31 de julio de 2025

31 de julio: San Germán de Auxerre

De Miramar, donde estuvimos ayer, nos trasladamos unos pocos kilómetros para "subir" a Mar del Plata. En la catedral de esa ciudad atlántica encontramos una imagen de San Germán de Auxerre (acompañado en sendos vitrales por San Patricio y San Columbano).

San Germán de Auxerre, San Patricio y San Columbano

Hoy está inscripto en el Martirologio: «En Rávena, en la vía Flaminia, tránsito de San Germán, obispo de Auxerre, defensor de la fe de los británicos frente la herejía pelagiana, el cual, habiendo acudido a Rávena para obtener la paz para la región de Armórica, fue recibido triunfalmente por los emperadores Valentiniano y Gala Placidia, subiendo después desde allí al reino celestial».



Germán nació en Auxerre hacia el 378 en una familia de terratenientes. Estudió derecho en Roma y luego fue enviado a la Galia como «dux» (gobernador) de las Provincias Armóricas. En el 418, el clero y el pueblo de Auxerre lo eligieron obispo para suceder a San Amador. Decidió entonces vivir en castidad con su esposa, distribuyó sus bienes a los pobres y adoptó un régimen austero y pobre de vida. Salió al encuentro de los alanos y salvó del saqueo la región de Armórica. Fue enviado por el papa San Celestino I a  Inglaterra para combatir la herejía pelagiana. En el 448 marchó a Ravena a defender la causa de la Armórica ante Valentiniano y Gala Placidia, que lo recibieron muy bien. Murió allí el 31 de julio de ese año; su cuerpo fue llevado a Auxerre.

30 de julio de 2025

30 de julio: San Leopoldo Mandic

Hoy honramos a San Leopoldo Mandic, que "fue, en su tiempo, un heroico servidor de la reconciliación y de la penitencia", en palabras de Juan Pablo II en el rito de canonización, celebrado en 1983 en el marco del Sínodo de los Obispos sobre el tema La penitencia y el perdón en la misión de la Iglesia.

En esa misma ocasión, dijo el Papa:

Nacido en Castelnovo en Bocas do Cátaro, a los 16 años dejó su familia y su tierra para ingresar en el seminario capuchino de Udine. Su vida transcurrió sin grandes acontecimientos: algún traslado de un convento a otro, como es habitual en los capuchinos; pero nada más.

Pues bien, precisamente en esta pobreza de una vida exteriormente insignificante, el Espíritu viene y despierta una nueva grandeza: la de la fidelidad heroica a Cristo, al ideal franciscano, al servicio sacerdotal a nuestros hermanos.

San Leopoldo no dejó obras teológicas ni literarias, no deslumbró con su cultura, no fundó obras sociales. Para todos los que lo conocieron, no era más que un fraile pobre: ​​pequeño y enfermizo.

Su grandeza se encuentra en otra parte: en inmolarse , en entregarse, día tras día, a lo largo de su vida sacerdotal, es decir, durante 52 años, en silencio, en discreción, en la humildad de una pequeña celda-confesionario: "el buen pastor ofrece su vida por las ovejas." Allí estuvo siempre fray Leopoldo, dispuesto y sonriente, prudente y modesto, discreto confidente y fiel padre de almas, maestro respetuoso y consejero espiritual comprensivo y paciente.

Si se quisiera definirlo con una sola palabra, como lo hicieron durante su vida sus penitentes y hermanos, entonces es "el confesor"; sólo sabía "confesar". Y, sin embargo, precisamente en esto reside su grandeza; en este escondite para hacer lugar al verdadero Pastor de las almas. Expresó su compromiso de esta manera: "Ocultemos todo, incluso lo que pueda parecer un don de Dios, para que no sea mercantilizado ante Él. ¡Sólo el honor y la gloria sean para Dios! Si es posible, debemos pasa sobre la tierra como una sombra que no deja rastro de sí misma". Y a quienes le preguntaban cómo vivir así, respondía: "¡Es mi vida!".

