29 de abril de 2026

29 de abril: Santa Catalina de Siena

Celebramos hoy una vez más la Memoria de Santa Catalina de Siena. Lo hacemos con fragmentos de los textos de la Misa propia y con fotos que tomamos en 2023 en la iglesia Santa Felicitas en el barrio porteño de Barracas.


Antífona de entrada

Ésta virgen sabia y prudente salió al encuentro de Cristo
con la lámpara encendida. Aleluia.



Oración colecta

Señor Dios nuestro, que otorgaste a Santa Catalina de Siena
un amor intenso para contemplar la pasión de tu Hijo
y para servir a la Iglesia,
concédenos, por su intercesión,
que tu pueblo, unido al misterio de Cristo,
se alegre siempre en la manifestación de su gloria.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.


En relación con la imagen inferior del vitral, leamos un párrafo de la biografía publicada en El Testigo Fiel:
El retorno de Catalina a Siena [después de estar en Florencia ante el Capítulo General de los dominicos] , coincidió con una terrible epidemia de peste, en la que se consagró, con toda su «familia», a asistir a los enfermos. «Nunca fue más admirable que entonces», escribió Tomás Caffarini, quien la había conocido desde niña. «Pasaba todo el tiempo con los enfermos; los preparaba a bien morir y les enterraba personalmente». El beato Raimundo, Mateo Cenni, el P. Santi y el P. Bartolomé, que habían contraído la enfermedad al atender a las víctimas, debieron su curación a la santa. Pero ésta no limitaba su caridad al cuidado de los enfermos: visitaba también, regularmente, a los condenados a muerte, para ayudarlos a encontrar a Dios. 

28 de abril de 2026

28 de abril: Beato José Cebula

El Martirologio Romano trae hoy esta Memoria:

En el campo de concentración de Mauthausen, en Austria, beato José Cebula, presbítero de la Congregación de Misioneros Oblatos de María Inmaculada y mártir, que, de nacionalidad polaca, en tiempo de guerra, fue llevado a esa cárcel por quienes odiaban la fe y sometido a crueles tormentos hasta la muerte.

Nació en Polonia el 23 de marzo de 1902. Aunque de joven había comenzado la carrera docente, se decidió finalmente por la vocación religiosa e ingresó en la Congregación de Oblatos de Maria Inmaculada en 1921.  Fue ordenado sacerdote el 15 de junio de 1927 y destinado al seminario menor de Lubliniec; más tarde fue superior y maetro de novicios en Markowice. 

Cuando los nazis ocuparon Polonia en la segunda Guerra Mundial, declararon ilegal a la Iglesia. Todas las asociaciones eclesiales fueron prohibidas y muchos presbíteros arrestados. El 4 de mayo de 1940 los novicios oblatos fueron arrestados en Markowice y enviados a un campo de concentración. Al P. Cebula se le prohibió ejercer su ministerio sacerdotal, pero por la noche celebraba la Eucaristía y administraba los sacramentos en forma clandestina en los pueblos del entorno hasta que fue arrestado el 2 de abril de 1941. Lo llevaron al campo de concentración de Mauthausen en Austria.

Allí fue maltratado y obligado a hacer trabajos forzados. Fue obligado a picar rocas y a cargar piedras de más de 25 kilos desde la cantera hasta el campo, ubicado a unos 3 kilómetros. Tenía que subir 144 escalones por una escalinata denominada "escalera de la muerte", al tiempo que era golpeado e insultado por sus torturadores. Los guardias lo humillaron y se burlaron ordenándole cantar los textos de la Misa mientras trabajaba.

Finalemente, los nazis le ordenaron correr con una roca a sus espaldas hacia la valla de púas metálicas del campo; entonces un guardia le disparó con su ametralladora y declaró que el P. Cebula “fue disparado cuando intentaba escapar”. Su cuerpo fue llevado al horno crematorio y allí cremado.



Fue beatificado el 13 de junio de 1999. Pertenece al grupo de 108 mártires polacos durante la ocupación nazi (1939 - 1945). 

