24 de febrero de 2021

24 de febrero: Festividad de San Matías


En el santoral hispano-mozárabe, la festividad del apóstol San Matías se celebra hoy. Se trata de la fecha tradicional que también aparecía en los misales romanos anteriores a la reforma postconciliar, como lo vemos en esta foto del misal de Azcárate:


«San Matías ocupó el puesto de Judas Iscariote en el grupo de los «doce». La Iglesia, nuevo Israel abierto a todos los hombres, nace del viejo Israel y, como éste, brotará de doce «tribus», la descendencia sacramental de los apóstoles de Cristo. 



El libro de los Hechos de los Apóstoles (1, 15-26)  nos narra  su elección. Matías había sido una de esos discípulos que se asociaron a los apóstoles y al Señor en su ministerio público. Su culto llega tarde a la Península Ibérica».

Tanto el misal del padre Azcárate como el texto que acabamos de transcribir hacen referencia al fragmento del  libro los Hechos que relata la elección de San Matías (1, 15-17. 20-26):
Uno de esos días, Pedro se puso de pie en medio de los hermanos -los que estaban reunidos eran alrededor de ciento veinte personas- y dijo: «Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura en la que el Espíritu Santo, por boca de David, habla de Judas, que fue el jefe de los que apresaron a Jesús. El era uno de los nuestros y había recibido su parte en nuestro ministerio. En el libro de los Salmos está escrito: Que su casa quede desierta y nadie la habite. Y más adelante: Que otro ocupe su cargo. Es necesario que uno de los que han estado en nuestra compañía durante todo el tiempo que el Señor Jesús permaneció con nosotros, desde el bautismo de Juan hasta el día de la ascensión, sea constituido junto con nosotros testigo de su resurrección». Se propusieron dos: José, llamado Barsabás, de sobrenombre el Justo, y Matías. Y oraron así: «Señor, tú que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de los dos elegiste para desempeñar el ministerio del apostolado, dejado por Judas al irse al lugar que le correspondía». Echaron suertes, y la elección cayó sobre Matías, que fue agregado a los once Apóstoles.

La liturgia hispano-mozárabe trae esta oración:

Dios todopoderoso: tu glorioso apóstol Matías

 sometió enérgicamente al adversario en la Iglesia 

por Cristo Señor; 

concede que en Cristo derribe al enemigo de la Iglesia. 

Que obtenga para el pueblo de los elegidos la paz eterna, 

mientras consigue de ti la garantía de su victoria.

El fragmento entrecomillado arriba y la oración de hoy proceden del «Santoral litúrgico hispano-mozárabe» ¹; la foto del vitral la tomamos en la Basílica de Luján en 2017.


¹ Cuadernos Phase (del Centre de Pastoral Litúrgico de Barcelona)

23 de febrero de 2021

23 de febrero: Beato Ludovico Mzyk

En el Martirologio Romano está inscripta hoy la Memoria del Beato Ludovico Mzyk:  «En Poznan, en Polonia, Beato Luis (sic) Mzyk ¹, presbítero de la Sociedad del Verbo Divino y mártir, que durante la ocupación militar de su patria por un régimen que seguía doctrinas contrarias a los hombres y a la fe, fue asesinado por los guardias de la ciudad, confesando a Cristo hasta la muerte». 

Del sitio oficial de la Sociedad del Verbo Divino tomamos los datos para elaborar esta sintética  biografía:

Ludovico Mzyk nació el 22 de abril de 1905 en el seno de una familia minera. Era el quinto de nueve hermanos. Su familia era muy religiosa y practicante. Desde su niñez fue monaguillo. Ponía mucho interés en los temas religiosos y eclesiales. 

