3 de abril de 2020

Viernes de la Semana V de Cuaresma: Santa María junto a la Cruz


Una antigua talla de Cristo crucificado, acompañado por imágenes de vestir de  la Virgen María y de San Juan Evangelista, preside uno de los altares laterales de la Catedral de Nuestra Señora del Rosario de Cafayate. 

La escena corresponde al célebre relato de Juan 19, 25-27:

«Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa».


Oración sobre el pueblo (facultativa):

Protege, Señor, a tu pueblo
que recuerda con amor
a la santísima Virgen María junto a la cruz,
y acompáñalo con la abundancia de tu gracia;
que sea maduro en su fe,
solícito en la caridad de Cristo
y fuerte en la esperanza.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

29 de marzo de 2020

Domingo V de Cuaresma

Hoy, Quinto Domingo de Cuaresma del Ciclo A, se lee como Primera Lectura de la misa este fragmento del Libro de Ezequiel (37, 12-14):

Así habla el Señor:
Yo voy a abrir las tumbas de ustedes, los haré salir de ellas, y los haré volver, pueblo mío, a la tierra de Israel. Y cuando abra sus tumbas y los haga salir de ellas, ustedes, mi pueblo, sabrán que yo soy el Señor.
Yo pondré mi espíritu en ustedes, y vivirán; los estableceré de nuevo en su propio suelo, y así sabrán que yo, el Señor, lo he dicho y lo haré -oráculo del Señor-.


El Evangelio de la misa de hoy es el episodio de la resurrección de Lázaro (Juan  11, 1-45), que es representado en la pintura que vemos, que se encuentra en la Catedral Armenia de San Gregorio Iluminador .

27 de marzo de 2020

27 de marzo: Aniversario de la ordenación episcopal de monseñor Luis Collazuol

Hoy es el aniversario de la consagración episcopal del actual Obispo de Concordia,  monseñor Luis Collazuol, quien nació en la provincia de Santa Fe en 1948 y fue ordenado sacerdote en 1974. En 1997 fue elegido Obispo Titular de Elo y Auxiliar de Rosario. Recibió la consagración episcopal el 27 de marzo de 1998. En 2004 fue nombrado Obispo de Concordia, y tomó posesión de esa sede el 11 de octubre del mismo año.

La Diócesis de Concordia, en Entre Ríos, fue creada en 1961,  por Bula de San Juan XXIII.

Nos unimos a la fecha litúrgica con el escudo episcopal correspondiente, que vemos a continuación:


En la entrada del 24 de diciembre de 2011 de nuestro Blog hermano, Heráldica en la Argentina, nos ocupamos con detalle de este escudo episcopal.

25 de marzo de 2020

25 de marzo: Solemnidad de la Anunciación del Señor


El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate, llena de gracia!; el Señor está contigo».
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre,  reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».
María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?».
El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».
María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». Y el Ángel se alejó.
(Evangelio de la Misa de la Solemnidad de hoy: Lucas 1,  26-38)

«Para la solemnidad de la Encarnación del Verbo, en el Calendario Romano, con decisión motivada, se ha restablecido la antigua denominación —Anunciación del Señor—, pero la celebración era y es una fiesta conjunta de Cristo y de la Virgen: el Verbo que se hace "hijo de María" (Mc 6, 3), de la Virgen que se convierte en Madre de Dios. Con relación a Cristo, el Oriente y el Occidente, en las inagotables riquezas de sus Liturgias, celebran dicha solemnidad como memoria del "fiat" salvador del Verbo encarnado, que entrando en el mundo dijo: "He aquí que vengo (...) para cumplir, oh Dios, tu voluntad" (cf. Hb 10, 7; Sal 39, 8-9); como conmemoración del principio de la redención y de la indisoluble y esponsal unión de la naturaleza divina con la humana en la única persona del Verbo. Por otra parte, con relación a María, como fiesta de la nueva Eva, virgen fiel y obediente, que con su "fiat" generoso (cf. Lc 1, 38) se convirtió, por obra del Espíritu, en Madre de Dios y también en verdadera Madre de los vivientes, y se convirtió también, al acoger en su seno al único Mediador (cf. 1Tim 2, 5), en verdadera Arca de la Alianza y verdadero Templo de Dios; como memoria de un momento culminante del diálogo de salvación entre Dios y el hombre, y conmemoración del libre consentimiento de la Virgen y de su concurso al plan de la redención» (Pablo VI: Exhortación Apostólica Marialis Cultus, 6).