La imagen que vemos se venera en la iglesia dedicada a la Madre de Dios, que fue atendida por los Oblatos de María Inmaculada.


26 de abril de 2026

Domingo IV de Pascua



El Evangelio del Cuarto Domingo de Pascua, en el Ciclo A que estamos recorriendo, es el siguiente:

Jesús dijo a los fariseos:

«Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino trepando por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a las suyas por su nombre y las hace salir. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz».

Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.

Entonces Jesús prosiguió:

«Les aseguro que Yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado.

Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia».


La perícopa pertenece al capítulo 10 del Evangelio de San Juan (1-10) y, por supuesto, responde a la temática del Buen Pastor que siempre ocupa el Domingo IV del Tiempo Pascual. 

Pero en este caso hay una peculiaridad. En el fragmento que se proclama hoy, Jesús no se refiere a sí mismo como "pastor", sino como "puerta":  "Yo soy la puerta de las ovejas"; "Yo soy la puerta".  Por eso elegimos para ilustrar esta entrada la pintura que, significativa e intencionadamente, está ubicada sobre la puerta principal de la Basílica del Espíritu Santo.


Jesús, el Buen Pastor, es la Puerta de las ovejas.  "El que entre por mí se salvará".

25 de abril de 2026

25 de abril: Fiesta de San Marcos

Hoy el Martirologio señala: 

Fiesta de San Marcos, evangelista, que primero acompañó en Jerusalén a San Pablo en su apostolado, y después siguió los pasos de San Pedro, quien lo llamó su hijo. Es tradición que en Roma recogió en su Evangelio la catequesis de Pedro a los romanos y que fue él quien instituyó la Iglesia de Alejandría, en el actual Egipto.


Una notable imagen de San Marcos, acompañado como es habitual de un león, se venera en la Catedral de Córdoba. Tomamos la foto en septiembre de 2019.

24 de abril de 2026

24 de abril: Santas María de Cleofás y Salomé

Leemos hoy en el Martirologio: 
En Jerusalén, conmemoración de las santas mujeres María de Cleofás y Salomé, que junto con María Magdalena, al amanecer del día de Pascua, se dirigieron al sepulcro del Señor para ungir su cuerpo y allí recibieron el primer anuncio de la Resurrección.

Pero, ¿quiénes eran esas dos mujeres?

A la primera la conocemos sólo por una única mención en Jn 19, 25:

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás

De modo que el único dato que poseemos es que era tía de Jesús. 


Por su parte, Marcos (15, 40) afirma que en el momento de la crucifixión

había también allí algunas mujeres que miraban de lejos. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé,

y unos pocos versículos después (16, 1) dice:  

Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé compraron perfumes para ungir el cuerpo de Jesús.


Un vitral en la Iglesia Presbiteriana San Andrés representa la visita de las tres mujeres al sepulcro. Al pie se lee en inglés: ¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado.


Volvamos al Evangelio de la sepultura y la resurrección de Jesús:

En Marcos (16, 1-8)

Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé compraron perfumes para ungir el cuerpo de Jesús. A la madrugada del primer día de la semana, cuando salía el sol, fueron al sepulcro. Y decían entre ellas: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?». Pero al mirar, vieron que la piedra había sido corrida; era una piedra muy grande. Al entrar al sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca. Ellas quedaron sorprendidas, pero él les dijo: «No teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Ha resucitado, no está aquí. Miren el lugar donde lo habían puesto. Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que él irá antes que ustedes a Galilea; allí lo verán, como él se lo había dicho». Ellas salieron corriendo del sepulcro, porque estaban temblando y fuera de sí. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo.

En Lucas (24, 1-11) encontramos la frase que aparece en inglés al pie del vitral:

El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado». 


El vitral tiene su historia, como vemos en esta otra foto que tomamos también en agosto de 2023:

 


21 de abril de 2026

21 de abril: San Conrado de Parzham

Una vez más tenemos la satisfacción de añadir un nuevo santo a la lista de los que venimos honrando en este blog. 