Durante un retiro parroquial predicado por un sacerdote de Nysa, sintió la llamada a ser misionero. Se lo dijo a sus padres, pero la idea no les gustó mucho. Sin embargo, otros parientes lo apoyaron, convencieron a los padres y lograron que lo inscribieran en el Seminario Menor de Nysa.  Llegó allí en 1918 y en 1926 terminó el bachillerato. En ese momento, recordando el ejemplo de San Luis María Grignon de Montfort, se entregó a María firmando el documento con su propia sangre. 
Durante sus vacaciones, Ludovico trabajaba con su hermano  en la mina. Así ayudaba a su madre después de la muerte del padre. 
Se afilió a una agrupación cuyos miembros libremente renunciaban al alcohol y al tabaco; hasta su muerte cumplió fielmente esta promesa. 
De Nysa, después de unas cortas vacaciones, viajó a  Alemania, para empezar el noviciado y prepararse para los votos. Hizo la primera profesión en 1928.

Después de los estudios de filosofía, los superiores, reconociendo su talento, lo mandaron a Roma para que siguiera estudiando teología. Fue ordenado sacerdote en Roma el 30 de octubre 1932, festividad de Cristo Rey.  Celebró su primera misa en la fiesta de Todos los Santos, en la capilla de la Casa General de la Congregación del Verbo Divino en Roma. 
En 1935 terminó sus estudios  en la Pontificia Universidad Gregoriana. Mientras esperaba el diploma, se fue a la casa San Gabriel, en Austria, donde fue ayudante del maestro de novicios. Más tarde fue destinado a Chludowo cerca de Poznan, donde los verbitas abrían el primer noviciado en Polonia; fue nombrado maestro de novicios. En 1939 lo nombraron rector del noviciado. 

Cuando empezó la Segunda Guerra Mundial, tuvo que despedir a casi todos los que vivían en la casa, porque recibieron la orden de evacuación hacia el este de Polonia;  él mismo, sin embargo, nunca la abandonó. Con alegría recibía a los que regresaban y su tranquilidad los contagiaba. Las condiciones de vida en los primeros días de guerra eran todavía normales; los alemanes rara vez se acercaban al convento. Sin embargo, cuando empezaron a llegar malas noticias sobre desalojos y arrestos, se discutió la posibilidad de mandar a los novicios a sus casas o trasladarlos a otro sitio; el padre Ludovico, que se preocupaba mucho por el futuro de sus novicios, hizo diversas gestiones en ese sentido, pero ello no fue posible. 

Los nazis ya habían puesto sus ojos en Ludovico. El 25 de enero de 1940 aparecieron en la casa  unos coches de la Gestapo con sacerdotes arrestados en las cercanías. Reunieron a todos en el comedor. En un momento apareció allí el padre Ludovico, pálido pero tranquilo, y dijo: “Tengo que ir con ellos. Dicen que regresaré, mientas tanto el superior será el padre Chodzidlo”. Quiso decir algo más pero alguien brutalmente se lo llevó y nadie más lo vio. Después de su detención, nada se supo de él. 

Los testigos afirmaron luego que fue tratado con brutalidad desde el primer momento. En la sede de la Gestapo le arrancaron la sotana y le pegaron fuertemente. Era invierno y él se quedó sólo con la camisa rota y con los pantalones. Uno de los prisioneros recuerda que lo metieron en la celda en el Fuerte VII, en Poznan. Todas las noticias sobre la muerte del padre Mzyk proceden de los testigos directos del Fuerte VII. Con él estaban el padre Sylwester Marciniak y el padre Franciszek Olejniczak. El primero escribe así: "Encontré al padre Mzyk el 1 de febrero de 1940 en la celda 60 en el Fuerte VII, en Poznan. Junto con él había 28 prisioneros, en su mayoría estudiantes. Todos tenían mucha hambre. A cualquier hora del día o de la noche los guardianes entraban en la celda y sin motivo alguno pegaban a los prisioneros. El padre Mzyk cumplía todas las ordenes a rajatabla. También advertía a los demás para que se cuidaran y no provocaran a los guardianes con su comportamiento. Se notaba que siempre rezaba".

