Pocos datos son seguros en la biografía de Gregorio. Por ello nos guiaremos por las palabras de San Juan Pablo II en la Carta Apostólica publicada en 2001 con motivo de XVII centenario del Bautismo del pueblo armenio
La conversión de Armenia, que tuvo lugar en los albores del siglo IV y que tradicionalmente se sitúa en el año 301, dio a vuestros antepasados la conciencia de ser el primer pueblo oficialmente cristiano, mucho antes de que el cristianismo fuera reconocido como religión propia del imperio romano.
Fue sobre todo el historiador Agatángelo quien, en un relato lleno de simbolismo, narra detalladamente los hechos que la tradición coloca en el origen de esa conversión de todo vuestro pueblo. El relato comienza con el encuentro providencial y dramático de dos héroes que están en la raíz de los acontecimientos: Gregorio, hijo del parto Anak, criado en Cesarea de Capadocia, y el rey armenio Tirídates III. En realidad, al inicio se trató de un enfrentamiento: Gregorio, a quien el rey ordenó ofrecer un sacrificio a la diosa Anahit, se negó radicalmente, explicando al soberano que uno solo es el creador del cielo y de la tierra, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Gregorio, sometido por ello a crueles tormentos y asistido por la fuerza de Dios, no se doblegó. El rey, al ver su inquebrantable constancia en la confesión cristiana, mandó que lo arrojaran a un pozo profundo, un lugar estrecho y oscuro, infestado de serpientes, donde antes nadie había sobrevivido. Pero Gregorio, alimentado por la Providencia a través de la mano piadosa de una viuda, permaneció muchos años en ese pozo sin morir.
El relato prosigue refiriendo los intentos que mientras tanto realizaba el emperador romano Diocleciano para seducir a la santa virgen Hrip'sime, la cual, para evitar el peligro, huyó de Roma con un grupo de compañeras, buscando refugio en Armenia. La belleza de la joven atrajo la atención del rey Tirídates, que se enamoró de ella y quiso hacerla suya. Frente al obstinado rechazo de Hrip'sime, el rey se enfureció y mandó que la mataran a ella y a sus compañeras con crueles suplicios. Según la tradición, como castigo por ese horrendo delito, Tirídates se transformó en un jabalí salvaje, y ya no pudo recuperar su figura humana, salvo cuando, obedeciendo a una indicación del cielo, liberó a Gregorio del pozo en el que había permanecido durante trece años.Obtenido el prodigio de volver a tener figura humana por la oración del santo, Tirídates comprendió que el Dios de Gregorio era el verdadero y decidió convertirse, juntamente con su familia y el ejército, y promover la evangelización del país entero. Así los armenios fueron bautizados y el cristianismo se impuso como religión oficial de la nación. Gregorio, que mientras tanto había recibido en Cesarea la ordenación episcopal, y Tirídates recorrieron el país, destruyendo los lugares de culto de los ídolos y construyendo templos cristianos.
A raíz de una visión del Hijo unigénito de Dios encarnado, se construyó luego una iglesia en Vagharshapat, que, por ese prodigioso evento, tomó el nombre de Echmiadzin, es decir, lugar donde "el Unigénito descendió". Los sacerdotes paganos fueron instruidos en la nueva religión y se convirtieron en ministros del nuevo culto, mientras que sus hijos constituyeron el núcleo del clero y del sucesivo monacato.
Gregorio se retiró pronto al desierto para llevar vida eremítica, y el hijo más joven Aristakes fue ordenado obispo y constituido cabeza de la Iglesia armenia. En calidad de tal, participó en el concilio de Nicea. El historiador armenio conocido con el nombre de Moisés de Corene define a Gregorio "nuestro progenitor y padre según el Evangelio" y, para mostrar la continuidad entre la evangelización apostólica y la del Iluminador, refiere la tradición según la cual Gregorio habría tenido el privilegio de ser concebido cerca de la sagrada memoria del apóstol Tadeo.
Los antiguos calendarios de la Iglesia aún indivisa lo celebran, tanto en Oriente como en Occidente, el mismo día como apóstol incansable de verdad y santidad. San Gregorio, padre en la fe de todo el pueblo armenio, también hoy intercede desde el cielo para que todos los hijos de vuestra gran nación puedan reunirse finalmente en torno a la única mesa preparada por Cristo, divino Pastor de la única grey.
Esta narración tradicional, junto con aspectos legendarios, incluye elementos de gran significado espiritual y moral. La predicación de la buena nueva y la conversión de Armenia se fundan, ante todo, en la sangre de los testigos de la fe. Los sufrimientos de Gregorio y el martirio de Hrip'sime y de sus compañeras atestiguan que el primer bautismo de Armenia fue precisamente un bautismo de sangre.
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