Así lo elogia el Martirologio Romano:

«En Altötting, en la región de Baviera, en Alemania, San Conrado (Juan) Birndorfer de Parzham, religioso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, que durante más de cuarenta años ejerció el humilde oficio de portero, siempre generoso con los pobres, y que jamás despidió a un menesteroso sin haberle ofrecido una ayuda cristiana con sus amables palabras».

Juan Birndorfer nació  en Parzham (Alemania) el 22 de diciembre de 1818, en el seno de una familia de labradores. Recibió una sólida educación religiosa. Ya adolescente, ayudó en la hacienda paterna, de la que se vio obligado a hacerse cargo al morir sus padres y quedar al frente de sus hermanos. Llevó una vida de gran honestidad y piedad hasta que a los 31 años decidió abrazar la vida religiosa en la Orden Capuchina, en cuyo convento de Laufen profesó en 1852 con el nombre de fray Conrado de Parzham. Enviado al convento de Santa Ana de Altötting, ejerció allí el oficio de portero. Ejerciendo esa función recibió a miles de personas que se acercaban al convento a visitar la sagrada imagen de la Virgen María, muy venerada por el pueblo. Acogía a todos, pero singularmente a los pobres. Se destacó por su vida de pobreza, humildad, sencillez, caridad y profunda oración,  edificando a todos con estas virtudes. Murió el 21 de abril de 1894. A su muerte se agolparon muchos, sobre todo niños, a venerar sus despojos mortales. Su noable fama de santidad hizo que el proceso de canonización avanzara con inusitada rapidez:  fue beatificado por Pío XI en 1930 y canonizado por el mismo papa en 1934.

En las fotos vemos una pequeña imagen de San Conrado junto a una reliquia ex ossibus, en un decorado relicario que pertenece al patrimonio de la Basílica del Espíritu Santo.

18 de abril de 2026

Sábado de la II Semana de Pascua: Nuestra Señora del Valle



Por primera vez en la vida de este blog visitamos la Catedral Basílica del Santísimo Sacramento y Santuario de la Virgen del Valle, es decir, la Catedral de Catamarca. 

Y como es lógico,  esta primera visita tiene lugar en la fiesta de Nuestra Señora del Valle, cuya milagrosa y venerada imagen se conserva en ese hermoso templo.


Y, dado que en pocos días se cumplirá el bicentenario del nacimiento de Fray Mamerto Esquiú, completamos esta entrada con un fragmento del sermón pronunciado por el beato en la Iglesia Matriz de Catamarca el 27 de octubre de 1861, en que se refiere a esta advocación tan querida en esa provincia.

Sin menoscabo de esta nuestra fe, (…) cuadra muy bien llamar Brazo de Dios a María, Océano de las Divinas gracias (...) María es verdaderamente el Brazo de la Bondad y Misericordia de Dios, que tiene el ejercicio de su infinita ternura (…). Cuando necesitamos que la Divina Bondad se derrame inmensa, poderosísima cual es, para salvarnos de muy grandes males, de las calamidades muy terribles que nacen del pecado y producen innumerables pecados, como es la guerra, ¿a quién habíamos de recurrir sino a María, Brazo de la Misericordia Dios sin mezcla de Justicia? ¿A quién debíamos ir sino a la que tiene un corazón de Madre de Dios? (…)

A estos motivos generales de confianza en María Santísima añadid los especiales que tenemos en ella por el culto a esta Venerable Imagen. ¡Ay! Cuánta ternura para tus devotos, cuántos prodigios, cuántos consuelos ha derramado en nuestros corazones Nuestra Señora del Valle. La que libró a un infeliz del poder del demonio en este mismo Templo, ¿no arrancará de nuestros pechos el fiero demonio de la discordia? La que salvó tantas veces a nuestros Padres de la ferocidad de los calchaquíes, ¿no hará cesar este ruido de las armas fratricidas? ¡Oh, Virgen del Valle! ¡Oh, Madre Nuestra amantísima! Haced que este tu Pueblo, y que todos tus devotos muestren en la paz y en la concordia en que viven, que son hijos vuestros, ¡y que en ti moran contentos y alegres! Desterrad de nosotros y de todos nuestros hermanos el espantoso azote de la guerra en que perecen eternamente tantas almas, y se cometen tantos crímenes, ¡y nos cuesta tanta sangre y tan amargas lágrimas! Mostrad en esta obra que sois verdaderamente el Brazo de la Divina misericordia y Madre Nuestra (…) Amén.