Luego fue trasladado a otra celda. El  20 de febrero entró allí un suboficial alemán, de apellido Dibus, con su chofer, ambos borrachos. Humillaron y golpearon al padre Mzyk brutalmente durante mucho tiempo. Luego le dispararon en la cabeza, por la espalda. El padre Olejniczak, que escuchó todo, añadió un detalle: "Dibus elegía las víctimas, les golpeaba en la cara y les pateaba sin misericordia. En una de estas locuras mataron a vuestro padre Ludovico. Yo intenté ayudar a mi hermano sacerdote cruelmente torturado. Me acerque a él para consolarlo, pero de su boca salieron estas palabras muy significativas: “El siervo no es más que su maestro”. Entonces me incliné y le pedí su bendición. Me la dio".

Otros verbitas que se salvaron de los campos de concentración escribieron: "Siempre guardamos un recuerdo eterno de nuestro padre y maestro (...). Él era nuestro testigo en la renovación de votos que hacíamos en el campo de concentración. A él lo invocábamos al comenzar la letanía de nuestros cohermanos mártires. Pedíamos, por su intercesión, la ayuda desde el cielo para nuestra vida de prisioneros".


El P. Ludovico Mzyk fue beatificado por Juan Pablo II el 13 de junio de 1999 junto con otros tres religiosos verbitas mártires: el P. Alojzy (Luis) Liguda, SVD (1898-1942), el P. Stanisław (Estanislao) Kubista, SVD (1898-1940) y el Hno. Grzegorz (Gregorio) Bolesław Frąckowiak, SVD (1911-1943). Los cuatro comparten en la Sociedad del Verbo Divino la Memoria común  del 12 de junio.


¹ El nombre del beato en su lengua natal es Ludwik, que se traduce habitualmente como Ludovico; como vimos al final de la entrada, otro mártir verbita (que comparte con Ludovico y otros dos religiosos la Memoria común del 12 de junio) se llama  Alojzy Liguda, nombre que se traduce habitualmente como Luis.

19 de febrero de 2021

Viernes después de Ceniza

Los ejercicios de piedad son  «aquellas expresiones públicas o privadas de la piedad cristiana que, aun no formando parte de la Liturgia, están en armonía con ella, respetando su espíritu, las normas, los ritmos; por otra parte, de la Liturgia extraen, de algún modo, la inspiración y a ella deben conducir al pueblo cristiano». «Entre los ejercicios de piedad con los que los fieles veneran la Pasión del Señor, hay pocos que sean tan estimados como el Vía Crucis». El Vía Crucis es un ejercicio de piedad especialmente adecuado al tiempo de Cuaresma.

Estas palabras del Directorio sobre Piedad Popular y Liturgia confirman y valoran la práctica,   muy habitual en la piedad popular, del rezo del Vía Crucis en Cuaresma, sobre todo los días viernes, su vínculo con la Liturgia y su carácter eclesial.

Por ello hoy, en este primer viernes del tiempo cuaresmal,  les proponemos recorrer el camino de la cruz mediante  imágenes obtenidas en sendos Vía Crucis de catorce templos distintos.


PRIMERA ESTACIÓN
Jesús es condenado a muerte

Vía Crucis de la iglesia de Nuestra Señora de la Consolación
(Bs. Aires)

SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús con la cruz a cuestas


Vía Crucis de la iglesia de Jesús de Nazaret
(Bs. Aires)

TERCERA ESTACIÓN
Jesús cae por primera vez


Vía Crucis de la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes
(Santos Lugares)

CUARTA ESTACIÓN
Jesús se encuentra con su Madre

Vía Crucis de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario
(Santa Fe)

QUINTA ESTACIÓN
El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz



Vía Crucis de la iglesia de Jesús en el Huerto de los Olivos
(Olivos)

SEXTA ESTACIÓN
La Verónica enjuga el rostro de Jesús


Vía Crucis de la Catedral  de Nuestra Señora de la Paz
(Lomas de Zamora)

SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús cae por segunda vez



Vía Crucis de la iglesia de Nuestra Señora del Buen Consejo
(Bs. Aires)

OCTAVA ESTACIÓN
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén



Vía Crucis de la iglesia de San Vicente de Paul
(Bs. Aires)

