El 21 de octubre de 2017 fueron beatificados 109 mártires claretianos en la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona.
Se trata de Mateo Casals, Teófilo Casajús, Fernando Saperas y 106 compañeros, asesinados por odio a la fe en los años 1936 y 1937, en el contexto de la persecución desatada en la Guerra Civil española; fueron masacrados con la única culpa de ser creyentes y religiosos. Los recordamos en el día que figura en un calendario claretiano (anterior a la beatificación) en un sitio oficial de esa familia religiosa:
Una vidriera en la iglesia del Inmaculado Corazón de María les rinde homenaje.
De un sitio claretiano tomamos la información que sigue:
Este numeroso grupo de mártires claretianos se une a los 75 que han sido beatificados a lo largo de los últimos 25 años.
El 25 de octubre de 1992, San Juan Pablo II beatificó en Roma a los 51 mártires de Barbastro, al “seminario mártir”, como él mismo lo denominó. La película "Un Dios prohibido" (2014) ha difundido su conmovedora historia.
Trece años después, el 20 de noviembre de 2005, en Guadalajara (México), fue beatificado el padre Andrés Solá Molist, misionero claretiano catalán, asesinado el 25 de abril de 1927, en el rancho San Joaquín, cerca de la ciudad de León, en México.
Y el 13 de octubre de 2013, en Tarragona, fueron beatificados otros 23 mártires claretianos (asesinados en Sigüenza, Fernán Caballero y Tarragona), que formaban parte del grupo de 522 “mártires del siglo XX en España” que fueron beatificados ese día.
A la cabeza de ese nutrido grupo de mártires figuran los mencionados Mateo Casals (sacerdote), Teófilo Casajús (estudiante) y Fernando Saperas (hermano). Ellos representan a los 49 sacerdotes, 31 hermanos y 29 estudiantes que fueron beatificados en 2017.
Catalanes (la mayoría), navarros, aragoneses, castellanos… todos compartían la común profesión religiosa y un gran amor a Jesucristo y a la Iglesia. Salvo dos, que murieron en 1937, todos fueron martirizados en los últimos meses del año 1936, durante la persecución religiosa que tuvo lugar en la guerra civil española. En la página web que los Misioneros Claretianos han creado con motivo de la beatificación (www.109cmf.org) se pueden encontrar las biografías de cada uno de ellos y diversos relatos de su martirio.
Abundan los testimonios sobre su manera de afrontar la muerte. El P. Julio Leache, navarro de 27 años, asesinado en la finca Mas Claret, junto a Cervera (Lleida), aclara bien los verdaderos motivos del martirio: “Si nos quieren matar, quisiera que fuese solo por Dios, o sea, que me maten celebrando, administrando los Sacramentos o rezando. Pero no por otros motivos humanos o políticos… Si nos matan por fascistas, poca gracia y poco mérito tiene, ya que hay fascistas de todo color. Pero si nos matan por decir Misa y por ser católicos, esto es meritorio ante Dios, esto es ser mártires”. El P. Jaume Payàs, martirizado en Sallent (Barcelona), explicita que mueren sin odio, perdonando a sus verdugos: “Perdono a todos los que me quieren mal, y les doy un abrazo de amistad; no guardo rencor a nadie, ni a los que me han tirado en casa como a un perro; también a Ti te lo hicieron”. El P. Emili Bover, asesinado en el cementerio de Cervera el 20 de agosto, exclamó antes de morir: “Os perdono de corazón por amor de Dios”.
No es fácil comprender hoy la fuerza impresionante de estos testimonios. En la carta que el Superior General de los claretianos, el indio Mathew Vattamattam, ha publicado con motivo de la beatificación, escribe: “En tiempos líquidos como los nuestros, estas actitudes sólidas nos desarman y nos estimulan. Con la gracia de Dios, siempre es posible ser fieles a Jesús por más difíciles que sean las circunstancias. Estamos llamados a ser testigos valientes en medio de muchas pruebas y contradicciones”. Y, más adelante, añade: “Una beatificación es siempre una celebración de la fe y del perdón, no un juicio o una venganza. Por eso, tiene siempre sentido. No es un ajuste de cuentas con el pasado sino una apuesta de futuro. Solo podemos vivir juntos cuando aprendemos a respetarnos y perdonarnos”.
El lema escogido para la beatificación fue "Misioneros hasta el fin".
La palabra "Misioneros" resume la identidad carismática de los claretianos. La expresión "hasta el fin", escrita en letras rojas, que simbolizan la sangre derramada, evoca una vida misionera llevada hasta sus últimas consecuencias: dar la vida por Cristo como él hizo por nosotros (cf. Jn 13,1).
Al día siguiente de su beatificación, dijo el papa Francisco I durante el Ángelus:
«Ayer, en Barcelona, fueron beatificados Mateo Casals, Teófilo Casajús, Fernando Saperas y 106 compañeros mártires, miembros de la congregación religiosa de los claretianos y asesinados por odio a la fe durante la guerra civil española. Que su ejemplo heroico y su intercesión sostengan a los cristianos que también en nuestros días -en tal alto número- y en diversas partes del mundo, sufren discriminación y persecución».
Como hoy es también primer sábado de mes, terminamos esta entrada con una imagen mariana que se encuentra en el frente del mencionado templo porteño.





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