16 de abril de 2026

16 de abril: Santa María Bernarda Soubirous

La Iglesia honra hoy, en su dies natalis, a Santa Bernardita Soubirous, a quien se le apareció la Virgen Inmaculada en la gruta de Lourdes en 1858.

Mi madre conservaba esta estampita, que  además de una foto de Bernardita, lleva cosida una reliquia de la santa: un fragmento de su ropa.

Abrimos esta entrada con una fotografía del frente de la estampa, y hacemos nuestras las palabras que allí se leen:

Bienaventurada Bernardita, 
fiel mensajera de la Inmaculada,
ruega por nosotros.

En el dorso aparece una etiqueta que cubre la costura del otro lado y señala la procedencia de la estampa: la Casa Madre de las Hermanas de la Caridad de Nevers, es decir, la congregación religiosa a la que Bernadette ingresó después de las apariciones de Lourdes.


¡Sólo Dios!

14 de abril de 2026

14 de abril: Beato Pedro González Telmo ("San Telmo")

 


En 2016 y en 2021 nos ocupamos de este beato, comúnmente llamado santo, tan venerado por los marinos españoles, quienes trajeron la devoción hasta nuestras tierras. San Telmo da nombre a una antigua parroquia y a un tradicional barrio de Buenos Aires. El templo parroquial está consagrado a Nuestra Señora de Belén y allí tomamos en 2019 la primera foto que ilustra esta entrada y en 2013 la de la placa que vemos a continuación.

Justamente del sitio oficial de la diócesis de Tui-Vigo, de la que San Telmo es Patrono, copiamos esta oración:

Gloriosísimo San Telmo, celestial Patrono de la Ciudad y Diócesis de Tui; desde el sitial altísimo que ocupas en el cielo, mira hacia nosotros y extiende tu mirada de amor y protección por la Ciudad y Diócesis de Tui y levanta tus manos suplicantes hacia el Trono de la Santísima Trinidad e intercede por nosotros con tu valiosísimo patrocinio. Recuerda, varón apostólico, los favores espirituales y corporales que, mezclados con admirables prodigios, derramaste sobre Tui y su Diócesis durante tu vida mortal; no olvides tampoco las bondades de todo género que durante ocho centurias de celestial patrocinio han llovido de tus manos sobre la Ciudad y Diócesis tudenses;  prosigue y acrecienta en estos tiempos duros en que vivimos, tu historial magnifico de amor y misericordia. Bienhechor insigne nuestro, conserva en nosotros y aviva la vida sinceramente cristiana; atrae de nuevo al redil del Pastor Divino a las ovejas que se extraviaron; con mano pródiga bendice nuestros campos y mares, negocios e industrias, intereses culturales y económicos, autoridades y pueblo con todas las clases sociales que lo integran; haz que florezcan entre todos la concordia y la paz que nacen de la justicia y del amor verdaderamente cristiano. San Telmo, tú eres el protector de los navegantes y todos somos navegantes en los mares de la vida; no permitas que naufraguemos; condúcenos a través de las tempestades al puerto seguro de la bienaventuranza eterna, como tú arribaste desde la Ciudad de Tui, donde plácidamente moriste en el ósculo del Señor. Amén. 

7 de abril de 2026

Martes de la Octava de Pascua

"Why weepest thou": así reza la frase en el vitral que hoy compartimos, perteneciente al templo presbiteriano San Andrés, en el centro porteño.


Le preguntamos a una IA (Meta) qué significaba esa frase en inglés antiguo.  Esta fue su respuesta:

"Why weepest thou" se traduce a: "¿Por qué lloras?"

O, en un tono más literario: "¿Por qué te lamentas?"

