3 de agosto de 2024

Santa María "en sábado"

Una bella imagen de la Virgen con el Niño -en el marco del cuadro se señala que se trata de la Virgen de la Salud-  se encuentra en la iglesia de la parroquia de Santa Inés y San Camilo de Lellis. La compartimos en esta memoria sabatina de la Madre de Dios, junto con un hermoso texto sobre el Magníficat.

«María dijo: Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi Espíritu en Dios, mi salvador.

«El Señor, dice, me ha engrandecido con un don tan inmenso y tan inaudito, que no hay posibilidad de explicarlo con palabras, ni apenas el afecto más profundo del corazón es capaz de comprenderlo; por ello ofrezco todas las fuerzas del alma en acción de gracias, y me dedico con todo mi ser, mis sentidos y mi inteligencia a contemplar con agradecimiento la grandeza de aquel que no tiene fin, ya que mi espíritu se complace en la eterna divinidad de Jesús, mi salvador, con cuya temporal concepción ha quedado fecundada mi carne».

Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Se refiere al comienzo del himno, donde había dicho: Proclama mi alma la grandeza del Señor. Porque sólo aquella alma a la que el Señor se digna hacer grandes favores puede proclamar la grandeza del Señor con dignas alabanzas y dirigir a quienes comparten los mismos votos y propósitos una exhortación como ésta: Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre.

Pues quien, una vez que haya conocido al Señor, tenga en menos el proclamar su grandeza y santificar su nombre en la medida de sus fuerzas será el menos importante en el reino de los cielos. Ya que el nombre del Señor se llama santo, porque con su singular poder trasciende a toda creatura y dista ampliamente de todas las cosas que ha hecho.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia. 

Bellamente llama a Israel siervo del Señor, ya que efectivamente el Señor lo ha acogido para salvarlo por ser obediente y humilde, de acuerdo con lo que dice Oseas: Israel es mi siervo, y yo lo amo.

Porque quien rechaza la humillación tampoco puede acoger la salvación, ni exclamar con el profeta: Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida, y el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.

Como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abrahán y su descendencia por siempre

No se refiere a la descendencia carnal de Abrahán, sino a la espiritual, o sea, no habla de los nacidos solamente de su carne, sino de los que siguieron las huellas de su fe, lo mismo dentro que fuera de Israel. Pues Abrahán había creído antes de la circuncisión, y su fe le fue tenida en cuenta para la justificación.

De modo que el advenimiento del Salvador se le prometió a Abrahán y a su descendencia por siempre, o sea, a los hijos de la promesa, de los que se dice: Si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos de la promesa.

Con razón, pues, fueron ambas madres quienes anunciaron con sus profecías los nacimientos del Señor y de Juan, para que, así como el pecado empezó por medio de las mujeres, también los bienes comiencen por ellas, y la vida que pereció por el engaño de una sola mujer sea devuelta al mundo por la proclamación de dos mujeres que compiten por anunciar la salvación».

De San Beda el Venerable, presbítero, "Sobre el evangelio de San Lucas" (1,46-55: el Magnificat).

2 de agosto de 2024

2 de agosto: San Pedro Julián Eymard

En 2016 y 2019 nos ocupamos extensamente de la vida y obra de San Pedro Julián Eymard. Hoy nos limitaremos a compartir el elogio del Martirologio Romano y, a través de dos imágenes, sendos episodios de su vida. 

«San Pedro Julián Eymard, presbítero, el cual fue primeramente sacerdote diocesano y después miembro de la Compañía de María. Adorador eximio del misterio eucarístico, instituyó dos nuevas congregaciones, una de clérigos y otra de mujeres, para fomentar y difundir la piedad hacia el Santísimo Sacramento. Murió en la aldea de La Mure, cerca de Grenoble, en Francia, donde había nacido».

El primer vitral -ambos los fotografiamos en la Basílica del Santísimo Sacramento- evoca la peregrinación de Eymard, en 1851, al santuario de Nuestra Señora de Fourviéres: «Me obsesionaba la idea de que no hubiese ninguna congregación consagrada a glorificar al Santísimo Sacramento, con una dedicación total. Debía existir esa congregación ... Entonces prometí a María trabajar con ese objeto. Se trataba aún de un plan muy vago y no me pasaba por la cabeza abandonar la Compañía de María ... ¡Qué horas tan maravillosas pasé allí!». 