NOVENA ESTACIÓN
Jesús cae por tercera vez



Vía Crucis de la iglesia del Patrocinio de San José
(Bs. Aires)

DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es despojado de sus vestiduras

Vía Crucis de la iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Villa Urquiza
(Bs. Aires)

UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es clavado en la cruz



Vía Crucis de la iglesia de San Bonifacio
(Bs. Aires)
DUODÉCIMA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz

Vía Crucis de la iglesia de la Sagrada Familia
(Bs. Aires)

DECIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz

Vía Crucis de la iglesia de la Santísima Trinidad
(Bs. Aires)
DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús es puesto en el sepulcro

Vía Crucis de la iglesia de Nuestra Señora de Monserrat
(Bs. Aires)


Te adoramos, Cristo, y te bendecimos,
porque por tu santa Cruz redimiste al mundo


(Por razones técnicas,  esta entrada no tiene etiquetas de templos)

17 de febrero de 2021

Miércoles de Ceniza


Antífona 1
Revistamos el hábito de la penitencia con la ceniza y el cilicio;
ayunemos y lloremos delante del Señor,
porque nuestro Dios es compasivo y misericordioso
para perdonar nuestros pecados.

Antífona 2         Cf. Jl 2,17; Est 4, 17
Entre el atrio y el altar
lloren los sacerdotes, ministros del Señor,
diciendo: Perdona, Señor, a tu pueblo;
no permitas que callen quienes te alaban.

Antífona 3         Sal 50, 3
Borra mi culpa, Señor.


Responsorio         Cf. Bar 3, 2; Sal 78, 9
R. Reparemos el mal que cometimos por nuestra ignorancia, no sea que, sorprendidos por la muerte, busquemos el tiempo para hacer penitencia y no lo encontremos. 
* Míranos, Señor, y ten piedad de nosotros, porque hemos pecado contra ti.
V. Ayúdanos, Dios salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos, Señor. 
* Míranos, Señor.


En este Miércoles de Ceniza visitamos -por primera vez en la historia del blog- la iglesia de Santa Elena. En el confesionario, que vemos en dos fotos tomadas desde diversos ángulos, se lee «Ab omni peccato libera nos Jesu». Transcribimos también las antífonas y el responsorio indicados por el Misal para la imposición de la ceniza, rito propio del día de hoy.

15 de febrero de 2021

15 de febrero: San Claudio de La Colombière

San Claudio de La Colombière fue un sacerdote de la Compañía de Jesús, que -en palabras del Martirologio- «siendo hombre entregado a la oración, con sus consejos dirigió a muchos en su esfuerzo para amar a Dios».

El «Misal Romano Diario y Devocionario» compuesto por el jesuita Natalio Díaz y editado en 1957 por Amorrortu dice:

«Nació en 1641 en San Sinforiano d'Ozon, en el Delfinado de Francia, y entró en la Compañía a los 17 años. Luego de ser sacerdote, fue enviado de superior a la casa de Paray-le-Monial, y allí fue director espiritual de Santa Margarita Maria de Alacoque, quien le reveló la misión especial que Jesucristo le reservaba a él y a la Compañía de Jesús, en orden a extender por el mundo la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Enviado a Londres como predicador de la duquesa de York, María Beatriz de Este, ejercitó su ministerio entre católicos y anglicanos; pero fue víctima de la persecución que entonces reinaba en Inglaterra. Encerrado en la torre de Londres durante cinco meses, fue desterrado del país; este golpe quebrantó su delicada salud y murió en Paray-le-Monial el 15 de febrero de 1682, a los 41 años de edad.
Fue beatificado por el Papa Pío XI el 16 de junio de 1929, fecha aniversaria de una de las más grandes revelaciones del Corazón de Jesús». 

