En el Ciclo A que estamos recorriendo, el Evangelio del Cuarto Domingo de Cuaresma relata la curación del ciego de nacimiento.
En el transcurso de la narración (Jn 9, 1-41), Jesús pronuncia la frase que aparece -escrita en inglés- en el vitral cuya foto vemos junto a estas líneas: "I am the Light of the World", "Yo soy la luz del mundo":
Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?».
«Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios.
Debemos trabajar en las obras de Aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo».
Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé"», que significa "Enviado".
El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.
Hemos transcripto sólo los primeros versículos (Jn 9, 1-7) de la larga perícopa.
Jesús también se refirió a sí mismo como "luz del mundo" en otros momentos, como por ejemplo inmediatamente después del episodio de la mujer pecadora a punto de ser apedreada:
Jesús les dirigió una vez más la palabra, diciendo: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida» (Jn 8, 12).

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