En el segundo vitral que mostramos hoy, Eymard se encuentra "predicando a sus religiosos". El santo fundó la Congregación del Santísimo Sacramento y la Siervas del Santísimo Sacramento, además de otras iniciativas eucarísticas.


Oración Colecta

Oh Dios, que concediste a San Pedro Julián un amor admirable hacia el sagrado misterio del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, concédenos benigno que merezcamos participar de este divino convite, comprendiendo, como él, su riqueza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

31 de julio de 2024

31 de julio: San Ignacio de Loyola

 

Con una imagen que se venera en la iglesia de Nuestra Señora de Monserrat celebramos hoy la Memoria de San Ignacio de Loyola, el gran santo español fundador de la Compañía de Jesús y uno de los más destacados personajes de la Reforma Católica.

Dado lo apasionante de su vida y la vastedad de su obra, hemos optado por transcribir aquí, con algunas adaptaciones, la resumida biografía que publica Repetto en su obra "Todos los Santos".


Íñigo López nació en Loyola (Guipúzcoa) en 1491. Educado para la vida de caballero, adoptó la carrera militar. Fue herido en el sitio de Pamplona en 1521. Debió volver a su casa a reponerse. Allí, leyendo la vida de Cristo y de los santos, tuvo lugar su conversión. Peregrinó a Montserrat y pasó una temporada de soledad en Manresa, marchando luego a Tierra Santa (1523).

Comenzó entonces a estudiar, y después de pasar un tiempo en Alcalá de Henares marchó a París, comenzando desde entonces a llamarse Ignacio de Loyola. En París emprende la fundación de la Compañía de Jesús con el voto de Montmartre el 15 de agosto de 1534. Luego pasó a Venecia, donde se ordena sacerdote en 1537. Impedido de ir a Oriente, se dirige a Roma y logra que el papa Paulo III confirme su compañía, de la que es elegido general en abril de 1541. Escribe las constituciones de la compañía, a la que da como lema  «A mayor gloria de Dios» y dirige con sabiduría y santidad el crecimiento de su grandiosa obra, toda ella dedicada a la salvación de las almas en innumerables actividades apostólicas.

El envía a San Francisco Javier a la India para la obra misionera. Muere en Roma el 31 de julio de 1556. Su obra escrita son, además de las Constituciones y cartas, los Ejercicios Espirituales, que han proporcionado espiritualidad a millones de fieles a lo largo de la historia. 

Fue canonizado en 1622.

29 de julio de 2024

29 de julio: San Luis Martin y Santa María Celia Guérin

Aunque, conforme a la práctica habitual del Martirologio,  se ha inscripto a San Luis Martin y a Santa María Celia en sus respectivas fechas de fallecimiento, ambos han sido beatificados y canonizados como matrimonio, por lo que hoy, en la fecha que corresponde al primero de ellos, hablaremos de los dos.



Luis Martin nació en Burdeos en 1823. Era el segundo de los cinco hijos del matrimonio de Pierre-François Martin, capitán del ejército francés, y Marie Anne Fanny Boureau, ambos cristianos de fe viva. La primera formación de Luis estuvo vinculada a la vida militar y se benefició de las facilidades que tenían los hijos de los militares.

Al jubilarse su padre, la familia se trasladó a Alençon (1831) y Luis estudió con los Hermanos de las Escuelas Cristianas de la ciudad. Tanto en la familia como en el colegio recibió una sólida formación religiosa.

Terminados los estudios, no se inclinó hacia la vida militar, sino que quiso aprender el oficio de relojero, primero en Bretaña, luego en Rennes, Estrasburgo, en el Gran San Bernardo (Alpes suizos) y por último en París.