"El buen pastor da su vida por sus ovejas". A los ojos del hombre, la vida de nuestro santo parece un árbol, del que una mano invisible y cruel ha ido cortando, una tras otra, todas las ramas. El padre Leopoldo era un sacerdote que no podía predicar por un defecto de pronunciación. Era un sacerdote que quería dedicarse ardientemente a las misiones y hasta el final esperó el día de la partida, pero nunca partió porque su salud era muy frágil. Fue un sacerdote que tenía tal espíritu ecuménico que se ofreció como víctima al Señor, con una donación diaria, para que se reconstituyera la unidad plena entre la Iglesia latina y las Iglesias orientales que aún estaban separadas, y se restableciese "un solo rebaño bajo un solo sólo pastor" (cf. Jn 10, 16); y vivió su vocación ecuménica de un modo completamente oscuro. Confió entre lágrimas: "Seré misionero aquí, en la obediencia y en el ejercicio de mi ministerio". Y nuevamente: "Cada alma que pida mi ministerio será mi Oriente".

¿Qué queda de San Leopoldo? ¿A quién y para qué sirvió su vida? Se quedó con sus hermanos y hermanas que habían perdido a Dios, el amor y la esperanza. Pobres seres humanos que necesitaban de Dios y lo invocaban suplicando su perdón, su consuelo, su paz, su serenidad. A estos "pobres" San Leopoldo dio su vida, por ellos ofreció sus sufrimientos y su oración; pero sobre todo con ellos celebró el sacramento de la reconciliación. Aquí vivió su carisma. Aquí sus virtudes se expresaron hasta un grado heroico. Celebró el sacramento de la reconciliación, desempeñando su ministerio a la sombra de Cristo crucificado. Su mirada estaba fija en el Crucifijo, que colgaba sobre el reclinatorio del penitente. Jesús Crucificado fue siempre el protagonista. "Él es quien perdona, es Él quien absuelve". Él, el Pastor del rebaño...

San Leopoldo sumergió su ministerio en la oración y la contemplación. Fue un confesor de oración continua, un confesor que vivía habitualmente absorto en Dios, en un ambiente sobrenatural.

San Leopoldo (Bogdan) de Castelnuovo Mandic, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, nació en 1866 y falleció en Pavia,  Italia, en 1942.  Fue beatificado por Pablo VI en 1976.  Como dijimos arriba, Juan Pablo II lo canonizó en 1983.

Es la primera vez que nos referimos a San Leopoldo Mandic en este blog: nos alegra incorporar su nombre a la larga lista de santos y beatos que honramos  en  Al ritmo del Año Litúrgico. Al mismo tiempo, es la primera vez que publicamos imágenes de la iglesia parroquial de San Andrés, en la localidad atlántica de Miramar, en la provincia de Buenos Aires.

28 de julio de 2025

28 de julio: "Bautismo de Rusia"

«El Día del Bautismo de Rusia se celebra el veintiocho de julio. Esta fiesta es nueva, apareció en el año 2010.

 



Se considera que el veintiocho de julio del año 988 el gran príncipe de Kiev, Vladimiro, bautizó a su pueblo haciendo entrar a toda la población de Kiev en las aguas del río Dniéper sirviéndose de la druzhina (guardia de los príncipes en la antigua Rusia) y destruyó las esculturas de dioses paganos, situadas en la colina más alta a las afueras de la ciudad.

En realidad este día fue tan solo el comienzo del largo proceso de adopción del cristianismo de las ciudades y pueblos de la antigua Rusia, cuyo centro era una de las ciudades más populosas y fuertes de la Europa de entonces, Kiev, ubicada a las orillas del Dniéper.

El promotor de esta reforma religiosa en el calendario festivo de Rusia fue el Concilio Episcopal de la Iglesia ortodoxa rusa, que en 2008 exhortó a los presidentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia a dar comienzo a la celebración del Día del Bautismo a nivel estatal.


