3 de abril de 2024

Miércoles de la Octava de Pascua

 


El célebre episodio del encuentro de Jesús resucitado con dos discípulos en el camino de Emaús, que se lee hoy en la misa, termina con el Señor accediendo al ruego de los peregrinos: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». Entonces «Él entró y se quedó con ellos.  Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron» (cfr Lc 24, 29-31).

El momento preciso en que Jesús comparte la mesa y el pan con los dos discípulos está representado en el altar de la hermosa iglesia dedicada a Nuestra Señora del Carmen en la localidad de Wilde, que hoy visitamos por primera vez en este blog. Las fotos son de marzo de 2019.

1 de abril de 2024

Lunes de la Octava de Pascua

El Lunes de la Octava de Pascua se lee en la misa un fragmento del Evangelio según San Mateo (28, 8-15) en que la primera palabra que pronuncia el Señor resucitado es "Alégrense".


El texto completo del Evangelio de hoy (con esa palabra remarcada) es el siguiente:

«Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.

De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán».

Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: «Digan así: "Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos". Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo».

Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy».

Una de las imágenes del Vía Lucis de la iglesia de San Pablo, en Buenos Aires, representa el encuentro de Jesús Resucitado con las mujeres, y destaca esa misma expresión del Señor: "¡Alégrense".

31 de marzo de 2024

Domingo de Pascua de Resurrección

 

«Elevemos la gloria, el honor y las alabanzas al Dios vivo e inmortal que, por su Cruz, dio vida a sus criaturas, y,   por su Resurrección, salvó a su Iglesia y   alegró a su rebaño al levantarse de la muerte. Cuando aparezca al final de los tiempos, él dará gozo a su heredad. 

El Bueno, que es digno de gloria y  honor en esta  solemnidad y todos los    días de nuestra vida, y por todos los siglos».




«Te adoramos y te damos gracias, oh Hijo Unigénito del Padre, que descendiste al abismo de la muerte e hiciste admirables portentos en la mansión de los muertos, liberaste a los cautivos por tu Resurrección, despertaste a los justos sumergidos en el profundo sueño de la muerte y reuniste a los pueblos para que te adoraran y anunciaran tu salvación, proclamando alegremente:

¡Ayer el Rey fue crucificado y abatidopor el sufrimiento; hoy, por su por el sufrimiento; hoy, por su Resurrección, resplandece victoriosamente! 
¡Ayer fue atravesado su costado por una lanza; hoy, por su compasión fluyen las aguas del bautismo! ¡Ayer fue coronado de espinas; hoy corona a su Iglesia con esplendor!».


("Frumiyyun" [Preludio] y  fragmento inicial del "Sedro" [Cuerpo de la Oración]  que son parte del "Husoyo"  [Oración del Perdón] del Domingo de la Gloriosa Resurrección según la Liturgia Maronita)

La imagen corresponde a un vitral de la iglesia de la Asunción de la Virgen.

30 de marzo de 2024

Sábado Santo

 

Jesús, deshonrado y ultrajado, es puesto en un sepulcro nuevo con todos los honores. Nicodemo lleva una mezcla de mirra y áloe de cien libras para difundir un fragante perfume. Ahora, en la entrega del Hijo, como ocurriera en la unción de Betania, se manifiesta una desmesura que nos recuerda el amor generoso de Dios, la «sobreabundancia» de su amor. Dios se ofrece generosamente a sí mismo. Si la medida de Dios es la sobreabundancia, también para nosotros nada debe ser demasiado para Dios. Es lo que Jesús nos ha enseñado en el Sermón de la Montaña (Mt 5, 20). Pero es necesario recordar también lo que San Pablo dice de Dios, el cual «por nuestro medio difunde en todas partes el olor de su conocimiento. Pues nosotros somos [...] el buen olor de Cristo» (2 Co 2, 14-15). En la descomposición de las ideologías, nuestra fe debería ser una vez más el perfume que conduce a las sendas de la vida. En el momento de su sepultura, comienza a realizarse la palabra de Jesús: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, dará mucho fruto» (Jn 12, 24). Jesús es el grano de trigo que muere. Del grano de trigo enterrado comienza la gran multiplicación del pan que dura hasta el fin de los tiempos: él es el pan de vida capaz de saciar sobreabundantemente a toda la humanidad y de darle el sustento vital: el Verbo de Dios, que es carne y también pan para nosotros, a través de la cruz y la resurrección. Sobre el sepulcro de Jesús resplandece el misterio de la Eucaristía.

