9 de noviembre de 2023

9 de noviembre: Santa Isabel de la Trinidad

El 9 de noviembre de 2018 no ocupamos de esta santa; en esa entrada pueden leerse algunos datos de su biografía y un par de frases de sus escritos. Aquella vez mostramos una foto que se exhibe en la iglesia de Nuestra Señora del Carmelo. Pero otra imagen se venera en la capilla del Carmelo de San José:


En el rito de su canonización, la que tuvo lugar en 2016 junto a otros seis beatos (entre ellos el Cura Brochero), dijo el Papa:

Los santos son hombres y mujeres que entran hasta el fondo del misterio de la oración. Hombres y mujeres que luchan con la oración, dejando al Espíritu Santo orar y luchar en ellos; luchan hasta el extremo, con todas sus fuerzas, y vencen, pero no solos: el Señor vence a través de ellos y con ellos. También estos siete testigos que hoy han sido canonizados, han combatido con la oración la buena batalla de la fe y del amor. Por ello han permanecido firmes en la fe con el corazón generoso y fiel. Que, con su ejemplo y su intercesión, Dios nos conceda también a nosotros ser hombres y mujeres de oración; gritar día y noche a Dios, sin cansarnos; dejar que el Espíritu Santo ore en nosotros, y orar sosteniéndonos unos a otros para permanecer con los brazos levantados, hasta que triunfe la Misericordia Divina.

7 de noviembre de 2023

7 de noviembre: María, Madre y Medianera de la Gracia

 


Con esta bella imagen de la Madre de Dios, que se venera en la iglesia de Nuestra Señora del Huerto, celebramos la Memoria litúrgica de María, Madre y Medianera de la Gracia.




La gracia de la santísima Virgen es inmensa. De ahí que Gabriel comienza por saludarla diciendo: 

"Salve,  llena de gracia", tú que eres un cielo resplandeciente. 

"Salve, llena de gracia", tú que eres urna de oro que contiene el maná celestial. 

"Salve, llena de gracia", que sacias a los sedientos con la dulzura de la fuente perenne. 

"Salve", santísima Madre inmaculada que engendraste a Cristo, que existía antes que tú. 

"Salve", púrpura regia que vestiste al Rey del cielo y de la tierra. 

"Salve", libro profundísimo, que diste a leer al mundo el Verbo, Hijo del Padre.


(San Epifanio: Homilía V sobre las alabanzas de la Madre de Dios)

3 de noviembre de 2023

3 de noviembre: San Malaquías

 



En su fecha antigua (que no es la del actual Martirologio, que consigna el día 2) y siguiendo lo que indica el cartel ubicado a los pies de la imagen, honramos hoy a San Malaquías. Imagen y cartel pertenecen al templo consagrado a la Exaltación de la Cruz en la localidad de Capilla del Señor.

El elogio que le dedicaba el Martirologio de 1956 el 3 de noviembre decía:


En el monasterio de Claraval, en Francia, el tránsito de San Malaquías, Obispo de Connaught en Irlanda, que en su. tiempo resplandeció con muchas virtudes, y cuya vida escribió San Bernardo Abad. 

El actual Martirologio, el día 2 de noviembre, dice:  

En el monasterio de Clairvaux, en la Borgoña, sepultura de San Malaquías, obispo de Down y Connor, en Irlanda, que restauró allí la vida de la Iglesia, y cuando se dirigía a Roma, en dicho monasterio, y en presencia del abad San Bernardo, entregó su espíritu al Señor.


Una anécdota de su vida explica sus atributos iconográficos:

En el año 1129 murió San Celso, Obispo de Armagh, que había ordenado sacerdote a Malaquías.  «La sede metropolitana había estado en manos de su familia durante varias generaciones. Para romper esa nociva costumbre San Celso ordenó en su lecho de muerte que su sucesor fuese Malaquías, a quien envió su báculo pastoral»San Malaquías ya era obispo para ese entonces.  «Sin embargo, los parientes de San Celso instalaron en la sede a su primo Murtagh»;  durante los siguientes tres años, San Malaquías no intentó tomar posesión de la sede. Finalmente, Malaquías se dejó convencer por un legado pontificio, por el obispo Malco y por algunos otros y, asegurando que renunciaría al gobierno de la sede en cuanto hubiese restituido el orden, se trasladó a Armagh, donde intentó asumir el gobierno de su diócesis; «sin embargo, para evitar los desórdenes y el derramamiento de sangre, no intentó entrar en la cabecera de la diócesis ni apoderarse de la catedral. Murtagh murió en 1134, no sin haber nombrado por sucesor a Niall, hermano de San Celso. Ambos bandos estaban armados», y cuando Malaquías determinó hacerse entronizar en su catedral, los del bando de Niall se presentaron de improviso en una reunión de los partidarios de San Malaquías, «pero fueron dispersados por una tempestad tan violenta, que doce hombres murieron calcinados por el rayo. San Malaquías consiguió tomar posesión de su diócesis. Sin embargo, la paz no reinaba en ella, pues Niall se había llevado de Armagh dos reliquias muy veneradas, y el pueblo consideraba como legítimo arzobispo a quien las tenía en su poder. Consistían en un libro (probablemente el «Libro de Armagh») y el «Bachal Isu» o «báculo de Jesús»: el pueblo creía que ambas habían pertenecido a San Patricio. Esto explica por qué muchos eran partidarios de Niall y perseguían violentamente a Malaquías. Uno de ellos invitó al santo a una conferencia para asesinarle. San Malaquías, contra el parecer de sus amigos, acudió a la reunión, dispuesto a sufrir el martirio por la paz; pero su valor y tranquila dignidad desarmaron a sus enemigos, y se firmó la paz». Sin embargo, San Malaquías  debió recuperar el báculo y el libro para finalmente ser reconocido como arzobispo por todo el pueblo. «Habiendo roto así la tradición de la sucesión hereditaria y restablecido la disciplina y la paz en la sede, insistió en renunciar a la dignidad archiepiscopal y consagró por sucesor suyo a Gelasio, abad de Derry. En 1137 regresó a su antigua sede»  ¹.

En las imágenes que ilustran esta entrada, Malaquías es representado con un peculiar báculo y un voluminoso libro.

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¹ Fuente: El Testigo Fiel

31 de octubre de 2023

Martes de la Semana XXX Durante el Año

En la Liturgia de las Horas, excepto en Completas, los salmos están distribuidos a lo largo de cuatro semanas. La primera semana del Salterio coincide con el comienzo de cada tiempo litúrgico; transcurridas las cuatro semanas, se vuelve a comenzar hasta que corresponda un nuevo reinicio.

En función de lo señalado, en la Semana XXX Durante el Año corresponde usar los salmos de la Semana II del Salterio. En la Hora Intermedia de hoy se reza el salmo 54, dividido en dos fragmentos. El fragmento II dice:


Ant. 3. Yo invoco a Dios, y el Señor me salva.


Si mi enemigo me injuriase, lo aguantaría;

si mi adversario se alzase contra mí, me escondería de él;

pero eres tú, mi compañero,

mi amigo y confidente,

a quien me unía una dulce intimidad:

juntos íbamos entre el bullicio por la casa de Dios.


Pero yo invoco a Dios, y el Señor me salva:

por la tarde, en la mañana, al mediodía,

me quejo gimiendo.


Dios escucha mi voz: 

su paz rescata mi alma de la guerra que me hacen,

porque son muchos contra mí.


Dios me escucha, 

los humilla el que reina desde siempre,

porque no quieren enmendarse ni temen a Dios.


Levantan la mano contra su aliado,

violando los pactos;

su boca es más blanda que la manteca,

pero desean la guerra;

sus palabras son más suaves que el aceite,

pero son puñales.


Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará;

no permitirá jamás que el justo caiga.


Tú, Dios mío, los harás bajar a ellos a la fosa profunda,

Los traidores y sanguinarios

no cumplirán ni la mitad de sus años.

Pero yo confío en ti.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. 3. Yo invoco a Dios, y el Señor me salva.


Las palabras destacadas en negrita son las que ahora nos interesan: Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará (Sal 54, 23), vertido en El Libro del Pueblo de Dios como Confía tu suerte al Señor, y él te sostendrá. En latín: Iacta super Dominum curam tuam, et ipse te enutriet.