 

El veintiocho de julio la Iglesia ortodoxa tradicionalmente homenajea al gran príncipe Vladimiro, por cuya iniciativa el cristianismo se convirtió en religión oficial en la Rus de Kiev (el Estado ruso antiguo, dirigido desde la ciudad de Kiev desde aproximadamente 880 hasta mediados del siglo XII). Este Estado medieval comprendía territorios de Rusia, Ucrania y Bielorrusia.

Por supuesto, es imposible determinar la fecha exacta de la adopción del cristianismo. Este proceso se dividió en varias etapas en la Rus, desde los tiempos en que la abuela del gran príncipe Vladimiro, la princesa Olga, tomara las riendas del Gobierno, a mediados del siglo X. El mismo gran príncipe fue bautizado según diferentes versiones en Constantinopla (actual Estambul) o en Quersoneso (antigua colonia griega fundada aproximadamente hace 2500 años en la parte suroeste de Crimea) en el año 987 o 988. Después Vladimiro bautizó a sus súbitos en la capital del principado, Kiev. En los años posteriores se celebraron importantes bautizos colectivos en diferentes ciudades y colonias de la Rusia antigua.

El Día del Bautismo de Rusia es una razón más para conocer y comprender las raíces, la historia y la cultura que une a los pueblos eslavos, que aún estando separados por diferentes fronteras entre los Estados actuales, siguen manteniendo vínculos de parentesco y espirituales».


El texto que hemos transcripto fue tomado de la página Rusopedia; tomamos las fotos en 2017 en el atrio de la iglesia ortodoxa rusa de la Santíisma Trinidad.

26 de julio de 2025

26 de julio: San Joaquín y Santa Ana

Visitamos por primera vez en este blog la bonita iglesia dedicada en Banfield a la Sagrada Familia. 



Lo hacemos en la fecha en que la Liturgia honra a los santos padres de la Virgen María, Joaquín y Ana, cuyas imágenes flanquean la puerta principal del templo.



Durante una breve estadía en Les Combes,  en el Valle de Aosta, que coincidió con el domingo 26 de julio de 2009, el papa Benedicto XVI dijo durante el Ángelus:

«Me suscita un (...) punto de reflexión la memoria de hoy de los santos Joaquín y Ana, padres de la Virgen y, por lo tanto, abuelos de Jesús. Esta memoria litúrgica hace pensar en el tema de la educación, que ocupa un lugar importante en la pastoral de la Iglesia. En particular, nos invita a rezar por los abuelos, que en la familia son los depositarios y a menudo los testigos de los valores fundamentales de la vida. La tarea educativa de los abuelos siempre es muy importante, más todavía cuando, por distintas razones, los padres no pueden asegurar una presencia adecuada junto a sus hijos cuando están creciendo.

Encomiendo a la protección de santa Ana y de san Joaquín a todos los abuelos del mundo, impartiéndoles una bendición especial. Que la Virgen María, quien -según una bella iconografía- aprendió a leer las Sagradas Escrituras en las rodillas de su madre Ana, les ayude a alimentar siempre la fe y la esperanza en las fuentes de la Palabra de Dios».

24 de julio de 2025

24 de julio: San Francisco Solano

En la década que ya está a punto de cumplir  este blog, sólo una vez visitamos la hermosa e histórica Basílica de San Francisco de Asís, ubicada en el centro porteño. Casi no teníamos buenas fotos del templo, debido a que estuvo cerrado siete años por obras de restauración. Reabrió el 17 de septiembre del año pasado; el 18 la recorrimos en su renovado esplendor y tomamos fotos para Al ritmo del Año Litúrgico.


Nos complace que esta primera entrada dedicada a la Basílica de San Francisco posterior a su reapertura esté consagrada a San Francisco Solano, quien, por analogía con el Poverello, "alter Christus", fue llamado "alter Franciscus".