La foto corresponde al frente de la iglesia de Santa María, ubicada en Avenida La Plata 286.

21 de marzo de 2020

21 de marzo: San Nicolás de Flüe

Hoy el Martirologio señala la Memoria de San Nicolás de Flüe, «que, por inspiración divina, deseoso de otro género de vida, dejó a su esposa y a sus diez hijos, y se retiró al monte para abrazar la vida de anacoreta, en la cual llegó a ser célebre por su dura penitencia y desprecio del mundo. Solamente una vez salió de su celda, y fue para apaciguar con una breve exhortación a quienes estaban a punto de enfrentarse en una guerra civil».

«Nicolás von Flüe, “Bruder Klaus, ocupa un lugar privilegiado en la estimación de sus conciudadanos (...) y puede asegurarse que ninguna figura religiosa en la historia de Suiza ha inspirado tan variada y voluminosa literatura», dice El Testigo Fiel, de donde también proceden los restantes párrafos que transcribamos en cursiva y entrecomillados.

Nació en 1417. Su madre, que era una mujer profundamente religiosa, educó a Nicolás (así como a su hermano Pedro) para que pertenecieran como ella a la hermandad de los «Amigos de Dios» (Gottesfreunde). Se trataba de una sociedad extendida por Alemania, Suiza y Holanda, cuyos miembros, mediante una vida estricta y una constante meditación de la Pasión, querían entrar en una íntima relación con Dios. Estaba formada por clérigos y laicos, y éstos de ambos sexos. 

Nicolás, desde pequeño, se destacó por su piedad, su amor a la paz y su sano criterio.  Se casó con una joven devota, y tuvieron diez hijos. A lo largo de su vida matrimonial Nicolás continuó las prácticas devotas de su juventud. Cuando tenía alrededor de cincuenta años se sintió atraído «a abandonar el mundo por completo y pasar el resto de sus días como ermitaño. Su esposa no se opuso, porque los «Amigos de Dios», reconocían tales vocaciones como venidas de lo alto. Nicolás renunció a sus cargos, dejó a su mujer y a sus hijos en el otoño de 1467, y partió descalzo y descubierta la cabeza, enfundado en un hábito oscuro, llevando un rosario y su báculo».

Se retiró a la soledad y pasó así los restantes 20 años de su vida. «Durante las primeras doce horas del día estaba en oración y contemplación y por las tardes entrevistaba a los que tomaban el camino de su ermita, buscando su consejo sobre asuntos espirituales o temporales. Dios le había dado el don de saber aconsejar». Compatriotas y extranjeros se sintieron atraídos por la fama de Nicolás, que además vivía sin comer ni beber y rara vez abandonaba su retiro. Sus sabios consejos también sirvieron para consolidar la paz y la unidad de la Confederación Suiza en 1481.

Murió el día que cumplía 70 años. De inmediato fue honrado en toda Suiza como patriota y como santo. Su culto fue confirmado en 1669 (lo que equivale a una beatificación); fue canonizado en 1947. 

Su imagen, cuya foto vemos junto a estas líneas, se venera en la iglesia de San Bonifacio, sobre la calle Cuba de nuestra ciudad de Buenos Aires.


ESTA FUE LA ENTRADA NÚMERO 500 DE ESTE BLOG.

20 de marzo de 2020

20 de marzo: Santa María Josefa del Corazón de Jesús



María Josefa Sancho de Guerra, tal su nombre de nacimiento, nació en Vitoria en 1842.  A los 18 años sintió la vocación religiosa e ingresó en el Instituto de las Siervas de María. En 1871 fundó en Bilbao el Instituto de las Siervas de Jesús, del que sería superiora durante los 41 años siguientes. La nueva institución tenía como finalidad la asistencia a los enfermos,  los ancianos, los niños y los desamparados.  La institución creció rápidamente: cuando María Josefa falleció, en 1912, tenía 43 casas fundadas y un millar de religiosas. Actualmente se halla extendida en 16 países y posee casi 100 casas repartidas en Europa, América y Filipinas.


Fue  declarada beata en 1992. En el año 2000 fue canonizada por Juan Pablo II.

La imagen que vemos hoy se venera en la iglesia de Nuestra Señora de Fátima en el barrio de Belgrano.