Aquí está la descomposición de la frase:

- "Why" (hwi) significa "por qué"

- "weepest" (wēpst) es la forma segunda persona del presente de indicativo del verbo "wēpan" (llorar)

- "thou" (þou) es la forma singular de la segunda persona del pronombre personal (tú)

En inglés moderno, la frase sería: "Why are you crying?" o simplemente "Why are you weeping?"

La frase "Why weepest thou" es un ejemplo de la forma en que se expresaban los sentimientos y emociones en la literatura y la poesía del inglés antiguo.

Se encuentra en varias obras literarias, incluyendo:

- La traducción de la Biblia del rey Jacobo (1611)

- Los poemas anglosajones, como "El Cantar de los Ingratos" (The Wanderer)

- La literatura medieval, como los trabajos de Geoffrey Chaucer

Es hermoso ver cómo el lenguaje ha evolucionado a lo largo del tiempo.

Es fácil identificar que la frase corresponde a la aparición de Jesús Resucitado a María Magdalena, Si buscamos la frase en la versión King James de la Biblia,  la encontramos así vertida (Juan 20, 15):

Jesus saith unto her, Woman, why weepest thou? whom seekest thou? She, supposing him to be the gardener, saith unto him, Sir, if thou have borne him hence, tell me where thou hast laid him, and I will take him away.


Esa frase se escucha dos veces en el Evangelio de hoy (Jn 20, 11-18), la segunda en labios de Jesús:

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?»

María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»

Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.

Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?»

Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo.»

Jesús le dijo: «¡María!»

Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir, «¡Maestro!» Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: "Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes."»

María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

5 de abril de 2026

Domingo de Pascua de Resurrección


Al fin será la paz y la corona,

los vítores, las palmas sacudidas,

y un aleluya inmenso como el cielo

para cantar la gloria del Mesías.


Será el estrecho abrazo de los hombres,

sin muerte, sin pecado, sin envidia;

será el amor perfecto del encuentro,

será como quien llora de alegría.


Porque hoy remonta el vuelo el sepultado

y va por el sendero de la vida

a saciarse de gozo junto al Padre

y a preparar la mesa de familia.


Se fue, pero volvía, se mostraba,

lo abrazaban, hablaba, compartía;

y escondido la Iglesia lo contempla,

lo adora más presente todavía.


Hundimos en sus ojos la mirada,

y ya es nuestra la historia que principia,

nuestros son los laureles de su frente,

aunque un día le dimos las espinas.


Que el tiempo y el espacio limitados

sumisos al Espíritu se rindan,

y dejen paso a Cristo omnipotente,

a quien gozoso el mundo glorifica. Amén.


(Himno de Vísperas del Domingo de Pascua de Resurrección)


El vitral, que fotografiamos en 2024, pertenece a la iglesia de San José, en San Isidro, provincia de Buenos Aires



 

4 de abril de 2026

Sábado Santo

 


Una imagen de Cristo yacente, acompañado de la Virgen Dolorosa y otras imágenes en el batiburrillo del pequeño museo anexo a la iglesia de Nuestra Señora del Rosario (Santo Domingo) de la ciudad de la Rioja. Tomamos la foto en marzo de 2025.

2 de abril de 2026

Jueves Santo

Con varias fotos de una hermosa imagen de Jesús teniendo pan y vino en sus "santas y venerables manos" celebramos hoy el Jueves Santo.

La imagen pertenece a la iglesia dedicada a la Santísima Trinidad en la ciudad de Buenos Aires; si ampliáramos el plano, veríamos que Cristo está flanqueado por San Juan de Mata y San Félix de Valois, considerados fundadores de la Orden Trinitaria. En la última foto, además, se ve al Padre y al Espíritu Santo por sobre la cabeza de Jesús.

Completan nuestra entrada de hoy algunos fragmentos de la homilía pronunciada en la Archibasílica del Salvador por el papa Benedicto XVI en la fiesta de Corpus Christi de 2006.


