Pese a lo que se lee al pie de la imagen, el Martirologio Romano inscribe a Santa Rafka (también conocida como Rebeca o Rafqa) el día de hoy, 23 de marzo, elogiándola con estas palabras:
«Cerca de ad-Dahr, Santa Rebeca de Himlaya ar-Rayyas, virgen de la Orden de las Hermanas Libanesas de San Antonio de los Maronitas, que, ciega durante treinta años, y después con parálisis de todos los miembros, permaneció continuamente en oración, fija sólo en Dios».
También la fecha de hoy es señalada por el sitio oficial maronita, de donde tomamos la biografía que transcribimos a continuación:
Santa Rafka (Rebeca, en español, y también trasliterado como Rafqa) nace en Himlaya (Líbano) el 29 de junio de 1832 en el seno de una familia católica. A los siete años de edad queda huérfana de madre. Su padre, años más tarde se vuelve a casar.
Después de duros momentos de discernimiento vocacional, pues su atractivo físico y su elegancia espiritual la hacían una joven cotizada para el matrimonio, y ocurriendo un pleito entre su madrastra y su tía materna que discutían por ella para casarla, decide ingresar a la vida religiosa en 1855 con las Hijas de la Inmaculada Concepción. Sufre las tremendas masacres humanas fruto de las invasiones musulmanas al Líbano de 1860 en donde murieron asesinados cruelmente más de 22.000 cristianos. En 1871, disuelven la congregación a la que pertenecía e ingresa a la Orden Libanesa Maronita, en donde profesa los votos solemnes en 1873.
En 1885 cae enferma gravemente, manifestándose su enfermedad con un tremendo dolor de cabeza que días más tarde la dejaría ciega y después paralítica. En esa situación permaneció durante 29 años, mientras manifestó una entereza excepcional y una confianza absoluta en la Santísima Trinidad. Su oración más frecuente, especialmente en los momentos más difíciles era ésta: en comunión con los sufrimientos de Cristo.
El 23 de marzo de 1914 murió santamente, sin queja alguna, a pesar de que diariamente conoció el dolor y un estado de impotencia y ceguera absoluta, en el monasterio maronita de San José, a la edad de 82 años, repitiendo como dulce jaculatoria los nombres de Jesús, José y María.
El 10 de junio de 2001, durante la Solemnidad de la Santísima Trinidad, fue canonizada en la plaza de San Pedro (en el Vaticano) por S.S. Juan Pablo II, quien la nombró intercesora específica de cuantos sufren en el alma o en el cuerpo particularmente un profundo dolor y necesidad, diciendo: ¡Que Santa Rebeca vele sobre los que sufren!.
Su cuerpo reposa en el Monasterio de San José en Jrabta-Batroun (Líbano).
La imagen se venera en la iglesia del Calvario y Nuestra Señora del Líbano en Villa Lynch.

No hay comentarios:
Publicar un comentario