A los veintidós años sintió el deseo de consagrarse a Dios en la vida religiosa. Para ello, se dirigió al monasterio del Gran San Bernardo, con intención de ingresar en esta Orden, pero no fue admitido porque no sabía latín. Con gran valor se dedicó a estudiarlo durante más de un año, con clases particulares; pero, finalmente, renunció a ese proyecto. No se sabe mucho de este período: sólo que su madre en una carta le exhortaba a ser  humilde, y que mostró su valentía y sangre fría salvando de morir ahogado al hijo de un  amigo de su padre.

En Alençon puso una relojería. Sus padres, tras la muerte de los otros hijos, vivieron siempre con él, incluso después de su matrimonio con Celia Guérin.

Hábil en su oficio, tenía amigos y conocidos con los que le gustaba pescar y jugar al billar, y era apreciado por sus cualidades poco comunes y por su distinción natural, que explica por qué le presentaron un proyecto de matrimonio con una joven de la alta sociedad, al que se negó.

En 1871, el amor al silencio y al retiro lo llevó a comprar una pequeña propiedad con una torre y un jardín. Allí instaló una estatua de la Virgen, que le había regalado la señora Beaudouin; trasladada más tarde a Buissonnets, esta imagen fue conocida en todo el mundo como la Virgen de la Sonrisa.


Celia Guérin nació en Gandelain, departamento de Orne (Normandía), en 1831. Era hija de Isidoro Guérin, un militar que a los 39 años decidió casarse con una joven dieciséis años más joven que él. De esta unión nacieron también Marie Louise, la primogénita, e Isidore, el más pequeño. Para los padres de Celia la vida había sido dura, lo que repercutía en su manera de ser: eran rudos, autoritarios y exigentes, si bien tenían una fe firme. Celia, inteligente y comunicativa por naturaleza, dice en una de sus cartas que su infancia y juventud fueron tristes "como un sudario". A pesar de ello, cuando su padre, viudo y enfermo, manifestó el deseo de ir a habitar con ella, lo acogió y cuidó hasta que murió en 1868, con ayuda de su hermana Marie Louise. 

Cuando se jubiló su padre, la familia se estableció en Alençon en 1844. La señora Guérin abrió un café y una sala de billar, pero su carácter intransigente no favoreció el desarrollo del negocio. La familia salía adelante con dificultad, gracias a la pensión y a los trabajos de carpintería del padre. En pocos años, la situación financiera se hizo muy precaria y no mejoró hasta que las hijas contribuyeron con su trabajo a cuadrar el balance familiar. Esta situación económica influyó en los estudios de las hijas: Celia entró en el internado de las religiosas de la Adoración Perpetua; aprendió los primeros rudimentos del punto de Alençon, un encaje de los más famosos de la época; luego, para perfeccionarse, se inscribió en la "Ecole dentellière". Mientras tanto, la hermana mayor se dedicó al bordado, con su madre. No tenemos documentación de este período, pero Celia conservaba un excelente recuerdo de este tiempo.

Celia deseaba formar parte de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Como no la admitieron, pidió luz al Señor para conocer su voluntad y el 8 de diciembre de 1851, después de una novena a la Inmaculada Concepción, escuchó interiormente las palabras: "Hacer punto de Alençon". Con la ayuda de su hermana comenzó esta empresa y ya a partir de 1853 era conocida como fabricante del punto de Alençon. En 1858 la casa para la que trabajaba recibió una medalla de plata por la fabricación de este encaje y Celia una mención de alabanza. Poco después, su hermana entró en el monasterio de la Visitación y tomó el nombre de María Dositea.

Un día, al cruzarse con un joven de noble fisonomía, semblante reservado y dignos modales, se sintió fuertemente impresionada y oyó interiormente que ese era el hombre elegido para ella. En poco tiempo los dos jóvenes llegaron a apreciarse y amarse, y el entendimiento fue tan rápido que contrajeron matrimonio el 13 de julio de 1858, tres meses después de su primer encuentro. Llevaron una vida matrimonial ejemplar: misa diaria, oración personal y comunitaria, confesión frecuente, participación en la vida parroquial. De su unión nacieron nueve hijos, cuatro de los cuales murieron prematuramente. Entre las cinco hijas que sobrevivieron, Teresa, la futura santa patrona de las misiones, es una fuente preciosa para comprender la santidad de sus padres, que educaban a sus hijas para ser buenas cristianas y ciudadanas honradas. A los 45 años, Celia recibió la noticia de que tenía un tumor en el pecho y pidió a su cuñada que, cuando ella muriera, ayudara a su marido en la educación de los más pequeños: vivió la enfermedad con firme esperanza cristiana hasta la muerte, en agosto de 1877.