"Ipse te enutriet": Él mismo te sustentará, te sostendrá, te nutrirá. La frase aparece grabada al pie de la imponente Cruz que hay junto al altar mayor de la iglesia del Salvador.


En las Enarraciones sobre los Salmos,  al comentar este salmo, San Agustín hace referencia al episodio  en que, tras decir Cristo "Si alguien no come mi carne y bebe mi sangre, no tendrá vida en él", sus oyentes, que no comprendían, se dijeron unos a otros: "¡Qué duras son estas palabras! ¿Quién podrá escucharlas?". Luego, cuando el Señor les dijo a los Doce "¿Vosotros no queréis iros también?", Pedro le respondió: "¿A quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna (Jn 6,54-69)". Y continúa el santo Obispo de Hipona:

Prestad atención, os lo suplico, hermanos, y, como niños, aprended lo que es la piedad. ¿Acaso Pedro comprendía ya todo el misterio de aquellas palabras del Señor? No, todavía no lo comprendía; pero creía con humildad que aquellas palabras que no entendía eran buenas. Luego si son duras las palabras, y todavía no se comprenden, que lo sean para el impío, pero a ti la piedad te las ablandará; algún día llegará en que se aclaren, y serán para ti como el aceite, y penetrará hasta los huesos.

Y como si fuera el mismo Pedro, después de que quedaran escandalizados por la dureza que, según ellos, tenían las palabras del Señor, y como si con él dijera: "¿A quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna", añadió: Deposita en el Señor tus preocupaciones, que él mismo te nutrirá. Eres un niño, aún no entiendes los misterios de las palabras: quizá el pan está escondido para ti, y debes ser alimentado todavía con leche (1 Cor 3,2); no te enojes con los pechos, ellos te harán capaz de sentarte a la mesa, para lo cual todavía no estás preparado. Mirad cómo gracias a la separación de los herejes, muchas durezas se han ido ablandando. Sus palabras duras se han vuelto más suaves que el aceite, y son como dardos, que han armado a los evangelizadores: sus palabras se dirigen al corazón de todos los oyentes, insistiéndoles a tiempo y a destiempo. Con tales discursos, con tales palabras, como si fueran saetas, son heridos los corazones humanos para llevarlos al amor de la paz. Eran duros, pero se han vuelto suaves. Suaves, sí, pero sin perder su eficacia, convirtiéndose en dardos. Sus palabras son más suaves que el aceite, y ellas —las palabras suaves—, son como dardos. Pero quizá tú no estás preparado todavía para ser armado con estos dardos, es posible que tales palabras obscuras no se te hayan aclarado, no se te hayan hecho suaves las palabras duras. Deposita en el Señor tus preocupaciones, que él mismo te nutrirá. Abandónate en el Señor. Sí, quieres ya abandonarte en el Señor: que nadie se te ponga en lugar del Señor. Deposita en el Señor tus preocupaciones. Mira cómo aquel gran soldado de Cristo no quiso tomar a su cargo el cuidado de los niños: ¿Es que Pablo fue crucificado por vosotros, o estáis bautizados en el nombre de Pablo? (1 Cor 1,13). ¿Qué intentaba decirles, sino: Depositad en Dios vuestras preocupaciones, y él mismo os nutrirá? Bien, un niño quiere ahora depositar en el Señor sus preocupaciones, y viene uno cualquiera y le dice: «Yo me encargo». Como una navecilla que fluctúa sin rumbo le dice: «Yo me encargo de ti». Tú respóndele: «Yo busco un puerto, no un peñasco». Deposita en el Señor tus preocupaciones, que él mismo te nutrirá Y verás cómo te recibe el puerto: No permitirá que el justo fluctúe para siempre. Te parecerá que andas fluctuando en este mar, pero el que te recibe es el puerto. Procura, eso sí, no desasirte del ancla antes de entrar en el puerto. La nave, sujeta a las anclas, está fluctuando, pero no será arrojada muy lejos de la costa; y no fluctuará para siempre, aunque lo haga en algunas ocasiones. Precisamente a esa fluctuación se refieren las anteriores palabras: Me entristecí en las pruebas, y me turbé. Esperaba alguien que me salvase de mi cobardía y de la tempestad. Habla fluctuando, pero no fluctuará para siempre, pues su ancla está firme, y su ancla es su esperanza. No permitirá que el justo fluctúe para siempre.