Francisco Sánchez Solano Jiménez nació en Montilla, Córdoba, el 10 de marzo de 1549. Los datos disponibles sobre su vida son escasos. Al parecer era el segundo hijo de una familia relativamente pudiente y profundamente piadosa, en cuyo seno, ya desde sus primeros años, Francisco mostró un alma  contemplativa, elemento que caracterizaría su estilo de vida religiosa y marcaría también su vena artística.

Después de realizar sus estudios con los jesuitas en el colegio de su ciudad natal, intentó por algún tiempo la carrera de Medicina. Sin embargo, siguiendo anhelos aún más profundos, ingresó en el noviciado de los Hermanos Menores cuando contaba apenas veinte años. Tuvieron que transcurrir otras dos décadas para que, en la plena madurez de su vida, acogiera una nueva llamada: la propagación de la fe en tierras americanas.

Se embarcó para América en marzo de 1589; después de un largo viaje en el que debió soportar toda clase de penurias, llegó a Tucumán en noviembre de 1590.

Allí desplegó una importante labor, sobre todo entre los indígenas. Era conocido por su rigor ascético y moral, su caridad y también por su capacidad comunicativa, ya que tenía gran facilidad para aprender las lenguas nativas y llegó a comunicarse en diversas lenguas y dialectos locales. También lo ayudaba su habilidad para tocar el rabel, un instrumento musical pastoril compuesto de tres cuerdas que se hace sonar con un arco, semejante al violín.

Además, los numerosos milagros que se le atribuyeron durante su vida le dieron fama de taumaturgo.

Después de ocho  años de labor evangelizadora en el Tucumán, sus superiores le ordenaron trasladarse a la comunidad de Lima, en la que pasaría el resto de su vida.

Murió el 14 de julio de 1610. Su entierro fue un evento multitudinario que congregó a toda la ciudad de Lima. El pueblo ya lo canonizó ese día: la gente recortaba trozos del hábito del buen fraile, como reliquia, y hubo que reponer cinco veces su vestimenta. 

Su Memoria fue fijada por el Papa Benedicto XIII para el día 14 de julio, pero como coincidía con la festividad de San Buenaventura, el Papa Benedicto XIV la pasó al 24. San Pío X, en 1913, nuevamente la trasladó al día 14. Debido a esto, en diversas diócesis y en la familia franciscana es celebrado en diversos días. La única entrada de este blog dedicada hasta ahora a San Francisco Solano, en 2022, correspondió al 14 de julio, fecha en que aparece en el Martirologio; hoy optamos por la fecha del Calendario Litúrgico de la Argentina.

Este brevísimo resumen que publicamos (inspirado en esta biografía) no le hace justicia al gran "apóstol de América", como reza la leyenda a los pies de la imagen del santo en la restaurada basílica franciscana del casco histórico porteño.

23 de julio de 2025

23 de julio: Beatos Pedro Ruiz de los Paños y José Sala Picó

En la fecha de hoy están inscriptos en el Martirologio Romano los Beatos Pedro Ruiz de los Paños y José Sala Picó, presbíteros y mártires de la Hermandad de Operarios Diocesanos asesinados durante  la terrible persecución de los años 30 del siglo XX en España.


Una reliquia del primero de ellos se venera en la iglesia porteña consagrada a San Pío X. En la gran medalla que acompaña a la reliquia se ven, además de los dos que ya mencionamos, otros siete mártires de la misma Hermandad, beatificados juntos por Juan Pablo II el 1° de octubre de 1995. Todos ellos fueron asesinados en 1936, en el contexto de la Guerra Civil Española, 