Claudio La Colombière sólo era beato en el momento de editarse ese Misal; fue canonizado el 31 de mayo de  1992 por San Juan Pablo II. En la ocasión dijo el Pontífice en un fragmento de su homilía:

«...entró en la Compañía de Jesús siendo muy joven. Ejerció su misión en París y en varias provincias y tuvo una influencia notable por su esfuerzo intelectual y, más aún, por el dinamismo de vida cristiana que supo transmitir.

Verdadero compañero de San Ignacio, Claudio aprendió a encauzar su fuerte sensibilidad. Miró con humildad el sentido de «su miseria» para apoyarse sólo en su esperanza en Dios y en su confianza en la gracia. Tomó decididamente el camino de la santidad. Se adhirió con todo su ser a las constituciones y a las reglas del instituto, rechazando toda tibieza.

Fidelidad y obediencia se traducen ante Dios en un «deseo... de confianza, de amor, de resignación y de sacrificio perfecto» (Retraites, 28).

El padre Claudio forjó su espiritualidad en la escuela de los ejercicios. Hemos mirado su impresionante diario. Se consagró, por encima de todo, a «meditar profundamente la vida, de Jesucristo, que es el modelo de la nuestra» (ib., n. 33). Contemplar a Cristo permite vivir en familiaridad con él para pertenecerle totalmente: «Veo que es absolutamente necesario que yo sea suyo» (ib., n. 71). Y si Claudio osó tender hacia esa fidelidad total, lo hizo en virtud de su agudo sentido del poder de la gracia que lo transforma. Accede a la libertad perfecta de aquel que se abandona sin reservas a la voluntad de Dios. «Tengo un corazón libre», solía decir (ib., n. 12). Aceptaba las pruebas y los sacrificios «pensando que Dios exige todo de nosotros por amistad» (ib., n. 38). Su gusto por la amistad lo llevaba a responder a la amistad de Dios con un impulso de amor que se renovaba todos los días.

El padre La Colombière se comprometió en el apostolado con la convicción de que era un instrumento de la obra de Dios: «Para hacer mucho por Dios, es necesario ser completamente suyo» (ib., n. 37). La oración, afirmaba, es «el único medio ... por el que Dios se une a nosotros a fin de que hagamos algo para su gloria» (ib., n. 52). En el apostolado, los frutos y los éxitos no se obtienen tanto por la capacidad de las personas cuanto por la fidelidad a la voluntad divina y la transparencia de su acción».


San Claudio y Santa Margarita María de Alacoque
junto al Sagrado Corazón de Jesús

Tuvimos ocasión de fotografiar la imagen de San Claudio durante una breve visita a la iglesia de Nuestra Señora de los Milagros, en la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz, en 2018.

13 de febrero de 2021

Santa María "en sábado"

Como cada sábado del Tiempo Ordinario no ocupado por una celebración de mayor rango, hoy honramos de modo particular a la Virgen María.

Lo hacemos mostrando esta imagen mariana que se venera en la iglesia de San Isidro Labrador, que acompañamos con uno de los textos que se sugieren como Segunda Lectura del Oficio de Lecturas para esta memoria sabatina, tomado de los sermones del Beato Guerrico, abad: MARÍA, MADRE DE CRISTO  Y MADRE DE LOS CRISTIANOS

«Un solo hijo dio a luz María, el cual, así como es Hijo único del Padre celestial, así también es el hijo único de su madre terrena. Y esta única virgen y madre, que tiene la gloria de haber dado a luz al Hijo único del Padre, abarca, en su único hijo, a todos los que son miembros del mismo; y no se avergüenza de llamarse madre de todos aquellos en los que ve formado o sabe que se va formando Cristo, su hijo.

La antigua Eva, más que madre madrastra, ya que dio a gustar a sus hijos la muerte antes que la luz del día, aunque fue llamada madre de todos los vivientes, no justificó este apelativo; María, en cambio, realizó plenamente su significado, ya que ella, como la Iglesia de la que es figura, es madre de todos los que renacen a la vida. Es, en efecto, madre de aquella Vida por la que todos viven, pues al dar a luz esta Vida, regeneró en cierto modo a todos los que habían de vivir por ella.

