serie de leyes anticatólicas y que por entonces reinaba en Alemania, hacía imposible la vida religiosa. A esto se sumó la promesa que hizo a su madre agonizante de ocuparse de sus hermanos menores. La idea de la vida religiosa parecía cada vez más imposible.

Algunos años más tarde, a través de un aprendiz de su padre, Hendrina encontró el camino que la llevaría a Steyl y a pedirle al fundador de la Sociedad del Verbo Divino, Arnoldo Janssen, que la aceptara en la Casa Misional como ayudante de cocina. Su intención profunda era apoyar la causa misionera con su trabajo en la cocina. Cuando llegó a Steyl tenía casi 32 años de edad. La carta a Arnoldo Janssen era una expresión de su espiritualidad y de su profundo deseo dedicarse totalmente a la tarea misional. No tenía grandes planes. Simplemente llevaba a cabo lo que reconocía como la voluntad de Dios en cada momento.

Su decisión de vivir en la Casa Misional como ayudante de cocina implicaba para ella, al igual que para su compañera Elena, descender hasta el nivel más bajo de la escala social. Así comenzó una vida de duro trabajo y de renuncias que duraría cinco años, mientras esperaba el momento de la fundación femenina. El 8 de diciembre de 1889, ella y un pequeño grupo de compañeras comenzaron su postulantado. Era la piedra fundamental de la nueva congregación, las Siervas del Espíritu Santo. Luego siguió el noviciado y los primeros votos, emitidos en marzo de 1894, con los que Hendrina recibió el nombre de Josefa.

La ahora hermana Josefa era responsable de dirigir los aspectos prácticos de la casa. Más tarde se convertiría en maestra de postulantes. Se caracterizó por su gran comprensión de la naturaleza humana y mostró su capacidad para introducir a las jóvenes en la vida religiosa con sabiduría y empatía. Luego el convento se abriría para retiros de mujeres, un apostolado que implicaba trabajo extra para las hermanas. Pronto se agregarían el estudio de idiomas y un curso de capacitación docente.

A la hermana Josefa se la conocía sobre todo por su amor a la oración. En medio de sus múltiples tareas, progresaba cada vez más en el. silencio interior y la verdadera contemplación. El rosario y ciertas jaculatorias, como la invocación «¡Ven, Espíritu Santo!», la llevaban a la presencia interior de Dios en su corazón.

Cuando la hermana María Elena pasó a la rama de clausura, Siervas del Espíritu Santo de Adoración Perpetua, la hermana Josefa asumió la dirección de la comunidad de las hermanas misioneras. A pesar del peso de las tareas y las exigencias de una comunidad grande y joven, no se perdió en el activismo. En lo profundo de su corazón permanecía en unión con Dios y supo mantener la paz interior.

Los últimos meses de la vida de la hermana Josefa estuvieron marcados por una grave y dolorosa enfermedad. Ya en su lecho de muerte, en medio de un ataque de asma, entregó su testamento espiritual a las hermanas: cada respiro de una Sierva del Espíritu Santo debía decir «¡Ven, Espíritu Santo!».

Murió en Steyl el 20 de mayo de 1903.

Fue beatificada por Benedicto XVI en junio de 2008. 

17 de mayo de 2026

Solemnidad de la Ascensión del Señor

 

Este bonito vitral de la iglesia de San José, en la localidad de San Isidro, ilustra el misterio que celebramos hoy: la Ascensión del Señor.


La lectura patrística del Oficio de Lecturas de la Solemnidad de hoy está tomada de las obras de San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia:


«Nuestro Señor Jesucristo ascendió al cielo tal día como hoy; que nuestro corazón ascienda también con él.

Escuchemos al Apóstol: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Y así como él ascendió sin alejarse de nosotros, nosotros estamos ya allí con él, aun cuando todavía no se haya realizado en nuestro cuerpo lo que nos ha sido prometido.

Él fue ya exaltado sobre los cielos; pero sigue padeciendo en la tierra todos los trabajos que nosotros, que somos sus miembros, experimentamos. De lo que dio testimonio cuando exclamó: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Así como, tuve hambre, y me disteis de comer.

¿Por qué no vamos a esforzarnos sobre la tierra, de modo que gracias a la fe, la esperanza y la caridad, con las que nos unimos con él, descansemos ya con él en los cielos? Mientras él está allí, sigue estando con nosotros; y nosotros, mientras estamos aquí, podemos estar ya con él allí. Él realiza aquello con su divinidad, su poder y su amor; nosotros, en cambio, aunque no podemos llevarlo a cabo como él con la divinidad, sí que podemos por el amor hacia él.

No se alejó del cielo, cuando descendió hasta nosotros; ni de nosotros, cuando regresó hasta él. Él mismo es quien asegura que estaba allí mientras estaba aquí: nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.