16 de marzo de 2020

16 de marzo: San José Gabriel del Rosario Brochero

En la Memoria de San José Gabriel Brochero, remitimos a  nuestros lectores, en primer lugar, a nuestra entrada de igual fecha del año pasado, en la que hicimos algunas referencias  biográficas acerca del santo.

En esta ocasión recordamos que en 2013, cuando el Cura Brochero fue beatificado, el Papa envió una carta a la Conferencia Episcopal Argentina, que ahora transcribimos casi en su totalidad, cambiando  en el primer renglón y en el último "beato" por "santo", ya que fue canonizado en 2016.

«Que finalmente el Cura Brochero esté entre los santos es una alegría y una bendición muy grande para los argentinos y devotos de este pastor con olor a oveja, que se hizo pobre entre los pobres, que luchó siempre por estar bien cerca de Dios y de la gente, que hizo y continúa haciendo tanto bien como caricia de Dios a nuestro pueblo sufrido.

Me hace bien imaginar hoy a Brochero párroco en su mula malacara, recorriendo los largos caminos áridos y desolados de los 200 kilómetros cuadrados de su parroquia, buscando casa por casa a los bisabuelos y tatarabuelos de ustedes, para preguntarles si necesitaban algo y para invitarlos a hacer los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola. Conoció todos los rincones de su parroquia. No se quedó en la sacristía a peinar ovejas.

El Cura Brochero era una visita del mismo Jesús a cada familia. Él llevaba la imagen de la Virgen, el libro de oraciones con la Palabra de Dios, las cosas para celebrar la Misa diaria. Lo invitaban con mate, charlaban y Brochero les hablaba de un modo que todos lo entendían porque le salía del corazón, de la fe y el amor que él tenía a Jesús.

José Gabriel Brochero centró su acción pastoral en la oración. Apenas llegó a su parroquia, comenzó a llevar a hombres y mujeres a Córdoba para hacer los ejercicios espirituales con los padres jesuitas. ¡Con cuánto sacrificio cruzaban primero las Sierras Grandes, nevadas en invierno, para rezar en Córdoba capital! Después, ¡cuánto trabajo para hacer la Santa Casa de Ejercicios en la sede parroquial! Allí, la oración larga ante el crucifijo para conocer, sentir y gustar el amor tan grande del corazón de Jesús, y todo culminaba con el perdón de Dios en la confesión, con un sacerdote lleno de caridad y misericordia. ¡Muchísima misericordia!

Este coraje apostólico de Brochero lleno de celo misionero, esta valentía de su corazón compasivo como el de Jesús que lo hacía decir: «¡Guay de que el diablo me robe un alma!», lo movió a conquistar también para Dios a personas de mala vida y paisanos difíciles. Se cuentan por miles los hombres y mujeres que, con el trabajo sacerdotal de Brochero, dejaron el vicio y las peleas. Todos recibían los sacramentos durante los ejercicios espirituales y, con ellos, la fuerza y la luz de la fe para ser buenos hijos de Dios, buenos hermanos, buenos padres y madres de familia, en una gran comunidad de amigos comprometidos con el bien de todos, que se respetaban y ayudaban unos a otros.

(...) 

Brochero era un hombre normal, frágil, como cualquiera de nosotros, pero conoció el amor de Jesús, se dejó trabajar el corazón por la misericordia de Dios. Supo salir de la cueva del «yo-me-mi-conmigo-para mí» del egoísmo mezquino que todos tenemos, venciéndose a sí mismo, superando con la ayuda de Dios esas fuerzas interiores de las que el demonio se vale para encadenarnos a la comodidad, a buscar pasarla bien en el momento, a sacarle el cuerpo al trabajo. Brochero escuchó el llamado de Dios y eligió el sacrificio de trabajar por su Reino, por el bien común que la enorme dignidad de cada persona se merece como hijo de Dios, y fue fiel hasta el final: continuaba rezando y celebrando la misa incluso ciego y leproso.

Dejemos que el Cura Brochero entre hoy, con mula y todo, en la casa de nuestro corazón y nos invite a la oración, al encuentro con Jesús, que nos libera de ataduras para salir a la calle a buscar al hermano, a tocar la carne de Cristo en el que sufre y necesita el amor de Dios. Solo así gustaremos la alegría que experimentó el Cura Brochero, anticipo de la felicidad de la que goza ahora como  santo en el cielo».

La imagen de la entrada de hoy se venera en la Catedral de Paraná. Tomamos la foto en julio de 2018.