En la víspera de su Pasión, durante la Cena pascual, el Señor tomó el pan en sus manos (...) y, después de pronunciar la bendición, lo partió y se lo dio diciendo:  "Tomad, este es mi cuerpo". Después tomó el cáliz, dio gracias, se lo dio y todos bebieron de él. Y dijo:  "Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos" (Mc 14, 22-24). Toda la historia de Dios con los hombres se resume en estas palabras. No sólo recuerdan e interpretan el pasado, sino que también anticipan el futuro, la venida del reino de Dios al mundo. Jesús no sólo pronuncia palabras. Lo que dice es un acontecimiento, el acontecimiento central de la historia del mundo y de nuestra vida personal.

Estas palabras son inagotables. En este momento quisiera meditar con vosotros sólo en un aspecto. Jesús, como signo de su presencia, escogió pan y vino. Con cada uno de estos dos signos se entrega totalmente, no sólo una parte de sí mismo. El Resucitado no está dividido. Él es una persona que, a través de los signos, se acerca y se une a nosotros.

Ahora bien, cada uno de los signos representa, a su modo, un aspecto particular de su misterio y, con su manera típica de manifestarse, nos quieren hablar para que aprendamos a comprender algo más del misterio de Jesucristo. Durante la procesión y en la adoración, contemplamos la Hostia consagrada, la forma más simple de pan y de alimento, hecho sólo con un poco de harina y agua.

Así se ofrece como el alimento de los pobres, a los que el Señor destinó en primer lugar su cercanía.

La oración con la que la Iglesia, durante la liturgia de la misa, entrega este pan al Señor lo presenta como fruto de la tierra y del trabajo del hombre. En él queda recogido el esfuerzo humano, el trabajo cotidiano de quien cultiva la tierra, de quien siembra, cosecha y finalmente prepara el pan. Sin embargo, el pan no es sólo producto nuestro, algo hecho por nosotros; es fruto de la tierra y, por tanto, también don, pues el hecho de que la tierra dé fruto no es mérito nuestro; sólo el Creador podía darle la fertilidad.

Ahora podemos también ampliar un poco más esta oración de la Iglesia, diciendo:  el pan es fruto de la tierra y a la vez del cielo. Presupone la sinergia de las fuerzas de la tierra y de los dones de lo alto, es decir, del sol y de la lluvia. Tampoco podemos producir nosotros el agua, que necesitamos para preparar el pan. En un período en el que se habla de la desertización y en el que se sigue denunciando el peligro de que los hombres y los animales mueran de sed en las regiones que carecen de agua, somos cada vez más conscientes de la grandeza del don del agua y de que no podemos proporcionárnoslo por nosotros mismos.

Entonces, al contemplar más de cerca este pequeño trozo de Hostia blanca, este pan de los pobres, se nos presenta como una síntesis de la creación. Concurren el cielo y la tierra, así como la actividad y el espíritu del hombre. La sinergia de las fuerzas que hace posible en nuestro pobre planeta el misterio de la vida y la existencia del hombre nos sale al paso en toda su maravillosa grandeza. De este modo, comenzamos a comprender por qué el Señor escoge este trozo de pan como su signo. La creación con todos sus dones aspira, más allá de sí misma, hacia algo todavía más grande. Más allá de la síntesis de las propias fuerzas, y más allá de la síntesis de la naturaleza y el espíritu que en cierto modo experimentamos en ese trozo de pan, la creación está orientada hacia la divinización, hacia las santas bodas, hacia la unificación con el Creador mismo.

Pero todavía no hemos explicado plenamente el mensaje de este signo del pan. El Señor hizo referencia a su misterio más profundo en el domingo de Ramos, cuando le presentaron la petición de unos griegos que querían encontrarse con él. En su respuesta a esa pregunta, se encuentra la frase:  "En verdad, en verdad os digo:  si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto" (Jn 12, 24). El pan, hecho de granos  molidos,  encierra el misterio de la Pasión. La harina, el grano molido, implica que el grano ha muerto y resucitado. Al ser molido y cocido manifiesta  una  vez más el misterio mismo de  la Pasión. Sólo a través de la muerte llega la resurrección, el fruto y la nueva vida.

