Oración tomada del sitio Buscad mi rostro.
Tomé la foto en la Catedral de San Justo en octubre de 2019.
Oración tomada del sitio Buscad mi rostro.
Tomé la foto en la Catedral de San Justo en octubre de 2019.

Pascher menciona la fecha del 1° de mayo porque, hasta la institución de la Memoria de San José Obrero, esa era el día propio de nuestra fiesta de hoy.«El 1° de mayo de 1955, el Siervo de Dios Pío XII instituyó la fiesta de San José obrero, "con la intención de que todos reconozcan la dignidad del trabajo y que ella inspire la vida social y las leyes fundadas sobre la equitativa repartición de derechos y de deberes"», recuerda el Decreto de la Penitenciaría Apostólica que establece las indulgencias otorgadas con ocasión del Año de San José: «Podrá, por lo tanto, conseguir la indulgencia plenaria todo aquel que confíe diariamente su trabajo a la protección de San José y a todo creyente que invoque con sus oraciones la intercesión del obrero de Nazaret, para que los que buscan trabajo lo encuentren y el trabajo de todos sea más digno».
En el mismo sentido se expresa el papa Francisco I en su Carta Apostólica Patris Corde: «Un aspecto que caracteriza a San José y que se ha destacado desde la época de la primera Encíclica social, la Rerum Novarum de León XIII, es su relación con el trabajo. San José era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia. De él, Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo».
Por ello hemos elegido ilustrar esta entrada con una imagen en que se destaca el trabajo de José. Aunque se trata de un tríptico (a la izquierda aparece representado el misterio de la Anunciación y a la derecha la Resurrección del Señor), en el centro se muestra con toda claridad a José trabajando, a un joven Jesús con una sierra -indicando que colaboraba con su padre adoptivo en el trabajo de la carpintería- y a la Virgen María, que lleva un cántaro, también en actitud de trabajo y cooperación.
En este año dedicado a San José, esta es la tercera entrada que dedicamos al glorioso Patriarca. Es oportuno concluirla con la oración que propone el Papa al final de su Carta Apostólica Patris Corde:
Salve, custodio del Redentor
y esposo de la Virgen María.
A ti Dios confió a su Hijo,
en ti María depositó su confianza,
contigo Cristo se forjó como hombre.
Oh, bienaventurado José,
muéstrate padre también a nosotros
y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía,
y defiéndenos de todo mal.
Amén.
La imagen (que fotografiamos en dos ocasiones, en abril y en diciembre de 2018) se venera en la iglesia de Jesús de Nazaret.
Oración: Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que te complaces en poner tu morada en el corazón de los hombres; te damos gracias por haber encendido en la Venerable María Felicia el fuego de tu amor, impulsándola a gastar su juventud en el apostolado laical y a inmolarse por todos en la vida contemplativa. Te alabamos y bendecimos, porque, con su ejemplar figura, nos manifiestas tu bondad de Padre y Amigo, y las exigencias totales del verdadero amor. Te rogamos nos concedas por su intercesión, la gracia que ahora te suplicamos, si es para tu mayor gloria y bien de las almas. Amén.
La primera conversión fundamental fue el camino interior hacia el “sí” de la fe y del bautismo. Agustín fue siempre una persona inquieta. Quería encontrar la vida verdadera y no vivir a ciegas, sin sentido y sin meta. La gran lucha interior de sus años juveniles fue conocer a Dios, familiarizarse realmente con Jesucristo y llegar a decirle “sí” con todas las consecuencias.El vitral pertenece a la iglesia porteña de San Agustín. Tomé la foto en febrero de 2019.
La segunda conversión de Agustín hay que situarla después de haber recibido el bautismo. El año 391 fue a la ciudad de Hipona para encontrarse con un amigo, a quien quería conquistar para su monasterio. En la liturgia dominical que se celebraba en la catedral, Valerio –obispo de la ciudad– manifestó públicamente su intención de elegir a un sacerdote para que le ayudara en la predicación. Los asistentes se fijaron en Agustín y fue aclamado como candidato al sacerdocio. A partir de entonces, aceptó ser sacerdote como servicio a la Iglesia.
Hay una tercera etapa decisiva en el camino de conversión de san Agustín. Unos veinte años después de su ordenación sacerdotal, Agustín escribió un libro titulado Retractaciones, donde revisa de modo crítico las obras que había publicado y añade algunas enmiendas. Escribe: “Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden es la oración diaria de la Iglesia” (cf. Retractaciones I, 19, 1-3). Agustín había aprendido la humildad y la misericordia.
Tres imágenes de San Jorge; todas se exhiben en el Casal de Cataluña.