Esto se refiere a la unidad, ya que es nuestra cabeza, y nosotros su cuerpo. Y nadie, excepto él, podría decirlo, ya que nosotros estamos identificados con él, en virtud de que él, por nuestra causa, se hizo Hijo del hombre, y nosotros, por él, hemos sido hechos hijos de Dios.

En este sentido dice el Apóstol: Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. No dice: «Así es Cristo», sino: Así es también Cristo. Por tanto, Cristo es un solo cuerpo formado por muchos miembros.

Bajó, pues, del cielo por su misericordia, pero ya no subió él solo, puesto que nosotros subimos también en él por la gracia. Así, pues, Cristo descendió él solo, pero ya no ascendió él solo; no es que queramos confundir la dignidad de la cabeza con la del cuerpo, pero sí afirmamos que la unidad de todo el cuerpo pide que éste no sea separado de su cabeza».



16 de mayo de 2026

16 de mayo: San Simón Stock

Hoy por primera vez nos ocupamos en este blog de San Simón Stock, «presbítero, que, primero ermitaño en Inglaterra, ingresó después en la Orden de los Carmelitas, que guió admirablemente, siendo célebre por su devoción singular a la Virgen María» y murió «en Burdeos, en el territorio de Gascuña», en el año 1265.

El elogio del Martirologio Romano, que acabamos de citar, menciona prácticamente todo lo que sabemos con certeza acerca de este santo. Muchas otras circunstancias de su vida, o no están documentadas o son legendarias.  

Sabemos que fue elegido Superior General de los carmelitas en 1247; durante su  gobierno la orden creció mucho. Ese mismo año el Papa aprobó las nuevas constituciones.

Según una piadosa creencia, la  Santísima Virgen se apareció a San Simón en 1251 (quizás el 16 de julio) para comunicarle el extraordinario privilegio del escapulario. La Madre de Dios llevaba el escapulario en la mano y dijo a Simón: «Cuantos mueran con este hábito se salvarán». Pero «las pruebas de la historicidad de la aparición no son muy satisfactorias, ya que no existe ningún documento de la época que haga mención de ese suceso. Pero lo cierto es que la devoción del escapulario se ha extendido en toda la Iglesia y ha sido enriquecida con indulgencias por varios Papas» ¹.

La imagen de esta entrada pertenece a la Catedral de Morón; tomamos la foto en junio de 2024.

Nota: «San Simón no ha sido canonizado oficialmente y su nombre aparece en el Martirologio Romano sólo como culto autorizado (es decir, equivalente a beato); pero la Santa Sede ha dado permiso de celebrar su fiesta a la Orden del Carmelo» ² y a algunas diócesis británicas. 


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¹    Fuente: El Testigo Fiel
²    Fuente: El Testigo Fiel

14 de mayo de 2026

14 de mayo: San Miguel Garicoïts

En la Memoria de San Miguel Garicoïts, compartimos una adaptación propia de la biografía escrita por John Chan Kunu s.c.j. y publicada en un sitio web de la Sociedad del Sacratísimo Corazón de Jesús de Betharram, fundada por el santo.

En cuanto a la imagen, se trata de un cuadro que, en la iglesia porteña de San Juan Bautista, reemplaza a la estatua que ocupaba anteriormente el mismo lugar, y que mostramos en nuestra entrada del 14 de mayo de 2019. Al parecer, los padres bayoneses se retiraron del templo a fines de 2024 y se llevaron las estatuas de San Miguel Garicoïts y de la Virgen de Betharram. Desde entonces la histórica iglesia porteña está a cargo del Arzobispado de Buenos Aires.

«La infancia de un santo

Nacido el 15 de abril de 1797, el mayor de seis hijos, Miguel vivió su niñez en una casa aislada al pie de los Pirineos, cerca de la frontera franco-española, en el País Vasco. Creció en el seno de una familia católica, que permaneció fiel a la Iglesia de Roma durante las persecuciones revolucionarias. Por su piedad y su ejemplo, sus padres y abuelos lo marcaron profundamente. Recibió, sobre todo su madre, una educación muy estricta; más tarde, Miguel dirá que, después de Dios, a ella le debe todo.

El joven conoce su catecismo de memoria, y canta cánticos al mismo tiempo que guarda su rebaño. A la edad de 13 años, empezó a trabajar como pastor en la granja de los Anghelu en Oneix. Allí recibe la Eucaristía a los 14 años, el domingo 9 de julio de 1811. Tiene 14 años. Ésta es una experiencia fuerte de la presencia del amor de Dios, que lo acompañará toda su vida.