Luis se encontró solo para sacar adelante a su familia: La hija mayor tenía 17 años y la más pequeña, Teresa, cuatro y medio. Se trasladó a Lisieux, donde residía el hermano de Celia; de este modo la tía Celina pudo cuidar de las hijas. Entre 1882 y 1887 tres de las hijas de Luis entraron al Carmelo. El sacrificio mayor fue separarse de Teresita, que entró en el Carmelo a los 15 años. Luis tenía una enfermedad que lo fue invalidando hasta llegar a la pérdida de sus facultades mentales. Fue internado en el sanatorio de Caen, y murió en julio de 1894.

En la página del Vaticano, de donde tomamos la información para escribir esta entrada, se añade:

No estamos habituados a pensar en la santidad de un matrimonio, porque nuestra experiencia nos lleva a unir la santidad a un individuo. Juan Pablo II se atrevió a ir más allá de los esquemas, beatificando a Luis y María Beltrame Quattrocchi. Ahora, el Papa Benedicto XVI ha decidido añadir a ellos a los cónyuges Martin, a fin de mostrar a los padres y madres de familia de todo el mundo la grandeza de la vocación a la vida conyugal. Así se concreta la invitación de Juan Pablo II: "Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicción este "alto grado" de la vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección" (Novo millennio ineunte, 31) y del concilio Vaticano II: "Todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad" (Lumen gentium, 40).

¿Qué es lo que fascina de los esposos Martin? ¿Qué mensaje deja esta familia a la Iglesia y a la sociedad? Sin duda fascina la valentía de esta familia que, después de diecinueve años de matrimonio, ante la crisis económica que afligía a Francia, queriendo garantizar bienestar y futuro a sus hijos, halló la fuerza de dejar Alençon y trasladarse a Lisieux, como tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo, "emigrantes" en busca de lo que pudiera hacer más bella la vida y concreta la esperanza. Hay una belleza que emana de su trabajo artesanal emprendedor: Luis Martín, como relojero y joyero; y Celia Guérin, como pequeña empresaria de una taller de bordado. Junto con sus cinco hijas, emplearon tiempo y dinero en ayudar a quienes tenían necesidad. Su casa no fue una isla feliz en medio de la miseria, sino un espacio de acogida, comenzando por sus obreros. El matrimonio Martin nos recuerda que existe una ética que debe imbuir la vida de los empresarios, poniendo en el centro el valor de la persona humana (cf. Populorum progressio, 42-44). Anima su testimonio cristiano de laicos, vivido dentro y fuera de las paredes del hogar, a través de la belleza de su vida, la fascinación de los sentimientos, la transparencia del amor, sabiendo dedicarse tiempo, porque "el amor no es un trabajo para hacer de prisa" (M. Noëlle). El compromiso eclesial de los esposos Martin recuerda que "la futura evangelización depende, en gran parte, de la iglesia doméstica" (Familiaris consortio, 52), y tiene el sabor de la ternura.

La iglesia asuncena dedicada a San Rafael conserva y exhibe reliquias de los padres de Santa Teresita del Niño Jesús. 

26 de julio de 2024

26 de julio: Beata María Pierina De Micheli

El Martirologio Romano consigna hoy escuetamente: 

En Centonara d’Artò, Madonna del Sasso, Beata Josefa María (María Pierina) de Micheli, religiosa de las Hermanas de la Inmaculada Concepción.

En la estampita que mostraremos hay algunos datos más acerca de la vida de esta religiosa que pasó parte de su vida en Buenos Aires.