Esta santa madre de Cristo, como sabe que, en virtud de este misterio, es madre de los cristianos, se comporta con ellos con solicitud y afecto maternal, y en modo alguno trata con dureza a sus hijos, como si no fuesen suyos, ya que sus entrañas, una sola vez fecundadas, aunque nunca agotadas, no cesan de dar a luz el fruto de piedad.

Si el Apóstol de Cristo no deja de dar a luz a sus hijos, con su solicitud y deseo piadoso, hasta ver a Cristo formado en ellos, ¿cuánto más la madre de Cristo? Y Pablo los engendró con la predicación de la palabra de verdad con que fueron regenerados; pero María de un modo mucho más santo y divino, al engendrar al que es la Palabra en persona. Es ciertamente digno de alabanza el ministerio de la predicación de Pablo; pero es más admirable y digno de veneración el misterio de la generación de María.

Por eso vemos cómo sus hijos la reconocen por madre, y así, llevados por un natural impulso de piedad y de fe, cuando se hallan en alguna necesidad o peligro, lo primero que hacen es invocar su nombre y buscar refugio en ella, como el niño que se acoge al regazo de su madre. Por esto creo que no es un desatino el aplicar a estos hijos lo que el profeta había prometido: Tus hijos habitarán en ti; salvando, claro está, el sentido originario que la Iglesia da a esta profecía.


Y si ahora habitamos al amparo de la madre del Altísimo, vivamos a su sombra, como quien está bajo sus alas, y así después reposaremos en su regazo, hechos partícipes de su gloria. Entonces resonará unánime la voz de los que se alegran y se congratulan con su madre: Y cantarán mientras danzan: Todas mis fuentes están en ti, santa Madre de Dios».

9 de febrero de 2021

9 de febrero: Santa Apolonia

El historiador Eusebio de Cesarea (264-340), en su Historia Eclesiástica, transcribe un fragmento de una carta enviada por San Dionisio de Alejandría a Fabio de Antioquía, en la cual el santo obispo narra algunos episodios de los que había sido testigo. Hacia mediados del siglo III estalló en Alejandría de Egipto una revuelta popular contra los cristianos. Muchos seguidores de Cristo fueron masacrados. Entre ellos se cuenta Apolonia, que era según Eusebio una «virgen anciana», a la que le golpearon las mandíbulas haciéndole caer los dientes; la tradición afirma también que se los fueron arrancando con tenazas. Luego encendieron un fuego fuera de la ciudad, y amenazaron con arrojarla allí viva si no pronunciaba palabras impías contra Dios. Apolonia pidió ser dejada libre un momento, y cuando se lo concedieron, se arrojó rápidamente al fuego, resultando incinerada. San Dionisio afirma que la vida de Apolonia había sido admirable, no sólo por esta conducta final, sino por el apostolado que antes había desarrollado.


El Martirologio la elogia con estas palabras: «En Alejandría de Egipto, conmemoración de Santa Apolonia, virgen y mártir, que tras sufrir muchos y crueles tormentos por parte de los perseguidores, para no verse obligada a proferir palabras impías prefirió entregarse al fuego antes que ceder en su fe».


A Santa Apolonia se la venera entre los catorce "Santos Auxiliares", como se infiere en la primera imagen (tomada en la iglesia de Santa Isabel de Hungría). Por motivos obvios, es patrona de los dentistas  y protectora contra los dolores dentales y todas las enfermedades vinculadas con  la dentadura.

6 de febrero de 2021

6 de febrero: Aniversario de la ordenación episcopal de monseñor Carlos Tissera

Carlos Tissera nació en 1951 en Río Cuarto (Córdoba). Recibió la ordenación sacerdotal en 1978. Ejerció diversos cargos pastorales en su diócesis natal hasta que, en noviembre de 2004, fue  preconizado Obispo de San Francisco, también en la provincia de Córdoba. Fue ordenado  el 6 de febrero de 2005 y tomó posesión de su sede pocos días después de su consagración.


Fue trasladado a la diócesis de Quilmes en 2011; tomó posesión de su nueva sede el 17 de diciembre de ese año.