El Beato Pedro Ruiz de los Paños nació en Mora, en la Arquidiócesis de Toledo, el 18 de septiembre de 1881. Fue alumno del seminario de Toledo, donde sobresalió por su piedad, virtudes, celo apostólico y dotes de gobierno. En el mismo seminario conoció a los Sacerdotes Operarios e ingresó en la Hermandad. Fue ordenado sacerdote en 1905 y durante toda su vida ejerció el ministerio sacerdotal en los seminarios diocesanos de Málaga, Jaén, Badajoz, Sevilla, Plasencia, y como rector en el Pontificio Colegio Español de San José, de Roma. En 1933 fue elegido Director General de la Hermandad de Sacerdotes Operarios. Su ardor pastoral fue constante en todo este tiempo. Puso en marcha además numerosos proyectos y programas en favor de las vocaciones sacerdotales, como la ayuda personal a las vocaciones y la fundación del Instituto de religiosas Discípulas de Jesús. Por esta dedicación tan intensa fue considerado en su tiempo como el verdadero impulsor de la llamada «Obra del Fomento de Vocaciones», en España. En julio de 1936 llegó a Toledo para la fundación del citado instituto de religiosas. Allí lo sorprendió la persecución religiosa. Confesándose sacerdote, fue coronado por el martirio al mediodía del 23 de julio, en el lugar conocido como «Paseo del Tránsito».


El Beato José Sala Picó nació el 24 de junio de 1888 en Ponts, diócesis de Urgel. Hizo todos sus estudios eclesiásticos en el seminario diocesano. Fue ordenado sacerdote en 1911. Ejerció los ministerios de coadjutor y capellán en diversas parroquias de su diócesis, ingresando luego en la Hermandad de Operarios Diocesanos en 1915. Desempeñó los cargos de prefecto de disciplina y ecónomo en el seminario de Segovia, el de prefecto en el Colegio de Vocaciones de Toledo, y fue el primer rector del seminario menor de la misma arquidiócesis. El 23 de julio de 1936 fue martirizado a la misma hora y en el mismo lugar que Pedro Ruiz de los Paños.

19 de julio de 2025

Santa María "en sábado"

 

En una nueva Memoria sabatina de la Virgen María, compartimos una foto    que tomamos en 2017 en la iglesia del Purísimo Corazón de María, junto con un fragmento de la catequesis de San Juan Pablo II el 13 de septiembre de 1995.


«En la constitución Lumen Gentium, el Concilio afirma que «los fieles unidos a Cristo, su Cabeza, en comunión con todos los santos, conviene también que veneren la memoria "ante todo de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo nuestro Dios y Señor"» (n. 52). La constitución conciliar utiliza los términos del Canon Romano de la misa, destacando así el hecho de que la fe en la maternidad divina de María está presente en el pensamiento cristiano ya desde los primeros siglos.

En la Iglesia naciente, a María se la recuerda con el título de Madre de Jesús. Es el mismo Lucas quien, en los Hechos de los Apóstoles, le atribuye este título, que, por lo demás, corresponde a cuanto se dice en los evangelios: «¿No es éste (...) el hijo de María?», se preguntan los habitantes de Nazaret, según el relato del evangelista San Marcos (6,3). «¿No se llama su madre María?», es la pregunta que refiere San Mateo (13,55).

A los ojos de los discípulos, congregados después de la Ascensión, el título de Madre de Jesús adquiere todo su significado. María es para ellos una persona única en su género: recibió la gracia singular de engendrar al Salvador de la humanidad, vivió mucho tiempo junto a él, y en el Calvario el Crucificado le pidió que ejerciera una nueva maternidad con respecto a su discípulo predilecto y, por medio de él, con relación a toda la Iglesia.

Para quienes creen en Jesús y lo siguen, Madre de Jesús es un título de honor y veneración, y lo seguirá siendo siempre en la vida y en la fe de la Iglesia. De modo particular, con este título los cristianos quieren afirmar que nadie puede referirse al origen de Jesús, sin reconocer el papel de la mujer que lo engendró en el Espíritu según la naturaleza humana. Su función materna afecta también al nacimiento y al desarrollo de la Iglesia. Los fieles, recordando el lugar que ocupa María en la vida de Jesús, descubren todos los días su presencia eficaz también en su propio itinerario espiritual.