La imagen eucarística del pelícano alimentando a sus pichones, que aparece debajo de la frase, al pie de la Cruz de Cristo, completa admirablemente la referencia del salmo y el comentario de San Agustín.


28 de octubre de 2023

28 de octubre: Fiesta de San Simón y San Judas

En entradas de años anteriores para esta misma fecha (ver 2016, 2017, 2018, 2019 y 2021), hemos expuesto prácticamente todos los escasos datos que tenemos acerca de estos dos apóstoles. Por ello hoy nos limitaremos a mostrar las imágenes de ambos en el nártex de la Catedral de Mar del Plata, junto con  la catequesis de Benedicto XVI sobre ellos el 11 de octubre de 2006.


Hoy contemplamos a dos de los doce Apóstoles:  Simón el Cananeo y Judas Tadeo (a quien no hay que confundir con Judas Iscariote). Los consideramos juntos, no sólo porque en las listas de los Doce siempre aparecen juntos (cf. Mt 10, 4; Mc 3, 18; Lc 6, 15; Hch 1, 13), sino también porque las noticias que se refieren a ellos no son muchas, si exceptuamos el hecho de que el canon del Nuevo Testamento conserva una carta atribuida a Judas Tadeo.


 


Simón recibe un epíteto diferente en las cuatro listas:  mientras Mateo y Marcos lo llaman "Cananeo", Lucas en cambio lo define "Zelota". En realidad, los dos calificativos son equivalentes, pues significan lo mismo:  en hebreo, el verbo qanà' significa "ser celoso, apasionado" y se puede aplicar tanto a Dios, en cuanto que es celoso del pueblo que eligió (cf. Ex 20, 5), como a los hombres que tienen celo ardiente por servir al Dios único con plena entrega, como Elías (cf. 1 R 19, 10).

Por tanto, es muy posible que este Simón, si no pertenecía propiamente al movimiento nacionalista de los zelotas, al menos se distinguiera por un celo ardiente por la identidad judía y, consiguientemente, por Dios, por su pueblo y por la Ley divina. Si es así, Simón está en los antípodas de Mateo que, por el contrario, como publicano procedía de una actividad considerada totalmente impura. Es un signo evidente de que Jesús llama a sus discípulos y colaboradores de los más diversos estratos sociales y religiosos, sin exclusiones. A él le interesan las personas, no las categorías sociales o las etiquetas.

Y es hermoso que en el grupo de sus seguidores, todos, a pesar de ser diferentes, convivían juntos, superando las imaginables dificultades:  de hecho, Jesús mismo es el motivo de cohesión, en el que todos se encuentran unidos. Esto constituye claramente una lección para nosotros, que con frecuencia tendemos a poner de relieve las diferencias y quizá las contraposiciones, olvidando que en Jesucristo se nos da la fuerza para superar nuestros conflictos.

Conviene también  recordar  que  el grupo de los Doce es la prefiguración de la Iglesia, en la que deben encontrar espacio todos los  carismas,  pueblos  y razas, así como  todas  las  cualidades  humanas, que  encuentran  su armonía y su unidad en la comunión con Jesús.


 


Por lo que se refiere a Judas Tadeo, así es llamado por la tradición, uniendo dos nombres diversos:  mientras Mateo y Marcos lo llaman simplemente "Tadeo" (Mt 10, 3; Mc 3, 18), Lucas lo llama "Judas de Santiago" (Lc 6, 16; Hch 1, 13). No se sabe a ciencia cierta de dónde viene el sobrenombre Tadeo y se explica como proveniente del arameo taddà', que quiere decir "pecho" y por tanto significaría "magnánimo", o como una abreviación de un nombre griego como "Teodoro, Teódoto".

Se sabe poco de él. Sólo san Juan señala una petición que hizo a Jesús durante la última Cena. Tadeo le dice al Señor:  "Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?". Es una cuestión de gran actualidad; también nosotros preguntamos al Señor:  ¿por qué el Resucitado no se ha manifestado en toda su gloria a sus adversarios para mostrar que el vencedor es Dios? ¿Por qué sólo se manifestó a sus discípulos? La respuesta de Jesús es misteriosa y profunda. El Señor dice:  "Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y pondremos nuestra morada en él" (Jn 14, 22-23). Esto quiere decir que al Resucitado hay que verlo y percibirlo también con el corazón, de manera que Dios pueda poner su morada en nosotros. El Señor no se presenta como una cosa. Él quiere entrar en nuestra vida y por eso su manifestación implica y presupone un corazón abierto. Sólo así vemos al Resucitado.