En el día del aniversario de la ordenación episcopal de monseñor Tissera, como solemos hacerlo en estas ocasiones, nos unimos a la celebración del actual Obispo de Quilmes mostrando su escudo, cuya explicación heráldica pueden ver en nuestro Blog "Heráldica en la Argentina".

4 de febrero de 2021

4 de febrero: Beata Isabel Canori

En un vitral de la iglesia porteña de la Santísima Trinidad se ve esta imagen de la Beata Isabel Canori Mora (junto a Nuestra Señora de Roverano):


Nació en Roma en 1774, en el seno de una familia de posición acomodada y profundamente cristiana. Estudió con las Hermanas Agustinas de Cascia y se destacó por su inteligencia, su profunda vida interior y su espíritu de penitencia. En 1796 se casó con un joven abogado romano, Cristóforo Mora. Lamentablemente, las actitudes de Cristóforo comprometieron la serenidad de la familia: tuvo una amante, humilló a su esposa en distintas formas, dejó de ejercer la abogacía, y derrochó su dinero. Sin embargo, Isabel respondió siempre con fidelidad, trató a su marido con paciencia y lo amó y lo perdonó esperando su conversión, por la que ofreció oraciones y penitencias.

En 1801 Isabel padeció una misteriosa enfermedad de la que se recuperó de forma inexplicable, y vivió su primera experiencia mística. Tuvo visiones relativas a las terribles tribulaciones de la Iglesia en los últimos tiempos.

Tuvo cuatro hijos, pero los dos primeros murieron a poco de nacer. A causa del abandono en que la dejaba su esposo, debió trabajar para cuidar a sus otras dos hijas.

Su hogar fue un centro de ayuda material y espiritual para muchas personas; se dedicó especialmente a cuidar de las familias en necesidad. 

En 1807 Isabel se unió a la Orden Terciaria Trinitaria. Ello explica la presencia de la santa en la iglesia de los trinitarios en Buenos Aires, así como el símbolo trinitario que lleva en su pecho.


Murió el 5 de febrero de 1825; fue enterrada en una iglesia trinitaria de Roma. Poco después de su muerte, como ella misma había predicho, su esposo se convirtió uniéndose también a la Orden Terciaria Trinitaria; más tarde se ordenó sacerdote de los franciscanos conventuales. 


San Juan Pablo II beatificó a Isabel -junto a Isidore Bakanja y a Gianna Beretta Molla- el 24 de abril de 1994, en el Año Mundial de la Familia. En la ocasión dijo el Papa:
En medio de muchas dificultades conyugales, ella demostró una fidelidad total al compromiso asumido en el sacramento del matrimonio y a las responsabilidades derivadas de él. Constante en oración y heroica dedicación a la familia, ella pudo educar a sus hijas de una manera cristiana y obtuvo la conversión de su esposo.
Señalando a estas dos mujeres [i.e. Isabel Canori Mora y Gianna Beretta Molla] como modelos de perfección cristiana,   queremos rendir homenaje a todas las madres valientes que se dedican con entusiasmo a sus familias, que sufren al dar a luz a sus hijos, y están listas para hacer cualquier esfuerzo y cualquier sacrificio, para transmitirles lo mejor que conservan en sí mismos.
La maternidad puede ser una fuente de alegría, pero también puede convertirse en una fuente de sufrimiento y, a veces, de grandes decepciones. En este caso, el amor se convierte en una prueba, no pocas veces heroica, que cuesta tanto al corazón de una madre. Hoy queremos venerar no sólo a estas dos mujeres excepcionales, sino también a aquellas que no escatiman esfuerzos para educar a sus hijos. 

2 de febrero de 2021

2 de febrero: Santa Juana de Lestonnac

El 2 de febrero está inscrita en el Martirologio la Memoria de Santa Juana de Lestonnac, «que, siendo niña, rechazó la invitación y los esfuerzos de su madre para apartarla de la Iglesia católica. Al quedar viuda, y después de educar convenientemente a sus cinco hijos, fundó la Sociedad de Hijas de Nuestra Señora, a imitación de la Orden de la Compañía de Jesús, para la educación cristiana de las muchachas»Murió en Burdeos, Francia, el 2 de febrero de 1640.



