21 de enero de 2026

21 de enero: Beata Josefa María Inés de Beniganim

Dice hoy el Martirologio:

«En el monasterio de Benigamin, en la región de Valencia, en España, beata Josefa María de Santa Inés, virgen de la Orden de Agustinas Descalzas».


Nuestra beata de hoy  nació en un pueblecito de los alrededores de Valencia. Sus padres eran de buena familia, pero pobres. 

Se consagró a Dios desde su infancia; su modestia y sencillez le merecían el respeto de todos.  Tras superar numerosas dificultades, consiguió ingresar en el convento de las ermitañas descalzas de San Agustín, en Beniganim. En religión recibió el nombre de  Josefa María de Santa Inés. 

Hizo grandes progresos en la perfección. Se consideraba como la última de las religiosas, y estaba siempre dispuesta a ayudar a las otras hermanas. Sus austeridades corporales eran muy severas. Con frecuencia pasaba gran parte de la noche ante el Santísimo Sacramento. 

Tras largos períodos de desolación y tentaciones, que la beata sobrellevó con gran paciencia, Dios le concedió un extraordinario don de profecía y discernimiento de espíritus. Esto hizo que la beata fuese consultada por los personajes más nobles e importantes de España. 

Una anécota de su vida aparece representada en el vitral que vemos junto a estas líneas. La copiamos del libro "Beata Inés de Benigámin - Vida, virtudes y milagros" de José Sanchis Llopis, hallado en la Red.

Durante el tiempo que Sor Josefa estuvo de encargada de la cocina, este lugar fue Salón de Jesucristo, sus Ángeles y sus Santos. Era tanto el amor que sentía la Venerable Madre por Jesucristo y sus Ángeles que, incluso en el trabajo, los tenía siempre presentes. El Niño Jesús y los Ángeles del Cielo la acompañaban en todo momento.

Se encontraba trabajando en la cocina ocupada en trasladar de una parte a otra, cierta cantidad de leña que necesitaba para el fogón. Después de un rato de trabajo, se sintió fatigada y como si el cuerpo le pidiera un justo reposo.

Pero le vino a la mente la idea de que el Demonio, podía andar en este asunto y producirle la fatiga con el fin de que abandonase el trabajo y que no recogiera el mérito de la obediencia y mortificación. Entonces, para vencer a su enemigo, dióse con mayor esfuerzo tan penosa tarea. Nuestro Señor se le apareció en forma de un Niño preciosísimo, animándola y consolándola, diciéndole: “Inés, aún cuando te falten las ganas, hay que hacerlo por amor de Dios; con gana y sin gana por amor de Dios.” Desde este momento le quedaron, para siempre, grabadas en la mente aquellas divinas palabras, que iba repitiendo en todas las obediencias: “Con gana y sin gana por amor de Dios.” También las demás Religiosas aprendieron el estribillo, y acostumbrado es en el Convento de Benigánim repetirlo a cada paso.

Josefa María de Santa Inés murió a los 71 año, el día de su patrona Santa Inés, en 1696. Fue beatificada en 1888.

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