Volvemos hoy a la misma iglesia visitada en la entrada de ayer, para recordar a «las santas Marana y Cira, vírgenes, que en Berea, en Siria, viviendo en un lugar estrecho y cerrado sin techo, recibían el alimento necesario por una ventana y guardaban siempre silencio» (Martirologio Romano).
Todo lo que sabemos de las santas proviene de la «Historia Religiosa» de Teodoreto de Ciro quien las conoció personalmente. Teodoreto, obispo e historiador eclesiástico, relata ejemplos del vasto movimiento ascético monástico en Siria, del que Kira formó parte con su compañera.
Ambas eran de cuna acomodada, y habían sido preparadas para vivir en el mundo según su condición, pero decidieron dejarlo todo para unirse a la vida penitencial que llevaban algunos hombres y mujeres de la región. Construyeron una celda estrecha y sin techo, con tan sólo una ventana para recibir la comida. Vestían apenas una túnica, y se dedicaban a la oración,
Pasaron muchos años en ese estilo de vida penitencial. Se cuenta que sólo una sola vez salieron de su estrecha celda, para realizar una peregrinación a los santos lugares y visitar la iglesia de Santa Tecla. Murieron alrededor del año 440.

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