24 de junio de 2026

24 de junio: Solemnidad del Nacimiento de San Juan Bautista

Aunque técnicamente el objeto inmediato de la Solemnidad de hoy es la Natividad de San Juan, se ve tanto en los textos de la misa como en la Liturgia de las Horas, y también en la piedad popular, que el Bautista es honrado hoy de un modo integral, no sólo en el hecho de su nacimiento, sino también en su vida y sobre todo en su misión de Precursor.

Por eso, es justo que visitemos hoy -por primera vez en este blog- la iglesia porteña de la parroquia San Juan Bautista el Precursor, ubicada en la calle Rogelio Yrurtia, cerca del Parque Sarmiento.


El Prefacio de San Juan Bautista (que se usa en la Misa de la Vigilia y también en la misa de hoy) dice:

Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Jesucristo, Señor nuestro.

Alabamos tu grandeza manifestada en San Juan Bautista,

el Precursor de tu Hijo, y el mayor entre los nacidos de mujer.

Antes de nacer, saltó de alegría en el vientre de su madre

al sentir la proximidad del Salvador,

y fue el único profeta 

que señaló al Cordero que quita el pecado del mundo.

Él bautizó en el río Jordán al mismo autor del bautismo,

para que el agua viva santificara a todos los hombres,

y mereció dar el supremo testimonio de Cristo,

derramando su sangre por Él.

Por eso, unidos a los ángeles en el cielo,

cantamos en la tierra un himno a tu gloria,

diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo...



Las dos fotos de esta entrada fueron tomadas el mismo día con una diferencia de media hora entre la primera y la segunda. Era una tarde de septiembre del año pasado; al entrar en el templo la luz daba directamente sobre la imagen, ubicada en el nártex, y al salir del templo, cuando tomamos la segunda foto, ya había bajado el sol.   «Y tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor preparando sus caminos,  para hacer conocer a su Pueblo la salvación mediante el perdón de los pecados;  gracias a la misericordiosa ternura de nuestro Dios, que nos traerá del cielo la visita del Sol naciente, para iluminar a los que están en las tinieblas y en la sombra de la muerte» (Lc 1, 76-79a).



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