Las culturas del Mediterráneo, en los siglos anteriores a Cristo, habían intuido profundamente este misterio. Basándose en la experiencia de este morir y resucitar, concibieron mitos de divinidades que, muriendo y resucitando, daban nueva vida. El ciclo de la naturaleza les parecía como una promesa divina en medio de las tinieblas del sufrimiento y de la muerte que se nos imponen. En estos mitos, el alma de los hombres, en cierto modo, se orientaba hacia el Dios que se hizo hombre, se humilló hasta la muerte en la cruz y así abrió para todos nosotros la puerta de la vida.

En el pan y en su devenir los hombres descubrieron una especie de expectativa de la naturaleza, una especie de promesa de la naturaleza de que tendría que existir un Dios que muere y así nos lleva a la vida. Lo que en los mitos era una expectativa y lo que el mismo grano esconde como signo de la esperanza de la creación, ha sucedido realmente en Cristo. A través de su sufrimiento y de su muerte voluntaria, se convirtió en pan para todos nosotros y, de este modo, en esperanza viva y creíble:  nos acompaña en todos nuestros sufrimientos hasta la muerte. Los caminos que recorre con nosotros, y a través de los cuales nos conduce a la vida, son caminos de esperanza.

Cuando, en adoración, contemplamos la Hostia consagrada, nos habla el signo de la creación. Entonces reconocemos la grandeza de su don; pero reconocemos también la pasión, la cruz de Jesús y su resurrección. Mediante esta contemplación en adoración, él nos atrae hacia sí, nos hace penetrar en su misterio, por medio del cual quiere transformarnos, como transformó la Hostia. 

 

La Iglesia primitiva también encontró en el pan otro simbolismo. La "Doctrina de los Doce Apóstoles", un libro escrito en torno al año 100, refiere en sus oraciones la afirmación:  "Como este fragmento de pan estaba disperso sobre los montes y reunido se hizo uno, así sea reunida tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino" ¹. El pan, hecho de muchos granos de trigo,  encierra también un acontecimiento de unión:  el proceso por el cual muchos granos molidos se convierten en pan es un proceso de unificación. Como nos dice San Pablo (cf. 1 Co 10, 17), nosotros mismos, que somos muchos, debemos llegar a ser un solo pan, un solo cuerpo. Así, el signo del pan se convierte a la vez en esperanza y tarea.

De modo semejante nos habla también el signo del vino. Ahora bien, mientras el pan hace referencia a la vida diaria, a la sencillez y a la peregrinación, el vino expresa la exquisitez de la creación:  la fiesta de alegría que Dios quiere ofrecernos al final de los tiempos y que ya ahora anticipa una vez más como indicio mediante este signo. Pero el vino habla también de la Pasión:  la vid debe podarse muchas veces para que sea purificada; la uva tiene que madurar con el sol y la lluvia, y tiene que ser pisada:  sólo a través de esta  pasión  se  produce  un vino de calidad.

(...) Contemplamos sobre todo el signo del pan. Nos recuerda también la peregrinación de Israel durante los cuarenta años en el desierto. La Hostia es nuestro maná; con él el Señor nos alimenta; es verdaderamente el pan del cielo, con el que él se entrega a sí mismo. En la procesión, seguimos este signo y así lo seguimos a él mismo. Y le pedimos:  Guíanos por los caminos de nuestra historia. Sigue mostrando a la Iglesia y a sus pastores el camino recto. Mira a la humanidad que sufre, que vaga insegura entre tantos interrogantes. Mira el hambre física y psíquica que la atormenta. Da a los hombres el pan para el cuerpo y para el alma. Dales trabajo. Dales luz.

Dales a ti mismo. Purifícanos y santifícanos a todos. Haznos comprender que nuestra vida sólo puede madurar y alcanzar su auténtica realización mediante la participación en tu pasión, mediante el "sí" a la cruz, a la renuncia, a las purificaciones que tú nos impones. Reúnenos desde todos los confines de la tierra. Une a tu Iglesia; une a la humanidad herida. Danos tu salvación. Amén.


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¹    IX, 4:  Padres Apostólicos, BAC, Madrid 1993, p. 86