Al dorso de la estampa se lee esta plegaria:


25 de julio de 2024

25 de julio: San Cristóbal

Pese a la enorme popularidad de San Cristóbal, y a que este blog ya lleva casi una década de vida, esta es la primera vez que honramos aquí la memoria de este santo.

Desde el punto de vista histórico, es escasísimo lo que sabemos acerca de San Cristóbal. Ni siquiera sabemos en qué siglo vivió. El Martirologio se limita a decir que fue mártir en Licia. 

Seguramente a partir de su nombre, que significa «el que lleva a Cristo», se fue tejiendo en torno a él una leyenda,  famosa en todo el mundo, cuya parte principal cuenta lo siguiente, en versión de la Leyenda Áurea de Jacobo de la Vorágine (del siglo XIII):

Cierta noche cuando dormía en su choza, oyó la voz de un niño que le llamaba: «Cristóbal, ven a transportarme». Cristóbal se despertó y salió, pero no vio a nadie. Volvió a entrar en su morada y oyó, por segunda vez, la misma voz; inmediatamente acudió, pero no encontró a nadie. Al oír el llamado por tercera vez, Cristóbal salió a buscar detenidamente y encontró, a la orilla del río, a un niño que le pidió amablemente, que le transportase a la otra orilla. Cristóbal subió al niño en sus hombros, tomó su cayado y empezó a vadear la corriente. Pero las aguas empezaron a subir y el niño pesaba como el plomo. Cuanto más avanzaba Cristóbal, más crecía la corriente y más pesado se hacía el niño, de suerte que Cristóbal tuvo miedo de perecer ahogado. Sin embargo, con gran esfuerzo pudo llegar a la otra orilla. Entonces dijo al pequeño: «Niño, me has puesto en un grave peligro. Me pesabas como si cargase el mundo sobre mis hombros. ¡Nunca había soportado un peso tan grande como el tuyo, que eres tan pequeño!» Y el niño respondió: «No te maravilles por ello, Cristóbal. No has cargado al mundo, pero llevaste sobre los hombros al Creador del mundo. Yo soy Jesucristo, el Rey a quien sirves con tu trabajo. Y, para que sepas que digo la verdad, planta tu cayado junto a tu casa, y yo te prometo que mañana tendrá flores y frutos». Dicho esto, desapareció el niño. Cristóbal plantó su cayado y, cuando se levantó a la mañana siguiente, el palo seco era como una palmera llena de hojas, de flores y de dátiles.

La leyenda también señala el pasado oscuro de Cristóbal -antes llamado Réprobo-, su estatura gigantesca,  las conversiones que su ejemplo produjo, y las torturas que sufrió por ser cristiano.


En la actualidad, el santo es muy popular como patrono de los viajeros, de modo particular de los conductores de automóviles; en muchos vehículos yo he visto su imagen.

Las fotos fueron tomadas en dos ocasiones distintas (2017 y 2018) en la iglesia porteña dedicada al santo, que da nombre a todo el barrio.

23 de julio de 2024

23 de julio: San Ezequiel

 


En el frente de la iglesia de la Santa Cruz, junto a San Juan Bautista y al profeta Jeremías -de quien fue contemporáneo-, se encuentra una imagen de Ezequiel.


Dice hoy el Martirologio: 

Conmemoración de San Ezequiel, profeta, hijo del sacerdote Buzi, que elegido durante la visión de la gloria de Dios que tuvo en su exilio en el país de los caldeos, y puesto como atalaya para vigilar a la casa de Israel, censuró por su infidelidad al pueblo elegido y previó que la ciudad santa de Jerusalén sería destruida y su pueblo deportado. Estando en medio de los cautivos, alentó a estos a tener esperanza y les profetizó que sus áridos huesos resucitarían y tendrían una nueva vida.

En muchos calendarios la conmemoración del profeta Ezequiel está inscripta el 10 de abril, pero en la revisión del Martirologio en 2001 se optó por la fecha más antigua del 23 de julio, que ya figura  en los sinaxarios griegos, anteriores al primer testimonio de inscripción en el mes de abril.

Es la primera vez que el profeta Ezequiel se hace presente en este blog.