La primera comunión marca el inicio de su vocación. De regreso a su pueblo, anuncia a su padre: “Quisiera ser sacerdote”. Sueño imposible, por falta de dinero. Pero su abuela hizo a pie diez kilómetros para ver al Arcipreste de Saint-Palais que se dejó convencer para inscribir a Miguel en la escuela del pueblo a cambio de algunos servicios. Trabajador infatigable, el pequeño vasco estudia de noche, a la luz de una lámpara, y se convierte muy pronto en el mejor alumno en latín y en francés.


Un joven clérigo que promete

Tanto en el seminario menor de Aire-sur-Adour como en el seminario mayor de Dax, impresionó positivamente no sólo por sus resultados escolares sino también por su piedad, lo que le valió ser comparado a San  Luis Gonzaga. No ha terminado aún sus estudios cuando Don Claverie lo llama para que lo ayude en el seminario menor de Laresorre. Pronto se convirtió en el docente preferido por los alumnos, tanto en clase como en el patio. Fue ordenado sacerdote el 20 de diciembre de 1823, en la catedral de Bayona, por Mons. D’Astros.

Nombrado en Cambo, conquista el corazón de los parroquianos, al mismo tiempo que propaga la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Progresivamente coloca al Sagrado Corazón en el centro de su vida y de su espiritualidad.

Al cabo de dos años, don Garicoïts cambia su cargo de vicario por el de profesor en Betharram. En 1825, el seminario está en un estado deplorable. Mons. D’Astros, que había encarado establecer en Betharram un grupo de misioneros, ha encontrado en Miguel Garicoïts, más que un agente de cambio, un visionario.

Muy cerca de ahí, ha conocido a Elisabeth Bichier des Ages y a las Hijas de la Cruz  fundadas por ella. El encuentro es decisivo. A través del despojo y de la entrega de esta nueva comunidad, descubre la vida religiosa. Al mismo tiempo, el director del seminario es testigo del desconcierto de la jerarquía frente a la dejadez y a la falta de disciplina de algunos clérigos. Miguel toma su decisión: “Formaré sacerdotes que, por su obediencia, consolarán el corazón de sus obispos”.


Los Padres del Sagrado Corazón

Desde el principio, Miguel Garicoïts tuvo en mente fundar una orden de religiosos propiamente dicha (con votos y un superior elegido). Sueña con un “cuerpo de soldados” de Cristo, siempre dispuestos a responder al llamado de la Iglesia. En 1832, un retiro de 30 días con los jesuitas le hace abrazar la voluntad de Dios, resumida por el  P. Le Blanc, su director espiritual, quien le dice: “Dios quiere que sea más que un jesuita; siga su primera inspiración, que creo que le viene del cielo, y será el padre de una familia que será hermana de la nuestra...” 

De vuelta a Betharram, Miguel se arrodilla delante del Santísimo; sale confirmado en el proyecto que lo ocupará por el resto de sus días. Las dificultades no faltarán (“¡Qué difícil es hacer nacer una Congregación!”, exclamaba de vuelta de una visita a Bayona); las gracias, tampoco.

Los betharramitas, reagrupados en 1835, toman el nombre de Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús en 1841. El Padre Garicoïts dirige su pequeña familia a través de la palabra y el ejemplo. Propone a sus compañeros vivir según las reglas jesuitas y el espíritu de San Ignacio. Lanza su pequeña sociedad en la aventura de ultramar, enviando a los primeros betharramitas a la Argentina. Acompaña a las religiosas de la diócesis, empezando por las Hijas de la Cruz de Igón. Da conferencias semanales y anima los retiros de sus religiosos; tiene el cuidado de que cada uno, educador, misionero, pastor, trabajador manual, reciba la preparación apropiada para su ministerio. En comunidad, está cerca de los hermanos; en la sociedad, está atento a todas las necesidades humanas.


▪San Miguel de Betharram y de todas partes

En 1853 es víctima de un ataque. “No tengan miedo -les dice a quienes le inquieta su parálisis parcial-; seguiremos todo el tiempo que Dios permita”. El día de la Ascensión, Miguel alcanzó el cielo que un día, niño aún, trató de alcanzar escalando las montañas una tras otra. El día  14 de mayo de 1863, hacia las 3 de la mañana, muere sin ver su obra terminada. Habrá que esperar 14 años para que su sueño se realice. Las Constituciones de la Congregación de Betharram son aprobadas por el Papa León XIII. Fue beatificado el 10 de mayo de 1923 y canonizado veinticuatro años después.

Hoy, el espíritu de San Miguel, el “Aquí estoy, para hacer tu voluntad”, está vivo y activo en los diferentes países del mundo. Es el mismo impulso que los empuja a responder al llamado de los obispos, particularmente allí en donde nadie quiere comprometerse.

En pos de San Miguel Garicoïts, los betharramitas tratan de dar y compartir la felicidad que los embarga. Se ponen en manos de Dios y confían en su Providencia para continuar la misión del Sagrado Corazón con la misma convicción del fundador, respondiendo al amor de Dios cada día».