Hoy la Iglesia honra a San Bartolo Longo, a quien Juan Pablo II, en su encíclica Rosarium Virginis Mariae, llama «verdadero apóstol del Rosario».
«Su camino de santidad -añade el Pontífice- se apoya sobre una inspiración sentida en lo más hondo de su corazón: «¡Quien propaga el Rosario se salva!». Basándose en ello, se sintió llamado a construir en Pompeya un templo dedicado a la Virgen del Santo Rosario colindante con los restos de la antigua ciudad, apenas influenciada por el anuncio cristiano antes de quedar cubierta por la erupción del Vesuvio en el año 79 y rescatada de sus cenizas siglos después, como testimonio de las luces y las sombras de la civilización clásica».
Bartolo Longo fue instrumento de la Providencia para la defensa y el testimonio de la fe cristiana y para la exaltación de María Santísima en un período doloroso de escepticismo y anticlericalismo.
Todos conocen su larga vida, inspirada por una fe sencilla y heroica y densa de episodios sugestivos, durante la cual, brotó y se desarrolló el milagro de Pompeya. Comenzando por la humilde catequesis a los campesinos del Valle de Pompeya, y por el rezo del Rosario ante el famoso cuadro de la Virgen, hasta la erección del estupendo santuario y la institución de las obras de caridad para los hijos e hijas de los encarcelados, Bartolo Longo llevó adelante con ánimo intrépido una obra grandiosa que todavía hoy nos deja asombrados y admirados.
Pero, sobre todo, es fácil notar que toda su existencia fue un intenso y constante servicio a la Iglesia en nombre y por amor de María.
Bartolo Longo, Terciario de la Orden Dominicana, y fundador de la institución de las religiosas "Hijas del Santísimo Rosario de Pompeya", puede ser definido realmente "el hombre de la Virgen": por amor a María se convirtió en escritor, apóstol del Evangelio, propagador del Rosario, fundador del célebre santuario en medio de enormes dificultades y adversidades; por amor a María creó institutos de caridad, se hizo mendigo para los hijos de los pobres, transformó a Pompeya en una ciudadela de bondad humana y cristiana; por amor a María soportó en silencio tribulaciones y calumnias, pasando a través de un largo Getsemaní, confiando siempre en la Providencia, obediente siempre al Papa y a la Iglesia.
Él, con el Rosario en la mano, nos dice también a nosotros, cristianos de finales del siglo XX: "¡Despierta tu confianza en la Santísima Virgen del Rosario! ¡Debes tener la fe de Job! ¡Santa Madre adorada, yo pongo en ti todas mis aflicciones, todas mis esperanzas, toda confianza!" (11 de marzo de 1905).
La imagen de Bartolo Longo que publicamos hoy se encuentra, muy lógicamente, en el ámbito de la iglesia porteña dedicada a la Virgen de Pompeya, más precisamente en el bello patio anexo al templo.
Bartolo Longo fue canonizado el 19 de octubre del año pasado por León XIV. Por lo tanto, esta es la primera vez que se celebra su Memoria como santo.

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