Ya desde el comienzo, la Iglesia reconoció la maternidad virginal de María. Como permiten intuir los evangelios de la infancia, ya las primeras comunidades cristianas recogieron los recuerdos de María sobre las circunstancias misteriosas de la concepción y del nacimiento del Salvador. En particular, el relato de la Anunciación responde al deseo de los discípulos de conocer de modo más profundo los acontecimientos relacionados con los comienzos de la vida terrena de Cristo resucitado. En última instancia, María está en el origen de la revelación sobre el misterio de la concepción virginal por obra del Espíritu Santo.

Los primeros cristianos captaron inmediatamente la importancia significativa de esta verdad, que muestra el origen divino de Jesús, y la incluyeron entre las afirmaciones básicas de su fe. En realidad, Jesús, hijo de José según la ley, por una intervención extraordinaria del Espíritu Santo, en su humanidad es hijo únicamente de María, habiendo nacido sin intervención de hombre alguno.

Así, la virginidad de María adquiere un valor singular, pues arroja nueva luz sobre el nacimiento y el misterio de la filiación de Jesús, ya que la generación virginal es el signo de que Jesús tiene como padre a Dios mismo.

La maternidad virginal, reconocida y proclamada por la fe de los Padres, nunca jamás podrá separarse de la identidad de Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios, dado que nació de María, la Virgen, como profesamos en el símbolo niceno-constantinopolitano. María es la única virgen que es también madre. La extraordinaria presencia simultánea de estos dos dones en la persona de la joven de Nazaret impulsó a los cristianos a llamar a María sencillamente la Virgen, incluso cuando celebran su maternidad.

Así, la virginidad de María inaugura en la comunidad cristiana la difusión de la vida virginal, abrazada por los que el Señor ha llamado a ella. Esta vocación especial, que alcanza su cima en el ejemplo de Cristo, constituye para la Iglesia de todos los tiempos, que encuentra en María su inspiración y su modelo, una riqueza espiritual inconmensurable.

La afirmación: «Jesús nació de María, la Virgen», implica ya que en este acontecimiento se halla presente un misterio trascendente, que sólo puede hallar su expresión más completa en la verdad de la filiación divina de Jesús. A esta formulación central de la fe cristiana está estrechamente unida la verdad de la maternidad divina de María. En efecto, ella es Madre del Verbo encarnado, que es «Dios de Dios (...), Dios verdadero de Dios verdadero».

El título de Madre de Dios, ya testimoniado por Mateo en la fórmula equivalente de Madre del Emmanuel, Dios con nosotros (cf. Mt 1,23), se atribuyó explícitamente a María sólo después de una reflexión que duró alrededor de dos siglos. Son los cristianos del siglo III quienes, en Egipto, comienzan a invocar a María como Theotókos, Madre de Dios.

Con este título, que encuentra amplio eco en la devoción del pueblo cristiano, María aparece en la verdadera dimensión de su maternidad: es madre del Hijo de Dios, a quien engendró virginalmente según la naturaleza humana y educó con su amor materno, contribuyendo al crecimiento humano de la persona divina, que vino para transformar el destino de la humanidad.

De modo muy significativo, la más antigua plegaria a María (Sub tuum praesidium..., «Bajo tu amparo...») contiene la invocación: Theotókos, Madre de Dios. Este título no es fruto de una reflexión de los teólogos, sino de una intuición de fe del pueblo cristiano. Los que reconocen a Jesús como Dios se dirigen a María como Madre de Dios y esperan obtener su poderosa ayuda en las pruebas de la vida.

El concilio de Efeso, en el año 431, define el dogma de la maternidad divina, atribuyendo oficialmente a María el título de Theotókos, con referencia a la única persona de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

Las tres expresiones con las que la Iglesia ha ilustrado a lo largo de los siglos su fe en la maternidad de María: Madre de Jesús, Madre virginal y Madre de Dios, manifiestan, por tanto, que la maternidad de María pertenece íntimamente al misterio de la Encarnación. Son afirmaciones doctrinales, relacionadas también con la piedad popular, que contribuyen a definir la identidad misma de Cristo».