 


Oración:

Señor Jesucristo, al ser puesto en el sepulcro has hecho tuya la muerte del grano de trigo, te has hecho el grano de trigo que muere y produce fruto con el paso del tiempo hasta la eternidad. Desde el sepulcro iluminas para siempre la promesa del grano de trigo del que procede el verdadero maná, el pan de vida en el cual te ofreces a ti mismo. La Palabra eterna, a través de la encarnación y la muerte, se ha hecho Palabra cercana; te pones en nuestras manos y entras en nuestros corazones para que tu Palabra crezca en nosotros y produzca fruto. Te das a ti mismo a través de la muerte del grano de trigo, para que también nosotros tengamos el valor de perder nuestra vida para encontrarla; a fin de que también nosotros confiemos en la promesa del grano de trigo. Ayúdanos a amar cada vez más tu misterio eucarístico y a venerarlo, a vivir verdaderamente de ti, Pan del cielo. Auxílianos para que seamos tu perfume y hagamos visible la huella de tu vida en este mundo. Como el grano de trigo crece de la tierra como retoño y espiga, tampoco tú podías permanecer en el sepulcro: el sepulcro está vacío porque él –el Padre– no te «entregó a la muerte, ni tu carne conoció la corrupción» (Hch 2, 31; Sal 15, 10). No, tú no has conocido la corrupción. Has resucitado y has abierto el corazón de Dios a la carne transformada. Haz que podamos alegrarnos de esta esperanza y llevarla gozosamente al mundo, para ser de este modo testigos de tu resurrección.

(Meditación y oración en la XIV Estación del Vía Crucis de 2005 en el Coliseo de Roma). 

La imagen corresponde a la misma estación del Vía Crucis de la iglesia Inmaculada Concepción de Almagro. 

29 de marzo de 2024

Viernes Santo

 



En este Viernes Santo en que recordamos la Pasión y Muerte del Señor, ofrecemos un conjunto de fotos tomadas en la antigua e histórica iglesia de San Juan Bautista, en el centro porteño. Algunas de las imágenes las tomamos en 2016 y otras en 2023.




La explicación que acompaña a la bella imagen exime de otros comentarios.

Concluimos esta entrada con una oración al Nazareno, que también acompaña a la antigua imagen que hoy presentemos:

26 de marzo de 2024

Martes Santo

El Evangelio de la misa de hoy, Martes Santo, corresponde a un momento de la Última Cena, según el relato de San (Jn 13, 21-33. 36-38), en cuya primera parte (13, 21-30) Jesús anuncia la traición de Judas.  Veamos esa parte del texto (hay una frase que hemos puesto en negrita por los motivos que explicaremos abajo):

Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente: «Les aseguro que uno de ustedes me entregará».

Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería.

Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: «Pregúntale a quién se refiere». Él se reclinó sobre Jesús y le preguntó: «Señor, ¿quién es?».

Jesús le respondió: «Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato».

Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: «Realiza pronto lo que tienes que hacer».

Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto. Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: «Compra lo que hace falta para la fiesta», o bien que le mandaba dar algo a los pobres. Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.

 

«Judas salió»:  el vitral muestra claramente ese momento. Jesús está «en la mesa con sus discípulos» y Juan «muy cerca de Jesús». El Iscariote, «después de recibir el bocado», se retira del Cenáculo para consumar su traición.

22 de marzo de 2024

Viernes de la Semana V de Cuaresma: Santa María junto a la Cruz

 

En una nueva Memoria de Santa María junto a la Cruz, transcribimos la Primera Lectura de la  misa de hoy.

Está tomada de la Carta de San Pablo a los cristianos de Roma  (8, 31b-39).

«Hermanos:

Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos concederá con él toda clase de favores? ¿Quién podrá acusar a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién se atreverá a condenarlos? ¿Será acaso Jesucristo, el que murió, más aún, el que resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros?

¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? Como dice la Escritura: Por tu causa somos entregados continuamente a la muerte; se nos considera como a ovejas destinadas al matadero. Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó.

Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor».

La imagen que ilustra esta entrada es un vitral de la iglesia porteña de la  Virgen de Pompeya.