Nacida en 1566, pertenecía a una distinguida familia bordelesa; su padre era católico, pero su madre era calvinista, y trató de cambiar la fe de su hija, incluso maltratando cruelmente a Juana. A los 17 años, Juana se casó con Gastón de Montferrant, de noble alcurnia. El matrimonio fue muy feliz, pero Gastón murió en 1597, dejando a su mujer con cuatro hijos, a cuyo  cuidado Juana se dedicó totalmente hasta que pudieron bastarse por sí solos. Entonces, cuando contaba con 47 años,  Juana de Lestonnac ingresó en el noviciado del monasterio cisterciense de Toulouse. Pasó allí seis meses, pero el estilo de vida tan duro  quebrantó su salud y, a pesar de que sus súplicas, los superiores le mandaron abandonar el convento. Antes de partir, mientras estaba orando en la capilla repitiendo «Señor si es posible, haz que pase de mí este cáliz», sintió la certeza de que ella debía ser la fundadora de una nueva orden religiosa.



No bien abandonó el monasterio, ya repuesta en su salud, se trasladó a Périgord, donde reunió a varias jóvenes que más tarde serían sus primeras novicias. Cuando una peste estalló en Burdeos, Madame de Lestonnac y un grupo de valientes mujeres se dedicaron a cuidar a las víctimas. Juana conoció entonces a dos sacerdotes jesuitas, que le insistieron en señalarle la devastación que el calvinismo causaba entre los jóvenes privados de educación católica. Ambos creyeron necesario prestar ayuda a Juana en la fundación de una orden que contrarrestara los daños de esa herejía. Así comenzó la obra, que prosperó rápidamente. Juana fue la primera superiora de la nueva congregación. La primera casa se abrió en el antiguo priorato del Espíritu Santo, en Burdeos.

En 1607, Pablo V aprueba la primera comunidad de la Compañía de María Nuestra Señora, una comunidad de mujeres que compaginan la contemplación con la dedicación total a la educación de la mujer. Juana  de Lestonnac y sus compañeras recibieron el hábito de manos del cardenal Sourdis, Arzobispo de Burdeos, en 1608. La orden -que tenía el propósito de formar y enseñar a las jóvenes de todas las clases sociales- prosperó rápidamente. Sin embargo, pronto comenzaron las pruebas más duras: una de las monjas y el director de una de las escuelas, conspiraron contra Juana, urdieron calumnias e inventaron mentiras acerca de ella. Como resultado de esa infamia, la madre Lestonnac fue destituida. La monja acusadora fue nombrada superiora y comenzó a tratar a la destituida Juana con despotismo y crueldad.  Pero la paciencia de Santa Juana finalmente conmovió el corazón de la malvada monja, quien se arrepintió de sus calumnias y trató de reparar los daños. Juana de Lestonnac, sin embargo, ya no retomó el cargo de superiora.  Pasó sus últimos años en recogimiento y preparándose para la muerte. 


Falleció cuando todas sus religiosas habían renovado sus votos, en la fiesta de la Purificación de 1640. Su cuerpo permaneció fresco y exhalando una dulce fragancia varios días después de su muerte;  su rostro se veía lleno de belleza y una brillante luz  rodeaba el catafalco. Varios milagros se operaron en su tumba. 

A causa  de la Revolución Francesa, las religiosas se  dispersaron y el cuerpo de Santa Juana se perdió hasta principios del siglo XIX. Recuperado el cuerpo, se le dio sepultura en Burdeos y se introdujo la causa de canonización en Roma.  Juana de Lestonnac fue beatificada en 1900 y canonizada en 1949.

Tomamos las fotos de la imagen de Santa Juana de Lestonnac en la iglesia de la Sagrada Familia, sobre la avenida Balbín.