A Judas Tadeo se le ha atribuido la paternidad de una de las cartas del Nuevo Testamento que se suelen llamar "católicas" por no estar dirigidas a una Iglesia local determinada, sino a un círculo mucho más amplio de destinatarios. Se dirige "a los que han sido llamados, amados de Dios Padre y guardados para Jesucristo" (v. 1). Esta carta tiene como preocupación central alertar a los cristianos ante todos los que toman como excusa la gracia de Dios para disculpar sus costumbres depravadas y para desviar a otros hermanos con enseñanzas inaceptables, introduciendo divisiones dentro de la Iglesia "alucinados en sus delirios" (v. 8), así define Judas esas doctrinas e ideas particulares. Los compara incluso con los ángeles caídos y, utilizando palabras fuertes, dice que "se han ido por el camino de Caín" (v. 11). Además, sin reticencias los tacha de "nubes sin agua zarandeadas por el viento, árboles de otoño sin frutos, dos veces muertos, arrancados de raíz; son olas salvajes del mar, que echan la espuma de su propia vergüenza, estrellas errantes a quienes está reservada la oscuridad de las tinieblas para siempre" (vv. 12-13).

Hoy no se suele utilizar un lenguaje tan polémico, que sin embargo nos dice algo importante. En medio de todas las tentaciones, con todas las corrientes de la vida moderna, debemos conservar la identidad de nuestra fe. Ciertamente, es necesario seguir con firme constancia el camino de la indulgencia y el diálogo, que emprendió felizmente el concilio Vaticano II. Pero este camino del diálogo, tan necesario, no debe hacernos olvidar el deber de tener siempre presentes y subrayar con la misma fuerza las líneas fundamentales e irrenunciables de nuestra identidad cristiana.

Por otra parte, es preciso tener muy presente que nuestra identidad exige fuerza, claridad y valentía ante las contradicciones del mundo en que vivimos. Por eso, el texto de la carta prosigue así:  "Pero vosotros, queridos ―nos habla a todos nosotros―, edificándoos sobre vuestra santísima fe y orando en el Espíritu Santo, manteneos en la caridad de Dios, aguardando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. A los que vacilan tratad de convencerlos..." (vv. 20-22). La carta se concluye con estas bellísimas palabras:  "Al que es capaz de guardaros inmunes de caída y de presentaros sin tacha ante su gloria con alegría, al Dios único, nuestro Salvador, por medio de Jesucristo, nuestro Señor, gloria, majestad, fuerza y poder antes de todo tiempo, ahora y por todos los siglos. Amén" (vv. 24-25).

Se ve con claridad que el autor de estas líneas vive en plenitud su fe, a la que pertenecen realidades grandes, como la integridad moral y la alegría, la confianza y, por último, la alabanza, todo ello motivado sólo por la bondad de nuestro único Dios y por la misericordia de nuestro Señor Jesucristo. Por eso, ojalá que tanto Simón el Cananeo como Judas Tadeo nos ayuden a redescubrir siempre y a vivir incansablemente la belleza de la fe cristiana, sabiendo testimoniarla con valentía y al mismo tiempo con serenidad.

(...)

Que los apóstoles Simón el Cananeo y Judas Tadeo nos ayuden a vivir en profunda comunión con Jesús y entre nosotros, y a redescubrir la belleza de la fe cristiana, sabiendo dar testimonio fuerte y sereno de ella.

23 de octubre de 2023

23 de octubre: Santísimo Redentor


La devoción al Santísimo Redentor en la Orden Trinitaria está vinculada con su actividad redentora (su lema es "Gloria a ti, Trinidad, y a los cautivos libertad") y se relaciona con el hecho histórico de una liberación de cautivos en la que fue rescatada también una imagen de Jesús Nazareno. 

En pleno siglo XVII, el rey Felipe III conquistó el castillo de San Miguel de Ultramar, en Mámora, pero en 1681 Muley Ismael, rey de Marruecos reconquistó toda esa zona (...) tomando como botín a cientos de prisioneros y una veintena de imágenes sagradas que se encontraban en este lugar debido a que antes pertenecía al territorio español, siendo una de las imágenes que se encontraban secuestradas la de Jesús de Medinaceli.

Justo en ese mismo año, se organizó la decimocuarta redención de los Trinitarios Descalzos, contactando el hermano fray Pedro de los Ángeles con el rey para comentarle la situación (...).  De esta forma, en enero de 1682 se consiguió rescatar a 211 prisioneros y a 17 imágenes que estaban retenidas en estas tierras. Dichas imágenes sagradas fueron trasladadas a Sevilla, y algunas a Madrid, en donde se realizó la llamada “Procesión de los cautivos” en la cual se imponía el escapulario trinitario a todas las personas que fueron salvadas. Este escapulario fue impuesto de igual manera a la imagen del Cautivo Rescatado, ya que los trinitarios decidieron quedarse con él para rendirle culto como símbolo de salvación de la orden trinitaria.

Lo más importante de este hecho histórico fue la rápida propagación que tuvo esta advocación de Jesús Nazareno Rescatado por toda España, fundando incluso la primera cofradía con esta imagen en 1710 en Madrid.

Muy pronto la advocación de Jesús Nazareno Rescatado se hizo muy popular en España. 

Es una talla en la que Cristo aparece de pie con las manos atadas hacia adelante, con corona de espinas, túnica talar morada, expresión dramática y que llama al pietismo. Iconográficamente representa a Jesús Cautivo o Preso preparado para su camino hacia el Calvario, tras haber sufrido ya las humillaciones y la presentación al pueblo en el pretorio, por ello es común también denominarla como Nazareno.

La devoción hacia esa imagen y esa representación iconográfica sigue siendo intensa en nuestros días. 

En la iglesia de la Santísima Trinidad de la ciudad de Buenos Aires hay un altar dedicado a "Jesús Nazareno Rescatado". Su imagen aparece en el retablo acompañada por San Juan Bautista de la Concepción y San Miguel de los Santos.

La fiesta  ya se celebraba en la Orden Trinitaria por decreto del 22 de diciembre de 1787, y fue confirmada en la revisión litúrgica de los años 70.

La Liturgia de las Horas del Propio de la Orden Trinitaria trae para Vísperas este hermoso himno:

Cristo, luz del mundo,

Sol de nuestro día,

nacido del Padre,

Hijo de María,

Redentor del hombre,

Buen Pastor y guía:

en tu honor cantamos

himnos de alegría.

 

Cristo, Dios y Hombre

vivo y verdadero,

Sacerdote Sumo,

Rey desde el madero;

Salvador de todos,

Pastor y Cordero,

entre Dios y el hombre

de paz Medianero.


Cristo, nuestro hermano,

que con tu venida

quitas el pecado

y sanas la herida;

sufriendo la muerte

por ti fue vencida,

y resucitando

nos diste la vida.

 

Palabra del Padre,

mano creadora,

de eterno silencio

voz reveladora,

de amor infinito

Sangre redentora,

acción del Espíritu

santificadora.

 

Eres el Camino,

la Verdad , la Vida.

Te sigue tu Iglesia,

la esposa elegida,

por ti convocada,

por ti redimida,

que hasta el fin del mundo

será reunida.

 

Gloria a Jesucristo

nuestro Redentor

que a San Juan de Mata

se manifestó.

Gloria igual al Padre,

que nos lo entregó.

Y gloria al Espíritu.

Gloria a Ti, Señor.


Fuentes de la información: aquí y aquí

20 de octubre de 2023

20 de octubre: San Artemio

En la iglesia de Nuestra Señora de Luján (Castrense) hay un vitral que representa a "San Artemio Coronel".


Aunque su nombre no figura en el Martirologio actual, sí aparece registrado el 20 de octubre en la versión de 1956: 

«En Antioquía, San Artemio Procónsul, que habiendo desempeñado en tiempo de Constantino el Grande, muy honrosos cargos en la milicia, por orden de Juliano Apóstata, a quien echó en cara su crueldad contra los cristianos, fue apaleado, diversamente atormentado, y por último degollado».